Europa necesita fascistas levantando el brazo

16/01/2024 per Miquel Ramos

Una escuadra de cientos de fascistas vestidos de negro, perfectamente alineada, guarda un riguroso silencio. Responden al unísono cuando alguien grita un nombre: ¡Presente! Levantan el brazo haciendo el saludo romano. Rinden homenaje a sus camaradas asesinados ante lo que fue la sede del neofascista Movimiento Sociale Italiano (MSI) en la Via Acca Larentia de Roma, en 1978. Una imagen que se repite cada año, y que esta semana se volvió viral, como si fuese una anomalía o no hubiese sucedido antes. La imagen es impactante, pero no es extraordinaria.

Hay quien culpa a Meloni de la impunidad de estas exhibiciones, pero estas ya sucedían antes de su llegada. Sin embargo, cada año, hasta el propio ayuntamiento envía una corona de flores. En este homenaje a los tres fascistas del Frente de la Juventud participaron miembros del partido del gobierno, de Fratelli d’Italia, (FDI), entre ellos, el vicepresidente de la Cámara, Fabio Rampelli. Algunos exmilitantes del MSI ostentan hoy cargos en las instituciones tras la victoria del partido posfascista en las elecciones. Y aunque hoy le quiten hierro a su participación desmarcándose del saludo romano, lo que venía siendo un acto folclórico del neofascismo italiano, es hoy casi en una conmemoración institucional de mártires de su causa. Al acto también asistieron el presidente de la Región del Lazio, Francesco Rocca, y el concejal de Cultura, Miguel Gotor. “Es nuestro deber recordar”, afirmó Rocca.

Hace pocas semanas, los saludos romanos volvieron a ser noticia en Italia. Fue durante el juicio a varios miembros del partido neofascista Forza Nuova por el asalto de un grupo de fascistas a la sede del sindicato CGIL en octubre de 2021, en una de sus protestas contra las medidas adoptadas por el Gobierno en plena pandemia del Covid-19. Durante la lectura de la sentencia, que condenaba a sus líderes Robero Fiore y Giuliano Castellino a ocho años de prisión, los fascistas montaron un espectáculo en la sala repitiendo el saludo nazi y cantando.

Fiore es un viejo conocido en el mundillo fascista, con conexiones con nazis españoles y fascistas de toda Europa, pero su partido y sus seguidores siguen siendo marginales a la sombra de la todopoderosa Meloni y el resto de antiguos camaradas que supieron controlar el brazo en público y vestirse con sus mejores galas para asaltar las instituciones sin montar ningún circo y conseguir la palmadita en la espalda del establishment. Lo mismo que ha sucedido en todas partes donde la ultraderecha ha llegado al poder o está a las puertas, pues no necesitan levantar el brazo. Sin embargo, los folclóricos que se apropian del estigma fascista con honor, los que no se disfrazan, resultan más útiles que problemáticos para estas formaciones normalizadas que hoy gobiernan o son actores principales en las democracias occidentales.

La periodista catalana Alba Sidera lo viene alertando desde hace años desde Roma, y lo plasmó en su libro recién traducido al castellano, Fascismo persistente (CTXT, 2023): El proceso de reconversión del neofascismo lleva años en marcha, instalado en las instituciones, actuando con impunidad, pero sigue causando más impacto el video de un puñado de folclóricos camisas negraslevantando el brazo que sus políticas hechas ley. Como nuestros fascistas ante Ferraz haciendo el ridículo o nuestros franquistas ante los monumentos que siguen en pie en nuestro país a pesar de las cacareadas leyes de memoria. Pues estas imágenes de Italia las podemos volver a ver este fin de semana en Majadahonda en el monumento a los fascistas rumanos Mota y Marin, o en unas semanas ante el mausoleo del cementerio de la Almudena a los voluntarios españoles de la División Azul que lucharon en el ejército de Hitler, donde se siguen concentrando nazis españoles cada mes de febrero.

Estas muestras de folclore nazi-fascista son útiles para las democracias europeas y para las nuevas ultraderechas. Cumplen su función espantando a los demócratas que creen que el fascismo se reduce a una pandilla de nostálgicos cuyo único peligro es encontrártelos una noche por la calle. Los mismos que hablan de “polarización” para imponer una equidistancia perversa ante las políticas reaccionarias y quienes las combaten, y quienes creen que las democracias tienen suficientes anticuerpos contra las tentaciones neofascistas de quienes hoy las gobiernan. A Meloni le va bien que esta turba de fascistas con quien creció ella políticamente hace años no abandone las calles. Por una parte, llevan a cabo su batalla en primera línea contra los indeseables que la detestan, principalmente izquierdistas y colectivos que reclaman derechos. Es su función, disciplinar a la disidencia y a los indeseables para que el sistema siga funcionando. Por otra parte, dejándoles que se apropien de la reivindicación del fascismo, se esquivan las balas. Este acto, como decíamos, viene celebrándose desde hace años bajo otros gobiernos, y el periodista de La Repubblica que ayer lo denunció de nuevo, Paolo Berizi, ya llevaba escolta por las amenazas fascistas cuando lo conocí en Nápoles hace varios años tras la publicación de su libro NazItalia: Viaggio in un paese che si è riscoperto fascista.

Ayer, la ONG Caminando Fronteras nos devolvía al presente, nos ponía frente al espejo una vez más y nos recordaba ese otro fascismo que no levanta el brazo pero que mata todavía más. En su informe Monitoreo del Derecho a la Vida 2023, documentan las más de 6.000 muertes en un año en las rutas de acceso a España a causa de las políticas de fronteras de la Unión Europea. Una media de 18 personas al día. Esto solo de camino a España. Faltan por contar miles de personas más ahogadas en el mediterráneo o muertas de frío en las fronteras del este. Todo esto avalado por esos mismos políticos de la UE que ayer se escandalizaban con las imágenes del saludo romano en Italia. Esa política migratoria común consensuada por Meloni, Pedro Sánchez y el resto de los gobernantes europeos. Y todo esto mientras nuestros gobiernos siguen patrocinando el genocidio en Palestina y una guerra en Ucrania para la que sí que sirven todas las banderas de los derechos humanos que se esconden cuando hablan de Gaza.

“La Europa de la fosa común en el Mediterráneo, la del tiroteo en El Tarajal, la de los niños refugiados durmiendo en el cementerio de Moria, la Europa de La Jungla de Calais, esa Europa necesita señalar a Meloni como su anomalía”, decía anteayer mi amigo Lavín. “Y Meloni, a su vez, necesita a éstos”, refiriéndose a los neofascistas de Via Acca Larentia. Porque esos brazos, como el dedo de aquél dicho, apuntan a la luna.

Pero hay que mirar a nuestro alrededor para ver que, mientras, un nuevo fascismo se ha instalado ante la resignación de los biempensantes que todavía creen que esto se cura leyendo o que es solo una anomalía circunstancial que se superará sin renunciar a nada. Europa necesita a estos fascistas levantando el brazo. No son ninguna anomalía democrática sino parte de la vieja Europa que se niega a mirarse al espejo. Mientras sigan exhibiéndose, ellos serán ‘El Fascismo’, y eximirán de tal estigma a quienes gobiernen a pesar de que actúen como ellos lo harían si gobernaran.

Columna semanal de opinión de Miquel Ramos en Público, 10/01/2024