A España se la teme

“Revisa los bajos de tu coche cada vez que lo cojas, no vaya a ser que por casualidad tengas un explosivo plástico”. La profesora de catalán del instituto La Salle en Palma recibió varias amenazas después de que su nombre, su dirección, su foto y la de su familia (menores incluidos) circulase por chats y medios de extrema derecha. “Os invito a decirle a esta nazi todo que pensáis de ella”. Decían que había expulsado del colegio a varios adolescentes ‘por colgar una bandera de España’. La furia patriótica hizo el resto, y la mujer tuvo que cerrar sus redes sociales y aguantar el chaparrón. “Escoria totalitaria. Espero que la gente la salude y felicite por su actitud”. Uno de los difusores de los datos y las fotos de su familia es un conocido agitador ultraderechista con decenas de miles de seguidores en sus canales, y que fue recientemente condenado por “graves daños morales” por difundir imágenes de un político. Y ahí sigue.

Los hechos, según el propio centro, no fueron como los cuentan los propagandistas del odio. Los adolescentes habían colgado la bandera con la excusa del mundial de futbol, curiosamente, en la clase de la profesora de catalán, quien les advirtió que no estaba permitido colgar ninguna bandera los días que no hubiese partido, como el día de los hechos. Los alumnos se negaron a retirarla e increparon a la profesora, que abandonó el aula entre gritos y vítores de algunos de los alumnos, que, además, increparon a una compañera que les recriminó su actitud. Las clases se suspendieron y los protagonistas de la algarada fueron expulsados dos horas del colegio.

No es una anécdota más de adolescentes que se creen ‘políticamente incorrectos’ por desafiar a la profesora. Inmediatamente, algunos padres y madres de estos alumnos publicaron en redes el bulo. Mientras, otra madre redactó una denuncia dirigida a la inspección educativa y la noticia saltó a las redes y a los medios ultraderechistas habituales. Ellos impusieron el marco de la ‘polémica’ que lleva días danzando en varios medios: la dichosa bandera de España y sus súbditos como víctimas, y el supuesto fanatismo de una profesora que les obligó a quitarla, porque si encima enseña catalán, es sospechosa automáticamente de ser independentista.

La versión de la profesora, sin embargo, no la tuvo en cuenta ningún medio. Para qué. Todo encajaba bien: profe de catalán (indepe seguro, y roja seguramente), contra unos pobres chavales patriotas que tan solo aman a su país. Que hayan desobedecido la autoridad de la profesora y las normas del centro es lo de menos, si hay una bandera de España de por medio. Entonces, el orden y la ley les importa una mierda, así como la verdad sobre lo sucedido, y menos aún la integridad y la reputación de los docentes y del propio centro, porque la bandera de España se puede sacar donde uno quiera. Faltaría más. En el cine, bajo el agua, mientras cagas, en clase y hasta en un entierro al que nadie te ha invitado. Esto es España.

Thank you for watching

El asunto seguirá trayendo cola, y si no, ya se inventarán otro. Sucedió con los profesores del IES El Palau, de Sant Andreu de la Barca, cuyas fotos y datos personales aparecieron en varios medios por un bulo de la ultraderecha. En València ha pasado siempre, y anteayer, el candidato del PP volvió a atizar el fantasma del catalanismo para recordar que vienen elecciones. Recuerdo los pasquines de un grupo de ultraderecha contra un profesor en Meliana al que acusaban de ‘catalanista’, hace quince años. También los ataques a las librerías en valenciano, a los festivales de cine y música en valenciano y hasta contra los alumnos de la inmersión en valenciano, entre los que me incluyo, y sobre lo que escribí hace un tiempo ante un caso similar como el de Mallorca, pero por una nota del colegio escrita en valenciano.

Es el patriotismo a la vez victimista y matonista habitual de los que necesitan restregarte la bandera por la cara cada día para ver si osas decir algo o si te molesta que te la metan por cualquier orificio. Es el arma de los cobardes, que cuentan con un buen séquito de medios y propagandistas dispuestos a justificar cualquier cosa o a cubrir cualquier otra bajo los colores patrios si el sujeto a señalar es o podría ser un enemigo de España. Porque España son ellos. Y ellos quieren que temas a España y a sus símbolos, como buenos fascistas que son. No entienden otra cosa que no sea una conquista. No pretenden convencer a nadie. La bandera como arma y salvoconducto para cualquier mierda que se les ocurra. A falta de argumentos o de capacidad de convicción, dale caña al patriotismo, que activa a los botarates dispuestos a lo que haga falta por la patria.

Estos fascistas han aprendido bien la consigna: cuando tengas algún problema con alguien, aunque sea un incidente que tú mismo has provocado, di que ha sido ‘por llevar una bandera de España’. Esto captará la atención de los libelos y activistas ultrapatriotas, que ni dudarán del relato, y ayudarán incluso a enmarcar el asunto como un supuesto delito de odio por hispanofobia. Llorones ante los medios, matones desde sus medios.

El Gobierno balear condenó las amenazas y se apresuró a anunciar que instaría a la Abogacía de la comunidad autónoma a interponer una denuncia ante Fiscalía. Los diputados del Parlament Balear también condenaron las amenazas, todos menos los ultraderechistas, claro, que desde que se supo del incidente, sus hooligans participaron del linchamiento a la profesora. Como las juventudes del PP, que publicaron un tuit pidiendo que se expulsase del país a la profesora. Luego lo borraron.

Los medios que difundieron los datos de la víctima del acoso siguen estos días a la greña, mientras en el centro educativo tratan de recuperar la normalidad y salirse del foco mediático del que algunos tratan de sacar redito político. Ayer mismo, el Comité de Empresa del centro educativo La Salle Palma emitió un comunicado titulado “Tots som tu”, mostrando su apoyo rotundo a la docente y condenando los hechos, así como denunciando la falta de ética periodística de quienes se dedicaron a poner una diana sobre ella y sobre el centro. La profesora, por su parte, trata de evitar el foco y seguir con su labor, con sus clases, superando como puede el miedo tras las amenazas.

Además del apoyo del resto de docentes y de la dirección del centro, ha recibido múltiples muestras de cariño de varias organizaciones y personas a través de las redes y de varios medios, como sucedió también con los profesores del IES El Palau años atrás. Pero lo más importante, lo que no han contado quienes le pusieron la diana, es que cuando volvió al centro, fue recibida por la gran mayoría de los alumnos con un largo aplauso y múltiples muestras de cariño. Esta es la realidad en los colegios, por mucho que los goebbelianos y macarthistas se empeñen en realizar cazas de brujas cada cierto tiempo para recordarnos que a España se la teme. Allá ellos.

Columna de opinión en Público, 30 de noviembre 2022

Fer front a l’extrema dreta. Estratègies d’acció de la societat civil

Informe realitzat per Marcia Tiburi, David Bou i Miquel Ramos sobre l’extrema dreta i l’antifeixisme. Un treball per a l’escola Guillem Agulló d’ Òmnium Cultural. Es pot descarregar gratuïtament ACÍ

El fascismo folclórico y el idiota del coche

Una lluvia intermitente bajo un cielo gris golpea los vehículos que hacen cola en la entrada del Valle de Cuelgamuros. Quedan pocos minutos para que empiece la misa. Algunos miran desafiantes desde sus coches a los pocos periodistas que rondan la entrada al mausoleo. La Guardia Civil ordena el tráfico y conduce a un grupo de personas al otro lado de la calzada, donde cada 20 de noviembre, desde hace más de quince años, exhiben las fotos de sus familiares asesinados y varias pancartas donde exigen justicia y reparación para las víctimas del franquismo.

No pasará mucho tiempo hasta que los mismos vehículos bajen de nuevo la carretera tras finalizar el oficio religioso. Esta vez pasan a escasos metros de los familiares de las víctimas que aguantan estoicamente la lluvia desde el arcén, viendo cómo, quienes se habían santiguado minutos antes, los amenazan de muerte desde sus vehículos y les dedican varios insultos y saludos nazis. Uno de los devotos incluso nos hace el gesto de rajarnos el cuello a los periodistas que cubrimos el acto. Y para despedirnos, finalmente pasó el idiota del coche rojo levantando el brazo, llamándonos hijos de puta y enviándonos ‘a mamar pollas’. Tuve la suerte de grabar tan valiente hazaña, y el idiota se hizo viral. No como la concentración de los familiares de las víctimas, que pasó más desapercibida que el niñato maleducado con coche caro.

Los medios también se han hecho eco de la tradicional marcha nocturna que los falangistas organizan cada año en honor a José Antonio Primo de Rivera, y del acto fascista de la plaza de Oriente en Madrid del 20N. Cada año lo mismo. El folclorismo fascista como muestra de la roña que, se supone, el Gobierno plantea limpiar con esta nueva ley, y se apresura a anunciar que se estudiarán las posibles infracciones de los participantes, convocados, no lo olvidemos, por organizaciones legales. Sí, en España, las organizaciones fascistas, franquistas y nazis, son legales. Aunque también son marginales e irrelevantes políticamente. Al menos las que lucen orgullosas sus insignias. A otras, sin embargo, no les hace falta lucirlas, a pesar de venir de la misma escuela y predicar lo mismo. Eso sí, con otras palabras más finas y con mejores galas.

No hace tanto, tan solo escasas semanas, una de las principales organizaciones nazis, legal en España, homenajeaba en Dénia a Gerhard Bremer, antiguo oficial nazi de las Waffen-SS, que participó en la invasión de Polonia y que vivió plácidamente hasta su muerte en la costa de La Marina. En el mismo cementerio donde reposan los restos de este criminal de guerra nazi, encontramos también al Hauptsturmführer Anton Galler, responsable del asesinato de 560 personas, la mayoría mujeres y niños, en la que se conoce como Masacre de Santa Ana de Stazzema. También se homenajea cada año en otro cementerio a la División 250 del ejército alemán a las órdenes de Hitler. La conocida como División Azul, formada por españoles, conserva calles y monumentos en varias ciudades, como la Legión Cóndor que bombardeó Gernika y otras ciudades durante la guerra.

Las calles de la capital española y de muchos pueblos y ciudades siguen rindiendo homenaje a fascistas como Millán Astray, a quien el alcalde de Madrid dedicó una estatua recientemente. La Ley de Memoria Democrática recién aprobada tiene deberes que hacer, y está por ver hasta dónde llega. Sin embargo, lo más destacable de esta ley, y quizás lo más necesario, simplemente por humanidad y por la deuda pendiente, sea rescatar a las víctimas del franquismo que todavía yacen en fosas y cunetas. Algo que llega tarde y que muchos familiares ya no podrán ver, pero que resarce en parte el dolor que estas familias llevan arrastrando desde que les arrebataron una parte de ellas.

Fascistas que desfilan con sus camisas azules, que rezan al dictador en sus templos, o el chino franquista de Usera dando voces como un poseso, como los personajes que popularizó Javier Cárdenas en Crónicas Marcianas, es lo que algunos dicen que es el fascismo. Es la imagen patética que dan de lo que realmente está mucho más anclado e instalado en este país. Esto no es más que el folclore rancio y casposo que queda, que hoy saca pecho teniendo buenos padrinos en las instituciones, sí, pero que no dejan de ser eso, pura roña nostálgica. Queda feo para España dar esa imagen, incluso para los propios fascistas más serios y combativos, que también se quejan de estos aquelarres y de estos personajes, pero que no representan en verdad el verdadero problema con el fascismo que tenemos.

Al fascismo hoy ya no le hace falta desfilar con antorchas. Ni siquiera reivindicar que lo es. Tiene ya un buen puñado de representantes públicos en las instituciones, votados democráticamente; tiene varios medios de comunicación y decenas de voceros en otros medios. Y tiene a todos los artífices del régimen del 78 recordándonos que ellos sepultaron al fascismo con Franco, que las dos Españas se dieron la mano y que aquí solo quedan cuatro fachas sin importancia que salen cada 20N.

Borrar los símbolos, quitar nombres franquistas del callejero, sancionar cánticos y banderas del régimen puede ayudar a limpiar un poco la imagen, pero es una simple limpieza de la fachada (nunca mejor dicho), de un edificio que, en realidad, está lleno de basura por dentro. Quizás tu calle deje de honrar a los voluntarios españoles que se alistaron en el ejército de Hitler, pero en la televisión tendrás a un señor, muy demócrata él, ladrando contra los moros, las personas migrantes, las feministas, el colectivo LGTBI y la dictadura progre que no le deja decir lo que piensa, aunque lo esté haciendo todos los días, él y ochenta como él, en prime time y en los principales medios. Además, cuentan con un buen puñado de liberales y progresistas repitiendo ese mismo mantra de la cultura de la cancelación, de la incorrección política. Hay que reconocer que han sabido jugar bien sus cartas y se han adaptado mejor al nuevo régimen que muchos de esos que dicen haber corrido delante de los grises y hoy no se diferencian tanto.

Las familias que se enriquecieron mediante el expolio y las prebendas del fascismo ya no van a la misa del 20N. No hace falta. Mejor no llamar la atención, y que a nadie se le ocurra hablar de cómo se hicieron ricos y a cuenta de quién. Hasta aquí no llega la ley, tranquilos. Ahora, sus empresas y sus descendientes disfrutan de una gran reputación, nunca truncada por los cambios del régimen, como sus fortunas. Ese melón no se va a abrir, porque significaría revisar de verdad lo que fue el franquismo, más allá de un genocidio. Un sistema que hizo ricos a unos pocos y que empobreció, sometió, torturó y mató a muchos otros, para los que esta nueva ley no prevé reparación ninguna más allá de anular sus condenas.

El fascismo aprendió la lección hace muchos años, a pesar de aquellos que se empeñan en representar su propia caricatura en fechas señaladas o en sus encuentros marginales. Estos cumplen muy bien su función representando lo que supuestamente queda del fascismo. Los nuevos fascistas no necesitan este folclore. Se pueden incluso permitir el lujo de distanciarse de ellos y hasta rechazarlos. El nuevo fascismo, como el viejo, son los dueños del cortijo, no los temperamentales falangistas que ejercen de brazo ejecutor. Los nuevos fascistas ni siquiera visten como los de los 90, con botas y bomber. Hoy son mucho más sofisticados, y aunque de aquellos quede alguno, estos prefieren esperar su turno, pacientemente, a que otros hagan su trabajo en los medios, en las redes y en las calles, y ya algún día, quizás no muy lejano, estén redactando el BOE. Mucho más peligroso que cruzarte con cuatro nostálgicos en Madrid una vez al año, o que el niñato del coche rojo insultando y sacando el cuerpo por la ventana sin cinturón y haciéndose viral por idiota.

Columna de opinión en Público, 23 de noviembre 2022

Zoom | 20N: Què queda del franquisme?

En ZOOM ens fem una pregunta a 20 de novembre del 2022. Què queda del franquisme en la nostra societat? Una part important del propòsit de la llei de memòria democràtica és erradicar els símbols franquistes repartits per tot l’estat. Quants en tenim al País Valencià?

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El neonazi que asesinó a Carlos Palomino obtiene su primer permiso justo el fin de semana en que se homenajea al menor antifascista

Ni la familia ni el abogado de Palomino han sido notificados sobre el permiso de salida. El condenado, en la cárcel desde 2007, no ha abonado la responsabilidad civil correspondiente.

Miquel Ramos – La Marea, 9 de noviembre 2022

El exmilitar neonazi Josué Estébanez mató en 2007 a un menor antifascista en el metro de Madrid. Fue condenado a 26 años de prisión por asesinato por motivos ideológicos e intento de homicidio. Instituciones penitenciarias le ha concedido su primer permiso, que coincide con el 15º aniversario del crimeny con varios actos previstos para este fin de semana para homenajear a la víctima.  

Amigos y familiares de Carlos Palomino llevan meses preparando las jornadas que se celebrarán esta semana para recordarlo. Faltan dos días para el aniversario del crimen y, para este mismo viernes, hay prevista una manifestación en Madrid. Carlos fue asesinado en el metro de una puñalada en el corazón cuando tan solo tenía 16 años, hace exactamente 15 años. El asesino lleva desde 2007 preso. Ahora, tras haber cumplido poco más de la mitad de su pena, Instituciones Penitenciarias acaba de concederle su primer permiso, de cinco días. 

Ni la familia de la víctima ni su abogado han sido notificados sobre el permiso de salida del asesino para que presenten alegaciones, como sí ocurrió en anteriores ocasiones cuando el condenado solicitó también otros permisos. La información ha llegado a través de una llamada de la policía a un testigo protegido del caso. El asesino tampoco ha abonado la responsabilidad civil correspondiente, algo que no ha sido tenido en cuenta para concederle el permiso para salir en libertad.

Familiares y amigos de Carlos consultados por lamarea.com afirman que se trata de una provocación y una falta de respeto, y han llamado a participar masivamente en los actos previstos para estos días. Hasta el momento, Instituciones Penitenciarias no ha respondido a las preguntas enviadas por este medio.

Este jueves 10 de noviembre arrancan las jornadas, que se celebran cada año en estas fechas, con una charla sobre la lucha contra los grupos nazis que protagonizaron los jóvenes afroespañoles durante los años 90, que coincide con el aniversario también en los próximos días del asesinato racista de Lucrecia Pérez en 1992. El viernes 11, día del aniversario del asesinato de Carlos, hay convocada una gran manifestación que terminará en la estación de metro de Legazpi, donde sucedieron los hechos. El sábado se realizarán diversas charlas con familiares y amigos de otras víctimas mortales de los grupos neonazis de otros países, en las que participarán personas llegadas desde Francia, Alemania o Italia. 

Josué se dirigía a una manifestación racista del partido neonazi Democracia Nacional cuando se encontró con Carlos y sus amigos en el metro de Madrid, un domingo por la mañana. No intercambiaron palabras. El militar, que entonces tenía 23 años, arremetió contra el menor de edad asestándole una puñalada mortal en el corazón, e hiriendo a varios de sus amigos, uno de ellos de gravedad. El juicio se celebró dos años después, envuelto por múltiples movilizaciones antifascistas, y fue el primer caso en el que se logró que se aplicase el agravante por discriminación ideológica a un crimen neonazi

Sin embargo, los neonazis no han dejado de reivindicar al asesino como un héroe, y de verter burlas e insultos hacia la familia y los amigos de la víctima con total impunidad. Incluso desde Nueva Zelanda, donde Brenton Tarrant, el terrorista neonazi que asesinó a 52 personas en dos mezquitas en 2019, puso el nombre de Josué a uno de los cargadores de munición que usó en la matanza. 

Está por ver si Josué, tras 15 años entre rejas, reivindica el papel de héroe que le han otorgado sus antiguos compañeros por matar a un menor de edad, o se desentiende por completo de este entorno, cuyas ideas y cuyo odio lo llevó a prisión. A estas horas, Josué está en la calle hasta que termine el permiso concedido, cuando deberá volver al centro penitenciario de Villabona, Asturias.