25 años del asesinato neonazi de Guillem Agulló

El crimen contra este joven valenciano marcó a toda una generación y ha sido reivindicado como símbolo contra la impunidad de los crímenes de odio.

 Miquel Ramos. València, 10 abril 2018 – El Salto Diario

El 11 de abril se cumplen 25 años del crimen que acabó con la vida del joven antifascista Guillem Agulló, de 18 años, en Montanejos (Castelló) a manos de un grupo neonazi. La defensa de los cuatro acusados, así como la sentencia, obviaron durante todo el proceso, celebrado en 1995, el carácter político del mismo, que terminó con un solo condenado, Pedro José Cuevas Silvestre, a 16 años de cárcel, de los que acabaría cumpliendo tan sólo cuatro.

El proceso estuvo plagado de desafortunadas campañas de prensa contra la víctima y su entorno, encabezadas por el diario Las Provincias que dirigía entonces la periodista ultra María Consuelo Reyna, y que trataban de criminalizar a los colectivos antifascistas e independentistas, y concretamente a la organización juvenil Maulets, donde militaba Guillem. Eran años convulsos en los que grupos nazis protagonizaban incidentes casi todas las semanas.

Dos años antes, en Barcelona, había sido asesinada Sonia, una joven transexual apaleada hasta la muerte por un grupo de skins nazis, y doce meses más tarde la inmigrante dominicana Lucrecia Pérez fue asesinada a tiros por un comando fascista en Madrid. A Guillem le siguieron muchos más hasta la actualidad, más de 80, tal y como refleja el mapa de crimenesdeodio.info que detalla cada caso documentado desde 1990 hasta 2015.

Durante estos 25 años, el recuerdo de Guillem ha sido reivindicado precisamente como un antídoto contra el olvido

El asesino de Agulló, que negó durante el juicio profesar la ideología nazi, fue detenido de nuevo en 2005 por la Guardia Civil en el marco de la Operación Panzer, junto con más de una veintena de supuestos neonazis que, según la nota de la Benemérita, vendían armas por internet y organizaban cacerías de inmigrantes y militantes de izquierdas. El juicio a esta organización, el Frente Antisistema (FAS), terminó en 2015 con la absolución de todos sus miembros y la condena en costas (más de 42.000€) a las organizaciones de la Acción Popular Contra la Impunidad.

Esta plataforma denunció en 2007 que Cuevas, asesino de Guillem, se presentaba a las elecciones en las listas del partido neonazi Alianza Nacional por la localidad valenciana de Xiva. Desde entonces, además de ejercer la acusación popular en el caso panzer, documentaron todas las agresiones que venían sucediendo en el País Valenciano.

Durante años, el domicilio familiar de los Agulló i Salvador fue objeto de pintadas burlándose de la muerte de su hijo

Durante estos 25 años, el recuerdo de Guillem ha sido reivindicado precisamente como un antídoto contra el olvido, contra la impunidad de muchos crímenes fascistas que se han producido a lo largo de estos últimos años, tal y como denunciaron desde la citada plataforma en un listado de los crímenes de odio que siguen todavía sin esclarecerse en el País Valenciano.

Éstos van desde los diversos ataques con cócteles molotov al centro social La Quimera de Mislata, hasta los disparos contra el centro social Ca Revolta o las bombas contra las sedes de ERPV, PSPV-PSOE, BNV, varias mezquitas y el local de CEAR en Valencia, que recibió más de una decena de ataques en poco más de un año. En ningún caso la policía ha realizado ninguna detención, un hecho que fue denunciado tanto ante las Cortes Valencianas en varias ocasiones como ante el Congreso de los Diputados en 2009 y la Comisión Europea en 2010.

Esta pasada semana, la sede de la Associació Cultural Bassot, que organiza cada año una concentración el 11 de abril, día del aniversario del asesinato, fue víctima de pintadas nazis en su fachada. Durante años, el domicilio familiar de los Agulló i Salvador fue objeto de pintadas burlándose de la muerte de su hijo, además de recibir llamadas anónimas reiteradamente.

RECONOCIMIENTO INSTITUCIONAL

A pesar de que la sociedad civil había recordado siempre a Guillem en multitud de actos, las instituciones habían mirado hacia otro lado. Lo intentó Esquerra Unida en 2013  con una declaración institucional que no aceptó el PP, que llevaba gobernando la Generalitat desde 1995. Con la llegada a la Generalitat del tripartito Compromís, PSPV-PSOE y Podem, el año 2016 se volvió a intentar y finalmente salió adelante con la firma de todos los partidos políticos con representación en las Cortes Valencianas. Además, se acordó otorgar cada año un premio a personas destacadas por su lucha contra los delitos de odio con el nombre de Guillem Agulló.

También desde el Ayuntamiento de València se acordó dedicar un paseo del jardín de Viveros con el nombre del joven antifascista. Varios colectivos realizaron una campaña para que el consistorio le dedicara una calle en la ciudad, pero finalmente se acordó que fuese un paseo en el jardín, no sin suscitar algunas críticas por parte de familiares y amigos de la víctima, que lo ven insuficiente. Aun así, el paseo se inagurará el próximo 21 de abril tras una manifestación bajo el lema “País Valencià, un país obert” en homenaje a Guillem Agulló, convocada por Acció Cultural del País Valencià y apoyada por colectivos musulmanes, judíos, gitanos, LGTBI y asociaciones culturales, sindicales y sociales de todo el País Valenciano.

Betlem Agulló, hermana de Guillem, antes la canción “No tingues por” de Obrint Pas.

Además, en estos últimos años, varias ciudades valencianas y catalanas han puesto el nombre de Guillem Agulló a alguna de sus calles o espacios públicos: Burjassot, Favara o Simat de la Valldigna, Sallent o Molins de Rei entre otras.

GUILLEM Y YOLANDA

La sensación de impunidad fascista es lo que motivó a los familiares y amigos de Guillem y a los allegados de Yolanda González, joven militante socialista secuestrada y asesinada por fascistasen 1980, a intercambiar cartas de apoyo que se leyeron en sendos homenajes celebrados el mismo día en Madrid y en Burjassot en 2013. Ambas historias, separadas por el espacio y el tiempo, representan en gran medida, según una de estas cartas, “la indolencia institucional ante los crímenes fascistas”, y es que el asesino de Yolanda, Emilio Hellín, que fue localizado por el diario El País bajo otro nombre, trabaja en la actualidad para las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

UNA PUÑALADA EN EL CORAZÓN DE TODO UN PAÍS

El 11 de abril de 1993 Guillem Agulló participaba en una acampada en la localidad de Montanejos, Castellón. El joven de 18 años, natural de Bujassot, Valencia, y militante de la organización independentista Maulets, recibió una puñalada en el corazón en un callejón de la localidad castellonense. Un grupo de neonazis acudió al lugar tras recibir una llamada de alguien que le había reconocido o sabía que se encontraba allí, y segó la vida del valenciano en una emboscada a traición. El padre de la víctima, también llamado Guillem Agulló, ha denunciado que cada 11 de abril aparecen en los alrededores de la vivienda familiar pintadas alusivas a los hechos como “Guillem jódete” o “Guillem muerte, muerte, muerte”. “No se arrepienten de nada y las pintadas todos los años así lo certifican”, lamenta el padre de Agulló.

* El artículo es una actualización del publicado en 2013 en Diagonal

Guillem Agulló, recordant un símbol de la lluita antifeixista

MIQUEL RAMOS – DIRECTA – 11 D’ABRIL 2018

La primavera de 1993 sempre s’ha recordat com una fita trista a Burjassot, arran de la mort de dos fills d’aquell poble de l’Horta Nord, separat de la ciutat de València només per un carrer, fet que va marcar la història del País Valencià per sempre. Primer fou Vicent Andrés Estellés, el gran poeta valencià, que va morir el 27 de març. Quinze dies després, un jove de 18 anys, Guillem Agulló, va ser assassinat per un grup de nazis a Montanejos (Alt Millars) d’una ganivetada al cor. Tots dos van passar a formar part, per casualitat, de la història d’un país que renaixia després dels foscos anys de la dictadura franquista i de la inacabada transició. Inacabada perquè Estellés continuava sent objectiu dels atacs de l’extrema dreta espanyolista –que també atemptava contra Joan Fuster, Sanchis Guarner i tants d’altres– i perquè Guillem Agulló fou assassinat, precisament, per oposar-se a aquests residus del passat feixista que alguna gent ja creia superats. Res més lluny de la realitat: Agulló esdevingué la prova que demostrava la vigència del feixisme més criminal a casa nostra, amanit per una sospitosa indolència institucional i per un seguit d’esdeveniments que, al llarg d’aquests 25 anys, han demostrat la impunitat eterna de l’extrema dreta al País Valencià.

Guillem era militant de l’organització independentista Maulets i del col·lectiu antiracista SHARP i era habitual veure’l al Kasal Popular del carrer de la Flora, una casa okupada que fou l’escola política de moltes joves d’aquells primers anys noranta, a cavall entre el darrer Govern del PSOE i la conquesta de l’Ajuntament de València i la Generalitat Valenciana per part del PP. Al mateix temps, però, els sectors caducs franquistes van passar el relleu als nous cadells de l’extrema dreta, més semblants als seus homòlegs europeus i encarnats pels nous moviments skinheads neonazis, que poc abans ja havien protagonitzat terribles crims com el de Sònia, una jove transsexual assassinada a colps a Barcelona l’any 1991, o el de Lucrecia Pérez, una migrant dominicana assassinada a trets a Madrid per un grup de feixistes, entre els quals hi havia un guàrdia civil.

Acción Radical

València s’havia convertit en un centre operatiu important d’un dels grups nazis més actius a l’Estat, que ja feia cinc anys que protagonitzava agressions i que, el 1992, va organitzar el primer Concierto por la Raza, que va reunir uns quants centenars de caps rapats vinguts d’Europa. Acción Radical s’havia presentat al públic durant la vaga general de 1988 portant una pancarta en català decorada amb una creu cèltica on es podia llegir: “Contra el capital, lluita radical”. Segons publicà llavors el setmanari El Temps, en una de les revistes d’Acción Radical apareixia com a adreça de contacte el despatx de Levantina de Seguridad –l’empresa de l’advocat ultra José Luis Roberto, actual President Honorífic d’España 2000– situat a la Gran Via de València.

La nit de l’11 d’abril, Guillem Agulló es trobava a Montanejos amb una colla d’amics passant les vacances de Pasqua quan un grup de nazis de València es va dirigir directament contra ell. Entre tres persones, el van subjectar perquè Pedro Cuevas li assestés una ganivetada mortal al cor. Immediatament van marxar cridant “Arriba España”, mentre els amics d’Agulló intentaven buscar ajut. La policia no va detindre ningú aquella nit ni l’endemà. Els agressors es van entregar voluntàriament dies després.

El judici es va celebrar dos anys després, sota un clima convuls on es mesclaven la indignació de gran part de la societat valenciana per aquest crim i les constants agressions feixistes i la incessant activitat dels grups nazis a València. La policia va carregar diverses vegades contra les amistats i les familiars de Guillem Agulló que es concentraven a les portes de l’Audiència de Castelló on se celebrava el judici i fins i tot va aturar un dels autobusos organitzats per Maulets per desplaçar-se al judici des de València per fitxar totes les assistents. L’objectiu de la defensa fou despolititzar el crim, una versió que també van mantenir el PSOE i el PP, que no volien que el problema de la violència feixista els esquitxés. I aquesta fou la versió que acceptà el jutge: havia sigut una baralla entre joves amb un desenllaç dramàtic. Res més. Setze anys de presó per a només un dels imputats, Pedro José Cuevas Silvestre. La resta, absolts. Cuevas només compliria quatre anys. Maulets, que exercia l’acusació popular, va decidir abandonar el judici com a senyal de protesta per com s’estava instruint el cas. Mentrestant, el diari de la dreta valenciana Las Provincias, llavors dirigit per la ultradretana Maria Consuelo Reyna, es dedicava a criminalitzar Guillem Agulló i el seu entorn, rematant-lo a cada notícia.

Un crim polític

Anys després, la versió oficial de l’assassinat de Guillem es desmuntava. L’any 2005, la Guàrdia Civil va desarticular una organització nazi al País Valencià, el Frente Antisistema (FAS), que es dedicava, segons la nota de la Benemérita, a vendre armes prohibides i organitzar caceres contra immigrants i militants d’esquerres. L’operació Panzer va permetre detenir 27 persones, entre les quals, l’assassí de Guillem Agulló. Segons conta el periodista valencià Joan Cantarero al seu llibre La huella de la bota, Cuevas era un dels responsables de fabricar punys americans. La seva detenció evidenciava el caràcter polític del crim i tornava a posar el nom d’Agulló als titulars de premsa. I, per si no en teníem prou, dos anys després, el 2007, aquest mateix personatge es va presentar a les eleccions a les llistes del partit nazi Alianza Nacional (AN) al poble de Xiva (Foia de Bunyol).

Havien passat quasi 15 anys del crim, però la societat valenciana no l’havia oblidat. Es va convocar una roda de premsa a València –en què van ser presents representants del PSPV, d’EUPV, del BNV, de Maulets, d’ACPV, de la Intersindical i d’altres organitzacions– per demanar la il·legalització d’aquest partit. A més, el País Valencià continuava patint l’assetjament de l’extrema dreta arreu del territori, amb bombes contra seus polítiques, agressions, boicots a actes culturals i altres accions, que, des del franquisme, s’han succeït sense que hi haja hagut detencions ni condemnes. És per això que distintes organitzacions van decidir fer un pas endavant aprofitant la nova imputació de l’assassí de Guillem Agulló en el cas Panzer i es van presentar com a acusació popular al judici.

Aquests col·lectius van formar la plataforma Acció Popular contra la Impunitat, que reuneix més de 30 organitzacions socials, culturals, polítiques i sindicals i a la qual s’ha adherit, també, l’Ajuntament de Burjassot. La plataforma va fer arribar al Congrés espanyol i a la Comissió Europea les seues denúncies sobre els atacs impunes de l’extrema dreta, entre els quals es compten més d’una vintena d’atemptats amb explosius contra ONG i seus polítiques, agressions contra immigrants, mesquites, joves d’esquerres i independentistes i boicots habituals de grups ultres contra actes considerats catalanistes.

Impunitat, altra vegada

El desenllaç del cas Panzer no podia demostrar millor allò que es venia denunciant des de feia dècades. Primer, dies abans de començar el judici, al juliol de 2014, la Guardia Civil va destruir “per error” l’arsenal d’armes que havia confiscat anys enrere al grup neonazi. Després, el jutge va considerar que les escoltes telefòniques que van permetre desbaratar els plans d’aquesta organització, es van realitzar ‘sense cap indici objectiu de comissió de delicte que permeta vulnerar el secret de les comunicacions’. El diari El País va desvetllar durant el judici part d’una conversa de l’assassí de Guillem que figurava al sumari, sobre una cacera que preparaven: “Me llevo un pincho. Voy a hacer pupa (…). Hay que darles bien. Dejarlos mareados”.

Al descartar les converses com a prova, la secció quarta de l’Audiència de València va decidir  absoldre els neonazis. Tot i que l’acusació popular va recurrir al Trubunal Suprem, asquest no només va confirmar-ne l’absolució, sinó que condemnaria les organitzacions de l’acció popular a pagar les costes als advocats dels neonazis, que sumarien més de 42.000 euros.

El naixement d’un símbol

Des dels seus inicis, l’Acció Popular Contra la Impunitat reclamà investigacions rigoroses sobre els greus atemptats registrats els darrers anys, dels quals encara no s’ha esbrinat l’autoria. També va fer arribar informes als successius ministres de l’Interior espanyols i a les delegades del Govern i sempre obtenint la mateixa resposta: no n’hi ha per a tant; les forces i els cossos de seguretat de l’Estat estan treballant de valent. Fins i tot el delegat del Govern a qui es va traslladar la preocupació pels atemptats l’any 2009, Ricardo Peralta (PSOE), negà que la situació fos preocupant i afirmà que, malgrat els atacs, es vivia una absoluta “normalitat democràtica”, unes declaracions que van indignar encara més les víctimes.

Tot i que feia anys que l’extrema dreta valenciana havia reduït la seua activitat, la violència que vam veure el passat 9 d’Octubre ha tornat a activar totes les alarmes. Mai van marxar. Simplement, esperaven el seu moment per tornar.

Guillem, l’any 2016, va tindre el reconeixement institucional que li havien negat des del seu assassinat. Després d’una proposició no de llei presentada per la diputada d’EUPV Marina Albiol l’any 2013, rebutjada pel PP, les Corts Valencianes van acordar per fi reconèixer la figura de Guillem l’any 2016. Tots els grups polítics consensuaren la seua aprovació i s’alçaren per aplaudir la família, que envoltada d’amics, veia la declaració institucional des del pis més alt de l’hemicicle.

Així, les Corts acordaren també atorgar cada any un premi a persones destacades en la seua lluita per les víctimes de l’odi que portaria el nom de Guillem Agulló. L’any passat se’l va atorgar a Daniel Sanjuán, advocat de CEAR_PV i activista de la campanya CIEs NO, que havia faltat mesos enrere. Enguany, la persona guardonada encara no s’ha fet pública, però l’entrega serà el proper 25 d’Abril a les Corts.

La memòria eterna

Hui, els amics i amigues de Guillem Agulló recorden que allò que van cridar una i milers de vegades era cert: ni oblit ni perdó. Ells i elles són qui, molt abans que les institucions, han mantingut el seu record viu. Cada any. A Burjassot i arreu dels Països Catalans i més enllà. Les noves generacions de joves que ni tan sols havien nascut quan fou assassinat saben perfectament qui fou i com fou tot. I saben que una part d’ell és part d’elles i ells també hui.

Potser Estellés, si hagués estat viu, hauria escrit alguns versos al seu veí. Però ha sigut la societat valenciana i, per extensió, dels Països Catalans qui ha mantingut viu el record del jove antifeixista dedicant-li carrers arreu del País o nombroses cançons per part de diversos grups de música en català. Guillem Agulló ha esdevingut un símbol per a tota una generació que ha fet d’aquell cas la bandera de la lluita antifeixista. Per això l’extrema dreta l’esmenta sovint de manera insultant per provocar l’esquerra. És la seua advertència habitual, ja que saben que matar un jove d’esquerres, lamentablement, resulta molt barat al País Valencià.

Article publicat a la ‘Directa’ número 312, actualitzat per l’autor l’11 d’abril de 2018  – I·lustració de Lluís Ràfols

La darrera broma del cas Panzer

Article d’opinió publicat a Vilaweb el 07.04.2017 – Miquel Ramos

El diari El País publicava dijous un nou episodi de l’ignominiós cas Panzer, el sainet neonazi valencià que, des de fa ja disset anys, ens obsequia cada cert temps amb alguna nova, com si encara no s’hagués acabat la funció i la justícia espanyola fes un bis rere un altre, sense vergonya, com una maleïda musiqueta en bucle. Ara l’estat haurà d’indemnitzar un dels neonazis absolts perquè la Guàrdia Civil va destruir el seu arsenal d’armes, segons el cos per una errada, cosa que va fer que totes aquestes proves quedassen invalidades mesos abans del judici. 16.531 euros de compensació per les seues armes destruïdes.

És la suma que s’ha acordat per a recompensar el neonazi, que fou notícia recentment per la condemna a dos anys de presó per tracte degradant i amenaces contra la seua anterior parella. El fiscal demanava més de 30 anys en aquest cas, però la sort l’acompanyà de nou. El periodista valencià Joan Cantarero ja va publicar part del sumari d’aquest terrorífic cas de violència masclista que m’estalviaré de relatar en aquest article, però que convide a llegir-lo.

Aquest, però, no és l’únic neonazi amb sort i que va reclamar després del judici Panzer. També ho va fer l’assassí de Guillem Agulló, Pedro Cuevas, absolt com la resta pel mateix cas. Cuevas va exigir a l’Audiència Provincial de València el retorn de la seua col·lecció neonazi i les seues armes. Una espasa, una navalla, una maça i diversos cartutxos, quaranta braçalets, un bust de Hitler i nombrosos objectes de parafernàlia nazi han tornat a les mans d’aquell qui va negar ser neonazi quan fou jutjat per haver assassinat Guillem.

Només va complir 4 anys de presó pel crim, el qual, segons el jutge, no va tenir motivacions polítiques i fou tan sols una desafortunada baralla entre joves. Cuevas fou enxampat per la Guàrdia Civil junt amb una vintena de neonazis l’any 2005 en l’anomenada Operació Panzer, acusats de nombrosos delictes com ara associació il·lícita, venda d’armes i organitzar caceres contra persones migrants i antifeixistes. El judici trigaria deu anys, però només tres anys després de la detenció, el 2008, Cuevas es presentà a les llistes electorals del partit neonazi Alianza Nacional (AN) per Xiva (Foia de Bunyol).

Un altre dels encausats pel cas Panzer va aconseguir fins i tot ser regidor de Silla (Horta) pel partit ultradretà España2000 l’any 2011. I un altre dels individus absolts descriu des de fa mesos a les xarxes socials la seua particular croada a Síria i l’Iraq combatent l’ISIS acompanyat d’altres voluntaris reclutats per organitzacions ultracatòliques d’extrema dreta.

Ara fa deu anys es va viure un important repunt al País Valencià de la violència feixista, amb més d’una desena d’atemptats amb explosius contra les oficines a València de la Comissió Espanyola d’Ajut al Refugiat (CEAR), atacs amb còctels molotov contra el centre social La Quimera a Mislata, la bomba i els còctels molotov contra la seu d’Esquerra Republicana del País Valencià (ERPV), els habituals incendis a les seus del Bloc Nacionalista Valencià (BNV) o els atacs contra la llibreria Tres i Quatre i els reiterats boicots a actes culturals i polítics protagonitzats per grupuscles d’extrema dreta contra l’esquerra i el valencianisme.

Un clima de violència que a dures penes va traspassar mediàticament l’àmbit territorial valencià i que fou el motiu de la creació d’una plataforma unitària de partits, associacions i entitats: Acció Popular Contra la Impunitat. Aquesta plataforma va fer arribar a la Unió Europea, al congrés espanyol, i allà on va poder, els informes documentats amb els atemptats i les agressions que se succeïen cada setmana al País Valencià i en què, casualment, no s’hi va detenir mai ningú.

Algunes entitats que formaven part d’aquesta plataforma van decidir presentar-se com a acusació popular en el cas Panzer. No esperaven, però, que primer l’Audiència Provincial i després el Tribunal Suprem, acabassen condemnant-los a pagar les costes del judici per haver recorregut contra la sentència que va dictar l’absolució dels neonazis l’any 2015. El BNV, EUPV, ACPV, Ca Revolta, Jarit i el Moviment Contra la Intolerància van acabar pagant vora 42.000€ als advocats dels neonazis per haver-se atrevit a qüestionar la seua absolució i portar el cas més enllà de l’Audiència Provincial.

Fou casualment aquesta Audiència, i el mateix jutge, qui va absoldre l’any 2005 una altra banda neonazi valenciana, Armagedón, acusada d’incendiar seus de diversos partits polítics l’any 2000. L’absolució dels neonazis de Panzer fou possible perquè es van invalidar les escoltes telefòniques. Segons el jutge, aquestes escoltes s’havien fet ‘sense cap indici objectiu de comissió de delicte que permeta vulnerar el secret de les comunicacions‘.

A la sentència, el jutge fins i tot es desfoga a gust contra els agents de la Guàrdia Civil que havien estat investigant durant dos anys la banda neonazi. La benemèrita havia detectat una web on es venien armes prohibides i parafernàlia nazi, i havia demanat autorització a un jutjat per a intervenir les comunicacions dels responsables. A partir d’ací van descobrir tota la trama.

Per al jutge, això no motivava suficientment una punxada telefònica: ‘Es obvio que existen esas páginas, como tantas otras de diferente tipo e ideología. Si eso es lo que ha obtenido la investigación de dos años no puede ser calificado más que de paupérrimo y ridículo‘.

El cas Panzer ha evidenciat una vegada més les ombres de la impunitat feixista al País Valencià. Tot plegat resulta finalment rocambolesc: deu anys per a fer el judici, destrucció d’armes ‘per error’, escoltes telefòniques invalidades, condemna a costes a l’acusació popular, esbroncada del jutge a la Guàrdia Civil per perdre el temps investigant la banda neonazi i, finalment, compensació econòmica als propietaris de les armes per haver-les destruïdes. Malauradament, ja no ens sorprèn res.

Podria fer la impressió que al País Valencià vivim atemorits, i no és així. No es tracta de naturalitzar la violència, la impunitat i la podridura del sistema judicial, sinó d’haver après a navegar amb aquest temporal que fa dècades que assota el País. I qui coneix el país sap com som de tossuts els valencians.

Paral·lelament a aquesta impunitat eterna de l’extrema dreta, s’ha construït un altre País que avui ja no té por. El 25 d’abril, les Corts Valencianes lliuraran un guardó que porta el nom de Guillem Agulló a una persona destacada en la lluita contra el feixisme. L’any passat, per fi, es va aconseguir una declaració institucional per unanimitat en reconeixement de Guillem, i es va acordar de retre un homenatge cada mes d’abril amb el premi que porta el seu nom. Com una plaça a Simat de la Valldigna i, aviat, un espai públic a Faura i un altre a València.

Els homenatges s’estenen al llarg del País cada 11 d’abril des de 1993 gràcies als moviments socials que han mantingut el seu record. La societat civil es mou i planta cara a les amenaces, com l’exemple de Carcaixent la darrera setmana, quan desenes de persones organitzaren una jornada per a esborrar les nombroses pintades neonazis aparegudes al poble. I milers d’exemples més que, al llarg dels anys, han demostrat com la paciència, la constància i la perseverança han servit per a consolidar uns moviments socials potents capaços de neutralitzar, almenys, el feixisme als carrers.

I tot això, malgrat sentències vergonyoses com la del cas Panzer i tantes altres; malgrat l’enquistada impunitat i la poderosa qui protesta.