Bolsonaro, un apellido clave en la internacional ultra en la que milita Abascal

30/01/2023 per Miquel Ramos

Promovidas por la asociación de EEUU que en 2011 animó a Trump a dar el salto a la primera fila, las llamadas cumbres CPAC, que ya se ha celebrado dos veces en Brasil, se han convertido en el escenario donde extremistas de distintos países aúnan estrategias. La conexión entre Abascal y el expresidente brasileño, cuyo hijo firmó la ‘Carta de Madrid’, ha llegado tan lejos que el líder de Vox ya enfatizó su “alta afinidad personal y política” y le definió en octubre como líder de los patriotas del país.

Alicia Gutiérrez, Infolibre 9 de enero de 2023

El 1 de octubre, en vísperas de las elecciones que terminó perdiendo, Jair Bolsonaro publicó un tuit en el que difundía un vídeo de Santiago Abascal. Con la brevedad usual en las redes sociales, el jefe de Vox expresaba todo su apoyo a quien “lidera la alternativa de los patriotas”. La de aquellos “que queremos naciones prósperas, libres y soberanas frente al comunismo y frente al globalismo”. Ese vídeo representa probablemente la más reciente muestra de la “alta afinidad personal y política” que, como había subrayado meses antes Vox, une al fundador y jefe de la formación ultraderechista española con el político cuyos seguidores asaltaron el domingo en Brasil el Congreso, la sede de Presidencia y el Tribunal Supremo en lo que, salvo viraje inesperado, es ya un golpe de estado fallido. 

Cuando Bolsonaro perdió frente a Lula de Silva, su apellido ya había adquirido gran relevancia en las CPAC, siglas en inglés de las cumbres internacionales promovidas por la fundación radical conservadora de EEUU (la ACU, American Conservative Union) que en 2011 alentó a Donald Trump a dar el salto a la primera fila política.

La similitud entre lo sucedido el domingo en Brasilia y el asalto al Congreso estadounidense tras la derrota de Trump ante Joe Biden emerge así con un telón de fondo común –el de las CPAC– que en 2020 anudó la relación entre Abascal y el hijo más temible de Jair Bolsonaro. Ese año, Abascal se citó en el CPAC con Eduardo Bolsonaro. En 2019 ya había participado en el anterior CPAC Iván Espinosa de los Monteros, quien a su regreso dijo lo que sigue: “Estuvimos ahí cinco días y volvimos diciendo: ‘Bueno, nosotros somos unos tibios socialdemócratas en comparación’. Cuando oyes lo que es la derecha americana estamos muy por detrás de ellos”.

Ese mismo 2020, el apellido Bolsonaro resultó crucial para el lanzamiento de la Carta de Madrid, el manifiesto con que, a través de la Fundación Disenso, presidida también por Abascal, trazó Vox su mapa internacional de alianzas. Eduardo Bolsonaro aparecía en uno de los primeros puestos de una lista de signatarios donde destacaban políticos como el chileno José Antonio Kast, firme entusiasta del golpe de Pinochet, o intelectuales como Alejandro Chafuen, durante años director de Atlas Network, la red ultraconservadora con sede en EEUU y ramificaciones múltiples en distintos países. 

“Bastión de la libertad” y entusiasta de la dictadura militar

Del papel desempeñado por los Bolsonaro en ese mapa internacional de la ultraderecha o la derecha radical hablan de nuevo las CPAC. Porque en 2022, y además de la cumbre ordinaria organizada en EEUU por la fundación conservadora ACU, tuvo lugar otra edición en Brasil: la segunda tras la celebrada en 2021. Jair Bolsonaro era ya una figura clave de la derecha extrema del continente. Ese mismo 2022 hubo otra edición de la CPAC en México, donde el eurodiputado de Vox Hermann Tertsch ofreció una conferencia. Tertsch, que este lunes guardó un silencio sepulcral sobre lo ocurrido en Brasil al igual que Abascal, publicó el 18 de noviembre un tuit: “A la CPAC México la han acosado hoy las hordas comunistas de siempre. Y es porque estamos aquí fuerzas conservadoras forjando esta alternativa de verdad, libertad y democracia contra el narcocomunismo y la perversión ideológica de la izquierda en América y Europa”. Este lunes, Abascal se limitó a retuitear el comunicado de Foro Madrid, producto de la Fundación Disenso. En su nota, Foro Madrid equipara el asalto a los tres poderes institucionales del país amazónico con movilizaciones en Chile y Colombia. “La violencia –se lee en el texto– no se justifica en ninguna circunstancia, ni cuando asaltan el Palacio de Planalto [la Presidencia brasileña] ni cuando incendian el Metro de Santiago de Chile o cuando la Primera Línea destruye la ciudad de Cali”.

En aquella cumbre de 2021, el eurodiputado ultraderechista hizo declaraciones en los pasillos junto a Eduardo Bolsonaro. A su padre, Tertsch le había dedicado en diciembre de 2021 un piropo monumental: también en Twitter y cuando se dirigía a Brasil acompañando a Santiago Abascal para pasar tres días en la residencia oficial de Jair Bolsonaro. Al presidente brasileño y a su gobierno Tertsch los calificó como “el gran bastión de la libertad”. 

Fue a raíz de ese viaje cuando Vox definió como “alta” la afinidad entre Abascal y Bolsonaro, quien en 2016 –entonces solo diputado– provocó una oleada de estupefacción con una frase que hoy regresa a primer plano:  “El error de la dictadura fue torturar y no matar”. En España, Vox ha amparado la dictadura franquista, pero con menor intensidad. “Quienes defienden la obra de Franco “tienen cabida en Vox“, dijo Abascal en 2029. “Estamos ante el peor Gobierno en 80 años“, afirmó un año más tarde saltándose las cuatro décadas del franquismo como si hubieran sido mejores.

La bisagra entre los dos continentes

El periodista Miquel Ramos, experto en la extrema derecha y autor del libro De los neocón a los neonazis, no alberga dudas sobre el papel de Vox como bisagra entre las dos orillas del Atlántico: “Vox –reflexionaba este lunes– es el enlace ultraderechista de Europa con Latinoamérica. Representantes del partido de Abascal han viajado varias veces al continente para afianzar sus lazos con los movimientos reaccionarios, reforzando el espacio que llaman Iberosfera, y en un momento en el que allí están volviendo a ganar las elecciones formaciones de izquierdas”.

Ramos sostiene que la batalla política y la guerra cultural “están cada vez más conectadas a ambas partes del Atlántico, tanto en sus discursos contrarios a los derechos humanos como en la extensión del mantra de los gobiernos ilegítimos cuando no ganan las elecciones. Y con las consecuencias que esto supone“. Esa alianza ultraderechista –prosigue el periodista– “está reuniendo a integristas religiosos, fascistas defensores de las dictaduras militares que sometieron al continente décadas atrás, ultraconservadores y hasta neoliberales en una nueva cruzada contra la izquierda, las políticas sociales, los derechos humanos y hasta contra la propia democracia, como vimos con Trump y como acabamos de ver en Brasil”.