Orban no está solo: activistas y expertos alertan de una ola ultra que pondrá en riesgo los derechos LGTBI

“Todas las conquistas sociales están en riesgo, el problema es creernos que todo está ganado”, señala Miquel Ramos, autor del informe De los neocón a los neonazis. La derecha radical en el Estado español

Sabela Rodríguez – Infolibre 1 de julio 2021

El día en que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, atravesó las puertas de la Asamblea para iniciar su mandato al frente de la región, la líder madrileña de la ultraderecha, Rocío Monasterio, ultimaba su arsenal de exigencias. Los dardos iban dirigidos a objetivos muy concretos, lo que la portavoz parlamentaria calificó como leyes de género. Monasterio recuperaba así los ecos de un viejo fantasma, el de la amenaza a los derechos consolidados del colectivo LGTBI.

La aprobación de la Ley LGTBI este martes en el Consejo de Ministros ha afianzado esta oposición. El Partido Popular no ha descartado un recurso ante el Tribunal Constitucional y Vox ha tildado la norma de “aberración”. No es la primera vez que el partido de Santiago Abascal pone en jaque al colectivo, en ocasiones con la connivencia de sus socios conservadores. El ejemplo más paradigmático está en el veto parental en las escuelas, una herramienta que la formación se esfuerza en imponer de manera recurrente en comunidades como Andalucía, Madrid y Murcia, por el momento con éxito sólo en la tercera.

No hace falta ir muy lejos para encontrar otra andanada de la ultraderecha contra los derechos del colectivo: hace ahora tres años, poco antes de que Vox irrumpiera en las instituciones, el partido emitió un comunicado contra el Orgullo LGTBI. Lo recupera el periodista e investigador Miquel Ramos en su informe De los neocón a los neonazis. La derecha radical en el Estado español. La formación cargaba entonces contra la celebración al considerarla una “imposición ideológica”.

Tanto el propio Miquel Ramos como la periodista Nuria Alabao enmarcan la cruzada del partido ultra como parte de su “batalla cultural”. “Quieren romper esos consensos que creíamos asumidos, los derechos humanos, plantean una enmienda a toda esa normalización”, esgrime Ramos. La extrema derecha considera que “no todos los colectivos tienen derecho a tener derechos” y lo hace además negando la existencia de “desigualdades estructurales”. Lleva el negacionismo por bandera.

Europa y la alianza internacional

La amenaza de la ultraderecha resuena también en el continente europeo. Los frentes son prácticamente idénticos. Hungría acaba de dar luz verde a un proyecto de ley que prohíbe educar en la diversidad bajo el pretexto de combatir el fomento de la pedofilia. Este mismo martes, el grupo municipal de Vox en Madrid rechazó trasladar su apoyo a la ciudadanía húngara tras la aprobación de la normativa y sólo un día después, Santiago Abascal se puso una vez más al lado del líder húngaro: Viktor Orban ha defendido “a los homosexuales frente al comunismo” y en su país “pueden andar tranquilamente por la calle” debido a la ausencia de “inmigración fundamentalista”. En Polonia, el partido ultra en el poder, Ley y Justicia (PiS), ha embestido reiteradamente contra el colectivo: desde el año pasado varias regiones del país han llegado incluso a proclamarse “zonas libres de ideología LGTBI”.

A preguntas de este periódico, la organización ILGA Europe resalta un “estancamiento casi completo de los derechos de las personas LGTBI en toda Europa”, una situación “muy preocupante en un momento tan crítico”. Existe, señalan desde la entidad, un “incremento de la represión, un aumento de las desigualdades socio-económicas y la proliferación de los discursos de odio en toda la región“. Polonia y Hungría, alertan, “no son anomalías”.

La extrema derecha europea no está sólo en las instituciones, sino que se alimenta también de una constelación de organizaciones afines con gran proyección mediática. En España sus nombres están bien definidos: desde Hazte Oír hasta Abogados Cristianos. Los primeros han anunciado ya una “intensa campaña” para impedir que la Ley LGTBI salga adelante. “Existe una internacional reaccionaria y ultraconservadora” que se encarga de “financiar muchas campañas para llevar reivindicaciones al debate público y a la propia ley”, explica Ramos, quien advierte de que “el entramado es tal” que no basta con fijar la mirada en las formaciones políticas y sus representantes.

¿Derechos en riesgo?

Aunque la extrema derecha española se asemeja en sus planteamientos LGTBI a la que se asienta en el Este europeo, Nuria Alabao marca algunas distancias. “La realidad política es distinta. La sociedad húngara, por ejemplo, es mucho más conservadora y es esa base social la que puede apoyar medidas” como el proyecto educativo desplegado por Viktor Orban. Por ese motivo, descarta que se vaya a producir un retroceso real en los derechos ya consolidados en España. “Son conquistas asentadas” y existe un “sentido común mayoritario” que las blinda, estima. Recuerda que hace algo más de quince años, con la aprobación del matrimonio igualitario, sí se produjo una gran respuesta de “movimientos fundamentalistas católicos que se oponían”, pero esos mismos grupos “están hoy muy desmovilizados”, sostiene.

Miquel Ramos difiere. “Todas las conquistas sociales están en riesgo, el problema es creernos que todo está ganado“, arguye. El experto encuentra en la ofensiva húngara y polaca un espejo en el que mirarse. “Lo están consiguiendo en otros países y ya no es sólo la presión de partidos y organizaciones en el poder, sino también la falta de voluntad de quienes hoy en día sí tienen capacidad para blindar estos derechos y no lo están haciendo”.

En la misma línea se posiciona Fefa Vila, socióloga y activista.”Hay una reacción conservadora brutal” con la educación como “campo de batalla”. Y los últimos años han sido un caldo de cultivo hasta dar paso a un “momento de peligro”. El riesgo de que la extrema derecha se imponga es real y sus pasos son a veces sigilosos. “No hay que derogar la ley del matrimonio homosexual para generar homofobia”, razona la socióloga, “las instituciones son capaces de modular lo que es normal y lo que no” sin necesidad de cambiar las leyes. “Ninguna conquista es para siempre ni para todos”, esgrime. Las voces ultra, completa Ramos, son además “muy hábiles a la hora de hacer propaganda” y los medios de comunicación han “promocionado” su discurso, considerando que “es legítimo querer abolir los derechos humanos”.

Pasos hacia atrás

Haber “normalizado” el discurso ultra tiene consecuencias en la vida de las personas. Para Javier Sáez del Álamo, el retroceso en los últimos años es evidente. En parte, dice en conversación con este diario, gracias a que “Ciudadanos y el Partido Popular han introducido a Vox en las instituciones y eso ha permitido normalizar discursos homófobos sin ningún pudor“. Con el paso de los años, estima, se ha caminado, con paso sutil pero firme, hacia un “blanqueamiento de la extrema derecha”. Sus postulados no sólo son “comunes”, sino también, lo que resulta más inquietante, “tolerables”.

Consecuencia: la homofobia comenzaría a estar “legitimada” y las cifras así lo sugieren. En su último informe de 2019, el Ministerio del Interior contabiliza 278 delitos de odio motivados por la orientación sexual y la identidad de género. Entre 2013 y 2015 este tipo de delitos experimentaron un descenso progresivo, pero desde 2016 la tendencia se ha invertido. Una de las últimas agresiones tuvo lugar este mismo fin de semana en A Coruña, a las vísperas del Orgullo.

Archivan la denuncia a policías y mantienen la acusación a activistas heridos en un desahucio

La decisión judicial ignora, según el letrado de la defensa, el vídeo aportado a la causa, que muestra los hechos.

La Marea, 28 mayo 2021. Miquel Ramos

El juzgado de primera instancia nº 5 de Alcorcón (Madrid) ha archivado las denuncias de varios activistas por los golpes recibidos durante una carga policial posterior a la paralización del desahucio de una mujer y sus cuatro hijos en septiembre de 2019. No obstante, se mantiene la acusación contra tres personas que resultaron detenidas por haber, supuestamente, agredido a los agentes. 

Según las declaraciones de los agentes y de los cerrajeros que actuaron, a quienes los manifestantes identificaron como miembros de una empresa que se dedica a ejecutar desahucios, los activistas golpearon la furgoneta de estos y les impidieron el paso. Fue entonces cuando varios agentes de la Policía Nacional intercedieron y cargaron, lo que causó heridas a cinco personas y dos de ellas fueron detenidas. 

Vídeo en torno al desahucio

Esta decisión judicial ignora, según el letrado de la defensa, el vídeo aportado a la causa. Según consta en el recurso que ha presentado este abogado, “[en] el vídeo es tan evidente y objetivo lo que sucede que es difícil comprender el tenor del auto objeto del recurso”, y califica de “ciertamente sorprendente y frustrante” que el juzgado de instancia indique que la actuación de la Policía es proporcionada y en el ejercicio legítimo de su cargo, “además de anticipar el debate que debe quedar precluido al acto del juicio oral”. El letrado hace referencia a las lesiones de sus clientes, “de una claridad y brutalidad manifiesta”, para oponerse al archivo de la causa sobre las mismas.

La versión de los investigados es totalmente distinta, y se remonta a meses antes, cuando, según una de las activistas, varios de sus compañeros empezaron a recibir amenazas y coacciones por parte de varios miembros de una empresa de desahucios, tratando de intimidarlos. Según su denuncia, hombres corpulentos, con ropas negras y con actitud desafiante iban incluso a los domicilios de los miembros de los colectivos del barrio para advertirles que no se interpusieran ante los desahucios. 

Es por esto que, el día del desahucio fallido identificaron a varios de los supuestos “cerrajeros” como miembros de este grupo, explica una de las personas imputadas. “La Policía avisó a estos hombres y se retiran a una furgoneta que estaba enfrente de la convocatoria. Al pasar al lado de los manifestantes, empiezan a señalarles y a reírse de ellos antes de marcharse”, asegura. Los manifestantes, según su versión, les gritaron desde la distancia, ya que el dispositivo policial los separó desde el primer momento. 

Heridas por golpes

Según las personas investigadas, incluso se aportó a la causa un vídeo grabado desde dentro de dicha furgoneta donde se observa que los manifestantes están a cierta distancia. Aun así, los agentes, siempre de acuerdo con la versión de los manifestantes, empezaron a golpearles sin motivo alguno: “Uno de los policías propina un puñetazo en la cara a uno de los compañeros”, iniciando así la secuencia que recoge el vídeo, explica una de las personas heridas, que tuvo que ser atendida en el hospital por un golpe de porra en la cabeza que requirió siete grapas. 

Según el juez, el vídeo «no recoge el principio de los hechos que motivan la actuación policial, y en la que en todo caso se recoge cómo los agentes de la policía intentan que los manifestantes se retiren del lugar de los hechos”. 

Las dos personas detenidas durante los incidentes y una tercera son investigadas por un presunto delito de alteración del orden público, atentado agente de la autoridad y delito leve de lesiones. El abogado de la defensa ha presentado un recurso de apelación por vulneración de derechos fundamentales: “No existe prueba alguna de la comisión por mis representados de ilícito alguno; es más, de nuevo en los vídeos se acredita su nulo acometimiento frente a ningún agente, por lo que en este sentido sí debe decretarse el sobreseimiento libre de los mismos, por cuanto no existe ni prueba ni indicio alguno, puesto que el atestado redactado por los agentes es refutado de forma objetiva por los vídeos obrantes en la causa».

La impunitat de l’extrema dreta al País Valencià

El programa Zoom (À Punt) analitza les agressions i actes violents de l’extrema dreta valenciana, que la premsa ha recollit en els últims 50 anys. Entre les que figures morts; agressions; atacas a seus, locals i monuments; atemptats amb explosius, incendis i boicots

Raoul Peck: “Para ver ‘Exterminad a todos los salvajes’ debes dejar a un lado todos tus prejuicios”

La última obra del director haitiano es un puñetazo al estómago eurocentrista. La serie de la HBO narra la larga historia de conquista, explotación, esclavitud y genocidio protagonizada por el hombre blanco.

Miquel Ramos y Manuel Ligero 18 mayo 2021 – La Marea

La historia es fruto del poder. Es la historia de los vencedores. “Y está claro que esto debe ser cuestionado”, advierte la voz del narrador en los primeros minutos de Exterminad a todos los salvajes (2021). Esa voz es la de su guionista y director, Raoul Peck (Puerto Príncipe, 1953), que ha volcado en esta serie documental (producida y emitida por la cadena HBO) todo su conocimiento de las dinámicas coloniales, todo su compromiso político y toda su rabia antifascista. Y también su propia biografía.

Nominado al Oscar por I am not your negro (2016), la conmovedora semblanza del escritor y activista James Baldwin con la que ganó el BAFTA en Reino Unido y el César en Francia, Peck es autor de una extensa filmografía desde los años ochenta y ha impartido clases de cine por todo el mundo: Estados Unidos, Noruega, Líbano, Togo… Pero acudir a festivales y conferencias es para él cada día más difícil. Su pasaporte haitiano, que en otro tiempo le sirvió para ir a la mayor parte de países sin necesidad de visado, se encuentra cada vez con más obstáculos. Nacido en Haití, pasó su infancia entre Nueva York y el Congo recién liberado del yugo imperialista belga; residió en Francia durante su adolescencia y estudió Ingeniería Industrial, Ciencias Económicas y Cine en Berlín. Le han ofrecido muchas veces una segunda nacionalidad para acabar con sus problemas burocráticos. Siempre se ha negado. Es su forma de permanecer fiel a sus raíces, su ideología, su color de piel. Y su obra es prueba de ello, desde sus primeros documentales sobre Haití(donde fue ministro de Cultura) hasta los biopics El joven Karl Marx (2017) y Lumumba (2000).

Su cine, siempre militante, adquiere en los cuatro episodios de Exterminad a todos los salvajes una contundencia radical. El título, una frase extraída de la novela El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, remite a la larga historia de conquista, imperialismo, explotación, esclavitud y genocidio ejercida por el hombre blanco. El relato de Peck abarca los últimos 700 años de historia de la humanidad. Señala directamente al espectador europeo, nos sacude, nos pone frente al espejo, nos hace replantearnos nuestro confort (empapado en sangre indígena), nos conmina a mirar más allá de nuestra historia oficial. Desde el exterminio de los nativos americanos hasta el Holocausto. Desde la esclavitud hasta el auge de los actuales movimientos supremacistas. La serie, verdaderamente brutal en lo emocional, ha sido saludada por algunos críticos como “una obra maestra”.

En La Marea ansiábamos hablar con Peck no sólo por su filmografía y por su última obra, sino por su manera de contar la historia, por su apuesta por disputar el relato. Y también, claro, por obtener su diagnóstico sobre la actualidad. ¿De dónde salen estas nuevas formas de fascismo? ¿Por qué sufre la izquierda esta fragmentación, esta incapacidad por pelear la batalla cultural? ¿Y por qué asume (e incluso reivindica) el relato del poder, cuando eso contribuye a su propia condena? “Europa, sencillamente, está poniéndose al día. Sigue en ello. Y eso es un síntoma de la debilidad de la izquierda. Y es débil porque, en realidad, nunca tomó el poder”, nos explica Peck.

Una cosa es ganar las elecciones y otra tomar el poder.

Exactamente. Lo máximo que ha obtenido la izquierda es un puñado de gobiernos socialdemócratas. Esa disparidad entre gobierno y poder se vivió muy claramente en Francia cuando Mitterrand ganó las elecciones. Apenas dos años después cambió de directrices porque tenía demasiadas presiones externas y la economía estaba cayendo en picado. Básicamente colapsó, cedió. A partir de entonces, la mayoría de los partidos de izquierda se debilitaron. Y hoy podemos verlo todavía más claramente: la izquierda ha explotado. Queda la izquierda ecológica, que lo tiene más o menos claro, pero eso es todo.

¿Y cada intento de emancipación ha tenido su correctivo?

La historia que vivimos hoy tiene su origen en los años setenta, cuando una subcultura económica se vincula con el poder. Y el poder, en ese momento, iba de la mano del petróleo. Aquel fue un giro muy particular. Fue la época en la que un grupo de naciones dijo: “Vamos a decirles cuál es el precio de nuestro petróleo”. Eso es algo sin precedentes en la vida del capitalismo. Tengo la edad suficiente como para haber vivido el momento en el que, repentinamente, las industrias comenzaron a despedir trabajadores. En todas partes, incluso en los círculos académicos, se hablaba de “racionalización”. Y a esa presión se sumaba la intimidación a cualquier atisbo progresista. Se trataba casi de una “limpieza étnica intelectual”, del asalto a los sindicatos, del asalto a cualquier organización que no estuviera en el lado bueno en la guerra contra el comunismo, o contra cualquier otro “ismo” que no estuviera perfectamente previsto en la agenda. Yo mismo pude ver la deconstrucción de todo el progreso que se había ganado tras la Segunda Guerra Mundial, ya desde la era Kennedy, que también fue muy ideológica. Occidente, antes y ahora, se considera una civilización increíblemente democrática, pero al mismo tiempo apoya dictaduras en todas partes.

Hay cierto movimiento dentro de la izquierda occidental que piensa que las luchas antirracistas, decoloniales, feministas, LGTBI y lo que llaman “políticas de identidad” distraen de la verdadera lucha global que acabaría con todas esas opresiones, que es la lucha de clases. Usted tiene muchas películas sobre racismo pero también sobre el mismo Karl Marx. ¿Qué opina de esto?

Ah, eso no es nada nuevo. Forma parte de lo que yo llamo “izquierda holgazana”, la izquierda que no hace los deberes. Ya estaban con ese tema en Mayo del 68. Yo era muy joven, apenas un adolescente, pero recuerdo las discusiones que tenían las mujeres cuando decían: “Queremos participar en esta lucha, pero no sólo como marionetas. Tenemos nuestras propias reivindicaciones”. Y grandes voces de la izquierda respondían: “¡No, no! ¡Primero tenemos que solucionar esta contradicción central! Vuestra lucha concreta vendrá después. Después, todo lo demás se organizará solo”. Era algo así como decir: “Cuando seamos liberados, nos aseguraremos de que tengáis vuestra parte”. No funciona así. En contraposición a todo eso, me acuerdo del movimiento zapatista: allí estaban muy orgullosos de involucrar a las mujeres, a todo el mundo al mismo nivel. Eso sí que era un progreso.

Ahora mismo en Francia hay una gran discusión porque en determinados ámbitos, en sindicatos o en gremios de estudiantes, se han tolerado reuniones “no mixtas”. Es decir, reuniones, para temas específicos, de mujeres o de personas negras que no quieren que estén presentes hombres o personas blancas. Esto se ha considerado un escándalo. Se dice que es racista o sexista. En realidad, esa actitud lo único que demuestra es una gran ignorancia sobre estos movimientos. Salvando las distancias, es algo similar a Alcohólicos Anónimos. Esa organización nos puede servir de ejemplo. Ellos, si no están juntos no pueden hablar, no hablan de la misma manera. Necesitan encontrar la confianza en un círculo en el que se sientan cómodos, para poder tener discusiones reales. Todo el mundo lo entiende y nadie se escandaliza por ello. Pero eso es exactamente lo que está sucediendo. Todo sirve para la especulación política y para armar escándalo. No hay nadie que diga: “Calma, vamos a analizar el antes, el después y el porqué de todo esto. Aquí podemos aprender algo”.

Ahora que hablamos de Francia, precisamente allí, pero también en otros países europeos, es muy popular la teoría del “Gran Reemplazo”, ese supuesto plan de los inmigrantes y los musulmanes para conquistar Europa, junto con el ataque a los valores occidentales. ¿Qué opina del auge de este discurso?

Ni siquiera entro en eso. Refleja una enorme incultura. Darle espacio a eso sería como decir: “OK, comencemos la pelea”. En realidad, es una forma de eludir el problema real. Y eso es, precisamente, lo que yo le critico a la mayor parte de la prensa. Entrar ahí, rebajar el debate al nivel del típico troll de Internet, es fabricar el problema, crearlo artificialmente.

La propia historia de Europa es producto de una mezcla increíble. Hace poco leí en el New York Times un artículo sobre esas empresas que realizan análisis de ADN. Y había tipos de extrema derecha que decían con orgullo: “¡Guau, casi el 90% de mis orígenes son blancos!”. Pero después no pueden explicar que, en el fondo, vienen de África, como todo el mundo. Es un ejemplo de estupidez… Ese es el nivel de… ¿discusión? Ni siquiera puede calificarse de discusión. Y por eso no voy a perder el tiempo con eso.

Rodaje de 'Exterminad a todos los salvajes'

Algunos críticos dicen que en Exterminad a todos los salvajes usted sólo habla del genocidio y el colonialismo llevado a cabo por Occidente. Y señalan que en todas las culturas, en todas partes, en otros países, no sólo los blancos, también se perpetraron genocidios y se esclavizaron pueblos. ¿Qué le sugieren estas objeciones?

Esas críticas vienen normalmente de unos entornos muy particulares, ya me entiende, pero, en cualquier caso, no las evado. Es complicado contar una historia que abarca 700 años, y trato de hacerlo de la forma más amplia posible, pero tengo que asegurarme de poner el foco en el centro, en el meollo. Esas supuestas ausencias, o esas contradicciones, funcionarían como distracciones en el relato. Yo tengo que permanecer enfocado. Y el problema es que hay gente que está a la defensiva desde el principio, buscando esas objeciones.

Yo ya sabía que me harían ese tipo de críticas, pero no me parecen muy inteligentes. En primer lugar porque sí hablo de otros genocidios. Aparece Camboya, aparece Uganda, hay una lista de 41 genocidios. Porque no se trata de raza, se trata de poder. Un poder desplaza a otro poder y se produce una masacre. Hay muchos ejemplos. Pero, históricamente, la mayor potencia fue Europa. Porque lograron ganar y crearon el capitalismo y, ya sabe, todavía están mandando. Así que esa es la historia. ¿Que hay otros contraejemplos? De acuerdo, pero yo no me muevo en el contraejemplo. Por eso, a los que me hacen esa crítica yo les diría: “Leed algunos libros y observad la película correctamente, porque creo que no la habéis visto”. Y cuando digo “ver” me refiero a entender al menos la mitad. La película es muy precisa en cada una de las piezas que la conforman. No hay una sola palabra que no haya calculado diez mil veces antes de incluirla. Así que es tanto una labor de construcción como de deconstrucción muy compleja. Imagino lo que la gente puede decir, imagino lo que dirán los críticos, y me aseguré de haber incluido todas las respuestas en la propia película. Se trata de que seas abierto. Y lo digo explícitamente en ella: “Tienes que dejar a un lado todos tus prejuicios”. Porque la esencia de esta película es frágil.

¿Frágil? ¿En qué sentido?

Digo que es frágil porque hay mucho ruido, hay muchas sensibilidades a flor de piel, y es muy difícil escuchar lo que estoy diciendo en la película. Y también es frágil por su propia naturaleza. Es un trabajo orgánico. No es sólo político. Es poético, es histórico, es personal, es íntimo, y mi forma de hacer esto es tratar ciertas cosas de manera especial. En algunos aspectos, tengo que provocar una conmoción. En otros, apartarme un poco.

Uno de esos temas que usted trata con más distancia es el conflicto palestino-israelí. Aunque hay alguna mención, se echa en falta más profundidad en su documental.

Me esforcé mucho en buscar la manera de que encajara en el relato, pero no quería que fuera un simple añadido. Al final me acordé de algo que había escrito hace años, sobre una joven palestina que se inmoló en una discoteca de Tel Aviv con un cinturón de explosivos. Recuerdo que cuando aquello ocurrió pensé en mi hija: “¿Y si fuera ella? ¿Qué diría?”. Porque mucha gente, y más concretamente desde la derecha israelí, afirma cosas como: “Son unos salvajes, matan gente”. Bueno, esto no explica nada, porque tú también matas gente. Y mucho antes de fomentar los asentamientos, además. El Irgún [una organización paramilitar sionista que operó durante el Mandato británico de Palestina, entre 1931 y 1948] era una organización terrorista para británicos, franceses y estadounidenses. Y ahí está la famosa explosión de aquel hotel [Peck se refiere al atentado del Irgún contra el hotel Rey David de Jerusalén, el 22 de julio de 1946, que causó 91 muertos].

En el documental recurrí a una perspectiva personal porque el tema no es simple. Si quieres resolver los problemas del mundo con soluciones pomposas, las mismas en todas partes, conmigo no cuentes. Significa que eres un ignorante y que no entiendes que el mundo es complicado. Así es cómo funcionan la historia y la política. Si sólo quieres expresar tu rabia, cuando ya hayas expresado tu enfado, ¿qué es lo siguiente? ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a matarlos a todos? ¿Otra vez? Porque eso es lo que está en juego. No hay soluciones sencillas. Mire lo que está ocurriendo en Palestina estos días y el tratamiento que se le da en la prensa. Es simplemente repugnante. “Unos colonos son asesinados y la respuesta israelí es…”. Es todo como muy orquestado, sin distancia. Y eso es lo que está sucediendo ahora mismo en todos los niveles de nuestra existencia.

Por eso esperábamos un poco más de luz sobre este tema.

La colonización de Palestina, porque se trata exactamente de eso, de colonización, no podía entrar en la película. Merece otra película aparte, porque hay mucho que decir. Yo hice tan sólo una referencia y espero que la gente la capte y la valore.

¿Qué reacción esperaba con una obra tan explícita y tan contundente como Exterminad a todos los salvajes?

La película es un proceso de argumentación. La forma en que la realicé es para que induzca al espectador a pensar. No estoy creando un producto para que lo consumas y únicamente digas: “Oh, vale, ya lo tengo”. No, es una llamada a la acción en tu cabeza. Eso es lo que pongo sobre la mesa: esto es lo que está pasando y es también tu responsabilidad.

Traducción: Mariado Hinojosa