Raoul Peck: “Para ver ‘Exterminad a todos los salvajes’ debes dejar a un lado todos tus prejuicios”

La última obra del director haitiano es un puñetazo al estómago eurocentrista. La serie de la HBO narra la larga historia de conquista, explotación, esclavitud y genocidio protagonizada por el hombre blanco.

Miquel Ramos y Manuel Ligero 18 mayo 2021 – La Marea

La historia es fruto del poder. Es la historia de los vencedores. “Y está claro que esto debe ser cuestionado”, advierte la voz del narrador en los primeros minutos de Exterminad a todos los salvajes (2021). Esa voz es la de su guionista y director, Raoul Peck (Puerto Príncipe, 1953), que ha volcado en esta serie documental (producida y emitida por la cadena HBO) todo su conocimiento de las dinámicas coloniales, todo su compromiso político y toda su rabia antifascista. Y también su propia biografía.

Nominado al Oscar por I am not your negro (2016), la conmovedora semblanza del escritor y activista James Baldwin con la que ganó el BAFTA en Reino Unido y el César en Francia, Peck es autor de una extensa filmografía desde los años ochenta y ha impartido clases de cine por todo el mundo: Estados Unidos, Noruega, Líbano, Togo… Pero acudir a festivales y conferencias es para él cada día más difícil. Su pasaporte haitiano, que en otro tiempo le sirvió para ir a la mayor parte de países sin necesidad de visado, se encuentra cada vez con más obstáculos. Nacido en Haití, pasó su infancia entre Nueva York y el Congo recién liberado del yugo imperialista belga; residió en Francia durante su adolescencia y estudió Ingeniería Industrial, Ciencias Económicas y Cine en Berlín. Le han ofrecido muchas veces una segunda nacionalidad para acabar con sus problemas burocráticos. Siempre se ha negado. Es su forma de permanecer fiel a sus raíces, su ideología, su color de piel. Y su obra es prueba de ello, desde sus primeros documentales sobre Haití(donde fue ministro de Cultura) hasta los biopics El joven Karl Marx (2017) y Lumumba (2000).

Su cine, siempre militante, adquiere en los cuatro episodios de Exterminad a todos los salvajes una contundencia radical. El título, una frase extraída de la novela El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, remite a la larga historia de conquista, imperialismo, explotación, esclavitud y genocidio ejercida por el hombre blanco. El relato de Peck abarca los últimos 700 años de historia de la humanidad. Señala directamente al espectador europeo, nos sacude, nos pone frente al espejo, nos hace replantearnos nuestro confort (empapado en sangre indígena), nos conmina a mirar más allá de nuestra historia oficial. Desde el exterminio de los nativos americanos hasta el Holocausto. Desde la esclavitud hasta el auge de los actuales movimientos supremacistas. La serie, verdaderamente brutal en lo emocional, ha sido saludada por algunos críticos como “una obra maestra”.

En La Marea ansiábamos hablar con Peck no sólo por su filmografía y por su última obra, sino por su manera de contar la historia, por su apuesta por disputar el relato. Y también, claro, por obtener su diagnóstico sobre la actualidad. ¿De dónde salen estas nuevas formas de fascismo? ¿Por qué sufre la izquierda esta fragmentación, esta incapacidad por pelear la batalla cultural? ¿Y por qué asume (e incluso reivindica) el relato del poder, cuando eso contribuye a su propia condena? “Europa, sencillamente, está poniéndose al día. Sigue en ello. Y eso es un síntoma de la debilidad de la izquierda. Y es débil porque, en realidad, nunca tomó el poder”, nos explica Peck.

Una cosa es ganar las elecciones y otra tomar el poder.

Exactamente. Lo máximo que ha obtenido la izquierda es un puñado de gobiernos socialdemócratas. Esa disparidad entre gobierno y poder se vivió muy claramente en Francia cuando Mitterrand ganó las elecciones. Apenas dos años después cambió de directrices porque tenía demasiadas presiones externas y la economía estaba cayendo en picado. Básicamente colapsó, cedió. A partir de entonces, la mayoría de los partidos de izquierda se debilitaron. Y hoy podemos verlo todavía más claramente: la izquierda ha explotado. Queda la izquierda ecológica, que lo tiene más o menos claro, pero eso es todo.

¿Y cada intento de emancipación ha tenido su correctivo?

La historia que vivimos hoy tiene su origen en los años setenta, cuando una subcultura económica se vincula con el poder. Y el poder, en ese momento, iba de la mano del petróleo. Aquel fue un giro muy particular. Fue la época en la que un grupo de naciones dijo: “Vamos a decirles cuál es el precio de nuestro petróleo”. Eso es algo sin precedentes en la vida del capitalismo. Tengo la edad suficiente como para haber vivido el momento en el que, repentinamente, las industrias comenzaron a despedir trabajadores. En todas partes, incluso en los círculos académicos, se hablaba de “racionalización”. Y a esa presión se sumaba la intimidación a cualquier atisbo progresista. Se trataba casi de una “limpieza étnica intelectual”, del asalto a los sindicatos, del asalto a cualquier organización que no estuviera en el lado bueno en la guerra contra el comunismo, o contra cualquier otro “ismo” que no estuviera perfectamente previsto en la agenda. Yo mismo pude ver la deconstrucción de todo el progreso que se había ganado tras la Segunda Guerra Mundial, ya desde la era Kennedy, que también fue muy ideológica. Occidente, antes y ahora, se considera una civilización increíblemente democrática, pero al mismo tiempo apoya dictaduras en todas partes.

Hay cierto movimiento dentro de la izquierda occidental que piensa que las luchas antirracistas, decoloniales, feministas, LGTBI y lo que llaman “políticas de identidad” distraen de la verdadera lucha global que acabaría con todas esas opresiones, que es la lucha de clases. Usted tiene muchas películas sobre racismo pero también sobre el mismo Karl Marx. ¿Qué opina de esto?

Ah, eso no es nada nuevo. Forma parte de lo que yo llamo “izquierda holgazana”, la izquierda que no hace los deberes. Ya estaban con ese tema en Mayo del 68. Yo era muy joven, apenas un adolescente, pero recuerdo las discusiones que tenían las mujeres cuando decían: “Queremos participar en esta lucha, pero no sólo como marionetas. Tenemos nuestras propias reivindicaciones”. Y grandes voces de la izquierda respondían: “¡No, no! ¡Primero tenemos que solucionar esta contradicción central! Vuestra lucha concreta vendrá después. Después, todo lo demás se organizará solo”. Era algo así como decir: “Cuando seamos liberados, nos aseguraremos de que tengáis vuestra parte”. No funciona así. En contraposición a todo eso, me acuerdo del movimiento zapatista: allí estaban muy orgullosos de involucrar a las mujeres, a todo el mundo al mismo nivel. Eso sí que era un progreso.

Ahora mismo en Francia hay una gran discusión porque en determinados ámbitos, en sindicatos o en gremios de estudiantes, se han tolerado reuniones “no mixtas”. Es decir, reuniones, para temas específicos, de mujeres o de personas negras que no quieren que estén presentes hombres o personas blancas. Esto se ha considerado un escándalo. Se dice que es racista o sexista. En realidad, esa actitud lo único que demuestra es una gran ignorancia sobre estos movimientos. Salvando las distancias, es algo similar a Alcohólicos Anónimos. Esa organización nos puede servir de ejemplo. Ellos, si no están juntos no pueden hablar, no hablan de la misma manera. Necesitan encontrar la confianza en un círculo en el que se sientan cómodos, para poder tener discusiones reales. Todo el mundo lo entiende y nadie se escandaliza por ello. Pero eso es exactamente lo que está sucediendo. Todo sirve para la especulación política y para armar escándalo. No hay nadie que diga: “Calma, vamos a analizar el antes, el después y el porqué de todo esto. Aquí podemos aprender algo”.

Ahora que hablamos de Francia, precisamente allí, pero también en otros países europeos, es muy popular la teoría del “Gran Reemplazo”, ese supuesto plan de los inmigrantes y los musulmanes para conquistar Europa, junto con el ataque a los valores occidentales. ¿Qué opina del auge de este discurso?

Ni siquiera entro en eso. Refleja una enorme incultura. Darle espacio a eso sería como decir: “OK, comencemos la pelea”. En realidad, es una forma de eludir el problema real. Y eso es, precisamente, lo que yo le critico a la mayor parte de la prensa. Entrar ahí, rebajar el debate al nivel del típico troll de Internet, es fabricar el problema, crearlo artificialmente.

La propia historia de Europa es producto de una mezcla increíble. Hace poco leí en el New York Times un artículo sobre esas empresas que realizan análisis de ADN. Y había tipos de extrema derecha que decían con orgullo: “¡Guau, casi el 90% de mis orígenes son blancos!”. Pero después no pueden explicar que, en el fondo, vienen de África, como todo el mundo. Es un ejemplo de estupidez… Ese es el nivel de… ¿discusión? Ni siquiera puede calificarse de discusión. Y por eso no voy a perder el tiempo con eso.

Rodaje de 'Exterminad a todos los salvajes'

Algunos críticos dicen que en Exterminad a todos los salvajes usted sólo habla del genocidio y el colonialismo llevado a cabo por Occidente. Y señalan que en todas las culturas, en todas partes, en otros países, no sólo los blancos, también se perpetraron genocidios y se esclavizaron pueblos. ¿Qué le sugieren estas objeciones?

Esas críticas vienen normalmente de unos entornos muy particulares, ya me entiende, pero, en cualquier caso, no las evado. Es complicado contar una historia que abarca 700 años, y trato de hacerlo de la forma más amplia posible, pero tengo que asegurarme de poner el foco en el centro, en el meollo. Esas supuestas ausencias, o esas contradicciones, funcionarían como distracciones en el relato. Yo tengo que permanecer enfocado. Y el problema es que hay gente que está a la defensiva desde el principio, buscando esas objeciones.

Yo ya sabía que me harían ese tipo de críticas, pero no me parecen muy inteligentes. En primer lugar porque sí hablo de otros genocidios. Aparece Camboya, aparece Uganda, hay una lista de 41 genocidios. Porque no se trata de raza, se trata de poder. Un poder desplaza a otro poder y se produce una masacre. Hay muchos ejemplos. Pero, históricamente, la mayor potencia fue Europa. Porque lograron ganar y crearon el capitalismo y, ya sabe, todavía están mandando. Así que esa es la historia. ¿Que hay otros contraejemplos? De acuerdo, pero yo no me muevo en el contraejemplo. Por eso, a los que me hacen esa crítica yo les diría: “Leed algunos libros y observad la película correctamente, porque creo que no la habéis visto”. Y cuando digo “ver” me refiero a entender al menos la mitad. La película es muy precisa en cada una de las piezas que la conforman. No hay una sola palabra que no haya calculado diez mil veces antes de incluirla. Así que es tanto una labor de construcción como de deconstrucción muy compleja. Imagino lo que la gente puede decir, imagino lo que dirán los críticos, y me aseguré de haber incluido todas las respuestas en la propia película. Se trata de que seas abierto. Y lo digo explícitamente en ella: “Tienes que dejar a un lado todos tus prejuicios”. Porque la esencia de esta película es frágil.

¿Frágil? ¿En qué sentido?

Digo que es frágil porque hay mucho ruido, hay muchas sensibilidades a flor de piel, y es muy difícil escuchar lo que estoy diciendo en la película. Y también es frágil por su propia naturaleza. Es un trabajo orgánico. No es sólo político. Es poético, es histórico, es personal, es íntimo, y mi forma de hacer esto es tratar ciertas cosas de manera especial. En algunos aspectos, tengo que provocar una conmoción. En otros, apartarme un poco.

Uno de esos temas que usted trata con más distancia es el conflicto palestino-israelí. Aunque hay alguna mención, se echa en falta más profundidad en su documental.

Me esforcé mucho en buscar la manera de que encajara en el relato, pero no quería que fuera un simple añadido. Al final me acordé de algo que había escrito hace años, sobre una joven palestina que se inmoló en una discoteca de Tel Aviv con un cinturón de explosivos. Recuerdo que cuando aquello ocurrió pensé en mi hija: “¿Y si fuera ella? ¿Qué diría?”. Porque mucha gente, y más concretamente desde la derecha israelí, afirma cosas como: “Son unos salvajes, matan gente”. Bueno, esto no explica nada, porque tú también matas gente. Y mucho antes de fomentar los asentamientos, además. El Irgún [una organización paramilitar sionista que operó durante el Mandato británico de Palestina, entre 1931 y 1948] era una organización terrorista para británicos, franceses y estadounidenses. Y ahí está la famosa explosión de aquel hotel [Peck se refiere al atentado del Irgún contra el hotel Rey David de Jerusalén, el 22 de julio de 1946, que causó 91 muertos].

En el documental recurrí a una perspectiva personal porque el tema no es simple. Si quieres resolver los problemas del mundo con soluciones pomposas, las mismas en todas partes, conmigo no cuentes. Significa que eres un ignorante y que no entiendes que el mundo es complicado. Así es cómo funcionan la historia y la política. Si sólo quieres expresar tu rabia, cuando ya hayas expresado tu enfado, ¿qué es lo siguiente? ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a matarlos a todos? ¿Otra vez? Porque eso es lo que está en juego. No hay soluciones sencillas. Mire lo que está ocurriendo en Palestina estos días y el tratamiento que se le da en la prensa. Es simplemente repugnante. “Unos colonos son asesinados y la respuesta israelí es…”. Es todo como muy orquestado, sin distancia. Y eso es lo que está sucediendo ahora mismo en todos los niveles de nuestra existencia.

Por eso esperábamos un poco más de luz sobre este tema.

La colonización de Palestina, porque se trata exactamente de eso, de colonización, no podía entrar en la película. Merece otra película aparte, porque hay mucho que decir. Yo hice tan sólo una referencia y espero que la gente la capte y la valore.

¿Qué reacción esperaba con una obra tan explícita y tan contundente como Exterminad a todos los salvajes?

La película es un proceso de argumentación. La forma en que la realicé es para que induzca al espectador a pensar. No estoy creando un producto para que lo consumas y únicamente digas: “Oh, vale, ya lo tengo”. No, es una llamada a la acción en tu cabeza. Eso es lo que pongo sobre la mesa: esto es lo que está pasando y es también tu responsabilidad.

Traducción: Mariado Hinojosa

Contra el odio

Artículo de opinión en el New York Times sobre la amenaza violenta de la extrema derecha, la pasividad y banalización desde las instituciones, y la complicidad de algunos políticos y medios de comunicación.

Por Miquel Ramos – The New York Times, 28 abril 2021

Es periodista español especializado en extrema derecha. Coordinó el informe “De los neocón a los neonazis. La derecha radical en el Estado español” de la Fundación Rosa Luxemburgo.

VALENCIA, España — Faltan pocos días para las elecciones autonómicas en Madrid, y el debate político ha dado un giro inesperado. “Tu mujer, tus padres y tú estáis sentenciados a la pena capital”, advertía una carta anónima, acompañada de cuatro proyectiles de un fusil usado durante décadas por el ejército español, enviada al Ministerio del Interior a nombre de Pablo Iglesias, el candidato de Unidas Podemos a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la directora de la Guardia Civil, María Gámez, recibieron cartas amenazantes también. Tres días después, era la ministra de Industria, María Reyes Maroto, la destinataria de otra misiva, en esta ocasión acompañada de una navaja. Y al día siguiente, dos nuevos sobres con balas fueron interceptados. Uno dirigido otra vez contra Gámez, y el otro, a Isabel Díaz Ayuso, la candidata del Partido Popular y actual presidenta de la Comunidad de Madrid. Hoy se ha revelado un nuevo mensaje de amenaza, que incluía dos balas, esta vez contra el expresidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero.

El clima de crispación de estos últimos años, con la normalización de la extrema derecha en el debate público, ha llevado una peligrosa deriva de inquietantes consecuencias. Desde su entrada en las instituciones por primera vez desde los años ochenta, la extrema derecha se ha dedicado a deslegitimar al gobierno, a marcar la agenda con su discurso de odio —que las cartas parecen replicar— y a difundir constantemente noticias falsas o información engañosa. El reflejo del expresidente de Estados Unidos Donald Trump en la política española ha sido constante, y aunque el magnate haya dejado la Casa Blanca, el estilo, que le dio fuerza a la extrema derecha en su país, empieza a instaurarse con fuerza en España a través de Vox.

Sin embargo, ni con las balas y las navajas encima de la mesa, la cordura se impuso en el debate político de estos días. La condena casi unánime a las amenazas no ha estado exenta de matices. La derecha no estuvo a la altura y llegó a menospreciar estas amenazas. Menos aún la ultraderecha, al principio negándose a condenarlas, después haciéndolo tímidamente mientras sugería un posible montaje, como hizo Santiago Abascal, líder de Vox.

El envío de la navaja a Reyes Maroto fue obra de un hombre ya identificado, que padece una enfermedad mental y que se ha declarado seguidor de Vox, aunque no tiene relación con este partido. Esta persona ya había enviado mensajes a otros destinatarios, como a la agencia de verificación maldita.es, manifestando su ideología. A pesar del menosprecio de esta amenaza y del intento de algunos políticos de derechas y medios afines de despolitizarla basándose en los problemas mentales del autor de la carta, la condena debe ser un imperativo unánime y sin peros, para políticos y ciudadanos, de izquierdas y de derechas, que crean de verdad en la democracia.

Sería ingenuo pensar que la amenaza totalitaria terminó con la muerte del dictador Francisco Franco en 1975. No solo por el aceptado revisionismo histórico en torno a la dictadura o la frecuente deslegitimación de los resultados de las urnas cuando gana la izquierda, algo que ya ocurrió cuando ganó las elecciones Rodríguez Zapatero en 2004, sino por la peligrosa banalización que lo acompaña, considerando los discursos de odio opiniones respetables en democracia. Pero más inquietante resulta aún que, el mismo gobierno que ahora recibe las balas, no se haya tomado esto suficientemente en serio.

El gobierno de Pedro Sánchez podría haber mostrado más firmezacuando ha sido advertido de la infiltración ultraderechista en las Fuerzas Armadas de España. No solo ante el manifiesto firmado por casi un millar de militares exaltando a Franco y contra su exhumación del Valle de los Caídos en 2019. También contra los militares retirados que pedían en un chat un golpe de Estado y fusilar a 26 millones de españoles, o contra aquellos en activo que realizaban el saludo nazi en los cuarteles mientras cantaban himnos fascistas. O investigar a profundidad la reciente denunciapública de militares sobre la posible presencia de una célula neonazi en el ejército.

Pedro Sánchez, el presidente del gobierno de España, en abril de este año
Pedro Sánchez, el presidente del gobierno de España, en abril de este añoCredit…Chema Moya/EPA vía Shutterstock

Organismos internacionales como las Naciones Unidas y agencias de seguridad de diversos países vienen alertando sobre el terrorismo de extrema derecha a nivel internacional. La sucesión de preocupantes ataques racistas, la infiltración neonazi en ejércitos europeos así como el asalto al Capitolio de Estados Unidos tras la victoria de Joe Biden, han puesto el foco sobre esta creciente amenaza para la seguridad. También el auge de los partidos de extrema derecha en Europa desde hace unos años ha impulsado consensos entre el resto de las formaciones partidistas en países como Alemania y Francia para aislarlos y establecer lo que se conoce como cordones sanitarios, evitando así pactar con ellos o permitirles acceder a las instituciones, algo que no ha sucedido todavía en España.

La amenaza de la ultraderecha en España viene de lejos, y va más allá de los exabruptos de militares y de las cartas amenazantes. En 2015 se juzgó a un grupo neonazi entre los que había varios militares, y que poseía un gran arsenal de armas. Fueron absueltostras considerarse ilegales las escuchas que permitieron su arresto antes de que cometieran algún crimen. Tres años después, a los pocos meses del primer gobierno de Sánchez, la policía arrestó a un hombre que tenía armas de fuego y advirtió en un chat su intención de asesinar al presidente. La Audiencia Nacional rechazójuzgar ambos casos como terrorismo.

Estos y otros ejemplos han sido recogidos en un extenso informe, que tuve la oportunidad de coordinar, recién publicado por la Fundación Rosa Luxemburgo, organización a favor de la democracia. El reporte analiza el recorrido de la derecha radical en España y explica su evolución desde el despegue a principios de este siglo del ala neocón del PP, que había sido la casa común de todas las derechas, hasta la irrupción de Vox en 2018. Desde entonces, la extrema derecha no ha parado de crecer y de instaurar su agenda. Además, la batalla cultural que ha emprendido este espectro político a lo largo del planeta, cuestionando derechos humanos y tratando de romper los consensos democráticos que los protegen, está dando sus frutos; en buena medida han conseguido normalizar el discurso de odio que sirve como excusa para quienes hoy envían balas.

España afronta una encrucijada sin precedentes tras las reiteradas amenazas de muerte a varios políticos. Las elecciones de Madrid, que a menudo son un termómetro para la política nacional, permitirán diagnosticar cómo los políticos, periodistas y la sociedad civil reaccionan ante esta peligrosa deriva. Aunque han condenado las cartas, el PP y Ciudadanos no pueden seguir banalizando las amenazas ni normalizando a la extrema derecha, con la justificación de que la necesita para gobernar.

El país, que demasiadas veces se tropieza sin querer con los fantasmas de su pasado, está a tiempo de enfrentar la tentación totalitaria con madurez democrática y firmeza, demostrando que la democracia, esta vez, si que es capaz de vencer al odio.

Miquel Ramos (@Miquel_R) es periodista y colabora en el diario La Marea y en Radio Televisión Española (RTVE). Es coautor del proyecto crimenesdeodio.info y realizó la investigación “La extrema derecha española ante la crisis económica” en la Universidad de Valencia.

Militares franceses piden una intervención contra “el islamismo y las hordas de los suburbios”

El manifiesto, publicado en una revista de ultraderecha, amenaza veladamente con un golpe de Estado. El número de firmantes, a pesar del anuncio de sanciones, ha crecido de forma exponencial en los últimos días.

Miquel Ramos – La Marea – 28 abril 2021

El ruido de sables no suena solo en España. Mientras aquí varios militares retirados pedían el pasado mes de diciembre fusilar a medio paísen Francia un grupo formado mayoritariamente por veteranos de las Fuerzas Armadas también ha hecho públicas sus demandas a un año de las elecciones presidenciales. En una carta publicada recientemente en una revista de extrema derecha, alertan sobre el peligro islamista y señalan a los migrantes y a los pobres como generadores de un caos y una inseguridad que, según ellos, podrían provocar una guerra civil en el país.

El pasado 21 de abril, la revista de extrema derecha Valeurs Actuelles, publicó un manifiesto firmado por casi un millar de militares franceses, que alertaban sobre el peligro de una guerra civil si no se intervenía urgentemente en los barrios periféricos para defender la civilización contra “las hordas de los suburbios”. El manifiesto, que incluye una serie de exigencias al presidente de la República, Emmanuel Macron, asegura que existe una “creciente violencia, día tras día”, relacionada con una supuesta islamización del país.

Las “hordas” a las que hace referencia el texto señalan a los habitantes de los barrios humildes franceses, conocidos como banlieues, y habitados por personas de origen migrante, constantemente señaladas y estigmatizadas por la extrema derecha.

“Se acabó el tiempo de las vacilaciones. De lo contrario, mañana la guerra civil pondrá fin a este caos creciente, y las muertes, de las que usted será responsable, se contarán por miles”, dice la carta apelando a Macron. En el texto, que describe una “Francia en peligro”, los firmantes denuncian la “desintegración” que golpea a la “patria”, a través de “un cierto antirracismo” que, según ellos, tiene un objetivo: “Crear en nuestro suelo un malestar, incluso un odio entre comunidades”. Señalando al “islamismo y a las hordas de la banlieue”, llaman a los líderes franceses a “encontrar el coraje necesario para erradicar estos peligros” aplicando “sin debilidad las leyes que ya existen”. “Como nosotros, una gran mayoría de nuestros conciudadanos están abrumados por las ambigüedades y los silencios culpables” de los dirigentes políticos, señala el manifiesto.

La reacción oficial a esta carta se produjo por medio del general François Lecointre, jefe del Estado Mayor de la Defensa. Lecointre anunció sanciones para los generales y para los soldados en activo que firmaron el manifiesto. “Estos generales pasarán por un consejo superior militar. Al término de este procedimiento, será el presidente de la República el que firme un decreto de expulsión”, precisó el jefe de los ejércitos franceses en Le Parisien.

La líder del partido ultraderechista Rassemblement National, Marine Le Pen,dijo recientemente compartir la preocupación de estos militares, y los animó a sumarse al partido para las próximas elecciones presidenciales de 2022. Al menos tres de los 20 exgenerales que firman el manifiesto, entre otros altos mandos, han sido candidatos de su partido en elecciones locales.

Otro de los firmantes, Christian Piquemal, es un fiel seguidor de la teoría conspiranoica del “Gran Reemplazo”, popularizada por el escritor Renaud Camus y seguida por numerosos grupos y simpatizantes de extrema derecha. Esta teoría sugiere que existe un complot para reemplazar a la población europea por población migrante y someterla al islam. Se trata de una actualización de las viejas teorías antisemitas de Los protocolos de los sabios de Sión, y otras menos conocidas, esta vez con los musulmanes sustituyendo a los judíos como artífices del malvado plan. Piquemal, de 80 años y excomandante de la Legión Extranjera, perdió sus privilegios como oficial retirado tras ser arrestado por participar en una manifestación contra el islam en 2016.

Simpatías ultras en el ejército y la policía

También en Francia las Fuerzas Armadas y la policía han tenido, históricamente, cierta simpatía por la extrema derecha, un aspecto sobre el que ya alertó el periódico Libération el año pasado. El diario ofrecía porcentajes que rondan el 50% de apoyo de estos funcionarios a la extrema derecha, siendo la candidatura de Le Pen la más valorada en conjunto.

Florence Parly, ministra de Defensa francesa, dijo que el manifiesto publicado en Valeurs Actuelles era una politización “irresponsable” del ejército, mientras que la ministra de Industria, Agnès Pannier-Runacher, condenó “sin reservas a este puñado de generales que piden un levantamiento”. Parly apeló en su cuenta de Twitter a la misma Marine Le Pen: “Nótese que Marine Le Pen juega con una confusión que le conviene: la columna irresponsable publicada en Valeurs Actuelles está firmada únicamente por soldados retirados, ya sin ninguna función en nuestros ejércitos y que solo se representan a sí mismos”.

Posteriormente se supo que no todos los firmantes eran militares retirados. Dieciocho de ellos (incluidos cuatro oficiales) están en activo. Todos recibirán “sanciones disciplinarias”, explicó el general Lecointre, y serán “más duras cuanto más alta sea su graduación”. A su juicio, a una responsabilidad más alta le corresponde también “una obligación de neutralidad y de ejemplaridad más fuerte”.

A pesar de las amenazas de sanción, el fenómeno está creciendo como una bola de nieve entre los militares franceses. Cada día se suman nuevas firmas al manifiesto, que empezó con unas mil y cuyo número se ha multiplicado por ocho en las últimas horas. Un antiguo eurodiputado del Frente Nacional, Florian Philippot, animaba desde su cuenta de Twitter a que otros militares firmaran la carta con el objeto de salvaguardar “la Francia eterna”.

Todo esto es preocupante porque en Francia se lleva años banalizando el discurso de la extrema derecha y dándole voz en todas las cadenas. Se está creando un clima de opinión en el que están dictando la agenda”, apunta María Santos-Sainz, doctora en Ciencias de la Información y profesora titular de Periodismo en el Institut de Journalisme Bordeaux Aquitaine (Universidad Bordeaux Montaigne).

“Con las elecciones generales tan próximas [2022], el clima de opinión está tomando un carácter muy preocupante. Hay una alta posibilidad de que Marine Le Pen pueda llegar a la presidencia. Es un caldo de cultivo preocupante, cómo personajes como Eric Zemmour y otros voceros de la extrema derecha son invitados a los platós, convirtiendo los debates en un espectáculo. Estamos creando un ambiente muy tóxico que puede dar resultados inquietantes”, añade Santos-Sainz.

Islamofobia en el debate público

Francia ha endurecido la legislación después de diversos ataques con sello islamista, el último de ellos contra el profesor Samuel Paty, que provocó una ola de indignación y motivó diversas declaraciones sobre nuevas medidas contra el llamado “separatismo islamista”. Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, entre otras, así como colectivos de personas migrantes, musulmanas, de izquierdas, e incluso varios diputados corsos, criticaron los discursos del presidente y las medidas anunciadas, advirtiendo que estas podrían ir más allá y usarse contra otros colectivos.

“Las tesis islamófobas han ganado muchísimo terreno. A pesar del problema que ha tenido Francia con el terrorismo, se ha creado un clima de opinión muy alarmante. Hasta el punto de que el gobierno de Macron ha acabado haciendo una caza de brujas que ha llegado incluso a la universidad, contra profesores acusados de ‘islamoizquierdistas’, por tener posiciones críticas con determinados discursos y alertar sobre la islamofobia”, afirma Santos-Sainz.

Los ataques de tinte islamófobo se incrementaron en un 53% el pasado año, según el Observatorio Nacional de la Islamofobia. Los franceses que profesan la religión musulmana, muchos de ellos procedentes de las antiguas colonias, representan actualmente cerca del 6% de la población francesa.

El putsch sugerido por estos militares, “recuerda al intento de golpe de Estado contra De Gaulle en 1958, protagonizado por militares reaccionarios que tuvieron un papel importante en la guerra de Argelia”, apunta la profesora. Aquella guerra por la independencia, que se desarrolló entre 1954 y 1962, costó más de millón y medio de vidas argelinas. “Volvemos a la noción de cruzada frente al islam y las hordas de la periferia”, asegura Santos-Sainz.

Actualización 11.45h (29/04/2021)

Militares franceses piden una intervención contra “el islamismo y las hordas de los suburbios”

El manifiesto, publicado en una revista de ultraderecha, amenaza veladamente con un golpe de Estado.

Miquel Ramos – 28 abril 2021 La Marea

El ruido de sables no suena solo en España. Mientras aquí varios militares retirados pedían el pasado mes de diciembre fusilar a medio paísen Francia un grupo de veteranos también ha hecho públicas sus demandas a un año de las elecciones presidenciales. En una carta publicada recientemente en una revista de extrema derecha, alertan sobre el peligro islamista y señalan a los migrantes y a los pobres como generadores de un caos y una inseguridad que, según ellos, podrían provocar una guerra civil en el país.

El pasado 21 de abril, la revista de extrema derecha Valeurs Actuelles, publicó un manifiesto firmado por casi un millar de militares franceses retirados, que alertaban sobre el peligro de una guerra civil si no se intervenía urgentemente en los barrios periféricos para defender la civilización contra “las hordas de los suburbios”. El manifiesto, que incluye una serie de exigencias al presidente de la República, Emmanuel Macron, asegura que existe una “creciente violencia, día tras día”, relacionada con una supuesta islamización del país.

Las “hordas” a la que hace referencia el texto señalan a los habitantes de los barrios humildes franceses, conocidos como banlieues, y habitados por personas de origen migrante, constantemente señaladas y estigmatizadas por la extrema derecha.

“Se acabó el tiempo de las vacilaciones. De lo contrario, mañana la guerra civil pondrá fin a este caos creciente, y las muertes, de las que usted será responsable, se contarán por miles”, dice la carta apelando a Macron. En el texto, que describe una “Francia en peligro”, los firmantes denuncian la “desintegración” que golpea a la “patria”, a través de “un cierto antirracismo” que, según ellos, tiene un objetivo: “Crear en nuestro suelo un malestar, incluso un odio entre comunidades”. Señalando al “islamismo y a las hordas de la banlieue”, llaman a los líderes franceses a “encontrar el coraje necesario para erradicar estos peligros” aplicando “sin debilidad las leyes que ya existen”. “Como nosotros, una gran mayoría de nuestros conciudadanos están abrumados por las ambigüedades y los silencios culpables” de los dirigentes políticos, señala el manifiesto.

La líder del partido ultraderechista Rassemblement National, Marine Le Pen,dijo recientemente compartir la preocupación de estos militares, y los animó a sumarse al partido para las próximas elecciones presidenciales de 2022. Al menos tres de los 20 exgenerales que firman el manifiesto, entre otros altos mandos, han sido candidatos de su partido en elecciones locales.

Otro de los firmantes, Christian Piquemal, es un fiel seguidor de la teoría conspiranoica del “Gran Reemplazo”, popularizada por el escritor Renaud Camus y seguida por numerosos grupos y simpatizantes de extrema derecha. Esta teoría sugiere que existe un complot para reemplazar a la población europea por población migrante y someterla al islam. Se trata de una actualización de las viejas teorías antisemitas de Los protocolos de los sabios de Sión, y otras menos conocidas, esta vez con los musulmanes sustituyendo a los judíos como artífices del malvado plan. Piquemal, de 80 años y excomandante de la Legión Extranjera, perdió sus privilegios como oficial retirado tras ser arrestado por participar en una manifestación contra el islam en 2016.

Simpatías ultras en el ejército y la policía

También en Francia las Fuerzas Armadas y la policía han tenido, históricamente, cierta simpatía por la extrema derecha, un aspecto sobre el que ya alertó el periódico Libération el año pasado. El diario ofrecía porcentajes que rondan el 50% de apoyo de estos funcionarios a la extrema derecha, siendo la candidatura de Le Pen la más valorada en conjunto.

Florence Parly, ministra de Defensa francesa, dijo que el manifiesto publicado en Valeurs Actuelles era una politización “irresponsable” del ejército, mientras que la ministra de Industria, Agnès Pannier-Runacher, condenó “sin reservas a este puñado de generales que piden un levantamiento”. Parly apeló en su cuenta de Twitter a la misma Marine Le Pen: “Nótese que Marine Le Pen juega con una confusión que le conviene: la columna irresponsable publicada en Valeurs Actuelles está firmada únicamente por soldados retirados, ya sin ninguna función en nuestros ejércitos y que solo se representan a sí mismos”.

Es preocupante porque en Francia se lleva años banalizando el discurso de la extrema derecha y dándole voz en todas las cadenas. Se está creando un clima de opinión en el que están dictando la agenda”, apunta María Santos-Sainz, doctora en Ciencias de la Información y profesora titular de Periodismo en el Institut de Journalisme Bordeaux Aquitaine (Universidad Bordeaux Montaigne).

“Con las elecciones generales tan próximas [2022], el clima de opinión está tomando un carácter muy preocupante. Hay una alta posibilidad de que Marine Le Pen pueda llegar a la presidencia. Es un caldo de cultivo preocupante, cómo personajes como Eric Zemmour y otros voceros de la extrema derecha son invitados a los platós, convirtiendo los debates en un espectáculo. Estamos creando un ambiente muy tóxico que puede dar resultados inquietantes”, añade Santos-Sainz.

Islamofobia en el debate público

Francia ha endurecido la legislación después de diversos ataques con sello islamista, el último de ellos contra el profesor Samuel Paty, que provocó una ola de indignación y motivó diversas declaraciones sobre nuevas medidas contra el llamado “separatismo islamista”. Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, entre otras, así como colectivos de personas migrantes, musulmanas, de izquierdas, e incluso varios diputados corsos, criticaron los discursos del presidente y las medidas anunciadas, advirtiendo que estas podrían ir más allá y usarse contra otros colectivos.

“Las tesis islamófobas han ganado muchísimo terreno. A pesar del problema que ha tenido Francia con el terrorismo, se ha creado un clima de opinión muy alarmante. Hasta el punto de que el gobierno de Macron ha acabado haciendo una caza de brujas que ha llegado incluso a la universidad, contra profesores acusados de ‘islamoizquierdistas’, por tener posiciones críticas con determinados discursos y alertar sobre la islamofobia”, afirma Santos-Sainz.

Los ataques de tinte islamófobo se incrementaron en un 53% el pasado año, según el Observatorio Nacional de la Islamofobia. Los franceses que profesan la religión musulmana, muchos de ellos procedentes de las antiguas colonias, representan actualmente cerca del 6% de la población francesa.

El putsch sugerido por estos militares, “recuerda al intento de golpe de Estado contra De Gaulle en 1958, protagonizado por militares reaccionarios que tuvieron un papel importante en la guerra de Argelia”, apunta la profesora. Aquella guerra por la independencia, que se desarrolló entre 1954 y 1962, costó más de millón y medio de vidas argelinas. “Volvemos a la noción de cruzada frente al islam y las hordas de la periferia”, asegura Santos-Sainz.

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El Especial Ultraderecha es un monográfico especial con una selección de 26 artículos publicados en lamarea.com entre junio y julio de 2020. Esta revista –en formato pdf- incluye reportajes, análisis y entrevistas reposadas con argumentos para desmontar el discurso de la ultraderecha.  Visiones también desde EEUU, Polonia, Grecia y Francia.

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Coordinación: Miquel Ramos

Colaboran: Noelia Adánez, Hibai Arbide, Graeme Atkinson, Aurora Ali, Pablo Bonat, Pablo Carmona Pascual, Iness Dimnich, Javier Durán, Daniel Gil-Benumeya, Sebastiaan Faber, Sara Montesinos, Álvaro Minguito, Rafal Pankowsky, María Luisa Pérez Colina, Juanjo Peris, Proyecto Una, Sergio Rodrigo, Carles X. Senso Vila, Laia Serra, Alba Sidera, Patricia Simón, Miguel Urbán y Carles Viñas.