‘El enemigo interior’: un documental aborda la infección neonazi en las estructuras del Estado alemán

Los delitos de odio se han duplicado en Alemania. Crece el poder político y mediático de los neonazis en un país en el que se suceden los escándalos de infiltración de la extrema derecha en las fuerzas armadas y la policía.

Miquel Ramos – 12 de febrero 2021 – El Salto

Tobias aparcó su coche en medio de una avenida de Hanau, Alemania. Abrió el maletero y cogió un arma automática. Entró a un bar y disparó a discreción. Se dirigió después a un quiosco, donde haría lo mismo, ejecutando finalmente a diez personas de origen turco y kurdo. Ocurrió en febrero de 2020, poco antes de los confinamientos decretados ante la covid19.

Çetin Gultekin perdió a su hermano en el atentado. Ahora forma parte del proyecto #SayTheirNames, una iniciativa para recordar a las víctimas y denunciar los discursos de odio y los ataques racistas de la extrema derecha. Explica ante la cámara cómo los discursos de odio y los ataques racistas son el pan de cada día. Y cómo las autoridades, según él, no hacen nada al respecto. “Antes llevaban botas y la cabeza rapada. Ahora llevan trajes y se sientan en los parlamentos”, afirma.

Ferat Kocak explica la impunidad con la que actúan las bandas neonazis en Berlin. Lo cuenta ante su coche calcinado durante un ataque neonazi reciente, uno de tantos que puso al barrio de Neukölln en alerta. Nada nuevo según un viejo militante antifascista, que muestra un bate de beisbol lleno de simbología nazi arrebatado a un grupo de cabezas rapadas durante una pelea en Gottingen años atrás. Ya pasó durante los primeros años de la reunificación, a principios de los 90, cuando bandas organizadas de neonazis atacaron las casas y los albergues de personas refugiadas ante la mirada pasiva de la policía. Ahora, Alemania vuelve a enfrentar una oleada de ataques neonazis, muchos de ellos impunes, y, según todos los entrevistados, motivados por el odio que algunos políticos de extrema derecha difunden cada día desde sus parlamentos y los medios de comunicación.

Desde la llegada de Alternativa para Alemania (AfD) hasta hoy, que es la tercera fuerza del país, la militancia de extrema derecha se ha incrementado en un tercio. También los delitos de odio, que se han duplicado en estos últimos años, hasta llegar a contabilizarse 27 cada día en 2016, el año en que alcanzó un peligroso pico.

Siete meses antes de la matanza de Hanau, Stephan Ernst había asesinado al político conservador Walter Lübke, de la CDU de Merkel, por haber defendido la política de acogida de personas refugiadas. Stephan, un conocido neonazi con antecedentes penales por delitos de odio, fue condenado a cadena perpetua hace dos semanas, mientras que Tobías se suicidó tras el ataque, después de asesinar a su propia madre. En octubre de 2019, entre estos dos ataques, otro hombre armado se presentó en una sinagoga en la localidad alemana de Halle y asesinó a dos personas que se encontraban en las inmediaciones.

Ambos, Stephan y Tobias, pensaban que estaban salvando Alemania de la islamización, de la conspiración judía y del mestizaje. Lo mismo que pensó el terrorista ultraderechista Anders Breivik cuando ejecutó a casi un centenar de adolescentes de izquierdas en Noruega, o Brenton Tarrant en Nueva Zelanda, cuando acabó con la vida de 52 personas musulmanas en una mezquita. Todos estos atentados han sucedido en estos últimos diez años, pero no son los únicos. Las teorías supremacistas sobre el reemplazo demográfico y cultural de Occidente por culpa de las personas migrantes, de los globalistas, del buenismoy de la dictadura progre, nutren a estos fanáticos capaces de armarse y acribillar a decenas de personas a las que consideran culpables o cómplices de este plan.

En Alemania, con los atentados de Hanau, de Lübek y los constantes ataques a personas refugiadas, activistas de izquierdas y ONG, existe una creciente preocupación sobre la infiltración neonazi en los aparatos del Estado. Desde el ejército, hasta políticos, responsables de inteligencia o los mismísimos servicios secretos, se han visto salpicados por numerosos escándalos recientes por sus vinculaciones con la extrema derecha. Pero lejos de ser una novedad, quienes llevan años monitorizando y combatiendo a la extrema derecha afirman que no es nada nuevo.

El caso de la NSU, la organización terrorista neonazi que actuó impunemente durante diez años, a pesar de estar monitorizada e infltrada por los servicios secretos, ya hizo saltar todas las alarmas. Algo había fallado, cuando los informes demostraron que incluso alguno de sus miembros era informante de la policía. Sin embargo, Inteligencia Nacional trituró gran parte de las pruebas, y otras, permanecen bajo secreto de Estado hasta dentro de 120 años.

La tan reivindicada desnazificación de Alemania tras la derrota del III Reich no fue tal y como nos contaron. Ni tampoco es cierta la frase de “esto en Alemania no se toleraría”, que usamos a menudo cuando vemos aquí, en el Estado español, a los franquistas campar a sus anchas. Quizás allí la exhibición pública es más discreta y está más perseguida, pero los nazis, como aquí los franquistas, siguen ocupando puestos en las administraciones, en las estructuras y en los aparatos del Estado. Ahora, además, con una fuerza política en el Bundestag que difunde sus ideas abiertamente, consideradas, como en el resto de Europa, opiniones respetables en democracia, una opción política como cualquier otra. Igual que aquí.

Todo esto y más se explica en el reportaje ‘El enemigo interior: el Estado alemán y los neonazis’ que publica hoy Redfish sobre el auge de la violencia de la extrema derecha y la infección nazi en los aparatos del Estado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días. Un documental para tomar nota, que sirve como aviso ante la amenaza del terrorismo ultraderechista, ignorada y minimizada también por el Estado español, tal y como explicó la compañera Ter García hace unas semanas en un reportaje en El Salto basado en el informe que publicará en breve la Fundación Rosa Luxemburgo.Emisión en EspañaEl Salto emitirá hoy en exclusiva el reportaje ‘El enemigo interior: el Estado alemán y los neonazis’ producido por RedFish. La publicación del vídeo se anunciará en las redes sociales de El Salto y podrá verse en este mismo enlace.

El asesor neonazi de Ignacio Garriga (Vox) y admirador de Hezbollah

Jordi de la Fuente, secretario de organización de Vox en Barcelona y hombre de confianza de Ignacio Garriga, fue un destacado miembro del partido nazi-fascista MSR. La defensa de Israel y el sionismo de Vox choca con la simpatía de este cargo por Hezbollah, uno de sus principales enemigos

Antonio Maestre y Miquel Ramos – 11 de febrero 2021

El candidato de Vox al Parlament de Catalunya, Ignacio Garriga, repite el mantra en prácticamente todas sus apariciones públicas durante la campaña electoral: “Hemos venido a denunciar la creciente islamización de Cataluña promovida por el separatismo y por el buenismo progre”. A su lado, desde hace tiempo, está su asesor y secretario de organización de VOX en Barcelona, Jordi de la Fuente

El partido de Santiago Abascal siempre ha ocultado el pasado de De la Fuente, ha mantenido un perfil bajo y nunca ha sido incluido en ninguna lista,evitando así que pudiera perjudicar a la formación. Sin embargo, no lo ha desvinculado de sus cargos orgánicos en el partido. 

De la Fuente fue uno de los líderes del Movimiento Social Republicano (MSR), un partido nazi-fascista de la corriente denominada nacional-revolucionariaque se disolvió en enero de 2018. Varios de sus militantes fueron condenados por pertenencia al grupo nazi Blood and Honour en 2010 por asociación ilícita y tenencia de armas, además de por fomentar la xenofobia, la violencia y el odio contra colectivos vulnerables. El partido estuvo vinculado a los inicios al Hogar Social Madrid, y tuvo entre sus filas, entre otros conocidos neonazis, a ex miembros de Bases Autónomas como Juan Antonio Aguilar. 

Antes de llegar a Vox, el asesor de Garriga pasó por Plataforma per Catalunya (PxC), el partido de extrema derecha de Josep Anglada que basaba su programa en la persecución de los inmigrantes e, igual que hoy VOX, contra la supuesta islamización de Cataluña. 

Este discurso puede sorprender si se tiene en cuenta que, en 2013, Jordi de la Fuente estaba en el Líbano participando en la conferencia ICAI-Hokok, donde llegó a través de sus contactos con el abogado y profesor Adnan Ezzedine y la abogada libanesa May El Khansa. Durante su militancia en el MSR, De la Fuente intentó establecer lazos con miembros vinculados ideológicamente al Partido de Dios, Hezbollah, la organización chií libanesa considerada una organización terrorista por EE.UU. e Israel y gran parte de la comunidad internacional y que en la actualidad gobierna en el Líbano.

Aún más chocante resulta ver cómo luce De la Fuente el emblema de Hezbollah en un parche de una cazadora que le gusta vestir a menudo, aunque a veces lo tapa a conciencia en algunas fotografías, como ha podido comprobar este medio.

‘Aparentes’ contradicciones

El hoy secretario de organización de VOX en Barcelona viajó a Beirut en el año 2013 como parte de la estrategia del partido antisemita de unirse a quien mantuviera conflictos abiertos con Israel. Allí participó, junto al líder del MSR Juan Antonio Llopart, en una conferencia en el hotel Golden Tulip que fue cubierta por la televisión chií Al Manar, propiedad de Hezbollah, y que todavía hoy mantiene en su web.

vox barcelona
Jordi de la Fuente en una conferencia en el hotel Golden Tulip de Líbano. WEB AL MANAR

Mientras, el MSR promovía campañas en España contra la inmigración y el islam e invitaba a los principales líderes islamófobos de Europa a sus actos. La organización formaba parte entonces de la Alianza Europea de Movimientos Nacionales (AENM), una plataforma de partidos de extrema derecha europeos, entre los que destacan los nazis JOBBIK de Hungría, Amanecer Dorado de Grecia, British National Party (BNP) del Reino Unido, el Partido Nacional Demócrata Sueco, la Fiamma Tricolore italiana, o el Vlaams Belang de Bélgica. Todos ellos con un marcado discurso islamófobo.

Partidos como el MSR, del que formaba parte Jordi de la Fuente, son los principales difusores de discursos de odio contra el mundo musulmán. Para ello, siguen las mismas técnicas que el clásico antisemitismo de la extrema derecha. 

Y es ahí donde se produce otra ‘aparente contradicción’. Los lazos de Vox con el sionismo son bien conocidos. Uno de sus ideólogos, Rafael Bardají, preside la Friends of Israel Initiative, un think tank pro-israelí al que también pertenecen Aznar y Casado. De hecho, son numerosas las alusiones que el partido de Abascal ha hecho a Israel, así como los elogios que este partido ha recibido de organizaciones sionistas como ACOM, o de Eli Hazan, director de asuntos extranjeros del Likud, el partido de Netanyahu. 

De la Fuente también ha participado en varios actos de apoyo al Partido Social Nacionalista de Siria en el Líbano dando apoyo al régimen de Bassar al Assad, un apoyo que entra en contradicción directa con los financiadores iraníes de VOX del Consejo Nacional de Resistencia Iraní, que pagó durante ocho meses los sueldos de Santiago Abascal e Iván Espinosa de los Monteros, según informó El País

Una vieja estrategia  

La estrategia neonazi de establecer vínculos estratégicos con musulmanes simulando compartir sus causas no es original. Es la misma que usó el NSDP (el partido nazi alemán) cuando se reunió en noviembre de 1941 con el Gran Muftí de Jerusalem, Muhammad Amin al-Husayni. 

De la alianza entre Adolf Hitler y Amin al-Husainy surgió una División de las SS llamada Handschar formada gracias al reclutamiento de musulmanes bosnios y albaneses para luchar contra los partisanos yugoslavos. 

Las filias nazis de Jordi de la Fuente son conocidas desde hace muchos años por los colectivos antifascistas. En plena campaña electoral en Catalunya en 2019, reaparecieron los fantasmas del pasado del asesor de Garriga cuandoMireia Vehí hizo alusión a este en el debate electoral de noviembre de 2019.

Ahora, lamarea.com ha tenido acceso a un vídeo en el que el actual asesor del candidato de VOX a presidir la Generalitat hace el saludo fascista durante un concierto celebrado en Madrid en el año 2013. En la actuación del grupo nazi Gang Calavera puede verse [a partir del minuto 00.50] cómo De la Fuente levanta el brazo mientras se oyen los cánticos de “Duce, Duce, Duce’ en referencia al dictador italiano Benito Mussolini. 

Jordi de la Fuente es además muy próximo a Alejandro Fernández, un antiguo miembro de MSR que acompaña al actual miembro de VOX en algunos mítines de campaña, como el pasado 31 de enero en Sabadell, tal y como identificaron grupos antifascistas. Fernández es un conocido militante neonazi que, entre otras gestas, acudió a homenajes a Rudolf Hess en Wunsiedel (Alemania) y se ha reunido con el negacionista del Holocausto y ex líder del BNP británico Nick Griffin

Desde lamarea.com nos hemos puesto en contacto con Jordi de la Fuente y con prensa de VOX por diversos medios para intentar recabar su versión sobre los hechos que se muestran, pero no hemos recibido ningún tipo de respuesta

En la actualidad, Jordi de la Fuente se enfrenta a un juicio por haber promovido una manifestación xenófoba sobre un hogar de menores tutelados en Barcelona por el que le piden dos años de cárcel por delito de odio. 

El peligro es haber permitido la institucionalización del odio

“Lo de EEUU es solo un aviso. Pero ni es el primero ni será el último. Quien tiene capacidad para hacer algo para evitarlo, debería hacerlo”, reflexiona Miquel Ramos.

Miquel Ramos – La Marea 8 de enero 2021

Entre risas, bromas y fotomontajes, una de las imágenes más comentadas tras el asalto al Capitolio ha sido la de un hombre disfrazado de no sabemos qué. Se trata de Jake Angeli, conocido en redes sociales como Q-Shaman, un aspirante a actor y fiel seguidor de Trump, y uno de los propagandistas de las teorías conspiranoicas ultraderechistas de QAnon. Según los seguidores de esta teoría, hay una conspiración de pedófilos y adoradores de Satán que gobiernan el mundo que tienen como objetivo evitar que Trump vuelva a gobernar. Y, para ello, habrían amañado las elecciones y dado la victoria a Joe Biden. Bajo esta imagen caricaturesca se presenta varias veces y desde hace tiempo la extrema derecha.

Esta teoría, que puede parecer una majadería, es una de tantas otras que circulan por los entornos ultraderechistas del planeta. Hace unos días, Cuarto Milenio dedicó uno de sus programas al fenómeno migratorio a raíz de la llegada de varias personas migrantes a Canarias. Con el título Las sombras de la crisis migratoria, el programa explicaba en la web de la cadena que Iker Jiménez analizaría con sus colaboradores “los intereses profundos y oscuros que hay detrás de todas las crisis migratorias: inmigración, mafias y lo que no se cuenta sobre estas situaciones como la que se está viviendo en la actualidad en Canarias”. Más allá del halo misterioso con el que envuelve este programa cualquier tema que no tenga fantasmas ni ovnis, tan solo el marco con el que fue anunciado ya indicaba por dónde iban los tiros. 

No era la primera vez que el programa explicaba otra de las teorías habituales de la extrema derecha, el Plan Kalergi. Esta idea, promocionada por el neonazi y negacionista del Holocausto Gerd Honsik, defiende que existe un plan oculto para debilitar la raza blanca a través del mestizaje que provoca la migración, y conseguir así mano de obra barata y seres humanos más débiles. El periodista Antonio Maestre ya lo advirtió el pasado abril, cuando Iker Jiménez volvió a poner esta teoría en la escaleta. Y avisaba: “Cuando el mundo de la conspiración se mete en política acaba convirtiéndose en caldo de cultivo de mensajes tóxicos y peligrosos’. Esa teoría y otras parecidas son el combustible necesario para prender una enorme hoguera de consecuencias imprevisibles. Esta vez, además del Plan Kalergi, el programa habló de la Teoría del Gran Reemplazo. Esta advierte de otro plan oculto para desplazar demográfica y culturalmente a la población europea a través de la inmigración, sobre todo la de personas musulmanas, que acabarían instalando la sharia en el viejo continente. Neonazis celebraban en varios foros que sus ideas habían llegado a ser presentadas en prime time. También lo hicieron los negacionistas de la COVID y conspiranoicos varios cuando el programa ofreció versiones alternativas sobre el origen del virus. Los principales voceros de la ultraderecha reivindicaban el programa como ariete contra la ‘corrección política’ o el ‘marxismo cultural’. 

En marzo de 2019, Brenton Tarrant empezó a emitir en directo en su cuenta de Facebook cómo sacaba de su maletero varias armas de fuego automáticas. Se dirigió hacia la mezquita de Al Noor, en Christchurch (Nueva Zelanda), y empezó a disparar a los presentes. 51 personas fueron asesinadas y 49 heridas. Publicó en sus redes la Teoría del Gran Reemplazo y reivindicó orgulloso su acción para salvar a su pueblo de la islamización. Tarrant no fue el único que esgrimió estos argumentos para cometer una masacre.

En julio de 2019, expliqué en otro articulo para La Marea cómo había evolucionado el terrorismo de extrema derecha, considerado ya por los expertos una de las principales amenazas para la seguridad y la democracia en Europa y Estados Unidos. ¿Qué ideas y teorías compartían todos los terroristas que habían cometido estas masacres? Pues el Plan Kalergi, la Teoría del Gran Reemplazo y otras variantes que hablan de poderes ocultos que promueven la inmigración, el comunismo, el globalismo y el sometimiento del hombre blanco. Luego, algunos añaden como cómplices a la izquierda, al feminismo, al colectivo LGTBI, a los colectivos antirracistas, a las ONG, a George Soros y hasta a Greta Thumberg. 

Esto no es un simple bulo que una agencia de verificación desmonta en un tuit. Estas ideas se extienden más de lo que parece disfrazadas con otra retórica menos conspiranoica, pero con el mismo combustible. Las llamadas a la defensa de la civilización occidental frente a la contaminación de culturas ajenas, o la supuesta progresiva pérdida de derechos por parte de los autóctonos a causa de la migración son algunos de los mantras de la ultraderecha. El acoso que sufre el hombre por parte del feminismo o la amenaza para la libertad de expresión que supone la dictadura progre son también habituales en varios países. El victimismo del privilegiado es el comodín habitual de la derecha. Cuando un colectivo gana derechos, los históricamente privilegiados se ven amenazados. Es el temor del rey y de sus señores feudales a sus plebeyos. Del gran capitalista a la organización de los obreros. O de los colonizadores a la rebelión de los colonizados. 

Trump no aceptó el resultado de las elecciones. Lleva días echando gasolina por todo el país denunciando que le han robado los votos. Alimentando en cada mitin todos los relatos conspiranoicos que circulan por redes sobre el complot para acabar con él y regalar el país a los comunistas. Lo del Capitolio, escuchando a Trump varios días atrás, era más que previsible. No el asalto –inexplicable la falta de seguridad–, sino la ira de sus seguidores. Y muchos de estos son miembros de grupos de odio, de milicias armadas de extrema derecha, o fanáticos capaces de cualquier cosa. Como de asaltar su propio símbolo de la democracia. Algunos eran conocidos supremacistas, a los que Trump ya había hecho más de un guiño en anteriores ocasiones; otros lucían sin vergüenza sudaderas reivindicando Auschwitz o simbología ultraderechista.  Aun así, algunos propagandistas de extrema derecha y seguidores de Trump dudaron del rédito de la acción, y trataron de acusar a los antifascistas de los hechos. Un ataque de falsa bandera, decían. Otra conspiración. Otra fake new contra Trump. Sin embargo, los canales de difusión de los principales grupos neonazis del país reivindicaban la acción y aseguraban que se trataba del “principio de la revolución blanca”. 

Aquí, esa dictadura comunista de la que habla Trump y las supuestas fake news que tratan de derrocarlo están cada día en boca de ciertos políticos y periodistas, que consideran también al gobierno de Sánchez y Podemos ilegítimo, y que son víctimas de los medios de comunicación. Señalan al Gobierno como responsable de las decenas de miles de muertes por un virus. Y, además, tienen un plan oculto para llenar la península de migrantes, a quienes ofrece todo tipo de privilegios ante los españoles de bien. Existen miles de artículos de prensa y de webs con apariencia de medio de comunicación que insisten en estos y otros mantras habituales de la ultraderecha. Y muchos otros medios convencionales que tan solo sirven de altavoz de estas teorías y discursos de odio por considerar que el click que generará la indignación ya lo merece. 

No sabemos desde cuándo hemos aprendido a convivir con el odio y la mentira. Hemos aceptado el racismo, el machismo y la homofobia como una opinión respetable más. Hemos permitido que niños que viven en nuestro país sin padres ni madres sean señalados como culpables de mil delitos por ser de otro país. O que hay personas que no merecen tener derechos. El peligro no es que un fanático se inmole un día o que una manifestación se desborde. El peligro real es que hemos permitido institucionalizar el odio y la mentira. Que vemos cada día personas muriéndose en el mar tratando de llegar a Europa mientras comemos pipas desde el sofá. Que haya militares cantando himnos nazis en los cuarteles y que sus superiores, que un día posan junto al rey, al día siguiente estén llamando a un golpe de Estado y a exterminar a 26 millones de personas. O que asistimos a la toma del Capitolio en directo mientras hacemos memes con el señor que lleva una piel de búfalo sobre su torso desnudo, como si fuese una serie más de cualquier plataforma digital a la que estamos suscritos. 

No es justo, ante todo esto, descargar toda la responsabilidad sobre la ciudadanía. El mismo Gobierno contra el que claman los ultraderechistas es incapaz de extirpar el fascismo incrustado en sus instituciones, o de controlar a unas fuerzas del orden que usan guantes de seda con la extrema derecha y balas de goma con los que piden más derechos humanos. Los medios de comunicación que se escandalizan por la toma del Capitolio y hoy hacen reportajes y artículos retratando a los trumpistas, sientan en sus platós y dan tribuna cada día a sus homólogos españoles. Y cuando no, ya se encargan ellos de difundir sus mismos temas: okupas, menas, moros, bolivarianos y sediciosos. 

Lo de EEUU es solo un aviso. Pero ni es el primero ni será el último. Quien tiene capacidad para hacer algo para evitarlo, debería hacerlo. Cuanto mayor poder se tiene, mayor es la responsabilidad. Si convocas una cabalgata en plena pandemia, no esperes que la gente no acuda y luego le eches la culpa por venir. No la convoques. Si no quieres que los fascistas se crean con el derecho a derrumbar al Gobierno de turno, que unos militares, varios políticos y algunos periodistas lo llaman ilegítimo, no los ayudes a difundir ese mantra. Y si no quieres que tus propios militares te entierren en una cuneta, a ti y a medio país, expúlsalos ya. La cobardía no es una opción para quien tiene el deber de procurar por el bienestar y la vida de todos. 

Revuelta en USA: Entrevista a Mark Bray, autor del libro ‘Antifa’

Conectamos con Nueva Jersey (USA) para hablar sobre las protestas por el asesinato de George Floyd con Mark Bray, autor del libro ‘Antifa’ (Capitán Swing, 2019). El periodista Miquel Ramos inagura el ciclo #LMAntifascista, que contará con varios articulos, entrevistas y recomendaciones

¿Cuándo nos tomaremos en serio el terrorismo ultraderechista?

MIQUEL RAMOS (PERIODISTA) y MIGUEL URBÁN (EURODIPUTADO) – 22.02.2020

El pasado miércoles 19 de febrero, un atentado ultraderechista en dos bares frecuentados mayoritariamente por población migrante se cobraba once muertes en la ciudad alemana de Hanau. Una vez más se reproducía un ya macabro modus operandi del terrorismo ultraderechista, manifiesto y vídeo trufado de estereotipos racistas, xenófobos y teorías de la conspiración; y atentado. Una dinámica demasiadas veces repetidas y que tuvo el 22 de julio de 2011 su punto de inflexión cuando una bomba estallaba en el centro político de Oslo, causando al menos cinco muertos. Dos horas más tarde, un hombre armado mataba a sangre fría a decenas de jóvenes que se encontraban en la isla de Utoya en un campamento de la Liga de Jóvenes Trabajadores, en lo que ha sido el atentado ultraderechista mas mortífero de Europa hasta el momento.

A pesar de que las primeras noticias especularon sobre la autoría yihadista del doble atentado, el asesino confeso de los jóvenes de Utoya y autor de la bomba de Oslo, fue Anders Behring Breivik, exmilitante del Partido del Progreso Noruego, una de las pujantes formaciones europeas de extrema derecha islamofóbica. Una vez confirmada la autoría, la prensa intentó mostrar a Breivik como simplemente un maníaco asesino, pero era mucho más, tenía un ideario político xenófobo, racista antiinmigración, alentado desde hace años por una parte del arco parlamentario noruego representado por el Partido del Progreso. Una ultraderecha también con un importante eco en el resto de los países escandinavos: Partido de los Auténticos Finlandeses, Partido Popular Danés y Partido Demócratas de Suecia, que han hecho de la Islamofobia, el rechazo a la inmigración y de una especie de “chovinismo del bienestar” sus banderas y sobre lo que han sustentado unos magníficos resultados electorales en la ultima década.

En demasiadas ocasiones comprobamos como policías, autoridades y prensa intentan sepultar las motivaciones políticas de los atentados de la ultraderecha como la obra de un loco. Se prefiere “psiquiatrizar lo ocurrido” antes que revisar por ejemplo como Breivik fue un militante activo y dirigente local hasta 2006 del Partido del Progreso que llego a ser la segunda fuerza política de Noruega a base estigmatizar a la población migrante, en especial a la musulmana. O como Luca Triaini, que en 2018 hirió de bala a seis migrantes en un atentado ultraderechista, fue candidato municipal de la xenófoba Liga Norte italiana solo un año antes. Aunque los datos en Alemania son los más alarmantes de todos, en donde la extrema derecha ha cometido 10.105 actos violentos en la ultima década y 83 asesinatos desde 1990, cinco veces más que el terrorismo yihadista en el mismo periodo. En un momento en el que por primera vez la extrema derecha ha conseguido entrar en el Bundestag desde el final de la II Guerra Mundial.

La extrema derecha lleva tiempo construyendo un nuevo relato con las mismas y viejas formas de siempre contra determinados colectivos. Si durante principios de siglo XX se esgrimió la supuesta conspiración judía para acabar con la raza blanca y dominar el mundo, hoy impregna el ideario ultraderechista la Teoría del Gran Reemplazo y sus variantes, que advierten del supuesto plan de islamizar Europa y sustituir a su población por personas migrantes. Esta idea coreada al unísono por la ultraderecha occidental fue la que motivó tanto la masacre de Breivik en Noruega hace ocho años, como la de Christchurch (Nueva Zelanda) el año pasado, que se saldó con 51 musulmanes ejecutados en una mezquita. El pasado miércoles, de nuevo, la elección de dos locales de shisha responde también a la motivación islamófoba, casualmente pocos días después de que la policía alemana detuviera a más de una decena de neonazis armados que planeaban asaltar armados varias mezquitas.

No se puede negar que el odio racista es hoy una de las principales amenazas ya no solo para la seguridad sino para las mismas democracias. Diversos analistas expertos en terrorismo e inteligencia llevan tiempo advirtiendo de la creciente amenaza supremacista, situándola incluso por encima del terrorismo islamista que ha sacudido en diversas ocasiones Europa, pero que la mayoría de víctimas que se ha cobrado han sido musulmanas, y fuera de nuestras fronteras. Atronador silencio de los islamófobos cuando además se les recuerda que han sido los mismos musulmanes, los sirios, kurdos, palestinos, libaneses e iraquíes, quienes han derrotado al ISIS y a Al Qaeda en su propia casa.

El antisemitismo, la islamofobia, el odio y la persecución a las personas gitanas que perdura en Europa y que pocas veces trasciende, continúan instalados en una Europa temerosa de sus propios demonios, de una ultraderecha que nunca fue derrotada y que supo sobrevivir en las grietas de la democracia, y que hoy marca las agendas políticas y mediáticas.

Las redes sociales y demasiadas veces los medios de comunicación convencionales están sirviendo como altavoz de los odios y los prejuicios de la ultraderecha más crecida y más poderosa desde hace décadas. La impunidad con la que se diseminan los discursos de odio en las redes y la normalización de estos en la política y en la sociedad, que ha aceptado como ‘una opinión legítima como cualquier otra’ el odio a determinados colectivos, provoca que cada vez más fanáticos tomen la iniciativa y actúen por su cuenta para salvar a Occidente del peligro, ya sea asesinando a personas migrantes, poniendo bombas en centros de menores, atacando poblados gitanos, asesinando feministas y personas LGTBI, o a judíos y musulmanes. Pero también a quienes consideran colaboradores de la supuesta pérdida de privilegios del hombre blanco occidental y heterosexual. Es decir, a los que nos acusan de ‘buenistas’, de ‘políticamente correctos’, de ‘feminazis’, de llevar los derechos humanos como bandera. Por eso, Breivik asesinó a 69 adolescentes noruegos del Partido Socialista. Por eso asesinaron a Jo Cox, la diputada laborista inglesa defensora de las personas migrantes. Y por eso fue asesinado el político cristiano-demócrata Walter Lübcke, por defender las políticas de asilo en Alemania.

Desde luego no creemos que los partidos de extrema derecha asuman la gran parte de responsabilidad que les corresponde por llevar años echando gasolina ideológica sobre el odio al “extranjero”, al “diferente”, por alentar una imagen estigmatizada de la migración, como invasores, como delincuentes… de hecho hemos visto como en demasiadas ocasiones han banalizado o incluso hasta han justificado algunos atentados. Pero tampoco creo que los “responsables” partidos del sistema asuman su culpa por adaptar sus discursos y políticas públicas a los dictados de una ultraderecha en ascenso, asumiendo una buena parte de sus postulados, legitimando ante la opinión pública europea el ascenso de la xenofobia, la islamofobia y el racismo. Seguramente todos estos partidos estarán de acuerdo en que es mejor “psiquiatrizar lo ocurrido”, considerar los atentados como la pesadilla de un loco, antes que enfrentarse a la dura tarea de analizar las motivaciones políticas de esta tragedia y razonar sus propias responsabilidades. Pero no lo olvidemos, la extrema derecha, como ya demostró hace ochenta años, tiene vagones de tren y estrellas de todos los colores para las solapas de todos y todas nosotras.