La inteligencia británica alerta de que grupos terroristas de extrema derecha se infiltran en la Policía y las Fuerzas Armadas 

Un informe recién publicado de la comisión de inteligencia y seguridad del Parlamento británico advierte del incremento de la amenaza terrorista ultraderechista y exige más medios.

Miquel Ramos – La Marea 14 julio 2022

La comisión de inteligencia del Parlamento de Gran Bretaña ha presentado esta semana un informe en el que se analiza el incremento de la amenaza terrorista de la extrema derecha, a la que, afirman, se le presta poca atención y exige muchos más recursos. 

El parlamentario conservador Julian Lewis, presidente de la citada comisión, alertó de que la amenaza del terrorismo de extrema derecha va en aumento, con personas que a menudo buscan unirse a las Fuerzas Armadas y grupos que tratan de reclutar adeptos dentro del Ejército. Asimismo, agregó que existía un «riesgo similar» por la «amenaza interna en relación con la Policía», citando problemas en torno al proceso de investigación de antecedentes para los candidatos que buscan unirse a la policía y la falta de verificaciones de antecedentes adecuadas. El informe cita varios casos de oficiales de policía y militares investigados por sus relaciones con grupos neonazis, gracias a las investigaciones de varios periodistas, como los que llevan a cabo la campaña y la revista de investigación antifascista Hope Not Hate

Y no es la única vez que se alerta de ello. Otro informe del Instituto de Relaciones Raciales (IRR) avisa de que la policía de Reino Unido y de toda Europa están sufriendo una “cultura del extremismo” cada vez mayor, y advierte sobre un aumento de agentes que comparten contenido racista y de extrema derecha en línea. En Francia, por ejemplo, el 81% de los gendarmes declararon que votarían por Marine Le Pen, según recoge The Guardian.

Una de las demandas para afrontar estos nuevos retos es el incremento de los medios para que los servicios secretos investiguen a estos grupos. Lewis se mostró «seriamente preocupado» por su limitada capacidad para asumir la responsabilidad de investigarlos «sin ningún tipo de recursos proporcionales” para abordar la «amenaza cada vez más compleja» que representan los grupos terroristas de extrema derecha. 

La investigación alerta de que el material en Internet de estos grupos parece ser más difícil de abordar que la propaganda del terrorismo islamista, tal vez, apuntan, debido a la mayor falta de comprensión de la amenaza de la extrema derecha por parte de los gobiernos occidentales, y las preocupaciones con respecto a la libertad de expresión, uno de los principales motivos por los que la difusión del discurso de odio en redes sigue siendo demasiadas veces impune. 

El informe explica la evolución del terrorismo fascista desde los años 30 del siglo pasado hasta hoy: compara varios periodos recientes e insiste en que “la probabilidad de un ataque terrorista de extrema derecha» en el Reino Unido se evalúa como «una posibilidad realista», igual que “los actores solitarios presentan el mayor riesgo”. En el presente, insisten, “el fuerte aumento de material en línea que promueve la ideología de extrema derecha ha amplificado el proceso de radicalización. Ya no es necesario el contacto de la vida real, o que las personas asistan a reuniones o eventos para ser reclutados». 

En el documento se detallan también las conexiones entre grupos neonazis y fascistas de varios países y se recopilan los atentados más recientes para explicar que se trata de un fenómeno global e interconectado. Según esta investigación, y en comparación con los años anteriores, los terroristas de extrema derecha “son más reactivos a eventos externos; en parte impulsado por un mayor enfoque en las políticas contra la inmigración a nivel mundial y los ataques terroristas islamistas de 2017”. Asimismo, remarcan que “sigue habiendo una ausencia de un liderazgo carismático prominente”, pero, sin embargo, consideran que esto ahora es menos relevante debido a la creciente influencia de las plataformas en línea. 

El informe subraya la importancia de haber ilegalizado al grupo neonazi National Action en 2016 para disuadir a otros potenciales grupos y activistas neonazis de emprender acciones violentas. En este sentido, destacan varios atentados frustrados como el intento de asesinato de la diputada laborista Rosie Cooper y de un oficial de policía en 2017, el atentado contra una mezquita en Londres en 2019 o contra un despacho de abogados especializado en derechos humanos y migraciones en 2020. 

Sobre las conexiones internacionales, el informe advierte de que “no existe un proceso para controlar a las personas que han viajado al extranjero con fines relacionados con el terrorismo de extrema derecha y han regresado al Reino Unido”, como sí ocurre con los combatientes islamistas, por ejemplo. Por esto, inciden en que existe una gran posibilidad de que “estos combatientes extranjeros que regresan se habrán radicalizado aún más y desarrollado conexiones con otros que comparten su ideología de extrema derecha”. Aunque no alude directamente a la guerra en Ucrania (hay partes del informe público a las que no se puede acceder), hace años que los servicios secretos de varios países alertan del peregrinaje de activistas neonazis tanto a Rusia como a Ucrania para establecer contactos e incluso participar en grupos armados. En este mismo sentido alertaba el digital The Interceipt hace escasamente dos semanas, cuando informaba sobre la presencia de militantes del grupo nazi Misanthropic Division en Ucrania.  

Finalmente, también se citan las vinculaciones de los grupos de extrema derecha con las movilizaciones durante la pandemia contra las medidas sanitarias, alimentados además por las teorías conspirativas que han hecho proliferar estos y otros grupos en Internet. 

El Índice Global de Terrorismo 2020, publicado por el Instituto para la Economía y la Paz presentado a finales de noviembre de 2020, reflejaba que 89 de las 108 muertes en atentado registradas en 2019 en Occidente fueron llevadas a cabo por ultraderechistas. En total, hasta 2020, y según este organismo, el terrorismo ultraderechista se estima que habría crecido un 320% en todo el mundo. 

No obstante, según explicó el eurodiputado Miguel Urbán, el informe de Europol presentado en aquellas fechas en el Parlamento Europeo por el guardia civil y director del Centro Europeo contra el Terrorismo (ECTC), Manuel Navarrete, sobre actividad terrorista en la UE no citaba “los casos sucedidos recientemente en el Estado, como los dos ataques terroristas de carácter xenófobo contra centros de menores no acompañados, la detención de un francotirador que amenazaba con asesinar al presidente del Gobierno español en un chat o el desmantelamiento de un taller clandestino para la fabricación de artefactos explosivos donde se incautaron de diferentes tipos de explosivos y veintiséis armas de fuego».

No son las cloacas, son los cimientos

Las informaciones reveladas estos días por Crónica Libre y lo que vienen contando varios medios desde hace tiempo sobre la forma de actuar de algunos policías, políticos y periodistas son solo pequeñas muestras de cómo funciona todo. Queremos creer que es una anécdota, cosa de cuatro personajes, porque asumir que esto funciona así, a gran escala, duele. Pero es así. Es lo que se cuece entre bambalinas día tras día, aunque no haya nadie grabando “No son las cloacas, son los cimientos”, escribía ayer mi amigo Benjamín en Twitter. Porque para que todo esto sea posible e impune, estas formas de actuar y de incidir en asuntos públicos, es lo que permite que la estructura permanezca inalterable. Que nadie, ni la voluntad popular, mueva nada. Conservar sus privilegios a toda costa y seguir con sus juegos de trileros decidiendo a quién encumbran y a quién defenestran.

Esto no empezó con la guerra sucia contra Podemos. Ejemplos anteriores tenemos para parar un tren. Aunque con esta guerra en particular se haya podido ver cómo funciona la cloaca, gracias en parte a los altavoces con los que cuenta un partido que, a pesar de todo, forma parte del gobierno, hay muchos otros casos que han sucedido con anterioridad y a los que muy poca gente prestó atención porque las víctimas no tenían ni el entorno ni la publicidad de la que sí goza un partido político. El hecho, por ejemplo, que el Juzgado de Primera Instancia número 84 de Madrid llegara a señalar que el bulo contra Iglesias era “veraz” y había sido contrastado con “fuentes policiales”, demuestra que las “fuentes policiales”, y por extensión, las decisiones judiciales, deben ponerse más de una vez en cuarentena. Esto, además, le costó al exvicepresidente, 30.000€ en costas por este juicio. Hoy se demuestra que Pablo Iglesias tenía razón, pero nadie le va a devolver esos 30.000€ ni va a resarcir el daño que causó esa desinformación a su partido, a las puertas de unas elecciones generales. Un daño que, como apuntó anteayer en La Base, es en realidad a la propia democracia, pues querer influir en unas elecciones con mentiras, sirviéndose de múltiples cómplices, es un atentado contra cualquier sistema que se considere democrático.

Justo esta semana, y aprovechando el revuelo, alguien decidió estrenarse en Twitter: “A estas alturas a nadie le debería sorprender que exista una simbiosis de putrefacción entre agentes de la autoridad, propagandistas y políticos profesionales”, decía en hilo Alfonso Fernández, ‘Alfon’, un joven vallecano que estuvo varios años en prisión acusado de un delito que él siempre negó, y cuyo juicio estuvo plagado de irregularidades. También pidieron la vez los independentistas vascos y catalanes, activistas de varios movimientos sociales de izquierdas de todo el Estado, y periodistas de diversos medios, que quisieron recordar que las cloacas llevan funcionando desde siempre. Como decía Benjamín, insisto, forman parte del Estado. Recuerden Pegasus. Aquí no ha pasado nada y ya nos hemos olvidado.

Si lo han hecho con una parte del Gobierno, ¿cómo no lo iban a hacer con activistas y movimientos sociales? A Alfon se le sumó Javitxu, uno de los seis antifascistas de Zaragoza condenados a siete años de prisión solo porque un policía dice que lo vio tirar una piedra. O a varios periodistas que denunciaron y testificaron sobre una agresión policial durante las cargas en el mitin de Vox en Vallecas, a los que la jueza ha imputado por supuesto falso testimonio. Casos hay de sobra, y no pretendo citarlos todos, pero quienes los hemos seguido y hemos denunciado las sombras que han planeado en muchos de estos, hoy nos sentimos un poco más respaldados por las evidencias de putrefacción que supuran estos días.

Pero en todos estos casos se está omitiendo una parte fundamental de la ecuación, a la que justo ayer apelaba directamente uno de los audios: “Margarita Robles está absolutamente a nuestro favor”, decía Mauricio Casals en un audio. La ministra de Defensa, ojo. De quien depende el CNI. Posteriormente, la conversación citaba al presidente del Gobierno: que le iban a dar cera a Pedro Sánchez, decían. Ni aun así espero que se pronuncien. Son esas cosas que suceden incluso dentro de un mismo partido, de un mismo gobierno, como el caso Ábalos, por citar un ejemplo, y que demuestran las cuchilladas y las deslealtades, las miserias y las conspiraciones que trascienden las supuestas camaraderías o intereses corporativos. No saldrán a dar explicaciones porque eso les obligaría a explicar demasiadas cosas, igual que lo de ‘los americanos’ que admitía Villarejo sobre la venta de información a una potencia extranjera cuando necesitaban pasta. O de la reunión de Dolores Delgado siendo Fiscal General del Estado y ex ministra de justicia, con Inda el mismo día que Villarejo salía de prisión. O sobre lo que contaba la periodista Patricia López en otra pieza que pasó relativamente desapercibida: que Villarejo contaba con un grupo de policías para hacer los informes falsos, que aún siguen en la UDEF. Es decir, policías compinchados con el comisario corrupto, siguen hoy en activo.

Marlaska debería ser uno de los primeros en dar la cara, pero acostumbrados nos tiene ya a negar la mayor desde mucho antes de ser ministro. Cuando era juez no veía las torturas que los detenidos denunciaban, y Estrasburgo condenó a España varias veces por ello. Hace unas semanas, tampoco vio, a pesar de las evidentes imágenes que publicó este medio, cómo agentes marroquíes cruzaban la frontera para apalear y llevarse de nuevo a Marruecos a varias personas migrantes, de las que más de treinta morirían. Todo bien resuelto, recuerden. La policía, igual que las Fuerzas Armadas, son intocables. Siempre lo hacen bien. Por eso, Marlaska sigue concediéndoles el regalo de la Ley Mordaza por la que tanto se calientan cuando pedimos su derogación.

Sin embargo, la picota está estos días en determinados políticos víctimas de esta trama, en los medios y en los periodistas que protagonizan este caso, así como en aquellos que se sientan en sus programas. Pero que no se olviden muchos otros casos de personas ajenas a partidos, y que esta apelación a la honestidad del periodismo venga acompañada también de un apoyo a aquellos medios que han demostrado su independencia y su esfuerzo por dar otro tipo de información, por atender no solo lo que afecta a los protagonistas habituales de ‘la política’, sino también a cualquiera que se mueve. Porque quienes no se creen el servicio público ni el derecho de la ciudadanía a recibir una información veraz no mirarán nunca por el bien común. Nunca, una empresa, ni una mafia, mira por el bien de todos.

Columna de opinión en Público, 13/07/2022

Entrevista sobre el libro ‘Antifascistas’ por Manuel Sollo en Biblioteca Pública (RNE)

El asesinato de un compañero por varios neonazis despertó la conciencia política de Miquel Ramos, valenciano de 1979. Desde entonces, en su doble condición de periodista y activista, ha investigado y difundido las estructuras y las actuaciones de estos grupos. Todo ese material integra “Antifascistas. Así se combatió a la extrema derecha española desde los años 90” (Capitán Swing). En más de 600 páginas, desmenuza los apoyos internacionales e institucionales de los colectivos fascistas y sus conexiones con sectores policiales, señala a sus líderes y da voz a las víctimas. Ramos reivindica la labor de militantes y periodistas que, casi en soledad, han denunciado la violencia ejercida por la ultraderecha y el peligro que supone su ascenso en España y gran parte de Europa, así como las distintas reacciones de sociedades y gobiernos. También analiza la diversidad, las diferencias y los condicionantes del propio movimiento Antifa, a menudo enredado en conflictos internos y más centrado en la resistencia que en las propuestas transformadoras. Aboga por integrar y colaborar con los diversos movimientos sociales que trabajan a favor de los derechos humanos.

La batalla por lo obvio

La conquista del sentido común es siempre imprescindible para conquistar el poder político. La hegemonía cultural de la que hablaba Gramsci, la pugna por lo obvio es un terreno de juego donde todo es posible y nada es para siempre. Desde que la ultraderecha descarnada consiguió sus escaños y pasó a formar parte del juego, venimos hablando de batallas culturales que tratan de presentarnos la negación de derechos como algo negociable en democracia, y nos hemos llevado las manos a la cabeza viendo cómo, derechos y consensos mínimos, eran dinamitados sin piedad, como la reciente regresión en los derechos de las mujeres en los EEUU con las leyes de interrupción del embarazo, o el paso firme hacia el posfascismo de países como Hungría o Polonia.

Advertir del problema que supone la normalización del odio que representa la ultraderecha no nos debe impedir ver cómo muchos de aquellos que la usan como espantajo son en realidad quienes mejor la rentabilizan. Por una parte, presentándose como el tapón que evite entrar a los ultras. Por otra, como bien dijo su líder Santiago Abascal en una entrevista reciente, “ya hemos logrado un cambio cultural en España y que a la izquierda ahora el PP le parezca centrado. Debates vetados ahora se tienen”.

Pero algo semejante se está librando mucho más allá de la derecha, y no ahora, sino desde hace demasiados años ya como para no verles el pelo.  A la derecha la ves venir, y cada vez más, pero la venta de lo obvio por parte de quienes se creen todavía de izquierdas es un drama que la clase trabajadora y los colectivos diversos que la conforman están pagando cada vez más caro.

Decía Pedro Sánchez que la OTAN es una garantía para la paz, que “pertenecer a la OTAN es fundamental para garantizar lo que somos, nuestro modo de vida, nuestra estabilidad y el futuro de las generaciones próximas”. No es la primera vez que se habla de ‘modo’ o ‘estilo de vida’ desde la fortaleza europea, y con decenas de cadáveres de personas que intentaban llegar, enterrados en una fosa común a escasa distancia de nuestra frontera. Ya lo hizo Borrell en 2019 cuando afirmó que la inmigración es el disolvente más grave que tiene hoy la Unión Europea”, mientras el mediterráneo se tragaba miles de personas que trataban de llegar a Europa. Nuestro estilo de vida permanece porque miles de negros y pobres mueren. Igual que hace 500 años.

Esto es en realidad una vuelta de tuerca más a eso obvio que decíamos al principio, ese sentido común cada vez más disputado y secuestrado por las necropolíticas neoliberales. El mismo año que Borrell vomitó citada estupidez, Ursula von der Leyen fue duramente criticada tras colocar bajo la vicepresidencia de Protección del estilo de vida Europeo comisarías relacionadas con la migración. “Unas fronteras fuertes y un nuevo comienzo en materia de migración” era el lema. “Toda persona tiene derecho a sentirse segura en su propio hogar”. “Fronteras exteriores fuertes”. “Proteger el estilo de vida europeo”. Todo bien junto. El marco de la extrema derecha, relacionando inseguridad con inmigración, y contraponiendo ‘estilo de vida europeo’ a personas migrantes.  Y entonces, Marine Le Pen se colgó la medalla: “Se ven obligados a reconocer que la inmigración plantea la cuestión de mantener nuestro modo de vida”, afirmó la ultraderechista. Por eso, las palabras de Pedro Sánchez, con los cadáveres de Melilla sobre la mesa y tras sus crueles e inhumanas declaraciones sobre lo ‘bien resuelto’ que estuvo el tema, no desentonan nada con las medallas que se pone la extrema derecha incluso cuando no participa.

Mientras, produce auténtica vergüenza ajena ver cómo los mandatarios de la OTAN y sus consortes son tratados como si fueran estrellas de Hollywood. Los medios hacen reportajes sobre las habitaciones de 18.000€ la noche en hoteles de lujo y sus comilonas obscenas. Y sobre el despliegue policial sin precedentes en Madrid, para mostrar al resto del mundo lo preparada y bien armada que está nuestra policía. Esto, no solo ha trastocado la vida diaria de los ciudadanos sino que está suponiendo un recorte en derechos y libertades para cualquiera, y más todavía para quien pretenda ejercer su legítimo derecho a la protesta, como hemos visto estos días anulando incluso el derecho de manifestación. Todo para que los amos del mundo se coman tranquilos sus ostras y decidan cuanto quitan de educación y sanidad para comprar misiles, barcos y aviones de guerra.

Jill, la esposa de Joe Biden, visitaba un centro de refugiados ucranianos para la típica foto caritativa que las estrellas y hasta los dictadores se hacen alguna vez con personas bien jodidas por algo. Creo que no fui el único que pensó que bien podría haber visitado en Melilla a los supervivientes de la masacre de este fin de semana. Y si es que le quedaba lejos, pásese usted por un CIE. En realidad, no hace falta, porque en su país hay también muros y alambres y cadáveres en las fronteras, como los hallados hoy en un camión abandonado en Texas, con los cuerpos de hasta cincuenta personas migrantes. Como en todos los países de la OTAN que hoy se muestran ante el mundo como los garantes de la paz y de los derechos humanos. La despensa de las vidas sin valor. Nuestro modo de vida.

Con este circo, cuya batuta siempre la llevan los EEUU, pretenden que aumentemos el gasto militar y nos sigamos subordinando a sus intereses haciéndonos creer que son también los nuestros. Todos apretando el culo a ver si dicen algo de Ceuta y Melilla y lo convierten en un asunto corporativo, así España pueda delegar parte de su responsabilidad como ya ha hecho con Marruecos (y la UE con Turquía) externalizando su frontera y dejando que sean sus gendarmes quienes maten a los negros que España y Europa no quiere ni ver. Incluso les permitimos cruzar un poco la frontera para que les den más leña y los devuelvan al otro lado del muro.

Hay que reconocer también el mérito de haber conseguido instaurar un relativo consenso, incluso en personas que se consideran progresistas, en el que quienes nos mantenemos firmes en nuestra defensa de los derechos humanos y nuestro rechazo a la Europa Fortaleza, a las guerras y a la militarización de la política somos tachados de ‘buenistas’ como poco. Defender el derecho humano a migrar, sus vidas y sus derechos, es hoy también ‘buenismo’, frente a la bandera de lo pragmático que sugiere que estas personas que huyen de las guerras y la pobreza se esperen en N’Djamena o en Trípoli a ver si sale alguna oferta en Infojobs para recoger fresas en Huelva. Seguro que desde allí pueden tramitar una solicitud de asilo o formalizar un contrato de trabajo.

La batalla por el relato es bien jodida si no peleas en igualdad de condiciones. Las élites ya se preocuparon desde el nacimiento del periodismo por comprar las principales cabeceras y repartirse los canales y las radiofrecuencias, controlando así casi la totalidad de la información. Lo obvio, a menudo, trasciende lo que la mayoría de los medios nos trata de imponer, pero cuesta mantenerse firme cuando la ofensiva es tan brutal. Quizás sea el tiempo el que nos muestre donde estaba la virtud entre tanto ruido, tanta sangre y tanta incertidumbre.

Hoy, defender la paz, oponerse a una organización imperialista como la OTAN (sin que eso implique justificar otros imperialismos como el ruso), y a los muros de Occidente es la posición más jodida, pero quizás la más coherente. Los abusos de otros matones no hacen bueno al matón de nuestro barrio. Pero esto es parte de la batalla por lo obvio. Y a algunos nos sigue resultando obvio defender los derechos humanos frente al odio, la guerra o las fronteras.

Columna de Miquel Ramos en Público, 29/06/2022