Las movilizaciones callejeras de Núcleo Nacional, la apología franquista en el Valle de los Caídos por parte de HazteOír y los disturbios racistas de Belfast no son brotes espontáneos de descontento popular, sino operaciones promocionadas, teledirigidas y a menudo financiadas por las élites económicas globales. Existe un hilo conductor directo que une al gran capital tecnofascista y a las grandes fortunas con la violencia material en nuestras calles. El papel de magnates como Elon Musk en redes sociales como X es el de actuar como los principales promotores de la violencia racista y los pogromos, justificando disturbios y azuzando el odio internacional desde plataformas digitales. Los grupos neonazis hacen el trabajo sucio, amparados por el patrocinio del hombre más rico del mundo y su séquito de oligarcas que no obedecen a nadie más que a su bolsillo. Utilizan el caos y el racismo como herramientas de distracción masiva para salvaguardar sus propios privilegios económicos y desestabilizar los sistemas democráticos. Los nazis, una vez más, tontos útiles del capital.
Mientras; el blanqueamiento mediático e institucional que partidos como el PP y Vox otorgan a estas corrientes facilita que los fondos de organizaciones opacas, como la red integrista de El Yunque, fluyan sin control para sostener estas estructuras de odio. Al final todo esto cristaliza en agresiones y violencia como la que hemos podido ver en Valencia, donde han sido detenidos 5 ultraderechistas por hacer cacerías contra personas LGTBI. Dos de ellos menores de edad. Son los ejecutores de una violencia normalizada en parlamentos, medios y plataformas digitales financiadas por estas mismas élites.

