La historia de una traición: el hombre que fue fusilado por culpa de su hermano en Orellana

El periodista Miquel Ramos viraliza en Twitter la traición del hermano de su bisabuelo extremeño durante los primeros meses de la Guerra Civil. La familia era conocida en el municipio pacense como ‘Los Forillos’

Celia Gálvez Núñez Cáceres | 18·07·21 El Periódico de Extremadura

Corría el verano del 36. Apenas unos meses después de estallar la Guerra Civil, las tropas franquistas se cebaron con Extremadura. El 14 de agosto el General Yagüe bombardeó la capital pacense dando lugar a lo que se conoció como la ‘Matanza de Badajoz’ que dejó casi 4.000 muertos.   

Un poco más al suroeste de la capital, en el municipio Orellana la Vieja, una familia estaba a punto de romper sus lazos por culpa de las diferencias políticas. Un hombre, del bando de los falangistas, iba a permitir que mataran a su propio hermano, que no era militante pero su tendencia era claramente de izquierdas y republicana. Sin temblarle el pulso y dándole igual que corriera su misma sangre por las venas, así lo hizo y el menor de la familia, Juan Ramos Collado, fue fusilado. Tiempo atrás, un tercer hermano había salvado la vida del seguidor de Franco tras ser detenido por los republicanos. Este último, Antonio Ramos Collado, además se hizo cargo de los seis hijos del que entró en prisión. «Cuando Franco dio el golpe de Estado, los republicanos lo apresaron. Mi bisabuelo –el que sacó al falangista de la cárcel– se plantó en el cuartel y pidió que no lo tocaran, que respondía por él». Una vez en libertad y sin importarle lo que su familia había hecho por él no titubeó al delatar a Juan y lo asesinaron.

La historia de la traición familiar la cuenta sorprendido Miquel Ramos, un periodista valenciano colaborador de TVE, la Marea y Cuatro, que no conocía este hecho del pasado de su familia en Extremadura hasta hace unos meses. La descubrió por casualidad, pero está seguro de que en el mundo rural debe haber muchas similares. «Comí con mi tía –nieta de Antonio, el hombre que salvó al traidor y hermana del padre de Miquel– y me contó la historia que yo no sabía ni por mi padre ni por mi abuelo. Fue chocante. No me imaginé que en mi familia hubieran sufrido un trauma de tal calado», relata.  

En busca de sus raíces

Los Ramos Collado eran muy humildes. En el pueblo los conocían como ‘Los Forillos’. «Eran más pobres que las ratas. Tanto que tenían que robar habas y se comían hasta las vainas», relata el periodista. Antonio, su bisabuelo, murió en la posguerra y con su mujer, Teresa Fernández Collado, tuvo cuatro hijos: Víctor Ramos Fernández –abuelo del periodista–, Máxima, Juan y Antonio. Su abuelo se casó con ‘La Chata’ de la familia de ‘Los Corujos’. Vivieron en la calle Corredera del pueblo hasta finales de los años 50, cuando se vieron obligados a emigrar después de una durísima posguerra en busca de un futuro para sus hijos. Hasta entonces, convivieron en el mismo municipio con el asesino de su hermano. «Con miedo y en silencio, pero sin tener relación alguna con el delator».

Con la crisis, una parte se marchó a Mallorca, otros a Madrid y el resto a Valencia, ciudad que eligieron los abuelos de Miquel y a la que años más tarde tuvo valor de personarse el «traidor de la familia». Repudiado por el resto de miembros Ramos Collado, se presentó en casa de su sobrino –Víctor, el abuelo de Miquel–, pero jamás consiguió contactar con él. «Tenía más familia en Valencia, pero aprovechó la visita para intentar contactar con mi abuelo. Por suerte estaba trabajando en ese momento. Estaba mi abuela, que no quiso recibirle, ya que temía que mi abuelo apareciera y no respondiera de sí mismo. Mi tía, con tan solo 12 años abrió la puerta, le miró y le dijo: en esta casa no entras porque mi padre dice que aquí no vienen ni fascistas ni traidores». Estas palabras las aprendió de Víctor, que dolido por la pena que sufrió su padre durante toda una vida, se prometió repudiar cualquier acto fascista. «El bisabuelo Antonio murió muy triste por lo ocurrido con el pequeño de sus hermanos», le cuenta a Ramos su tía.

Dos condenados, uno de ellos un neonazi, por el asesinato de un joven en Málaga

Los hechos ocurrieron en 2017, cuando la víctima trató de mediar en una pelea. La sentencia llega tras la repetición del juicio.

Miquel Ramos y Dani Domínguez – La Marea 2 de julio 2021

Los dos acusados por matar a golpes al joven malagueño Pablo Podadera han sido condenados a 15 años de prisión por asesinato. Los hechos ocurrieron en 2017, cuando la víctima trató de mediar en una pelea. Uno de los condenados es un conocido neonazi de Málaga. Un tercero ha sido condenado por encubrimiento a 14 meses de prisión. 

La sentencia, que ha sido publicada este 1 de julio, considera que los golpes propinados por los dos acusados causaron las lesiones que provocaron la muerte del joven en el Hospital Clínico Universitario de Málaga.

El pasado 20 de abril se cumplieron cuatro años del crimen. Aquella noche, Pablo estaba celebrando su 22 cumpleaños con unos amigos. A las puertas del local, la víctima trató de mediar en una pelea entre personas a las que ni siquiera conocía. Dos de los implicados en la trifulca la tomaron con él y le propinaron una brutal paliza.

El día del aniversario del crimen, un ramo de flores, dos velas y una foto de Pablo aparecieron en el lugar de los hechos. “Málaga jamás perderá tu memoria y recuerdo que es la de todos y todas nosotras. Hoy te rendimos este pequeño homenaje. #JusticiaParaPablo”, rezaba un tuit de Por Una Málaga Antifascista. 

Repetición del juicio

En 2019, los dos agresores –Alex Cordal Céspedes, de 27 años, y Alberto Ross, de 25– fueron condenados a tres años y dos meses de prisión por la Audiencia de Málaga. La sentencia recogió un delito de lesiones y otro de homicidio imprudente, ya que, según el veredicto del jurado popular, no tenían intención de matarlo. Otros dos acusados por encubrimiento fueron absueltos y un tercero no se presentó al juicio.

Sin embargo, la familia de Pablo decidió recurrir la sentencia al considerarla injusta. Finalmente, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía la anuló y ordenó la repetición de un nuevo juicioel cual dio comienzo el pasado 5 de abril.

Tanto la Fiscalía como la acusación particular que representa a la familia de la víctima siempre han sostenido que no se trató de un homicidio, sino de un asesinato, y que la sentencia y el veredicto estaban plagados de contradicciones. Ante ello, el Ministerio Público solicitó una pena de 18 años de prisión para los dos principales acusados, una cifra que la acusación particular eleva a 20 años. Para los dos investigados por encubrimiento, pedían dos años de cárcel. El tercero continúa estando en busca y captura tras no presentarse a este nuevo juicio. Según su abogada, se trata de una persona “tremendamente inestable” que tiene, según un informe psicológico, “un trastorno que le genera ideas persecutorias” ante el “miedo a que lo detengan”.

Pablo fue “salvajemente agredido” en Málaga

De acuerdo con la Fiscalía, Pablo trató de evitar una pelea a las puertas de una discoteca. Sin embargo, lo que recibió fue, “de forma sorpresiva, violentos puñetazos de Alberto y Alejandro, que impactan contra la sien derecha, con la intención de matarlo, dada su envergadura, potencia y destino de los golpes (la cabeza), comenzando a caer desplomado”.

La agresión, sin embargo, no terminó ahí y, estando ya en el suelo, según la representante del Ministerio Público, “recibe igualmente patadas en la cabeza por parte de ambos”. En palabras de la propia policía, el joven fue “salvajemente agredido” por parte de ambos.

Según se desprende de la reconstrucción de los hechos gracias a las cámaras de seguridad, Nicolás, uno de los implicados en la pelea y a quien Pablo trató de calmar,  intentó sujetar al agredido tras ser golpeado, pero se le acabó resbalando y terminó por golpearse contra la pared y el suelo. Nicolás, acusado de encubrimiento, es quien se encuentra en busca y captura.

Tras la agresión, los acusados huyeron del lugar. Según su versión en este nuevo juiciono fueron conscientes de la gravedad de lo sucedido. Aunque los dos principales acusados han reconocido haber golpeado a la víctima, han intentado enmarcarlo en “una pelea de borrachos” alegando estar muy bebidos y haber consumido cocaína. Asimismo, aseguran que Pablo no trató de mediar sino que insultó a uno de ellos.

Cuando se cumplieron cuatro años del crimen, sus familiares y amigos lanzaron una campaña en redes sociales con la foto de Pablo y exigiendo justicia. Lo hizo  también el colectivo Por Una Málaga Antifascista, un proyecto que trata de reconstruir lo que en su día fue la Coordinadora Antifascista de Málaga, y se han unido varios perfiles en redes sociales que lucen la imagen de Pablo. “Queremos reivindicar la memoria de Pablo, así como visibilizar la impunidad de las organizaciones neonazis en Málaga. Hay agresiones constantes desde hace muchos años y recordemos que los asesinos de Pablo siguen en la calle”, explica un miembro de este colectivo. Pablo no era un militante político, “y eso demuestra que los neonazis son un peligro para todas y todos”.  

Los vínculos ultraderechistas de los acusados

Los acusados, según señalan varias fuentes consultadas por lamarea.com, y como ya publicó El Español, pertenecían supuestamente a los ultras del Málaga Club de Fútbol, conocidos como Frente Bokerón, además de estar relacionados con grupos de extrema derecha como Málaga 1487. Varios documentos audiovisuales muestran a Alberto Ross, tanto en las gradas como en actos de organizaciones ultraderechistas. Ross aparece en varias imágenes con los ultras del Málaga, así como en actividades de la organización ultraderechista Hacer Nación, un proyecto que ha unido recientemente a varios colectivos neonazis y neofascistas de varias ciudades del Estado español.

Varios medios alternativos también han publicado en redes sociales abundante información sobre los autores del crimen, mostrando su vinculación con grupos de extrema derecha, un detalle que muchos medios de comunicación han obviado en sus informaciones. En una de estas imágenes publicadas por el portal La Haine, se aprecia a dos de los acusados por la muerte de Pablo Podadera posando junto a una pancarta que pide la libertad del librero nazi Pedro Varela, exmiembro de CEDADE y expropietario de la Librería Europa, el principal centro difusor de ideas nazis en España durante décadas, encausado años atrás por ello.