En 1991, Sonia fue asesinada en Barcelona por un grupo neonazi en un contexto de exclusión social, transfobia y violencia estructural. Su historia evidenció la vulnerabilidad de muchos colectivos y la impunidad con la que actuaban estos grupos. Este episodio reconstruye su vida, el crimen y el legado que dejó: una lucha por la memoria y por los derechos de las personas LGTBIQ+.
