Descarga gratis el dossier Especial Ultraderecha de La Marea

El Especial Ultraderecha es un monográfico especial con una selección de 26 artículos publicados en lamarea.com entre junio y julio de 2020. Esta revista –en formato pdf- incluye reportajes, análisis y entrevistas reposadas con argumentos para desmontar el discurso de la ultraderecha.  Visiones también desde EEUU, Polonia, Grecia y Francia.

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Coordinación: Miquel Ramos

Colaboran: Noelia Adánez, Hibai Arbide, Graeme Atkinson, Aurora Ali, Pablo Bonat, Pablo Carmona Pascual, Iness Dimnich, Javier Durán, Daniel Gil-Benumeya, Sebastiaan Faber, Sara Montesinos, Álvaro Minguito, Rafal Pankowsky, María Luisa Pérez Colina, Juanjo Peris, Proyecto Una, Sergio Rodrigo, Carles X. Senso Vila, Laia Serra, Alba Sidera, Patricia Simón, Miguel Urbán y Carles Viñas.

Debate Pedro Vallín y Miquel Ramos sobre extrema derecha y antifascismo (MUSOC)

IX Muestra de cine social y derechos humanos de Asturias (MUSOC)

PRESENTA y MODERA: Diego Díaz Alonso. Historiador y activista social en el 15M y La Madreña. Forma parte del consejo de redacción de Nortes.

http://www.accionenredasturies.org/

https://www.musocasturias.org/

Vallecas: Criminalización de los antifascistas y silencio ante las denuncias por torturas

Sobre la detención de varios antifascistas por los incidentes protagonizados por la ultraderecha en Vallecas, la criminalización de los medios de comunicación con filtraciones de la policía, y el silencio ante las denuncias de torturas en comisaría y en juzgados. #lascosasclaras​ (RTVE, 16 de abril 2021)

Las soldados que cruzaron el Ebro

Uno de los artículos del especial del diario Público sobre mujeres combatientes durante la Guerra Civil española.

Miquel Ramos 14 de abril 2021 – Público

«Ayer se verificó en la cárcel modelo un consejo de guerra sumarísimo. Comparecieron Josefa Urda Díaz e Hipólito Melero de Dios, ambos de 16 años, acusados de reparto de hojas extremistas. El Fiscal calificó el contenido del impreso de exaltación de la rebelión, y teniendo en cuenta que los detenidos son menores de edad, solicitó para cada uno de ellos la pena de seis años de prisión. El Consejo condenó a los muchachos de acuerdo con la petición fiscal».

El Heraldo de Madrid recogía esta pequeña nota entre varias noticias de la revuelta asturiana, donde se destacaban varias detenciones en Catalunya. El ejemplar está fechado el viernes 2 de noviembre de 1934. Hacía pocas semanas que la Revolución de Asturias había sido abortada por el Gobierno republicano, con la participación del general Francisco Franco, quien ya había participado en la extinción de otra rebelión obrera en 1917, también en Asturias.

Josefa Urda fue detenida en Barcelona por repartir octavillas apoyando a los obreros asturianos. Que una mujer de 16 años estuviese implicada en política no era nada extraño, y menos ante el convulso contexto y la extensa politización de la sociedad. Y menos aún entre quienes defendían postulados revolucionarios, un colectivo en el que las mujeres fueron una parte imprescindible a pesar del olvido al que se las trató de condenar durante años, omitiéndolas de los relatos oficiales o negando su papel protagonista en muchos de aquellos episodios.

Nació en 1917 en Tembleque, Toledo, pero se trasladó a vivir a Barcelona. Desconocemos qué pasó entre la condena que relata el Heraldo de Madrid en 1934 y el inicio de la Guerra Civil, pero sí que  onocemos que a los 19 años, es decir, en 1937, se unió a la columna Jaume Graells y se dirigió al combate en el frente de Aragón. Posteriormente participó en la defensa de Madrid con el batallón Thalemann, y luchó en unidades de choque durante toda la guerra. Logró la graduación primero de teniente y después de capitana en el IV Cuerpo del Ejército Popular de la República.

Josefa Urda fue una de las relativamente pocas mujeres que ingresó en el Ejército Popular de la República tras el decreto de militarización de las milicias populares en octubre de 1936. Se ha repetido durante años que la militarización de las milicias republicanas supuso la expulsión de las mujeres en el frente. Sin embargo, los datos del Museo Virtual de la Mujer Combatiente muestran que no fue así. O, al menos, que no fue completamente así. La investigación de Balló y Berger estima que pueden recuperar la identidad de más de 7.000 mujeres que lucharon en los primeros meses de la Guerra y de, al menos, 360 mujeres que continuaron combatiendo en el Ejército Republicano una vez se militarizaron las milicias populares.

La misoginia reinante entonces, y las crónicas oficiales escritas siempre por los vencedores, ondenaron durante décadas a la mayoría de estas mujeres al olvido. De hecho, hasta se negaba la presencia de mujeres en el Ejército Republicano, a pesar de las numerosas referencias rescatadas por Berger y Balló en su investigación. Referencias que estaban al alcance de cualquiera que quisiese comprobarlo. Los creadores del proyecto explican que el decreto de militarización de las milicias no recoge, en ningún momento, la orden de retirada de las mujeres del frente. Las decisiones de prescindir de las mujeres en el frente, por tanto, llegarían de órdenes particulares de determinados mandos, pero nunca de manera oficial. Así lo acredita también, por ejemplo, la miliciana Rosario Sánchez Mora, que expresó con rotundidad en varias entrevistas que la orden de retirada de las mujeres jamás existió por escrito.

Lo que sí es evidente que cambió a partir de otoño de 1936 fue la propaganda del Gobierno republicano respecto al rol de la mujer en el frente. Si hasta la fecha se las animaba a alistarse y combatir, a partir de este momento hubo una campaña de desincentivación de la participación de la mujer e, incluso, de estigmatización hacia las mujeres que combatían.

Pero haberlas las hubo. Hubo mujeres que sobrevivieron a la militarización de las milicias republicanas y que incluso cruzaron la línea del Ebro en su combate contra el franquismo. Mujeres como Josefa Urda, que sabemos que no solo cruzó el Ebro sino que se quedó en Barcelona una vez cayó derrotada la democracia y las tropas franquistas entraron en Barcelona. La crónica de La Vanguardia del 23 de septiembre de 1939 contiene la última referencia que existe de Josefa, en una breve nota que informa de la detención de varias personas «acusadas de varios delitos perpetrados durante el periodo rojo». Sin embargo, con los años, cayeron en el olvido de la dictadura, de la democracia y del imaginario de las izquierdas.

Frente a esta creencia de que las mujeres nunca estuvieron en el Ejército Popular de la República, el  proyecto del Museo Virtual de la Mujer Combatiente pone encima de la mesa los casos de Andrea Pérez, que consta como soldado desaparecida en el frente de Aragón en el mes de abril de 1937. También el de Narcisa Rossell, desaparecida en acción de guerra el 20 de octubre de 1937 en el frente de Aragón. O el de Elizaveta Parshina, conocida en España como Josefa Pérez Herrera, que estuvo luchando para el Ejército Popular de la República durante el año 1938. Y también el caso de Alexandra Bajmutskaia, quien falleció el 7 de abril de 1938 por heridas causadas durante una acción de guerra sobre el aeródromo de Sabadell.

A estos ejemplos podemos sumar el de Francesca Domènech, nacida en Manlleu y soldado del Ejército de la República, que murió un 8 de noviembre de 1938 en el Hospital número 9 de Barcelona; y, entre otros, el de Marina Corta, que consta como soldado desaparecida en combate el 27 de julio de 1938.

Fotografía: Encarnación Hernández Luna, capitana de la 9ª brigada de la 11ª División de Líster. -Centro Documental de la Memoria Histórica/CG FOTOGRAFÍAS C1547 EXP001 308A © MCD

Un caso más conocido es el de Carmen Catalán Pastor, que estuvo en el Cuerpo de Sanidad de Guerra en Barcelona, donde participó en la dura batalla de Teruel en 1937, y acabó en retirada hasta Catalunya, siendo reconocida formalmente por el Diario Oficial de Defensa como enfermera del Ejército en Sabadell. Antes, Catalán Pastor había pasado por las Milícies Antifeixistes de Catalunya del PSUC, con las que marchó en agosto de 1936 al frente balear, y por el Frente de Madrid, en 1937, con la columna Mangada.

El caso de Catalán Pastor es especial porque su rastro se puede seguir hasta la retirada a Francia de los republicanos. En febrero de 1939 la escritora inglesa Nancy Cunard escribió desde la pequeña localidad francesa de Le Perthus, situada en los Pirineos Orientales, cómo fue lo que la autora denominó el «éxodo desde España» en un artículo publicado en el Manchester Guardian el 8 de febrero de 1939.

«Furgonetas, camiones, tráileres y autobuses llevan a mujeres y niños refugiados desde la frontera hasta Le Perthus. La carretera está mucho mejor organizada y ahora la mitad está libre de coches para poder entrar y salir de España (…). He podido confirmar, al menos en parte, que hay personas heridas. Han llegado a Francia unos 7.000 (cifra de soldados y civiles) bajo el mando de Carmen Catalán Pastor. Cuando conocí a esta mujer en Le Perthus, ella dirigía el transporte de algunos de estos heridos durante el asalto de Figueres y me expresó su gratitud hacia el Ministerio del Interior francés por su ayuda».

En aquellos momentos, Catalán Pastor tenía 23 años. También conocemos que tras capitanear
el “éxodo” de miles de exiliados, la mujer regresó a Barcelona, donde fue detenida y juzgada por un tribunal militar. Es en este punto donde los investigadores le perdieron la pista. Sí han podido averiguar, no obstante, que su hermano Josep Catalán Pastor fue detenido por la Gestapo en Francia y enviado al campo de concentración de Mauthausen, donde falleció el 27 de enero de 1941.

Por tanto, la investigación de Berger y Balló demuestra que las mujeres sí que participaron en la Guerra Civil al otro lado del Ebro y que más de 300 de ellas continuaron en el Ejército Popular de la República. En este sentido, Berger explica que los datos demuestran que la presencia de la mujer en esta recta final de la Guerra Civil fue “residual”, sobre todo si se compara en número con los meses del verano de 1936, pero que aún así se trata de una presencia “muy significativa” porque no era habitual en otras guerras contemporáneas previas al conflicto español y por todo el empuje liberador que llevaban aparejadas las ideas que las conducían a la lucha.


Por tanto, la investigación de Berger y Balló demuestra que las mujeres sí que participaron en la Guerra Civil al otro lado del Ebro y que más de 300 de ellas continuaron en el Ejército Popular de la República. En este sentido, Berger explica que los datos demuestran que la presencia de la mujer en esta recta final de la Guerra Civil fue “residual”, sobre todo si se compara en número con los meses del verano de 1936, pero que aún así se trata de una presencia “muy significativa” porque no era habitual en otras guerras contemporáneas previas al conflicto español y por todo el empuje liberador que llevaban aparejadas las ideas que las conducían a la lucha.

Fotografía: un grupo de milicianas tras terminar una jornada de entrenamiento y preparación para acudir al frente.- Centro Documental de la Memoria Histórica/CG FOTOGRAFÍAS C1547 EXP001 385A © MCD
Fotografía: un grupo de milicianas tras terminar una jornada de entrenamiento y preparación para acudir al frente.- Centro Documental de la Memoria Histórica/CG FOTOGRAFÍAS C1547 EXP001 385A © MCD

¿A la retaguardia?

A pesar de que la presencia de las mujeres en el Ejército Popular de la República es innegable, así como su participación al otro lado del Ebro, tampoco se puede negar que las fuerzas políticas republicanas, pese a haber incentivado el alistamiento de las mujeres en las milicias, posteriormente trataron de relegarlas a la retaguardia, incluso desde las mismas organizaciones políticas revolucionarias de mujeres. «Supongo que es el sustrato machista básico que todavía existía, también entre las mujeres”, deduce Berger. “Aunque no exista una orden específica, se intenta que vayan a la retaguardia. De hecho, en el año 1938 aumenta el número de mujeres en algunas unidades militares seguramente motivado por las numerosas bajas del Ejército tras las cruentas batallas (y derrotas) en el frente de Aragón», prosigue.

Algunos documentos de la época acreditan esta disputa interna dentro de las filas democráticas respecto al rol de la mujer en la guerra. Un texto recogido en la revista Mujeres Libres y fechado el 5 de septiembre de 1936, invita a las mujeres a permanecer en la retaguardia realizando otro tipo de labores, reservando el combate para el hombre:

«Multitud de ocupaciones quedarán sin brazos; hay que llenar los huecos; hay que trabajar como sea, en lo que sea. Ni la casa ni el hijo pueden detenernos. Comedores comunales anexos a los talleres y a las fábricas, guarderías multiplicadas para vuestros hijos permitirán que el tiempo vacío que dejáis correr en las absurdas esperas, artificiosamente provocadas por el fascismo emboscado, pueda cotizarse en materia elaborada, en alivios prácticos, en auxilios eficaces. Los hombres útiles, al frente; ¡Las mujeres al trabajo! ¡La única consigna es vencer!».

Pero la propaganda no consiguió su objetivo. Muchas mujeres siguieron combatiendo en el Ejército Republicano. Como ya se ha dicho, fueron, al menos, 320 mujeres. Así lo ha acreditado la investigación Balló y Berger que se basa en un análisis pormenorizado en la documentación oficial de la época. La primera fase de la búsqueda fue en archivos y, a partir de ahí, los investigadores buscaron las vías y maneras para tratar de reconstruir sus biografías previas a la participación en la guerra y también posterior. «Queríamos construir una base lo suficientemente sólida para que las conclusiones del conjunto fueran irrefutables», explica Berger.

El historiador incide que cuando se habla del papel de la mujer en la guerra, siempre aparece el tema de la funcionalidad, los «peros»: «Estuvo en la guerra pero atendiendo a los heridos, pelando patatas, etc. Siempre se cuestiona su papel en la guerra, si estuvo en la cocina o en la trinchera. Algo que no pasa con los hombres. Sin embargo, muchas mujeres que figuran en los archivos, estuvieron en primera línea, con funciones armadas», señala.

La capitana Hernández Luna

Mujeres como Carmen, como Josefa y como tantas y tantas otras que, además, consiguieron ascensos en la jerarquía militar por sus méritos en combate. La investigación detalla concretamente la existencia de tres comisarias, ocho capitanas, nueve tenientes y cinco sargentos.

Una de estas capitanas fue Encarnación Hernández Luna. Esta vecina de Beneixama (Alicante), militante del PCE, estuvo en la División Lister en la Batalla del Ebro al cargo de las ametralladoras, una unidad de choque especialmente temida por los fascistas. Luna fue nombrada capitana por su trabajo en el frente, y combatiría también, entre otras, en la dura Batalla del Jarama. El asesor soviético Aleksandr Rodímtsev destacó en sus memorias la destreza y la valentía de la capitana, que había sido instruida bajo su mando al inicio de la guerra.

También quedó anotado en las memorias de Rodímtsev que Hernández Luna se casó con el revolucionario cubano Alberto Sánchez, tras la victoria en la batalla de Guadalajara. La boda la oficiaría Enrique Lister, jefe de la División. Sánchez moriría poco después en el campo de batalla, pero el poeta Pablo Neruda lo inmortalizó en una de sus obras, citando también a su recién esposa y ya viuda: «Ya allí cae, y allí su mujer, la comandante Luna defiende al atardecer con su ametralladora el sitio donde reposa su amado, defiende el nombre y la sangre del héroe desaparecido».

Alberto Sánchez tiene un museo en su Cuba natal. Encarnación Luna, una calle en una zona sin urbanizar de las afueras de Getafe. La diferencia es evidente. Hoy, las combatientes antifascistas tienen también un lugar en nuestra historia gracias al trabajo de Berger y Balló, y al proyecto del Museo Virtual de la Mujer Combatiente. Un homenaje necesario, que, aunque llega tarde, por fin hace justicia a aquellas mujeres que se enfrentaron a los roles convencionales que las relegaban a segunda fila, y corrieron a plantar cara al fascismo en primera línea de combate.