Convertir a los ultras en celebrities

La perdiz estaba bastante buena, pero le fallaba algo al puré, que estaba un poquito amargo. Juan García-Gallardo, miembro del partido ultraderechista Vox y actual vicepresidente de Castilla y León, degustaba los platos que varios concursantes de Masterchef Celebrities, habían cocinado con productos locales. Es uno de los programas estrella de la televisión pública española, presentado por Samantha Vallejo-Nágera, nieta del Mengele español, el médico de Franco que buscaba el ‘gen rojo’ en el ADN de los republicanos prisioneros tras triunfar el golpe de Estado de Franco.

“Hoy he hecho público mi perfil de Twitter. Mi último follower es una puta, o eso parece”, decía el vicepresidente, el jurado de Masterchef, al estrenarse en la red social en 2011. Su rastro en las redes sociales está trufado de perlas. Pedía ‘heterosexualizar’ el futbol porque estaba lleno de maricones. Y llamaba ‘experta en penes’, podemita, lesbiana y feminazi a Sonia Vivas. Pero eso no impide que sepa juzgar un buen plato de perdices en un concurso de la televisión pública.

Esta semana, lejos de las cámaras y de las mesas repletas de comida en los jardines de la Granja de San Ildefonso, el concejal de Zaragoza en Común y Secretario Político del Partido Comunista de España en Aragón, Alberto Cubero, se enfrenta a un juicio en el que le piden varios años de cárcel y varios miles de euros de multa por apoyar unas protestas contra la extrema derecha. “En política fiscal y en política económica se les cae la careta, y luego les pasa lo que les pasa, que van a Vallecas y los reciben como los reciben (…) ojalá les pase lo que les pasó en Vallecas en toda España”, dijo el concejal en el pleno. Se refería a la gran concentración antifascista que protestó contra un mitin de Vox en una plaza del popular barrio madrileño, y que terminó con cargas policiales.

El partido ultraderechista acusa a Cubero delito de odio e incitación al delito por estas palabras. Pretenden, una vez más, darle la vuelta a esta legislación pensada para proteger a los colectivos vulnerables víctimas habituales de los discursos y agresiones motivadas por odio, y presentarse ellos como víctimas. Sin embargo, en aquella protesta de Vallecas no hubo delito alguno contra Vox. Así lo determinó el juzgado de instrucción nº8 de Madrid el pasado mes de junio ante la denuncia del partido ultra. Ni delitos de odio, ni prevaricación, ni omisión de perseguir delitos, ni lesiones, ni daños, ni delito en acto electoral. Así se dio carpetazo al tema, a pesar de que los manifestantes detenidos por supuesto atentado contra la autoridad en la cuestionada actuación policial aquel día tuvieron luego que soportar su exhibición en los medios como si fuesen trofeos, con nombres y apellidos y con informaciones directas de la Brigada de Información de la policía a sus periodistas de cloaca habituales. No recuerdo haber visto a Alberto ni a ninguno de estos chavales en un informativo de la televisión pública española contando su caso.

Mientras la televisión pública mostraba al ultraderechista comiendo como un rey literalmente en un palacio, la ex vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Memoria Democrática, Carmen Calvo, aseguraba en una tertulia radiofónica que ‘los españoles somos fundamentalmente anarquistas’. Según ella, España ‘no es ni republicana ni monárquica, porque ha tenido muy malas experiencias en las dos formas’. Ministra de memoria democrática, ojo, del mismo partido de Gobierno que al día siguiente tumbaba, con el apoyo de Vox y PP, las comisiones de investigación sobre la cloaca policial y la masacre de Melilla. El mismo día que se anunciaba la compra de 60.000 balas de goma para los antidisturbios, a pesar de haberse demostrado excesivamente nocivas e incontrolables, y varias asociaciones de derechos humanos llevan tiempo en campaña pidiendo su prohibición.

Parece un sainete, pero es la política española que se exhibe a diario. Y son demasiadas veces los medios públicos los que alimentan esta manera de hacer y se deshacen de quienes se salgan del redil. Justo ayer lo recordaba, echando de menos a Jesús Cintora hablando claro en la franja del mediodía en la televisión pública, mientras por la noche promocionaban al ultraderechista relamiéndose los dedos. Todos felices y comiendo perdices.

También lo pensé cuando leí que una joven de 21 años iba a ser juzgada porque la policía dice que lanzó una botella durante las protestas contra el encarcelamiento de Pablo Hasel en València. Le piden seis años de prisión. Además, la policía añade que, tras ser arrestada, se quitó las esposas e hizo que un agente se lesionara al caerse persiguiéndola. Una fantástica acrobacia que podría ilustrar perfectamente el relato que, unos desde los medios y otros desde las tribunas políticas, intentan vendernos todos los días, donde los ultras son celebrities, los manifestantes son Houdinis, y los periodistas de los grandes grupos mediáticos nunca son considerados activistas.

Al día siguiente de dicha manifestación participé en una tertulia sobre el tema en la televisión pública valenciana. Critiqué las cargas policiales (cuyas imágenes mostraban una actuación absolutamente desproporcionada) y pedí en directo explicaciones a la Delegación del Gobierno, que había rechazado hacer declaraciones al programa o intervenir en el debate. Fue la última vez que me llamaron de esta televisión para una tertulia.

La batalla por lo obvio

La conquista del sentido común es siempre imprescindible para conquistar el poder político. La hegemonía cultural de la que hablaba Gramsci, la pugna por lo obvio es un terreno de juego donde todo es posible y nada es para siempre. Desde que la ultraderecha descarnada consiguió sus escaños y pasó a formar parte del juego, venimos hablando de batallas culturales que tratan de presentarnos la negación de derechos como algo negociable en democracia, y nos hemos llevado las manos a la cabeza viendo cómo, derechos y consensos mínimos, eran dinamitados sin piedad, como la reciente regresión en los derechos de las mujeres en los EEUU con las leyes de interrupción del embarazo, o el paso firme hacia el posfascismo de países como Hungría o Polonia.

Advertir del problema que supone la normalización del odio que representa la ultraderecha no nos debe impedir ver cómo muchos de aquellos que la usan como espantajo son en realidad quienes mejor la rentabilizan. Por una parte, presentándose como el tapón que evite entrar a los ultras. Por otra, como bien dijo su líder Santiago Abascal en una entrevista reciente, “ya hemos logrado un cambio cultural en España y que a la izquierda ahora el PP le parezca centrado. Debates vetados ahora se tienen”.

Pero algo semejante se está librando mucho más allá de la derecha, y no ahora, sino desde hace demasiados años ya como para no verles el pelo.  A la derecha la ves venir, y cada vez más, pero la venta de lo obvio por parte de quienes se creen todavía de izquierdas es un drama que la clase trabajadora y los colectivos diversos que la conforman están pagando cada vez más caro.

Decía Pedro Sánchez que la OTAN es una garantía para la paz, que “pertenecer a la OTAN es fundamental para garantizar lo que somos, nuestro modo de vida, nuestra estabilidad y el futuro de las generaciones próximas”. No es la primera vez que se habla de ‘modo’ o ‘estilo de vida’ desde la fortaleza europea, y con decenas de cadáveres de personas que intentaban llegar, enterrados en una fosa común a escasa distancia de nuestra frontera. Ya lo hizo Borrell en 2019 cuando afirmó que la inmigración es el disolvente más grave que tiene hoy la Unión Europea”, mientras el mediterráneo se tragaba miles de personas que trataban de llegar a Europa. Nuestro estilo de vida permanece porque miles de negros y pobres mueren. Igual que hace 500 años.

Esto es en realidad una vuelta de tuerca más a eso obvio que decíamos al principio, ese sentido común cada vez más disputado y secuestrado por las necropolíticas neoliberales. El mismo año que Borrell vomitó citada estupidez, Ursula von der Leyen fue duramente criticada tras colocar bajo la vicepresidencia de Protección del estilo de vida Europeo comisarías relacionadas con la migración. “Unas fronteras fuertes y un nuevo comienzo en materia de migración” era el lema. “Toda persona tiene derecho a sentirse segura en su propio hogar”. “Fronteras exteriores fuertes”. “Proteger el estilo de vida europeo”. Todo bien junto. El marco de la extrema derecha, relacionando inseguridad con inmigración, y contraponiendo ‘estilo de vida europeo’ a personas migrantes.  Y entonces, Marine Le Pen se colgó la medalla: “Se ven obligados a reconocer que la inmigración plantea la cuestión de mantener nuestro modo de vida”, afirmó la ultraderechista. Por eso, las palabras de Pedro Sánchez, con los cadáveres de Melilla sobre la mesa y tras sus crueles e inhumanas declaraciones sobre lo ‘bien resuelto’ que estuvo el tema, no desentonan nada con las medallas que se pone la extrema derecha incluso cuando no participa.

Mientras, produce auténtica vergüenza ajena ver cómo los mandatarios de la OTAN y sus consortes son tratados como si fueran estrellas de Hollywood. Los medios hacen reportajes sobre las habitaciones de 18.000€ la noche en hoteles de lujo y sus comilonas obscenas. Y sobre el despliegue policial sin precedentes en Madrid, para mostrar al resto del mundo lo preparada y bien armada que está nuestra policía. Esto, no solo ha trastocado la vida diaria de los ciudadanos sino que está suponiendo un recorte en derechos y libertades para cualquiera, y más todavía para quien pretenda ejercer su legítimo derecho a la protesta, como hemos visto estos días anulando incluso el derecho de manifestación. Todo para que los amos del mundo se coman tranquilos sus ostras y decidan cuanto quitan de educación y sanidad para comprar misiles, barcos y aviones de guerra.

Jill, la esposa de Joe Biden, visitaba un centro de refugiados ucranianos para la típica foto caritativa que las estrellas y hasta los dictadores se hacen alguna vez con personas bien jodidas por algo. Creo que no fui el único que pensó que bien podría haber visitado en Melilla a los supervivientes de la masacre de este fin de semana. Y si es que le quedaba lejos, pásese usted por un CIE. En realidad, no hace falta, porque en su país hay también muros y alambres y cadáveres en las fronteras, como los hallados hoy en un camión abandonado en Texas, con los cuerpos de hasta cincuenta personas migrantes. Como en todos los países de la OTAN que hoy se muestran ante el mundo como los garantes de la paz y de los derechos humanos. La despensa de las vidas sin valor. Nuestro modo de vida.

Con este circo, cuya batuta siempre la llevan los EEUU, pretenden que aumentemos el gasto militar y nos sigamos subordinando a sus intereses haciéndonos creer que son también los nuestros. Todos apretando el culo a ver si dicen algo de Ceuta y Melilla y lo convierten en un asunto corporativo, así España pueda delegar parte de su responsabilidad como ya ha hecho con Marruecos (y la UE con Turquía) externalizando su frontera y dejando que sean sus gendarmes quienes maten a los negros que España y Europa no quiere ni ver. Incluso les permitimos cruzar un poco la frontera para que les den más leña y los devuelvan al otro lado del muro.

Hay que reconocer también el mérito de haber conseguido instaurar un relativo consenso, incluso en personas que se consideran progresistas, en el que quienes nos mantenemos firmes en nuestra defensa de los derechos humanos y nuestro rechazo a la Europa Fortaleza, a las guerras y a la militarización de la política somos tachados de ‘buenistas’ como poco. Defender el derecho humano a migrar, sus vidas y sus derechos, es hoy también ‘buenismo’, frente a la bandera de lo pragmático que sugiere que estas personas que huyen de las guerras y la pobreza se esperen en N’Djamena o en Trípoli a ver si sale alguna oferta en Infojobs para recoger fresas en Huelva. Seguro que desde allí pueden tramitar una solicitud de asilo o formalizar un contrato de trabajo.

La batalla por el relato es bien jodida si no peleas en igualdad de condiciones. Las élites ya se preocuparon desde el nacimiento del periodismo por comprar las principales cabeceras y repartirse los canales y las radiofrecuencias, controlando así casi la totalidad de la información. Lo obvio, a menudo, trasciende lo que la mayoría de los medios nos trata de imponer, pero cuesta mantenerse firme cuando la ofensiva es tan brutal. Quizás sea el tiempo el que nos muestre donde estaba la virtud entre tanto ruido, tanta sangre y tanta incertidumbre.

Hoy, defender la paz, oponerse a una organización imperialista como la OTAN (sin que eso implique justificar otros imperialismos como el ruso), y a los muros de Occidente es la posición más jodida, pero quizás la más coherente. Los abusos de otros matones no hacen bueno al matón de nuestro barrio. Pero esto es parte de la batalla por lo obvio. Y a algunos nos sigue resultando obvio defender los derechos humanos frente al odio, la guerra o las fronteras.

Columna de Miquel Ramos en Público, 29/06/2022

Desmontando al ultraderechista que acusó a Iñigo Errejón de agredirle.

La supuesta víctima de una agresión por parte del diputado de Más País, Iñigo Errejón, interpelado en directo en Cuatro al Día tras el juicio.

El denunciante de Errejón oculta sus amenazas y violentos mensajes antes de acudir al Juzgado

El activista “fascista” A.D.C. ha cerrado su cuenta de Twitter antes de ratificar su denuncia contra el líder de Más País.

A.D.C., el hombre de 67 años que denunció a Íñigo Errejón por supuestamente propinarle una patada en el estómago la noche del 2 de mayo en la calle Buenavista de Madrid, ha cerrado al público su violenta cuenta de Twitter antes de acudir este jueves al Juzgado de Instrucción número 16 de Madrid para ratificar su denuncia contra el diputado de Más País.

Según ha informado su abogado, Carlos del Arco, A.D.C. ha ratificado ante la titular del Juzgado de Instrucción número 16 de Madrid, Margarita Valcarce, -y “en su totalidad”- la declaración que dio a los agentes de la Policía la madrugada del 3 de mayo y ha insistido en que recibió una patada “fuerte” por parte del dirigente de Más País.

Algo que ha negado tajantemente Errejón. ”La acusación que se me dirige es falsa y yo, faltaría más, estoy a disposición de cualquier información oficial que se me requiera”, dijo Errejón tras reconocer que el denunciante, junto a otras personas, se le acercó aquella noche para pedirle una foto y le “comenzaron a gritar” y a insultarle.

Por otra parte, conviene resaltar que A.D.C. rechazó atención sanitaria y la Policía dijo que parecía “ebrio” el pasado 2 de mayo, tal y como ha desvelado en exclusiva ElConfidencial.

La cuenta de Twitter del “fascista” A.D.C.

Antes de ratificar su denuncia en el Juzgado, A.D.C. ha cerrado públicamente su cuenta de Twitter, donde se muestra como un violento activista “fascista” que defiende en las redes sociales portar armas ante la posibilidad de iniciar una segunda Guerra Civil contra los “rojos”. 

Fue ElPlural.com quien desveló la existencia de estos violentos mensajes de A.D.C. Jubilado de 67 años de edad, varias veces divorciado, reconocido seguidor de Vox y de su líder en la Asamblea de Madrid, Rocío Monasterio, el denunciante de Errejón llevaba un lustro increpando en las redes a políticos de izquierdas, entre ellos al propiodirigente de Más País -“el próximo Errejón”, llegó a afirmar-. 

“Soy fascista porque me sale de los cojones”, escribió el pasado mes de abril.  A.D.C. lo tiene claro: “De aquí a las próximas elecciones España entrará en Guerra Civil y vosotros (la izquierda) seréis los culpables (…) Es posible que con tanto listo tengamos que terminar a tiros otra vez en España. Yo no lo descarto”.

¿Cómo queda la extrema derecha francesa tras los comicios presidenciales?

Entrevista en France24: De acuerdo a Miquel Ramos, periodista y escritor especializado en extrema derecha, esta tendencia en Francia ya venía gozando de una gran influencia en la política del país galo y destacó que candidatos presidenciales en comicios previos habían asumido parte de la agenda de la ultraderecha, lo que ha terminado favoreciéndola.