Miquel Ramos, autor de ‘Antifascistas’: “Los grupos nazis en España han gozado siempre de mucha impunidad”

El periodista valenciano recopila 30 años de lucha antifascista contra una extrema derecha que fue cambiando de estrategia y de caras, pero que nunca ha dejado de ser una amenaza para la democracia.

Entrevista de Juanjo Villalba para El Periódico de España, 04 de abril del 2022

La historia de la extrema derecha en España está inseparablemente ligada a la de quienes, desde el compromiso democrático y jugándose el tipo en muchas ocasiones, le han hecho frente. Esta guerra, unas veces portada de periódicos y telediarios, y otras totalmente oculta a los ojos de la sociedad, se lleva combatiendo desde los orígenes del fascismo en las primeras décadas del siglo XX hasta el día de hoy, en multitud de frentes y de formas muy distintas. 

Miquel Ramos (Valencia, 1979) ha recopilado información sobre este conflicto y, en especial, sobre la actividad de los grupos antifascistas después de la muerte de Franco, desde mucho antes de ser periodista. Una profesión en la que se ha acabado especializando en temas relacionados con la extrema derecha y los movimientos sociales, colaborando en medios como el periódico independiente valenciano L’AvançLa MareaEl SaltoPúblicoLa Directa o la edición en español de The New York Times, además de en multitud de programas de radio y televisión.

Ramos vivió de cerca durante su juventud la violencia ultraderechista. En 1993, un grupo de cinco neonazis asesinaron a Guillem Agulló de una puñalada mortal en el corazón. El joven valenciano de 18 años era militante de la organización independentista Maulets y del colectivo antirracista SHARP. Ramos, aunque por entonces solo tenía trece años, conocía a Agulló de moverse por el mismo ambiente izquierdista de la ciudad, y su muerte lo impulsó primero a recopilar información sobre su caso y, después, sobre cualquier asunto relacionado con actos de violencia de la extrema derecha, que en aquellos primeros años 90 eran demasiado frecuentes.

Fue en aquella época donde quizá podríamos situar el origen de su libro Antifascistas. Así se combatió a la extrema derecha española desde los años 90, que acaba de editar la editorial Capitán Swing, y que nació con la idea de contar la historia de los últimos treinta años del antifascismo en nuestro país, además de rendir homenaje a sus protagonistas y a sus víctimas. “Era necesario reconocer y contar lo que se ha vivido en este país, más allá de los grandes titulares y del relato oficial”, cuenta el autor. “Aquí hubo una batalla dura, muy dura, que costó muertos y en la que mucha gente se jugó la vida, la libertad y se esforzó para frenar lo que hoy en día es una realidad”. El libro también busca apelar al lector para que tome conciencia de que el fascismo, aunque no le implique directamente, es un peligro para nuestra seguridad y para la democracia. “Pretendo darle herramientas a la gente para que busque la manera en la que pueda hacer algo”, remarca Ramos.

Quizá ahora que hemos aceptado como algo normal que Vox esté representado en las instituciones, cuesta más comprender que durante un tiempo la opinión pública pensase que el fascismo español se había extinguido con la muerte de Franco. “El fascismo nunca ha dejado de existir, sino que ha ido atravesando diferentes fases”, explica Ramos. “La extrema derecha sobrevivió a Franco porque la estructura del Estado conservó muchos elementos de la dictadura. En primer lugar, los artífices de la Transición provenían directamente de los estamentos franquistas. Y, por otra parte, la judicatura, las Fuerzas Armadas y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no se depuraron tras la muerte del dictador. También continuaron en el poder algunas familias o élites económicas que se habían enriquecido tras la Guerra Civil, algunas de ellas incluso a base de expoliar a los perdedores”.

Pero el esquema de la extrema derecha nacional es muy complejo y no todos sus miembros permanecieron en poder. Parte de ellos se quedaron vagando por los márgenes de la sociedad y poco a poco fueron evolucionando para parecerse cada vez más a la extrema derecha europea, cuya primera encarnación son las bandas neonazis y los ultras del fútbol.

LOS SKINHEADS, UNA CARICATURA MUY ÚTIL PARA LA EXTREMA DERECHA

El movimiento skinhead surgió en nuestro país a partir de mediados de los 80, aunque en Reino Unido ya había aparecido a finales de los 60 y no tenía nada que ver con la ultraderecha. En su libroSkinheads. Historia global de un estilo, que acaba de editar la Editorial Bellaterra y está llamado a convertirse en la biblia en español sobre esta estética, Carles Viñas, profesor de Historia contemporánea de la Universidad de Barcelona, traza una panorámica sobre los orígenes y evolución de este movimiento hasta inicios de los años noventa. Según él, los skins nacieron de la interacción entre chicos blancos y negros de Londres, y de otras ciudades de Gran Bretaña. Lejos de defender los valores de la ultraderecha, surgieron como una reivindicación de su condición de clase obrera. Su politización y apropiación de la estética por parte de la ultraderecha vino después, azuzada por la crisis económica de los años 70.

“En España los primeros skins de derechas se vincularon mucho a las gradas ultras de fútbol”, explica Ramos. “Pero pronto surgieron también skinsde izquierdas para, digamos, despojar a la estética del carácter racista y fascista que defendían los nazis. Para los no expertos, eran indistinguibles, diferenciándose solo por pequeños detalles. La aparición de los skins fue aprovechada por parte de la política y los medios para caricaturizar a la extrema derecha, que se abordó como un problema de orden público de violencia juvenil, de tribus urbanas. Lo que provocó que se le quitara importancia a un fenómeno que iba mucho más allá de la algarada callejera porque detrás de los skinheads había gente que no iba vestida de nazi, pero que era igual de peligrosa, ya que les daba corpus ideológico a todos ellos”.

Según el periodista, en esta primera época, entre los antifascistas había la sensación de que los grupos neonazis gozaban de mucha impunidad. “Esto se debía a que muchos de ellos provenían de familias poderosas o tenían contactos. Además, parte de los miembros de la judicatura y la policía no veían con malos ojos sus acciones”, recuerda el autor. “Fue a partir de una serie de asesinatos como el de Lucreciao el de Sonia, que la alarma social se disparó y no tuvieron más remedio que empezar a hacer algo. Durante muchos años a la gente no le quedó más remedio que organizarse para defenderse. El antifascismo surgió como autodefensa”.

UN MOVIMIENTO HETEROGÉNEO

Este nuevo movimiento antifascista estaba formado por personas de orígenes muy diversos. “Muchos provenían de otras iniciativas sociales, gente que creía que se podía y se debía luchar por una sociedad mejor y que militaban en muchas otras causas”, resume Miquel. “Pero también había personas que simplemente se consideraban a sí mismas demócratas, que entendían que los movimientos neonazis eran un problema más allá del orden público y que se pusieron a disposición de esta lucha, la denunciaron, la retrataron y la combatieron; incluso algunos de pensamiento conservador, pero que entendían que el fascismo también los tenía a ellos en la lista y que no era una opción democrática”.

Ramos considera que el antifascismo, por tanto, no consistió solo en plantar cara en la calle; también supuso investigar quién estaba detrás de esos movimientos, quién los financiaba, qué conexiones tenían. Hubo personas que se jugaron la vida investigando, infiltrándose, colándose en lugares donde era muy difícil entrar, que utilizaban todo tipo de herramientas para para anticiparse a la acción de estos grupos. En este sentido, el autor destaca el papel de varios periodistas y en especial el de Xavier Vinader, reportero de la revista Interviú, que fue condenado a siete años de cárcel por imprudencia temeraria profesional debido a tres artículos en los que denunciaba a grupos de extrema derecha de Euskadi, algunos de cuyos miembros fueron posteriormente asesinados por ETA. Vinader huyó a Francia para no cumplir la condena y regresó en 1984 a nuestro país, donde fue indultado.

“Vinader es un referente para todos los periodistas que nos hemos interesado por la extrema derecha”, remarca Ramos. “Su caso fue muy peculiar, no solo por su coraje y su valentía para meterse en estos embrollos de manera tan comprometida, sino que además sufrió la persecución del Estado y la criminalización. Sin embargo, también contó con el apoyo de gran parte de la sociedad y del propio gremio periodístico”.

LOS MEDIOS Y EL ANTIFASCISMO

Obviamente, no todos los medios siguieron el ejemplo de personas como Vinader. Muchos estigmatizaron, despolitizaron e incluso ridiculizaron la acción de los grupos antifascistas, hablando de ellos como una simple tribu urbana. “Al poder le ha interesado siempre negar que existe un problema con la extrema derecha en este país”, asegura Ramos. “Y, ¿cómo lo negaban? Pues planteando los conflictos entre fascistas y antifascistas como peleas entre bandas, como tribus urbanas enfrentadas. No admitían que existía un problema de racismo, de homofobia y de fascismo que mataba, que agredía al diferente, y que había gente que se había organizado para parar eso. Es similar a llamar a la violencia machista violencia intrafamiliar, negando el componente estructural”.

Ramos también es crítico con algunos trabajos periodísticos que, aunque alcanzaron una gran repercusión en su momento, pecaban de un elevado componente sensacionalista, olvidándose de algunos aspectos muy importantes del problema. Es el caso de Diario de un skin, un libro que se convirtió en best seller allá por 2003 y que fue escrito por un periodista anónimo bajo el seudónimo de Antonio Salas. “Es cierto que Diario de un Skin logró retratar determinadas prácticas como la convivencia de los clubes de fútbol con los grupos nazis y cómo estos eran absolutamente impunes en las gradas del fútbol y sus alrededores”, explica Ramos. “Pero, sin embargo, es un trabajo que peca un poco de sensacionalista, ridiculiza a los grupos antifascistas y no habla de la que para mí es una gran clave de la historia: a él lo descubrieron porque un policía le filtró a los nazis que tenían un infiltrado. ¿Quién era ese policía? ¿Qué pasó con él? ¿Por qué hizo eso?”.

LA IMPORTANCIA DE LA MÚSICA 

Quizá la faceta más desenfadada del antifascismo es su prolongada vinculación con el mundo de la música, a la que Ramos le dedica un capítulo entero. Inicialmente copada por el punk de grupos como Kortatu o Negu Gorriak, con el tiempo en esta banda sonora antifascista también se colaron algunos nombres del rap nacional como El Club de los Poetas Violentos o Los Chikos del Maíz

“Muchos músicos han formado parte del frente cultural frente al fascismo”, recuerda Ramos. “La música ha servido de punto de encuentro para la gente joven que quizá venía atraída por el ambiente musical y que ha acabado participando en movimientos sociales a partir de empaparse de las letras, de los grupos y de conocer gente en los conciertos. Muchas bandas también han ayudado a financiar no solo el movimiento antifascista, sino muchos otros movimientos sociales realizando conciertos para sacar dinero, participando o denunciando determinadas situaciones. Es decir, la música se ha implicado en gran medida en la lucha antifascista. Yo creo que es de justicia también reconocer la labor de muchos de estos artistas”.

EL FUTURO DEL ANTIFASCISMO

Tras unos años en los que, aunque no desaparecieron, las acciones de los grupos neonazis dejaron de ocupar mucho espacio en los medios, parece que en los últimos tiempos, impulsados por el auge electoral de la ultraderecha encarnada en Vox, los grupos más radicales se han envalentonado y se vuelven a pasear desafiantes por nuestras calles.

Una manifestación convocada por Hogar Social Madrid en 2016./ CESAR MANSO

También se han organizado de maneras diferentes, como en el caso de Hogar Social Madrid, donde se intentaba competir con los movimientos sociales de izquierdas copiando algunas de sus estrategias como la ocupación o el reparto de alimentos, intentándose despojar del estigma de los cruces gamadas y toda la parafernalia nazi.

“Los nazis pasaron de quemar a personas sin hogar en cajeros automáticos a darles de comer. Pero detrás de esa máscara de solidaridad había un discurso racista”

“Los nazis pasaron de quemar a personas sin hogar en cajeros automáticos a darles de comer”, afirma Ramos. “Pero detrás de esa máscara de solidaridad había un discurso racista y un proyecto excluyente. Muchos de sus participantes además eran conocidos neonazis, no precisamente hermanitas de la caridad”, comenta. 

Para Ramos, de aquí en adelante, y viendo la capacidad de mutación de la extrema derecha, son necesarias nuevas estrategias y un gran frente común para hacerle frente. “Lo que decían los nazis en los años 90, ahora se dice con absoluta normalidad en los medios y en sede parlamentaria. Ante esto, la gente debe reaccionar. Obviamente no puedes parar a la extrema derecha que está en el Parlamento con una manifestación. Necesitas muchas complicidades, necesitas distintos frentes de batalla, personas que combatan los discursos de odio en los colegios. Hacen falta periodistas que sepan muy bien que tienen una gran responsabilidad a la hora de informar no solo sobre la extrema derecha, sino sobre determinados asuntos como la inmigración, la violencia machista, los problemas sociales… ¿Por qué se habla de okupas y no de gente que no tiene casa? Ahora que la extrema derecha está en las instituciones, todo el mundo se asusta, pero debemos actuar e inspirarnos en aquellos que se dieron cuenta de que esto podía pasar y estuvieron durante muchos años combatiendo en soledad”.

Miquel Ramos: «La guerra d’Ucraïna ha dividit l’extrema dreta»

El periodista publica “Antifascistas” i adverteix que la presència de Vox a les institucions suposarà la normalització d’idees com l’antifeminisme o el rebuig a la immigració: “El risc és la infecció del sentit comú”.

Entrevista de Pep Martí a Nació Digital,  3 d’abril de 2022

L’assassinat del jove antifeixista Guillem Agulló el 1993 a mans d’un grup neonazi va impactar en tot una generació de joves valencians. Miquel Ramos recorda el dia en què un dels seus mestres els va explicar els fets, que havia presenciat una excompanya del col·legi on ell estudiava. Ramos estava a punt de complir 14 anys, però aquell episodi no s’esborraria de la seva memòria.
Periodista especialitzat en extrema dreta i moviments socials, membre fundador del diari L’Avanç, col·laborador de diversos mitjans que van des de La Marea i Público a l’edició en espanyol de The New York Times, Ramos acaba de publicar Antifascistas (Capitán Swing). L’exmembre de la mítica banda valenciana Obrint Pas hi dissecciona l’evolució dels grups ultres des dels anys noranta i com ha crescut el moviment antifeixista i el seu treball alsbarris, que considera una trinxera decisiva per barrar el pas a l’amenaça feixista.   

– Comença el llibre amb l’impacte que li va causar l’assassinat de Guillem Agulló. Va ser el seu baptisme amb l’antifeixisme?

– Sí. No només per mi. Fou tot una generació que va quedar colpida per un crim com el del Guillem. Ja havíem vist alguns crims anteriors, com el de Lucrecia a Madrid o el de Sonia a Barcelona. Quan ets un adolescent, aquestes coses et colpegen, sobretot si tens unes inquietuds i una sensibilitat enfront del feixisme. Fins aleshores hi havia la idea que el feixisme havia mort amb Franco. 

– Explica en el llibre que aquests tres crims, Guillem Agulló, Sonia Rescalvo i Lucrecia Pérez, dibuixaven molt bé el ventall d’objectius de l’extrema dreta. 

– Efectivament. L’assassinat de Sonia, una dona transsexual, a Barcelona, per un grup de skins neonazis, va ser d’una gran brutalitat, amb una companya seva i una altra persona sense sostre, apallissats, mostrava la crueltat extrema contra uns col·lectius que ells consideraven unes vides sense valor. El cas de Lucrecia va tenir la característica que va ser protagonitzat per un guàrdia civil acompanyat de menors d’edat d’ideologia neonazi. Era una dona treballadora que vivia en una fàbrica abandonada. Guillem era una militant antifeixista de 18 anys que els plantava cara. Això es va sumar a altres crims semblants que es van cometre contra persones sense sostre, agredits per neonazis. 

– El llibre posa el focus en la resposta que s’ha generat contra l’actuació dels grups d’extrema dreta. 

– Traça diferents històries paral·leles. D’una banda, com evoluciona l’extrema dreta després de la mort de Franco, amb una nova generació que no va viure el franquisme i la Transició com a protagonista. De l’altra, com es va adaptant la resposta contra aquest nou feixisme postfranquista. Parlem de periodistes com Xavier Vinader, de supervivents de l’Holocaust com Violeta Friedman. I de moviments socials, que és l’altra història paral·lela del llibre, que acompanyen l’antifeixisme. Perquè qui ha participat en l’antifeixisme també ho fa d’altres moviments. El perfil de l’antifeixista té un compromís més enllà del combat contra l’extrema dreta.      

– En aquests anys, ha seguit l’evolució de l’extrema dreta espanyola. Com s’ha anat transformant?

– L’extrema dreta dels vuitanta era continuació de la que venia del franquisme i els grups involucionistes, amb vinculacions amb estructures de l’Estat que havien romàs a la mort del dictador, com a la policia i les forces armades. A partir de finals dels vuitanta, apareix una extrema dreta més similar a la que hi ha a Europa. Amb més joves, molts dels quals seran presents en els camps de futbol, i que després evolucionarà cap a nous partits polítics i que conviu amb una actuació violenta al carrer. Evoluciona al compàs dels partits que creixen a Europa. Aquí vam tenir Plataforma per Catalunya, que va ser pioner. Cap altre partit a l’estat espanyol havia aconseguit 60 regidors, amb un discurs antiimmigració i islamòfob.

– En això sí que hi va haver una homologació amb Europa.

– Sí, a partir de finals dels noranta. Plataforma és el partit d’aquests anys a l’estat espanyol que més s’apropa als partits d’extrema dreta d’Europa. I després hi ha els moviments socials d’extrema dreta, que també evolucionen a partir dels anys 2000 i són una competència dels moviments socials tradicionals de l’esquerra. També copien el que passava a Europa, com l’italià Casa Pound.

– Casa Pound va ser un referent per aquests sectors, oi?

– Va marcar molt. Fou l’exemple per a un canvi en l’actuació de l’extrema dreta en el front social. Va ser un canvi estètic, retòric i d’activisme. Es passa de les bandes neonazis dels anys noranta, molt violentes al carrer, amb una estètica molt marcada, amb un llenguatge molt descarat i unes reivindicacions de les velles banderes del feixisme i el nazisme, a un Casa Pound, com el Casal Tramuntana aquí, o Proyecto Impulso a Castelló, o Hogar Social a Madrid, suposen un canvi. Intenten emular l’esquerra radical, no empren símbols explícits de l’extrema dreta. Coincideixen amb la crisi econòmica del 2008, en un moment d’efervescència de l’esquerra, i volen competir en les banderes socials. Comencen a fer repartiment de menjar, es disfressen. L’estètica es fa més amable i intenten superar els clixés que arrossegaven.     

– Es pot parlar de diversos corrents perfectament delimitats?

– L’extrema dreta és tan diversa com l’esquerra. Hi ha grups neonazis que es dediquen bàsicament a la difusió ideològica, com ha estat Cedade i la llibreria Europa, que critiquen l’estètica skin i la violència gratuïta, que veuen com un llast. Hi ha una extrema dreta més activa al carrer, més de confrontació. I hi ha una extrema dreta que vol ser a les institucions. Plataforma és un exemple, i fins a l’actualitat. Hi ha una branca més neofranquista, nacionalcatòlica, però és més folklòrica. 

– Es refereix a la “democratització” de l’extrema dreta i l’aparició de Vox. Què ha suposat la institucionalització de Vox?

– Ha suposat que el que deien els neonazis els anys vuitanta i noranta, es diu ara en seu parlamentària. Evidentment, no és el mateix llenguatge directament, però el fons és el mateix. Aquesta segregació i criminalització de col·lectius, aquest nacionalisme xovinista. L’antisemitisme dels anys anteriors avui dia, si canviem el subjecte per musulmà, és exactament la mateixa fórmula. El que abans era el jueu ara és el musulmà. Encara que hi ha sectors que critiquen a Vox, perquè el veuen com una part del sistema i una força neoliberal, el cert és que són conscients que Vox els obre camí i normalitza unes idees que fins ara portaven amb soledat.    

– Etiquetaria Vox com a partit feixista?

– Com a extrema dreta i postfeixista, que és un terme que utilitza Enzo Traverso. Molts emprem el concepte de postefeixista. Tractar de portar el llenguatge i el marc i els contextos dels anys trenta a l’actualitat no funciona. Tot i que hi ha una herència d’aquestes idees i unes estratègies discursives que s’hi assemblen molt. 

– L’extrema dreta està penetrant fort als barris? Fenòmens com Hogar Social estan fent forat?

– Moviments socials d’extrema dreta han tingut i tenen presència, sobretot per la normalització que s’ha fet del seu discurs amb l’aparició de Vox. No tenen prou capacitat per competir amb l’esquerra als carrers. El que sí que ha penetrat són les idees. L’antifeminisme i les idees bandera de l’extrema dreta s’estan normalitzant perquè tenen un altaveu a les institucions. 

– Hi ha alguns focus on l’extrema dreta tingui un activisme especial a l’estat espanyol?

– A les grans ciutats és on hi ha més moviment. Barcelona, Madrid, València o Saragossa. En altres llocs hi ha tradicionalment un activisme d’extrema dreta, com Astúries o Salamanca. Funcionen bé a escala local, amb un activisme molt visible a les xarxes, on exhibeixen més potencial del que tenen realment.

– L’extrema dreta ha evolucionat en aquests anys. L’antifeixisme també?

– I tant. L’antifeixisme s’ha anat adaptant. Un partit d’extrema dreta no el combats únicament amb una manifestació. Necessites actuacions a tots els nivells. Quan hi ha una extrema dreta tan institucionalitzada, hi ha un front antifeixista que va des del treball que fan els mestres i professors a escoles i instituts per vacunar contra l’odi a la tasca dels periodistes, de la qual al llibre en parlo molt.     

– Hi ha una estratègia antifeixista molt definida?

– Hi ha diverses estratègies. L’antifeixisme és molt plural, des d’un consens de mínims per defensar els drets humans i determinats drets i llibertats. Hi ha molts escenaris davant dels quals s’actua d’una manera o d’una altra. El que és important és destacar la contribució que han fet tots els moviments socials antifeixistes i la tasca que fan als barris, que és un dic de contenció. És rellevant també la feina feta pels periodistes, que dibuixen els marcs mentals vigents. El gran risc de l’extrema dreta és la infecció que intenta fer del sentit comú, normalitzar un seguit de propostes que el que pretenen és que alguns col·lectius no tinguin dret a tenir drets. El perill és que això vagi calant en àmbits que no són estrictament d’extrema dreta. Gent que considera que les feministes s’estan passant de certs límits, que hi ha massa immigració, que la delinqüència i immigració van lligats, que els musulmans són una amenaça per al món de vida occidental. 

– La batalla contar els corrents d’extrema dreta es decidirà als barris?

– Crec que sí, que la sort de la lluita antifeixista es decidirà en bona part als barris, treballant en els col·lectius més vulnerables. I s’ha de dir als polítics que, més que discursos brillants contra l’extrema dreta, han de fer polítiques efectives contra la precarietat. Això serà la manera més eficaç de combatre-la, serà el primer mur de contenció. Això més la solidaritat de classe i el suport mutu. L’extrema dreta és profundament neoliberal, més enllà de les guerres culturals que planteja. El seu gran objectiu és mantenir l’statu quo i no tocar els privilegis de les classes dominants. Per això aquestes estan molt tranquil·les amb l’extrema dreta.  

– Els actes de protesta al carrer per part de grups antifeixistes són efectius? 

– Jo no voldria valorar les decisions que es prenguin en determinats contextos. Hi ha hagut vegades on l’actuació al carrer ha estat efectiva per barrar el pas a l’extrema dreta i en d’altres l’extrema dreta ho ha utilitzat per criminalitzar i provocar detencions. Això cada col·lectiu ho ha de valorar. No hi ha una fórmula màgica. 

– En alguns casos s’ha confós grups feixistes amb tribus urbanes?

– Al contrari. S’ha intentat caricaturitzar les accions de l’extrema dreta i el feixisme com a tribus urbanes o baralles entre joves amb la intenció de despolititzar-les. El nazisme no és una tribu urbana. 

– L’actitud de l’Estat respecte a l’extrema dreta ha canviat? Venim dels anys de la Transició en què les complicitats de l’aparell policial amb aquests grups eren òbvies. Fins a quin punt això ha canviat?

– És evident que als anys vuitanta, en no haver-se fet una depuració de les estructures policials, molts policies i jutges provinents de la dictadura van continuar estant actius, alguns fins ben entrats els noranta. És innegable que també va entrar gent amb esperit més democràtic. Com també és cert que des de l’Estat hi ha preocupació perquè la violència d’extrema dreta no ultrapassi uns límits, tot i que continuen emmarcant-ho com  a tribu urbana o violència juvenil. Hi ha investigacions i operacions policials. Hi ha seccions de policies i mossos que treballen aquest camp. Però continuen pervivint elements reaccionaris dins de la judicatura, els cossos de seguretat i les forces armades, i hi ha actituds que no se sancionen.

– Com quines?

– No és normal que a l’estat espanyol hi hagi policies que vagin a esmorzar amb uniforme a un bar amb simbologia feixista. A Madrid això passa. Per això s’entén que hi hagi gent que desconfiï de la diligència policial a l’hora d’investigar les accions feixistes.   

– Com afecta la guerra d’Ucraïna, iniciada per Rússia com una operació de “desnazificació”, a l’extrema dreta espanyola? 

– Hi ha una extrema dreta que és admiradora de la figura de Putin i del nacionalisme rus, i seguidora de figures com Alexander Duguin, un dels intel·lectuals del putinisme. Hi ha també una extrema dreta més prooccidental, proucraïnesa, que s’emmiralla amb les milícies com l’Azov. La guerra d’Ucraïna ha dividit l’extrema dreta. Sobre això de la desnazificació, això en aquest conflicte és pura propaganda. No hi ha cap intenció de desnazificar res, hi ha exclusivament unes intencions geopolítiques i això és una excusa de Putin per justificar la invasió. Això no treu que els grups neonazis a Ucraïna hagin estat un problema i aquesta guerra els estigui blanquejant. El fet que estan responent a una invasió fa que molts mitjans obviïn els vincles d’extrema dreta d’algunes milícies ucraïneses.    

– Vox ha estat l’únic partit que ha votat en contra de treure-li la Clau d’Or de Madrid a Putin. Els lligams entre l’extrema dreta espanyola i el Kremlin són estrets?

– Hi ha vincles d’alguns oligarques amb la internacional reaccionària que impulsa Vox. Hi ha algunes figures de l’entitat Hazte Oir que tenen relació amb oligarques russos. Però és un vincle difús, no trobarem una fotografia de Putin donant un xec a algú de Vox.

Miquel Ramos: “L’extrema dreta fa la feina bruta a l’Estat”

VALÈNCIA Miquel Ramos (València, 1979) ha fet de la informació sobre l’extrema dreta, els delictes d’odi i els moviments socials l’epicentre de la seva tasca periodística. Coautor del projecte Crimenesdeodio.info , ara publica Antifascistas. Así se combatió a la extrema derecha española desde los años 90 (Capitán Swing), una obra que culmina un treball de documentació iniciat l’any 1993.

Entrevista de Daniel Martín per al diari Ara, 03/04/2022

¿El llibre és un homenatge als ciutadans anònims que van lluitar contra el feixisme des de la invisibilitat?

— Sí, una de les intencions és visibilitzar un col·lectiu de persones que van entendre que el feixisme significava una amenaça no només per a ells, sinó per a tots. Però també recull l’antifeixisme a nivell periodístic, judicial o institucional.

Quins van ser els encerts i les errades del moviment?

— Cadascú va fer el que creia en cada moment. Però jo la pregunta la faria a la inversa. ¿On era la resta de la gent quan eren només uns grups reduïts de persones els que denunciaven el problema?

A la resta de la societat li era indiferent?

— Al llarg del llibre es demostra la soledat amb què molta gent va combatre l’extrema dreta. També s’explica l’estigma generat pels mitjans de comunicació i pels polítics que volien reduir-ho tot a un tema de tribus urbanes o de violència de carrer. Volien despolititzar un problema que ara està en les institucions.

Quin ha sigut el grau de col·laboració entre l’extrema dreta, la policia i els serveis d’intel·ligència?

— Durant la Transició, la connivència era total per la no depuració de les forces de seguretat, la judicatura i les forces armades. Amb el govern socialista i el terrorisme d’estat també hi ha una connivència i una impunitat total. Després, hi ha una complaença per part dels poders públics que és molt evident quan es compara com actua la policia davant la violència de l’extrema dreta i com actua amb els que la pateixen i s’hi enfronten.

Hi ha una instrumentalització?

— Xavier Vinader deia que l’extrema dreta arriba allà on l’Estat no pot arribar. Fa la feina bruta i ataca els col·lectius que l’Estat detesta o entén com una amenaça.

Sovint es queixa d’un periodisme equidistant.

— El periodisme ha d’assumir la seua responsabilitat. No es tracta de no parlar d’ells [Vox], sinó quan, com i de què parlar. A l’extrema dreta li molesta parlar de les seues propostes econòmiques i socials. Quan parlen de serveis públics, d’allò que afecta la classe treballadora, és quan ells demostren que són un partit absolutament neoliberal i del sistema i que no tocaran els privilegis de les elits.

¿Creu que Vox pot ser majoritari a l’estat espanyol?

— Majoritari no, però sí que crec que podria assolir un poc més de poder. Els partits d’extrema dreta quan toquen poder comencen a desgastar-se perquè han de prendre decisions i demostrar que allò que pregonen és real. 

Quina creu que serà l’evolució de l’extrema dreta a Europa?

— Vorem què passa amb la guerra d’Ucraïna, que és un factor inesperat. Vorem com reaccionen [els estats] on ja hi ha una escalada d’un discurs bel·licista i identitari. Tots els conflictes bèl·lics són un terreny molt fèrtil per als feixismes. Si ja teníem por perquè ens trobàvem en un moment en què l’extrema dreta havia guanyat pes, amb este context i esta normalització dels discursos feixistes i patriòtics… no pinta bé.

És molt crític amb els partits, també amb els que han assumit un discurs antifeixista.

— Si tens barris on hi ha problemàtiques de pobresa, de falta de serveis públics, de precarietat, de desigualtats…, que saps que l’extrema dreta instrumentalitzarà, i tu no hi poses solucions, eres part del problema per molta bandera antifeixista que portes. Els polítics no només han de fer bons discursos, sinó que han de fer polítiques valentes.

I no les fan?

— En alguns casos s’estan fent algunes coses. Però això exigeix arriscar i no tots hi estan disposats. Hi ha massa por a la dreta, quan després, quan la dreta governa, no té cap por i va a fets consumats. L’esquerra va sempre amb guants de seda per no molestar, i si l’esquerra arriba a la política, ha de molestar; si no, no és esquerra.

Miquel Ramos: “La extrema derecha quiere normalizar que hay colectivos sin derechos”

El periodista, autor del libro ‘Antifascistas’, critica la ‘estrategia del victimismo del privilegiado’ que se siente amenazado por el feminismo, el movimiento LGTBI o los inmigrantes

Entrevista de María Jesús Cañizares para Crónica Global, 04.04.2022 

Miquel Ramos (Valencia, 1979) analiza en Antifascistas (Capitán Swing) la evolución de la extrema derecha desde los años 90 y de la lucha de grupos antisfascistas por evitar que determinados discursos de odio se normalicen en la sociedad española.

En una entrevista con Crónica Global, el periodista, experto en movimientos sociales, se refiere a la ‘estrategia del victimismo del privilegiado‘, que se siente amenazado por la reclamación de derechos de colectivos como el feminista, el LGTBI o el inmigrante.

–Pregunta: El libro arranca en los 90 con el auge de movimientos neonazis. La muerte de Lucrecia en Madrid, de Sonia en Barcelona. ¿Qué llevaba un joven de entonces a militar en esos movimientos?

–Respuesta: La extrema derecha en España una vez muere el dictador, hay una parte que sigue reivindicando el legado del franquismo. Otra sigue en las estructuras del Estado al no haber depuración de elementos reaccionarios. La judicatura sigue en determinadas estructuras. Y por otro lado, empieza llegar un perfil de la extrema derecha muy similar al resto del mundo. El que empieza con los grupos neonazis y los ultras en el futbol. En una generación que no ha vivido la Transición, no ha vivido el franquismo, tiene cierta seducción, basada en elementos más allá de la ideología. De grupo, de formar parte de algo. Si le das un corpus ideológico, si le das una justificación para ejercer esa violencia, surgen grupos capaces de atacar a colectivos porque los consideran personas sin valor. Por muy aspecto de tribu urbana que tenga, hay una política detrás, hay una construcción ideológica. El nazismo no fue un movimiento pandillero, fue una ideología.

–En su momento, los periodistas debatimos si se debía dar cobertura a determinados movimientos, les encantaba aparecer en los medios.

–Desde el periodismo siempre se ha mantenido esta duda, cómo tratar a la extrema derecha, cuando en aquel momento no estaba en aquellas instituciones. Sin embargo, ejercían una violencia brutal y por mucho que los medios no hablaran de ellos, se sabía que existían. Fue a partir de determinados crímenes muy mediáticos, como el de Sonia, Lucrecia, Guillem Agulló y otros que vinieron después, la prensa no pudo dejar de hablar de un fenómeno que había sido denunciado, pero que todavía se le trataba como violencia urbana, delincuencia juvenil. La pregunta que se plantea entonces el periodista no es si habla de ello, sino cómo. Obviamente, si se pasa todo por un tamiz sensacionalista, no se va a la raíz del asunto, de dónde viene esta gente, de dónde bebe este odio. Es importante contextualizar para explicar la ejecución de esos crímenes. Luego la extrema derecha evoluciona, ya no se dedica solo a dar palizas, intenta disfrazarse de demócrata, Claro que hay que hablar de ella, es problema es saber hablar sin hacer propaganda y sin mitificarlo. Es verdad que algunas veces, queriendo denunciar, se produce un efecto de seducción, de aura de maldad. La actitud del malote. Uno debe ser responsable de los que hace y de lo que escribe.

–Contextualizas en tu libro y explicas el origen. ¿Pero cómo ha evolucionado? La presencia de Vox en las instituciones parte de aquellos años?

–La extrema derecha es plural, es diversa. Igual que la izquierda. Y el fenómeno Vox surge en un momento determinado en que todas esas opciones políticas han fracasado. Ha habido otros intentos similares que no consiguieron el éxito de Vox, a excepción de Plataforma per Catalunya, que consiguió 67 concejales, el mayor éxito de la extrema derecha española desde que Fuerza Nueva dejó de estar representada. No hay que perder de vista también que Vox nace de la casa común de las derechas españolas, en el seno del PP y de la familia neoconservadora, no estrictamente neofascista, pero que recoge gran parte del sentir de este entorno. Vox está diciendo lo mismo que decían los grupos más radicales de extrema derecha de los 90, pero lo dice de otra manera y con un aura democrática, con el aval que le dan millones de votos. Lo que hace es normalizar un discurso, un estilo de hacer política, novedoso en España, pero que en Europa ya funcionaba, ya daba votos y réditos y presencia en las instituciones.

–¿Con el 15M se perdió la oportunidad de contrarrestar eso? ¿Hay menos activismo en el antifascismo?

–El 15M, en el contexto de una crisis económica y movilizaciones sociales, fue muy significativo y marcadamente antifascista. En otros países, la crisis la capitalizó la extrema derecha. El caso más extremo fue Amanecer Dorado, en Grecia, un grupo neonazi que logró cotas de poder inéditas en Europa. Y digo que era marcadamente antifascista porque las medidas que se reivindicaban no hacía distinción por origen nacional o por el color de la piel de las personas que reclamaban derechos, frente a los privilegios de los poderosos que eran intocables. La extrema derecha hizo lo contrario, culpar a las personas inmigrantes, coincidió con la guerra de Siria y se fomentó el miedo a los refugiados. Ese mensaje xenófobo y racista no caló en España. Lo que sucedió después, la institucionalización de una parte de la izquierda, como Podemos, o lo que pasó en Cataluña, han sido factores que han dibujado un escenario diferente y han alumbrado una extrema derecha que parte de un cierto desencanto de la sociedad con esas medidas que planteaba la izquierda. No hay que olvidar que esta extrema derecha está muy bien apoyada por los poderes del Estado. Es profundamente neoliberal, no molesta al statu quo, a los colectivos privilegiados, y cuenta con un buen respaldo mediático y económico. Y una muy buena estrategia. Yo siempre digo que el fascismo no se cura leyendo ni el racismo se cura viajando porque la extrema derecha es muy leída y ha viajado mucho. Hay mucho dinero invertido, mucho potencial intelectual.

–En tu libro abordas el caso de la Librería Europa de Barcelona, con el ultra Pedro Varela al frente. En su momento, los jueces plantearon si su juicio suponía una vulneración de la libertad de expresión.

–La extrema derecha ha sabido usar todas las herramientas del sistema democrático liberal. Desde la libertad de expresión a la libertad de asociación, cuando precisamente su programa quiere acabar con todo esto, con el propio sistema democrático y las libertades públicas. Hay una controversia sobre donde está el límite de la libertad de expresión. Hay artistas que han acabado en la Audiencia Nacional por sus obras, o exiliados, como Valtònyc, o en prisión, como Hasél. Artistas como Willy Toledo, absolutamente estigmatizado por sus ideas políticas. Javier Krahe, Leo Bassi, Fermín Muguruza… Que quien ha pagado la persecución, la censura e incluso la violencia ha sido una parte, mientras que nazis como Varela abanderan la libertad de expresión y se presente como un librero, pues deja mucho que desear. Tenemos un delito todavía que es injurias a la Corona, ultraje a los símbolos nacionales, apología del terrorismo… Leyes que acotan el derecho a la libertad de expresión cuando el ofendido es determinado colectivo. En cambio hacer apología del genocidio o de las cámaras de gas no está tan perseguido. O hacer un homenaje a la División Azul y decir que el judío tiene culpa de todo en el siglo XXI, no se sanciona.

–¿Tenemos una democracia todavía joven, falta más cultura democrática, jueces más valientes?

–La vía punitiva no debe ser la única herramienta para defender la democracia y las libertades públicas, debe ser el último recurso: La extrema derecha apela casi en exclusiva a la vía punitiva para solucionar los problemas sociales. Hay que cambiar la educación, la manera de vacunar contra este tipo de actitudes, contra ese odio. Son valores que no solo se transmiten en la escuela y las universidades, también son responsables los medios de comunicación.

–Parece que incluso hay una especie de negacionismo de la pobreza y la desigualdad.

–Existe el discurso de la meritocracia, el que asegura que eres pobre porque no te esfuerzas. O negar que existe la violencia machista. Se niegan estos problemas porque, si los admites, están obligado a actuar. La desigualdad es inherente al neoliberalismo, cuando culpas a las personas de su propia precariedad y defiendes un sistema que reproduce esta miseria y no la corrige, es que están defendiendo un status quo. Por eso dio que la extrema derecha es profundamente prosistema por mucho que se disfrace de antisistema. No quiere tocas ningún privilegio de las clases dominantes. Yo llamo la estrategia del victimismo del privilegiado. Las feministas son una amenaza para el hombre. El colectivo LGTBI amenaza al colectivo hetero. Los inmigrantes amenazan los privilegios de las personas autóctonas. Es un victimismo que criminaliza a los colectivos que reclaman derechos. Por eso, muchas veces, personas de clase trabajadora votan a la extrema derecha, no porque se hayan leído su programa económico, porque han apelado a alguna de sus identidades: hombre, blanco, español, heterosexual… Agitan un sentimiento de pertenencia a un colectivo amenazado. La extrema derecha juega muy bien en este terreno.

–En el libro hablas de Pablo Iglesias como luchador antifascista. ¿Que ya no esté en el Gobierno es, de alguna forma, un fracaso de una parte de la izquierda?

Pablo Iglesias fue víctima de la extrema derecha en sus años de estudiante y conoce bien los movimientos sociales. Viene de ellos. Y llega a la vicepresidencia del Gobierno, por lo que conoce el sistema desde dentro. Y estando en el Gobierno, la extrema derecha le acosa en su propio domicilio con un sospechosa impunidad, recibe sobres con balas y amenazas de muerte. Pero por otro lado me interesa saber si vale la pena su paso por las instituciones y cómo lo interpreta él. Qué papel ha jugado Podemos, que no tiene mayoría para decidir las políticas, sino para influir en ellas.

–¿La violencia de los años 90 se puede repetir ahora o la institucionalización de la extrema derecha es un freno?

–La presencia de un partido de extrema derecha en las instituciones ha provocado que se normalice un discurso y unas ideas que hace 20 ó 30 años solo defendían los grupos neonazis o neofascistas. Obviamente Vox lo que hace es adornarlas para que no sea tan evidente. Los grupos neonazis no han desaparecido, continúa habiendo violencia en las calles, aunque no es comparable a lo que vivimos en los años 90. El skinhead ha quedado como una caricatura y folklore, pero la extrema derecha neonazi se ha reformado, a veces es difícil de identificar, en la estética y el retórica. Aunque renieguen de un partido como Vox, que consideran tremendamente neoliberal y afín al sistema, admiten por otro lado que está permitiendo normalizar sus ideas. Se sienten cada vez más legitimados en esa criminalización y exclusión de determinados colectivos. Los inmigrantes, los menores inmigrantes, el feminismo, los musulmanes…

–El crimen de Guillem Agulló (militante independentista de izquierdas asesinado en 1993) está muy presente en tu libro. Su responsable solo cumplió cuatro años de cárcel y aspiró a un cargo público. ¿La sociedad actual permitiría eso hoy en día?

–A la judicatura le falta todavía mucha concienciación en materia de protección de las víctimas de crímenes de odio. La legislación sobre delitos de odio se creó para proteger y corregir una desigualdad, como lo fue la de la violencia machista, se ha desnaturalizado de forma alarmante. La extrema derecha habla de violencia intrafamiliar para despojarla de cualquier contexto y de vinculación con las estructuras que generan desigualdad. Pero la ley de delitos de odio se usa muchas veces contra personas que luchan precisamente contra ese odio. Por ejemplo protestar contra una campaña homófoba o machista. O contra grupos neonazis. Una cosa es la carcasa legal y otra cosa es la aplicación. Falta mucha educación en general, no solo en la judicatura y las fuerzas y cuerpos policiales. La sociedad debe reflexionar sobre esta manera tan gratuita de odio y discriminación. Cuestionar que determinados colectivos tengan derecho a tener derechos no augura nada bueno. La extrema derecha quiere revertir este sentido común y presentar sus ideas, no solo como una opinión democrática, sino como un nuevo sentido común. Que a determinados colectivos se les conceden los derechos según nos convenga.

“A llocs com el Bages i el Llobregat hi havies d’anar amb molt de compte perquè tenien fama de tenir grups neonazis molt organitzats”

Amb una llarga trajectòria com a activista i periodista especialitzat en la cobertura de l’extrema dreta, Miquel Ramos (València, 1979) acaba de dur a les llibreries Antifascistas (Capitán Swing, 2022), un llibre en què repassa l’evolució dels moviments neofeixistes a Espanya des del final de la dictadura fins l’actualitat. Un llibre que Ramos, conegut també per haver sigut membre fundador del grup Obrint Pas, planteja com un homenatge als moviments antifeixistes d’arreu de l’estat i un crit d’advertència a tots els nivells. 

Entrevista de Pep Corral a Regió7  20·04·22 

Espanya té un problema amb la ultradreta?

L’extrema dreta és un problema a tot arreu, encara que la seva presència sigui discreta. Als anys vuitanta, per exemple, hi havia un greu problema amb l’extrema dreta i no tenien representació parlamentària, però hi havia una continuïtat de forces vinculades a la dictadura a tots els nivells i, a més, hi havia bandes als carrers que donaven pallisses i assassinaven. 

De quan treballava en el llibre a ara hi ha un canvi substancial com és l’entrada de l’extrema dreta a llocs de poder a l’estat espanyol. Quins canvis implica, això?

Hi ha una evolució constant de l’extrema dreta. No seria tant categòric com per afirmar que estem davant d’una nova etapa, però que entressin a les institucions era quelcom previsible, encara que els ha costat perquè són conscients que quan toquen poder es cremen. És molt més fàcil estar a l’oposició. Diria que ara estem en una subfase de la institucionalització de l’extrema dreta, encara que això no implica que abans no tinguessin presència a les institucions, òbviament. 

Les bandes de skins de les que parla en el llibre, encara existeixen?

Si la violència neonazi ha minvat tant des de finals dels noranta fins l’actualitat en gran part és gràcies a la gent que s’explica en aquest llibre i que es van jugar el cos, la llibertat i fins i tot la vida. L’extrema dreta ha mutat i fa temps que ha entès que hi havia una manera de fer que no era bon màrqueting. A poc a poc ha anat mutant més cap al model europeu i a unes maneres de fer en què potser no t’apallissaran, però legislaran per fotre’t la vida. Els nazis de carrer continuen existint però hi ha un contrapès molt fort que els fa difícil actuar amb la impunitat amb que ho feien abans. 

En el llibre cita casos com l’agressió a la Stroika del 2012 o el cas desconegut d’un jove de Navàs assassinat a Premià de Mar l’any 1990. La Catalunya Central era un focus actiu de violència neonazi?

Hi havia territoris que tenien molta fama de tenir grups organitzats com ara el Vallès, la zona del Llobregat i el Bages. Pels records que tinc de la dècada dels 1990 i principis del 2000, aquests eren uns punts forts de l’extrema dreta a Catalunya i on hi havies d’anar sempre amb molt de compte. 

Precisament a Manresa hi havia discoteques de les que vostè descriu com un dels darrers nuclis forts dels neonazis.

Oi tant! Cap al final de l’època de la ‘ruta del bakalao’ va sorgir un moviment molt vinculat a les discoteques, però amb l’estil neonazi i les banderes d’Espanya a la caçadora. D’alguna manera això es va posar de moda, en part també per tota la projecció sensacionalista d’alguns mitjans i pel·lícules com ‘American History X’, que van crear una mena d’aura èpica al voltant del neonazi, encara que fos pel mal. 

Quin pes creu que ha tingut el procés català en la normalització de l’extrema dreta en els darrers anys a l’Estat?

L’extrema dreta espanyola històricament ha estat sempre profundament espanyolista i anticatalanista. El procés no va despertar l’ofensiva espanyolista, ja que això venia de molt més enllà i al País Valencià en podem donar fe. El procés va ser una excusa per a l’extrema dreta i per a tots aquells que havien caminat al seu costat en contra del dret a decidir de Catalunya. 

En el llibre alerta de com l’extrema dreta usa l’humor a les xarxes per colar el seu missatge. Estem preparats per identificar aquests continguts com a tal?

La ultradreta ha sabut utilitzar molt bé les noves tecnologies i entrar mitjançant productes culturals. La gent jove és un dels seus principals objectius i per això es disfressen d’irreverents i políticament incorrectes i intenten fer passar el bullying de tota la vida per una mena de rebel·lia. Això fa que qualsevol es pugui pensar que ser rebel és ser masclista, racista, homòfob… Ser irreverent és ficar-se amb el poder, no amb els més dèbils. 

No li resulta irònic que l’extrema dreta recali en entorns de gent treballadora?

L’extrema dreta sap detectar perfectament on no hi ha un contrapès fort, perquè és precisament on podrà entrar. És absolutament pervers que l’extrema dreta vulgui abanderar els drets de qualsevol classe treballadora, ja que són profundament neoliberals i quan han de legislar ho fan sempre en contra dels drets de les persones treballadores. Ara bé, aquí també hi ha culpa d’unes institucions que no han sabut resoldre un problema i han obert una porta per on s’ha pogut colar la ultradreta. Els polítics han de fer política i evitar que hi hagi forats de descontentament per on s’hi pugui colar el discurs ultradretà. Si qui mana no és capaç de millorar la vida de la gent, vindrà algú amb solucions màgiques per a problemes complexos. Aquí hi ha també una inacció institucional que permet aquesta precarietat. 

L’antifeixisme ha sabut adaptar-se a la mutació de l’extrema dreta?

L’antifeixisme ha hagut d’evolucionar per adaptar-se als canvis que anava fent també l’extrema dreta i com se la combatia en diferents estats, formes i escenaris. Actualment estem en un moment força inèdit com és l’entrada de l’extrema dreta a les institucions. És evident que la d’ara no se la guanya amb una manifestació. Crec que la normalització de l’extrema dreta ha contribuït a una major consciència antifeixista.