“El Parlamento Europeo es un caramelo al que la extrema derecha no piensa renunciar”

08/06/2024 per Miquel Ramos

Con las Elecciones Europeas a la vuelta de la esquina, este periodista e investigador especializado en discursos de odio analiza las razones por las que los partidos ultra prevén un ascenso en el número de escaños en las votaciones del 9J según los más recientes sondeos.

Paula Herrera, Baynana 8/6/24

Las encuestas apuntan a que la extrema derecha va a ocupar un tercio de los escaños del Parlamento Europeo en las elecciones de este 9 de junio, una cifra que pasaría del 18% de escaños en 2019, en donde la ultraderecha obtuvo 138 puestos de 751, al 22% en este 2024, por eso el periodista e investigador de crímenes de odio y extrema derecha Miquel Ramos (Valencia, 45 años) no titubea a la hora de hablar sobre la “hipocresía” de los partidos ultra que se proclaman euroescépticos. 

“La extrema derecha se ha disfrazado de una retórica anti Unión Europea. Esto es una hipocresía. Ellos se han dado cuenta de que hacerse con el Parlamento Europeo significa millones y millones de euros de financiación para sus políticas, justo por eso la ultraderecha no va a acabar con la gallina de los huevos de oro”, dice. 

Ramos, que hace apenas unos meses estrenaba Dios, Patria, Yunque, un podcast en donde devela la influencia de la secta ultracatólica en la conformación de la extrema derecha española, analiza para Baynana el auge de la ultraderecha en Europa, la influencia que podrían tener en la Eurocámara y las políticas más vulnerables frente a un posible cambio de timón.  “La Unión Europea”, asegura, “merece una crítica, a la que hay que tomar con cautela cuando el emisor tiene otras intenciones, cuando estas críticas vienen de la extrema derecha sabemos que lo que en realidad quiere es aplicar medidas chauvinistas, racistas y militaristas”, asegura. Por eso, para Ramos, es importante tener los ojos abiertos a la hora de votar. 

Actualmente vemos que los partidos de extrema derecha llegan cada vez más al poder, ejemplo de ellos son Italia, Eslovenia, Hungría y recientemente Países Bajos. ¿Qué está pasando en Europa ahora mismo?

La gran conquista de las extremas derechas en Europa es haber hecho que otros partidos políticos que no encajaban dentro de su línea ideológica de una manera evidente hayan incorporado algunas de sus demandas. Ese es su verdadero éxito, por eso encontramos socialdemócratas con políticas migratorias muy parecidas a las suyas.  En una sociedad en donde el neoliberalismo no ha dado respuesta a muchos de los problemas económicos latentes -desde la vivienda hasta poder llegar a fin de mes- la ultraderecha se planta contra cualquier medida social que reduzca esta precariedad. Su discurso es un ataque a los derechos humanos como si estos fueran los causantes de los problemas que tiene la gente corriente. Por eso, el juego de la ultraderecha se basa en que un trabajador vote más motivado por la supuesta competencia que le supone una persona migrante o una política feminista antes que por las propuestas de leyes y activaciones que le ayuden de alguna manera a reducir su precariedad.

Varios políticos de extrema derecha han abanderado sus propuestas de campaña con discursos euroescépticos, Reino Unido abrió un precedente con el Brexit, mientras que Wilders, en Países Bajos proponía un Nexit. ¿Hay un desasosiego con el rol que ejerce la Unión Europea?

 El discurso euroescéptico encaja ahora porque vivimos un momento en que la Unión Europea no está dando respuesta a muchos de los problemas que enfrenta cada país que lo compone. En parte, hay motivos para ser críticos con la UE. El modelo actual aplica medidas absolutamente demenciales en materia de geopolítica o de belicismo, llamando a una guerra, a armarse, a invertir más en defensa, teniendo una actitud absolutamente pusilánime y cómplice con el genocidio en Palestina. Claro que la UE merece una crítica y exponer estas contradicciones, pero hay que tomar con cautela cuando el emisor tiene otras intenciones, cuando estas críticas vienen de quien quiere aplicar medidas chauvinistas, racistas o militaristas.

 ¿Estos discursos euroescépticos podrían poner en riesgo a la Unión Europea como organismo?

 No, en realidad la extrema derecha es cada vez menos euroescéptica, aunque lo siga siendo de manera retórica, pero cuando accede al poder se da cuenta del potencial que tiene a nivel económico, entonces le es rentable estar dentro de las instituciones. Yo diría que la ultraderecha no va a acabar con la gallina de los huevos de oro. Si ahora la extrema derecha va a hacerse con un tercio del Parlamento Europeo eso significa millones y millones de euros de financiación para sus políticas, sus campañas, sus bolsillos. No tengo ninguna duda de que no va a haber una renuncia a la Unión Europea mientras ellos sigan consiguiendo cada vez más poder.

 ¿Considera que durante la campaña de las elecciones del 9J se han intensificado discursos cada vez más alineados hacia la ideología de ultraderecha?

Sí, no solo en el discurso, también en la práctica. La virtud de la extrema derecha es que ha sabido estirar el centro político hacia la derecha, lo que antes era una posición de centro, ahora mismo se considera una posición radical de izquierdas, solo hay que oír a la extrema derecha cuando habla de dictadura socialcomunista aquí en España como si esto fuera un gobierno socialista. El eje se ha estirado tanto a la derecha que la socialdemocracia está haciendo políticas más de derechas y la derecha está haciendo políticas cada vez más de extrema derecha. Más allá de que la ultraderecha gane más escaños, vamos a ver una radicalización hacia la derecha en todos los partidos. Creo que va a haber muy poco espacio para las izquierdas rompedoras y transformadoras en esta nueva etapa política. Ya ha habido una influencia muy venenosa de la extrema derecha en el resto de partidos políticos y me temo que esto no augura ningún buen futuro para la Unión Europea.

¿Qué está en juego si la extrema derecha toma el poder del Parlamento Europeo?

Derechos sociales, creo que esto es una amenaza real. Más allá de que el proyecto europeo sea muy criticable, es verdad que se ha conseguido en algunos países  -en España por ejemplo, pero también en otros- una serie de conquistas sociales en materia de derechos, de libertades.  Conforme la extrema derecha tenga más poder, tendrá más capacidad de incidir. Hablo, por ejemplo, de los derechos de las mujeres, derechos del colectivo LGTBI que no son eternos si no se blindan legalmente. Estamos viendo que pueden retroceder esos derechos que creíamos ya conquistados como el tema del aborto o los derechos del colectivo LGTB. Estos son unos eslabones que pueden correr peligro ante un cambio de timón en el Parlamento Europeo.

 ¿Cómo evitar la pérdida de derechos?

No cediendo ni un palmo en nuestras demandas, ni en nuestras conquistas, ni en nuestras reivindicaciones. Yo creo que uno de los grandes problemas, es que quienes siempre han peleado por los derechos, o las izquierdas si quieres llamarlo, han ido retrocediendo y han ido asumiendo cada vez más derrotas sin pelear, y además apelando incluso a supuestos consensos. Creo que cuando vas cediendo posiciones y vas rebajando tus demandas al final se te van comiendo el terreno hasta que te han despersonalizando. Pienso que ahora las izquierdas transformadoras han sufrido una despersonalización y lo que ha pasado es que hemos visto este cambio de eje hacia la derecha que augura menos derechos y cada vez más austeridad.