La diana de Vox y el ataque nazi en Castelló

07/03/2024 per Miquel Ramos

“Vamos a poner orden”, decía el ahora concejal de seguridad de Vox de Castelló en un vídeo de la pasada campaña electoral a las municipales, acompañado de dos personas más de su partido. Se oyen gritos de fondo: “venís a provocar”, les espeta un vecino. La elección del escenario no es casual. Es la plaza donde los movimientos sociales de izquierdas llevan años celebrando actos todos los años, con sus permisos correspondientes y sin incidentes. A pocos metros está el local de La Cosa Nostra, un ‘club social antifascista’, es decir, un local donde se juntan los y las jóvenes antifascistas, feministas y de izquierdas de la ciudad. Antonio Ortolá, el concejal de seguridad y emergencias de Vox, se acercó hasta sus puertas de para grabar su vídeo. “Graba esto”, le pide al camarógrafo mientras señala a un joven que le increpa y un mural del Che Guevara.  

Es el mismo local, la misma plaza, donde el pasado sábado irrumpieron una veintena de neonazis armados con barras de hierro y bates de béisbol y la emprendieron a golpes contra los primeros que encontraron. Eran las primeras horas de la noche del primer día de fiestas de la Magdalena, y se estaba celebrando un concierto. El ambiente era festivo pero tranquilo. Nadie podía sospechar un ataque así contra una masa de gente. Los neonazis pillaron por sorpresa a la multitud, y, tras una desbandada inicial, otro grupo reaccionó rápido para proteger el espacio y a los asistentes y parar la agresión. Un joven que estaba allí disfrutando del concierto fue golpeado con una barra de hierro en la cabeza. Una vez en el suelo, los nazis aprovecharon para patearle hasta que sus compañeros pudieron sacarlo de allí.  

Los nazis huyeron sin problemas. Los testigos cuentan cómo la policía había desaparecido del lugar tras haberse pasado todo el día por la zona, incluso intentando impedir el montaje de las barras a pesar de estar todos los permisos en regla. Los amigos de la víctima la llevaron a pulso hasta una ambulancia, y cuentan que los servicios de emergencia ni siquiera se acercaron hasta el lugar. La policía, de hecho, casi acaba deteniendo a las víctimas mientras los agresores huían tranquilamente ante sus narices.  

No podía ser más casual esta brutal agresión coincidiendo con la noticia de la retirada del premio Guillem Agulló de las Cortes Valencianas por parte de Vox. Guillem era un joven antifascista de 18 años que fue asesinado en 1993 de un navajazo en el corazón por parte de un grupo de nazis. Su memoria es recurrente en el País Valenciano, ya que los nazis lo usan como advertencia (“acabaréis como Guillem”, dicen), y los antifascistas, y prácticamente toda la izquierda y el valencianismo, lo reivindican como símbolo de la impunidad y de la violencia nazi. De todos los acusados por el crimen, tan solo uno de ellos cumplió 4 años de prisión. Además, el tribunal no consideró que el asesinato tuviese motivaciones políticas, y algunos medios de comunicación trataron de equiparar a los nazis con los antifascistas. A los verdugos con sus víctimas.  

El premio Guillem Agulló se institucionalizó durante el anterior gobierno autonómico, consensuado por todos los partidos políticos de la cámara, tras un acto de reconocimiento político de este crimen, de su familia, amenazada constantemente desde aquél 1993 por su incansable lucha, y de quienes habían mantenido viva su memoria. El galardón se otorgó durante unos pocos años, los que duró el anterior gobierno, a personas destacadas en la lucha contra los delitos de odio y por los derechos humanos. Esta semana, el PP, que había firmado el acuerdo en 2015 junto con el resto de partidos, apoyó la retirada de este premio que había propuesto Vox.  

Que Vox y PP acaben con esta distinción es una buena noticia. Sería un insulto a la memoria de Guillem que representantes de estos partidos jueguen con su nombre y con su memoria. “No hubiéramos aceptado un premio de Vox, que es la ideología que alimentó el asesinato de mi hijo”, dijo el pasado martes en Hora25 el padre del joven asesinado. Guillem no necesita a las instituciones, pues han estado ausentes durante 25 años, y han sido los movimientos sociales quienes han llevado su nombre por todas partes. El PP, prisionero de Vox y a quien cree que quita votos pareciéndose cada vez más a él, ha demostrado que no existe ya ni siquiera una fina línea entre ellos y la extrema derecha. Que ya van en un mismo paquete.  

Mientras Vox y PP retiran el nombre de Guillem en las Cortes, el concejal de Vox de Castelló puesto también por un gobierno del PP, pide que la agresión nazi ‘no se politice’. Pretende hacernos creer que no es político el ataque nazi del local que él mismo señaló en un vídeo en campaña electoral, como nos quisieron hacer creer que el crimen de Guillem tampoco tuvo motivaciones políticas. Que se haya pasado todos estos meses al cargo de la seguridad de la ciudad persiguiendo a los movimientos sociales y que estos hayan acabado siendo víctimas de un ataque nazi que casi acaba con la vida de un joven es pura casualidad.  

El concejal puso el local en la diana. Sabe que es uno de los centros sociales que reúne a la mayoría de los grupos de izquierdas de la ciudad. El símbolo de un importante tejido asociativo que ha echado raíces en el barrio y con el vecindario, y que cada año realiza numerosas actividades gratuitas, desde cine de verano hasta conciertos, al margen y a pesar de las instituciones. Y uno de los objetivos de la ultraderecha es precisamente romper esa comunidad, esos lazos que neutralizan el miedo y el odio que las extremas derechas tratan de inocular en los barrios. Y sabe que el antifascismo, el feminismo y el antirracismo unen. Que los barrios organizados son vacuna contra su veneno. 

Al concejal de Vox tampoco debe hacerle gracia que le recuerden su paso por las gradas ultras del equipo local. Varios testigos de la agresión de la pasada semana señalan directamente a los ultras del Castelló como los autores, llegando incluso a identificar a varios de ellos. El periódico Directa publicó estos días un reportaje en el que se señalaba a miembros de los ultras del Castelló como autores de la agresión, identificados por varios testigos. Uno de estos, además de ser uno de los condenados por las agresiones del 9 de Octubre de 2017, fue cliente del concejal de Vox cuando este ejercía de abogado, según este medio. Hace unos meses se difundieron en redes las imágenes del concejal de Vox en las gradas ultras, y esta semana volvieron a recordárselo a propósito de la agresión. También su respuesta de entonces: “Os invito a todos a que paséis por el Fondo Sur”, dijo. Aunque a día de hoy no ha habido todavía detenciones, la policía dice tener ya identificados a algunos de los agresores, e incluso ha encontrado un bate de béisbol ensangrentado que ya está siendo analizado por la policía científica.  

Los antifascistas son siempre objetivo prioritario de la ultraderecha. Son quienes siempre advirtieron de su peligro, incluso cuando no estaban en las instituciones. Por eso, desde el principio, Vox ha tratado de provocarles, de presentarse ante ellos para encontrar respuesta y victimizarse, denunciando a los antifascistas por delito de odio. Así alimentan a todo ese sector nazi y fascista que les apoya. Y así usan la legislación de delitos de odio contra quienes denuncian su odio.  

No son pocos los nazis y fascistas que hay o que apoyan a Vox, y cada vez se esconden menos. En un video retransmitido por el propio partido durante las protestas ante la sede del PSOE local, aparecen la presidenta de les Cortes Valencianas, Llanos Massó, y otros conejales y miembros del partido, y a continuación banderas y pancartas nazis. Estaban todos juntos en la misma concentración. Nada extraño después de ir a grabar un video electoral a la plaza donde estaban los antifascistas. Un guiño a esos nazis con quienes comparten actos y que hoy se sienten legitimados por los discursos y los señalamientos de unos representantes políticos. Una casualidad que los nazis, meses después, atacaran los actos que los antifascistas celebraban en esa plaza.  

Siempre hay una relación directa entre lo que los fascistas de corbata señalan y los de bate de béisbol ejecutan. Los discursos de odio siempre preceden al crimen de odio. Alguien infecta de odio y señala a quien odiar. Otros toman la iniciativa y actúan. Matando a Lucrecia por migrante y negra. A Sonia por pobre y por transexual o a Guillem por izquierdista y antifascista. Así ha sido históricamente. Unos ponen el marco, las ideas y la diana. Otros se manchan las manos.  

Lo sucedido en Castelló tiene responsables políticos. Tiene motivación política. Y es parte de una persecución ideológica contra la diversidad y contra quienes la defienden. El discurso de Vox se basa en eso, en el señalamiento, en la diana constante sobre aquellos a quienes considera enemigos de España, aquellos que no caben en su pequeña patria vestida de grandes banderas y embadurnada de tanta bilis. El Holocausto no empezó con las cámaras de gas. Empezó con alguien señalando a una parte de la población, culpándola de todos los males y prometiendo que iba a poner orden.  

Miquel Ramos. Columna de opinión en Público, 6 de marzo, 2024