“La extrema derecha desvía el foco y nunca apunta al origen del problema, a la estructura, al capitalismo”

20/12/2023 per Miquel Ramos

Entrevista de Iker Izaguirre (AraInfo) a Miquel Ramos: conversamos con el periodista e investigador valenciano sobre la ultraderecha del siglo XXI, la misma que “cuando pierde el poder no acepta el resultado de las elecciones” y la que defiende el genocidio en Palestina porque Israel representa su “Estado soñado”. Advierte que “la democracia ha admitido a la extrema derecha como una opción más”, que está “colonizando” Internet “para impregnar su odio y desmontar las conquistas sociales” y que parte de su estrategia es “tenernos entretenidos apagando fuegos constantemente”. 

IKER GONZÁLEZ IZAGIRRE 13 DICIEMBRE, 2023,

Pocas personas conocen mejor los entresijos de las extremas derechas como el periodista e investigador valenciano Miquel Ramos. Colaborador en diversos medios de comunicación como La Marea, Público o La Directa, y habitual en las tertulias de varios programas de televisión y radio, es autor del libro “Antifascistas: así se combatió la extrema derecha española desde los años 90“, una obra clave editada por Capitán Swing en 2022. También es coordinador del informe “De los neocón a los neonazis: la derecha radical en el Estado español” (Fundación Rosa Luxemburgo, 2021) y coautor de los proyectos SenseTòpics, sobre el tratamiento mediático del fenómeno migratorio, y crimenesdeodio.info.

El pasado 30 de noviembre, Miquel Ramos estuvo en Zaragoza participando en El Coloquio, un espacio de encuentro, debate y formación organizado por Izquierda Unida Aragón y la Fundación 14 de Abril. Acompañado en la mesa por la concejala de Zaragoza en Común, Elena Tomás, Ramos hizo un exhaustivo análisis de la ultraderecha del siglo XXI. En la sede de IU, AraInfo pudo charlar con el periodista especializado en extrema derecha, delitos de odio y movimientos sociales. El resultado es esta entrevista que puedes leer completa o visualizar una parte en este video:

Enero de 2021, seguidores de Trump asaltan el Capitolio. Enero de 2023, seguidores de Bolsonaro intentan lo mismo con las instituciones brasileñas. Noviembre de este año, la ultraderecha española monta su particular asalto al Capitolio. ¿Qué tienen en común estos movimientos?

Hay un discurso compartido en todas las extremas derechas, sobre todo cuando pierden el poder, que es, en primer lugar, no aceptar el resultado de las elecciones. Pero en segundo lugar, es que todo aquello que ellos no dirijan, cuando el poder no lo ostentan, es ilegitimo o forma parte de una conspiración. Porque ellos se consideran el verdadero actor anti-establishment que representa a una masa social que es víctima de unas supuestas élites que conspiran en la sombra para arrebatarles el poder o impedir que lleguen a él. Lo que ha hecho la extrema derecha, y una parte también de la derecha española, en las últimas elecciones ha sido copiar la misma fórmula de Bolsonaro y Trump en Brasil y en Estados Unidos. La diferencia es que la masa social que tiene la extrema derecha española, la capacidad que tiene incluso de mover a una gran cantidad de gente mucho más allá de Madrid, se ha visto que es absolutamente incomparable a la fuerza que sí tenían Donald Trump o Bolsonaro. Ha sido su particular pataleta tras la pérdida de las elecciones y tras el batacazo que se dio Vox el 23 de julio. Apoyados en este discurso por la derecha del Partido Popular y una parte de los medios de comunicación, tratando de deslegitimar los pactos del gobierno en la configuración de este nuevo Ejecutivo, lo que ha pasado es que se ha creado toda una performance que conforme se ha acercado el invierno, ha pasado la investidura y la gente se ha cansado de estar todas las noches sin conseguir nada, se ha esfumado.

“Peligro no son las manis de Ferraz, eso es una performance. El peligro está en esos chats donde llaman a la violencia, a la fabricación de explosivos o a cometer magnicidio”

En estas protestas ante las sedes del PSOE, principalmente en Ferraz, alentadas por Vox pero también por el PP, hemos visto unidos a falangistas, franquistas, neonazis, fascistas, ultras del fútbol… Grupúsculos que hasta hace bien poco habían sido desterrados a la marginalidad y que de vez en cuando cobran protagonismo. Pero… ¿Existe un peligro real? 

Lo que ha hecho toda la amalgama de grupos de extrema derecha que hemos podido ver en Ferraz ha sido aprovechar el foco mediático para exhibirse, sobre todo en primera fila. Es decir, de todas estas organizaciones que estaban presentes en estas protestas, quien ha tratado de abanderarlas y de sacar mayor rédito, y quién está protagonizando de alguna manera la representación de las protestas es Vox. Otra cosa es que este foco mediático del que han gozado haya sido aprovechado por grupúsculos absolutamente marginales como los grupos fascistas y neonazis y algunas sectas ultracatólicas para tratar de reivindicarse y de hacerse presentes. También muchos personajes de redes sociales que se han hecho populares con discursos de extrema derecha han aprovechado el foco para parecer allí y reivindicarse, sabiendo que había cámaras y que, posiblemente si se colaban, salían en una foto. Pero peligro real en absoluto. Es absolutamente marginal toda la amalgama de grupúsculos que han estado allí, que cuando la policía ha querido los ha controlado, que les ha durado cuatro días hasta que ha llegado el frío y las luces de Navidad. Y, evidentemente, con un saldo de cien detenidos, unas personas que no están acostumbradas, como hemos visto, ni al activismo ni a las campañas antirrepresivas, independientemente de que haya mecenas que les paguen las multas, no es algo que puedan mantener mucho más en el tiempo, ni tampoco saben mantener el pulso en la calle. Por lo tanto, peligro real ninguno. Si han estado allí ha sido porque les han dejado y les han dejado más de lo que les hubieran dejado a otros, porque esto de lanzar bengalas a la policía y cosas así, y a veces sin que haya cargas policiales, es algo bastante inédito.

Ahora bien, esto no implica que el discurso de odio y el mantra que se ha lanzado desde algunos grupos y algunos no tan marginales, como Vox y otros, de la ilegitimidad del gobierno, del golpe de estado, de que esto es una dictadura, etcétera, motive a algún fanático a tomarse la justicia por su cuenta y actuar como un lobo solitario, que haga su propia “Utøya”. El terrorismo de extrema derecha existe, ha cometido atentados y se ha basado precisamente en discursos de odio como los que se están difundiendo frente a Ferraz, en las instituciones y en medios de comunicación de derechas y de extrema derecha. Ese es el peligro. Peligro no son las manis de Ferraz, eso es una performance, un fenómeno muy madrileño y que ya se ha acabado. El peligro está en muchos de estos chats donde hemos visto incluso a gente llamando a la violencia, a la fabricación de explosivos o a cometer magnicidio. Peligro es que eso queda impune, o que no haya un control de estos personajes y luego aparezca un lobo solitario y tengamos una sorpresa.

¿Hasta qué punto es preocupante el pronunciamiento de militares retirados, poco menos que llamando a derrocar a Pedro Sánchez? ¿Y los de una parte de la judicatura?

Todo esto forma parte de la ofensiva de la derecha contra el resultado de unas elecciones. Yo creo que las instituciones en España son lo bastante sólidas como para evitar que una pandilla de militares y jueces, bien posicionados y con poder y que pueden hacer daño de otras maneras, reviertan la situación. Pueden torpedear la legislatura, evidentemente. Y existe lawfare, obviamente que existe en este país y en muchos otros países, sin ninguna duda. Y esto lo que demuestra es que hay una costra fascista en este país por no haber hecho limpieza en la transición, por haber permitido que estructuras en el ejército, en la judicatura, en la policía y, sobre todo en las oligarquías y en las grandes empresas que siguen manejando el dinero de este país. Esto permite que haya personas que se crean con la autoridad y por encima del bien y el mal, e incluso contra la voluntad popular. Yo no creo que haya un peligro de que estas personas puedan llevar a cabo un golpe de Estado, pero sí que pueden torpedear la legislatura, torpedear la propia democracia mediante su aplicación de leyes, la manera en la que ellos consideren más dañina para el Gobierno, para la propia institución, por un interés político. Esto puede pasar.

Los militares son otra cosa. Algo que lamentablemente en este país se ha aceptado como que están ahí, que tenemos a una pandilla de militares fascistas que pueden decir lo que les dé la gana, incluso llamar al golpe de Estado o al exterminio de media población y no pasa nada. Y esto es culpa del Partido Socialista que cada vez que gobierna pone al frente de Defensa, igual que al frente de Interior, a personas que son absolutamente garantes de la impunidad de esta gentuza y del régimen, y los tienen como pieza de museo y como pacto de no agresión. Y ahí están, ladrando, pataleando, pero como saben que no llegarán a más pues ahí los tienen y no pasa nada. Y esto es un problema, porque lo que demuestra es que la transición se dejó muchas cosas por hacer, y que esta gentuza puede decir lo que le dé la gana con absoluta impunidad. Es una vergüenza.

“La democracia ha admitido que los grupos de extrema derecha sean una opción más y estos han sabido como entrar al juego para vaciarla de contenido”

Miquel Ramos durante la entrevista con AraInfo en la sede IU Aragón | Foto: Pablo Hijar

Javier Milei gana las elecciones en Argentina con el ultraliberalismo como bandera. Geert Wilders en Países Bajos con el manido discurso xenófobo. Marine Le Pen afirma defender los derechos del colectivo LGTBIQ. Alice Weidel, líder de Alternativa para Alemania (AfD), es abiertamente lesbiana. Disturbios en las calles de Irlanda tras la difusión de bulos racistas. ¿En qué se diferencian y en que se parecen las ultraderechas del siglo XXI? 

Las ultraderechas son diversas. No existe una sola ultraderecha. Hay rasgos en común: ultranacionalistas, xenófobas, racistas y neoliberales, por supuesto. Todas son garantes del orden neoliberal, eso es evidente, y nunca se cuestiona el capitalismo desde la extrema derecha. Estos son los rasgos en común, pero luego hay diferencias. Y algunas de estas diferencias, por ejemplo, están en materia de derechos de determinados colectivos y el uso que hacen de determinadas luchas, retóricas, etcétera. Como hemos visto, por ejemplo, en Alice Weidel, una mujer lesbiana que hace bandera de su orientación sexual para atacar a las personas musulmanas y personas migrantes a las que culpa de cualquier incidente homófobo. Marine Le Pen utiliza el laicismo como arma arrojadiza contra, prácticamente en exclusiva, las personas musulmanas, porque contra catolicismo nunca se atreve obviamente. La extrema derecha polaca, la húngara o la española tienen una raíz profundamente fundamentalista religiosa ultracatólica, sobre todo el sector que ha ganado ahora en Vox, que es un sector más “yunquero”, más vinculado a la extrema derecha con algunas pinceladas del Yunque.

Por lo tanto, la extrema derecha es diversa. Pero todas convergen en varios puntos en común. Todas son ultranacionalistas, todas son garantes y defensoras del capitalismo, y todas son iliberales, es decir, todas utilizan la democracia para vaciarla de derechos. Y los principales perdedores de este ascenso de la extrema derecha son las mujeres, el colectivo LGTBI, las personas musulmanas y es la propia diversidad que conforma cualquier Estado, porque ellos entienden el Estado y la nación como entes cada vez más homogéneos. Ellos odian la diversidad. Cualquier cosa que se salga de la norma, y cada uno establece cuál es su propia norma y hasta donde permite que haya cierta diferencia. Aquí es donde veremos quién va a pagar ese modelo de sociedad que defiende la extrema derecha.

¿Se está democratizando al fascismo?

Los herederos del fascismo y del nazismo que estuvieron durante muchos años preguntándose cómo podían llevar esas ideas al contexto “democrático”, entre comillas porque evidentemente desfilar con esvásticas no era una opción de buen marketing, empezaron a buscar otra retórica, otros marcos y lo consiguieron. Fue un camino tortuoso y largo, pero finalmente estamos viendo los frutos. De hecho, hay un trasvase absoluto de estas ideas al presente e incluso de militantes neonazis y fascistas que hoy en día son los que están, si no entre bastidores, incluso en primera línea de estos grupos de extrema derecha que están ganando elecciones o presentándose a las elecciones. La democracia ha admitido que los grupos de extrema derecha sean una opción más, y estos grupos de extrema derecha han sabido como entrar al juego democrático para vaciarla de contenido. Estamos en un encrucijada muy complicada porque la democracia permite la divergencia y la discrepancia política, pero el problema es que están llegando al poder o ganando posiciones aquellos que quieren vaciar de derechos las democracias. Es decir, están conduciendo las democracias liberales vaciadas de derechos, que no sabemos muy bien cómo se puede gestionar una democracia sin derechos o con colectivos que son absolutamente excluidos. Bueno, sí que lo sabemos, se llama apartheid.

“Israel representa un Estado soñado por todos los movimientos de extrema derecha”

Las extremas derechas actuales, Trump, Bolsonaro, Salvini, Milei, Wilders, son aliadas del régimen sionista israelí. ¿Por qué?

La extrema derecha lee el Estado de Israel como el modelo de Estado que ellos desearían. Un estado étnico, donde hay una población que no goza de los mismos derechos por cuestiones de etnia, de religión. Y que, además, representa, condensa, todo el diario colonialista y supremacista occidental. Israel es considerada hoy en día la primera línea de defensa de Occidente frente a los bárbaros de Oriente, que son el principal peligro para nuestra cultura, nuestra seguridad, nuestra identidad. La extrema derecha cambió hace unos años su tradicional antisemitismo, al menos retórica y estratégicamente, por la islamofobia que le sale mucho más rentable. Ha cambiado de enemigo, pero no ha dejado de ser antisemita. La extrema derecha continúa siendo antisemita, pero no le es tan rentable el antisemitismo como lo era antes, sobre todo después del Holocausto. Y sobre todo porque Israel de una manera muy perversa está utilizando no solo la memoria del Holocausto, sino también el antisemitismo como una especie de blindaje contra cualquier crítica que se haga a sus políticas de Estado, a su Estado en sí mismo. A pesar de que sea un Estado de apartheid y un Estado que incumple reiteradamente la legislación internacional, pero que goza del beneplácito de las potencias occidentales básicamente, porque el resto del mundo no está en la misma en la que estamos en Occidente. Le dan esa carta blanca para vulnerar constantemente los derechos humanos, para gozar de impunidad. Y además, representa un Estado soñado por todos los movimientos de extrema derecha que son profundamente supremacistas, profundamente racistas, profundamente islamófobos. Es algo que Israel está interpretando muy bien.

“La extrema derecha está colonizando unos canales de comunicación que podrían ser muy útiles para difundir propuestas en positivo. Los están utilizando para impregnar de odio, para desmontar todas las conquistas sociales”

Miquel Ramos, en El Coloquio | Foto: Iker G. Izagirre (AraInfo)

¿Qué papel desempeña Internet en el auge de la ultraderecha?

Internet es una herramienta que ha sido colonizado por la extrema derecha. Es una herramienta donde invirtiendo dinero puedes tener colonizada una gran parte de la esfera. Es una herramienta que la extrema derecha ha leído y ha interpretado muy bien, y que ha utilizado desde hace ya unos años no solo para difundir su discurso y sus marcos, sino incluso para crear constantemente figuras, personajes, llamados generadores de contenido, influencers, que no operan orgánicamente relacionados con un partido político determinado, sino con una idea. Hay movimientos antifeministas, movimientos racistas, movimientos reaccionarios que tienen sus propios líderes mediáticos en Internet, que es un terreno donde la gente joven está mucho más que en los medios de comunicación. Están colonizando unos canales de comunicación que podrían ser muy útiles para difundir propuestas en positivo. Los están utilizando para impregnar de odio, para desmontar todas las conquistas sociales que se han conseguido y para librar la batalla cultural que es el principal ariete de la extrema derecha de hoy en día, que es derribar todos esos consensos en materia de derechos humanos, de libertades, que ha costado tanto de conseguir, donde ha habido mucho sufrimiento para llegar a donde estamos, que haya colectivos que gocen de determinados derechos. Y eso es lo que la extrema derecha trata de derribar con sus marcos, hablando de “incorrección política”, de “dictadura progre”, de “marxismo cultural”, y planteando una alternativa a esta “corrección política” que pasa por todo lo contrario, que es volver a lo antiguo, volver al machismo, volver a la homofobia, volver al racismo, aunque te lo pinten con muchos memes de colores, con mucho humor, con mucha parafernalia.

Además, esta batalla cultural que está librando la extrema derecha contra el sentido común, que nos habla de derechos y de libertades, es muy útil para el capitalismo porque nunca cuestiona los problemas estructurales, nunca apunta hacia el origen de los problemas. Incluso también los marcos securitarios, cuando hablan de “ocupación”, cuando hablan de inseguridad, cuando hablan de que el multiculturalismo trae inseguridad. Ellos no van a la raíz del problema que es el capitalismo, de cómo genera estas desigualdades y de cómo los problemas de machismo, de homofobia, son también estructurales. La extrema derecha desvía el foco, focaliza su ira hacia estas conquistas, estos derechos, estos colectivos, y nunca apunta al origen del problema, a la estructura.

“La extrema derecha nos tiene entretenidos apagando fuegos constantemente, es parte de su estrategia”

“Hay una relación evidente entre los asesinatos machistas y la inmigración ilegal”. Son palabras del vicepresidente del Gobierno de Aragón, el ultraderechista Alejandro Nolasco (Vox), en una entrevista reciente. Las redes sociales y muchos medios de comunicación están inundados de discursos de odio y fake news, racismo, xenofobia, machismo, fascismo, que luego calan en una gran parte de la sociedad. ¿Cómo le hacemos frente?

No hay ninguna fórmula mágica para vencer a la extrema derecha, lo que hay son múltiples batallas simultáneas en diferentes escenarios donde cada uno debe saber cómo puede librarla, en materia de comunicación, en materia política. En todos los ámbitos hay batalla con la extrema derecha, el problema es que la extrema derecha no tiene escrúpulos en utilizar la mentira, en difundir el odio. Nos tiene entretenidos apagando fuegos constantemente. Y esto también es parte de su estrategia, de entretenernos provocando pequeños incendios y grandes incendios, porque estos incendios pueden llevar a cosas muy graves en sus discursos de odio. Lo que hay que exigir es un compromiso democrático, primero de las instituciones, para que el odio no salga gratis y para que el odio y las mentiras tengan una respuesta, no solo en forma de discurso brillante en sede parlamentaria para video a Twitter, sino en políticas. Cuando haya políticas valientes para que la ciudadanía no tenga problemas en su día a día, evitando la precariedad, estará evitando que la extrema derecha vaya a incendiar el barrio con discursos racistas, para difundir su habitual chovinismo del bienestar diciendo que no hay para todos, que hay que competir con el que tienes al lado. Si no hay políticas valientes que frenen esa precariedad o que den soluciones a los problemas de la clase trabajadora va a venir la extrema derecha ofreciendo soluciones envenenadas, trufadas de racismo, trufadas de odio, que no solucionan los problemas porque el problema nunca lo cuestiona la extrema derecha, que es estructural, es el capitalismo.

Por otra parte, sí que es verdad que la sociedad civil debe organizarse y debe de participar en los movimientos donde haya capacidad de incidir en la vida de las personas, entendiendo que todos somos responsables de la vida en común, de la vida en sociedad, de nuestros propios y propias vecinas, etcétera, y tenemos que cuidarnos los unos a los otros. Y también hay que dar la batalla en las redes sociales porque necesitamos que haya un contrarrelato para evitar que los fascistas, los machistas y los racistas, que pueblan las redes y que han entendido que hay vía libre para el odio, encuentren un contrapeso y que los chavales cuando entren en Internet y quieran aprender sobre feminismos o sobre derechos no se encuentren en los primeros vídeos y a los primeros cantamañanas diciendo gilipolleces. Lo que hay que hacer es un contrarrelato para que esta gente, que encima se está lucrando con el odio, se le frene en todos los frentes. Lamentablemente ellos tienen buenos padrinos, tiene mucho dinero y nosotros no, por eso tenemos que darle a la imaginación y buscarnos la vida y los recursos para poder dar esas batallas en todos los frentes.

“La extrema derecha divide y enfrenta a la clase trabajadora. Mientras la clase obrera se pelea, nadie va a intentar derrocar al capitalismo”. Lo dices en uno de tus últimos artículos, “Las cacerías racistas”.

Es el caballo ganador de la extrema derecha. Si tú consigues que la clase trabajadora esté enfrentada entre sí por el dios al que le reza, por el color de la piel, por el país del que viene, por la lengua que habla, y nunca se cuestiona la estructura de los problemas que le afecta como clase. Es decir, si tú apelas a estas identidades de hombre blanco, enfadado, nacional, frente a las mujeres, a las feministas, los gais, los inmigrantes, los moros, los gitanos, etcétera, tú mantienes el statu quo, las desigualdades permanecen, los problemas permanecen, pero los privilegiados nunca se ven obligados a renunciar a ninguno de sus privilegios y para eso ha venido la extrema derecha, para conservar los privilegios de los privilegiados de siempre. Ellos son el garante de las élites y de los privilegiados para que las propuestas progresistas, las propuestas que piden derechos, que exigen derechos y que luchan por esos derechos no triunfen. Y ese es el gran peligro que corre la clase trabajadora comprando el veneno de la extrema derecha.