Algunas cosas no tan claras

“Un verso suelto, alguien que no busca la caricia de quienes se creen sus dueños, es peligroso para quienes quieren y pueden decidir de qué y cómo se informa”, escribe Miquel Ramos sobre ‘Las cosas claras’. 

Miquel Ramos – 30 de julio 2021 – La Marea

La semana pasada terminó mi breve paso por TVE. Recuerdo el día que me escribió Jesús Cintora, hace casi un año, en otoño de 2020. Hacía poco que había terminado mi colaboración con el programa Al Ras de À Punt tras un par de años acompañando a Jéssica Crespo y a Joan Espinosa una vez a la semana en la radio pública valenciana. 

Y me vino el típico síndrome del impostor, de aquel que piensa que no se merece lo que le pasa, y, en mi caso, preguntándome incluso si sabían bien quién era yo, lo que pensaba y lo poco que me callo. Pensé que quizás, una vez se dieran cuenta, no me volverían a llamar. Estamos muy poco acostumbrados a escuchar determinadas voces y ciertos discursos en televisión. Hay temas y opiniones que no interesa visibilizar, aunque afecten a la mayoría de la sociedad. Quizás también era eso. Lo raro que me parecía todo

En Las cosas claras se habló de desahucios y del derecho a la vivienda. De las corruptelas interminables de políticos de todo pelaje, y de las andanzas del intocable Borbón, algo que, sin duda, no sentaba nada bien en algunos despachos. O de la ofensiva reaccionaria y los discursos de odio cada vez más normalizados contra el feminismo, el colectivo LGTBI o las personas migrantes. Se debatía sobre las actuaciones policiales, sobre el poder de los medios de comunicación y de los oligopolios mediáticos. Y de las fechorías casi siempre impunes de los grupos nazis y fascistas.

Tampoco sentaba nada bien cuestionar a los grandes poderes de este país. A los bancos o a las compañías energéticas repletas de excargos de los distintos gobiernos gracias a las infames puertas giratorias. Cargos ocupados por miembros de esos partidos que deciden lo que hay o deja de haber en la televisión pública, con sus votos en el consejo de administración, por cierto. 

En todos estos casos pude hablar con absoluta libertad. Nunca nadie me censuró. Incluso los compañeros y compañeras con quienes debatía y discrepaba, a quienes me une hoy un cariño especial, enfrentaban mis opiniones con respeto. Había pluralidad en la mesa, y eso nadie lo puede negar. En todos los medios con los que he colaborado, he valorado mucho la honestidad y la bondad de mis compañeros y compañeras, más allá de su ideología o incluso de la empresa para la que trabajan. Y es algo de lo que me siento orgulloso, de poder presumir de haber estado rodeado de buena gente

Al preguntarle por Las cosas claras, el presidente de RTVE, Pérez Tornero, decía en una entrevista reciente que la televisión pública no puede albergar “programas para vociferar”. Otra excusa para desprestigiar uno de los pocos programas donde se hablaba de política y de actualidad con pluralidad de voces en la mesa. Sin embargo, nadie cuestiona que la televisión pública dedique recursos a informar sobre moda, sobre los asuntos del corazón de las élites y los famosos o que gaste recursos públicos en concursos de cocina y competiciones de talentos varios. ¿Regalamos así los espacios de reflexión y de debate a las empresas privadas? Si vas a una cadena privada, aceptas sus reglas, porque son un negocio y tienen derecho a elegir lo que hacen y cómo lo hacen. Pero lo público no debería estar sometido al mercadeo de favores e influencias, como desgraciadamente viene pasando en este país. 

En pocos meses he recibido una master class de la basura que hay detrás de todo esto. Y puedo decir que todo es más feo, despiadado y cruel de lo que parece. “Aquí hacemos periodismo. Hay gente que por detrás hace otras cosas. Y con eso tenemos un problema muy gordo. Sean honestos, hagan periodismo”, dijo Jesús en su despedida del programa. Y tiene razón. La campaña de desprestigio constante en diferentes medios, acompañando los movimientos subterráneos para acabar con el programa, no fue casual ni desinteresada. 

Yo le agradezco la oportunidad que me dio sentándome en su mesa. Pero más todavía, haber llevado a cabo un programa valiente, con temas incómodos para algunos bien poderosos, y haberlo sacado adelante a pesar de saber que tenía los días contados. Un esfuerzo que no se entiende solo por su profesionalidad sino también por su compromiso con los espectadores que hasta el último día no dejaron de apoyarlo. Y con el equipo que hizo el programa.

Las cosas claras y Jesús Cintora no han sido ni los primeros ni los únicos que han sufrido la censura descarada en este país. Unas veces fueron decisiones empresariales, por motivos varios, las que terminaron con algunos programas y vetaron a ciertos profesionales. Otras, decisiones judiciales que, años más tarde, acabaron demostrándose arbitrarias e improcedentes. 

Lo grave en este caso, y en otros anteriores, es que haya sido una televisión pública la que haya decidido privar a la ciudadanía de un programa informativo plural y cada vez más visto y apreciado por la audiencia, cuyo contenido no estaba sujeto a las presiones de los anunciantes ni a los intereses de las empresas propietarias de la cadena. Ni a las directrices de uno u otro partido. Un verso suelto, alguien que no busca la caricia de quienes se creen sus dueños, es peligroso para quienes quieren y pueden decidir de qué y cómo se informa. Y sus intereses, créanme, no son los mismos que los de la ciudadanía.  

Más allá del abrazo de Luna: las dictaduras amigas y la externalización de las fronteras de la UE

Sobre la crisis humanitaria en Ceuta tras la llegada de miles de personas migrantes: Lo que hay más allá del gesto humanitario de las personas que trabajan rescatando personas en Ceuta. Las políticas migratorias de la UE, la externalización de las fronteras para que nos hagan el trabajo sucio, y lo que cuesta llamar dictadura a algunos regímenes que vulneran constantemente los derechos humanos.

Raoul Peck: “Para ver ‘Exterminad a todos los salvajes’ debes dejar a un lado todos tus prejuicios”

La última obra del director haitiano es un puñetazo al estómago eurocentrista. La serie de la HBO narra la larga historia de conquista, explotación, esclavitud y genocidio protagonizada por el hombre blanco.

Miquel Ramos y Manuel Ligero 18 mayo 2021 – La Marea

La historia es fruto del poder. Es la historia de los vencedores. “Y está claro que esto debe ser cuestionado”, advierte la voz del narrador en los primeros minutos de Exterminad a todos los salvajes (2021). Esa voz es la de su guionista y director, Raoul Peck (Puerto Príncipe, 1953), que ha volcado en esta serie documental (producida y emitida por la cadena HBO) todo su conocimiento de las dinámicas coloniales, todo su compromiso político y toda su rabia antifascista. Y también su propia biografía.

Nominado al Oscar por I am not your negro (2016), la conmovedora semblanza del escritor y activista James Baldwin con la que ganó el BAFTA en Reino Unido y el César en Francia, Peck es autor de una extensa filmografía desde los años ochenta y ha impartido clases de cine por todo el mundo: Estados Unidos, Noruega, Líbano, Togo… Pero acudir a festivales y conferencias es para él cada día más difícil. Su pasaporte haitiano, que en otro tiempo le sirvió para ir a la mayor parte de países sin necesidad de visado, se encuentra cada vez con más obstáculos. Nacido en Haití, pasó su infancia entre Nueva York y el Congo recién liberado del yugo imperialista belga; residió en Francia durante su adolescencia y estudió Ingeniería Industrial, Ciencias Económicas y Cine en Berlín. Le han ofrecido muchas veces una segunda nacionalidad para acabar con sus problemas burocráticos. Siempre se ha negado. Es su forma de permanecer fiel a sus raíces, su ideología, su color de piel. Y su obra es prueba de ello, desde sus primeros documentales sobre Haití(donde fue ministro de Cultura) hasta los biopics El joven Karl Marx (2017) y Lumumba (2000).

Su cine, siempre militante, adquiere en los cuatro episodios de Exterminad a todos los salvajes una contundencia radical. El título, una frase extraída de la novela El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, remite a la larga historia de conquista, imperialismo, explotación, esclavitud y genocidio ejercida por el hombre blanco. El relato de Peck abarca los últimos 700 años de historia de la humanidad. Señala directamente al espectador europeo, nos sacude, nos pone frente al espejo, nos hace replantearnos nuestro confort (empapado en sangre indígena), nos conmina a mirar más allá de nuestra historia oficial. Desde el exterminio de los nativos americanos hasta el Holocausto. Desde la esclavitud hasta el auge de los actuales movimientos supremacistas. La serie, verdaderamente brutal en lo emocional, ha sido saludada por algunos críticos como “una obra maestra”.

En La Marea ansiábamos hablar con Peck no sólo por su filmografía y por su última obra, sino por su manera de contar la historia, por su apuesta por disputar el relato. Y también, claro, por obtener su diagnóstico sobre la actualidad. ¿De dónde salen estas nuevas formas de fascismo? ¿Por qué sufre la izquierda esta fragmentación, esta incapacidad por pelear la batalla cultural? ¿Y por qué asume (e incluso reivindica) el relato del poder, cuando eso contribuye a su propia condena? “Europa, sencillamente, está poniéndose al día. Sigue en ello. Y eso es un síntoma de la debilidad de la izquierda. Y es débil porque, en realidad, nunca tomó el poder”, nos explica Peck.

Una cosa es ganar las elecciones y otra tomar el poder.

Exactamente. Lo máximo que ha obtenido la izquierda es un puñado de gobiernos socialdemócratas. Esa disparidad entre gobierno y poder se vivió muy claramente en Francia cuando Mitterrand ganó las elecciones. Apenas dos años después cambió de directrices porque tenía demasiadas presiones externas y la economía estaba cayendo en picado. Básicamente colapsó, cedió. A partir de entonces, la mayoría de los partidos de izquierda se debilitaron. Y hoy podemos verlo todavía más claramente: la izquierda ha explotado. Queda la izquierda ecológica, que lo tiene más o menos claro, pero eso es todo.

¿Y cada intento de emancipación ha tenido su correctivo?

La historia que vivimos hoy tiene su origen en los años setenta, cuando una subcultura económica se vincula con el poder. Y el poder, en ese momento, iba de la mano del petróleo. Aquel fue un giro muy particular. Fue la época en la que un grupo de naciones dijo: “Vamos a decirles cuál es el precio de nuestro petróleo”. Eso es algo sin precedentes en la vida del capitalismo. Tengo la edad suficiente como para haber vivido el momento en el que, repentinamente, las industrias comenzaron a despedir trabajadores. En todas partes, incluso en los círculos académicos, se hablaba de “racionalización”. Y a esa presión se sumaba la intimidación a cualquier atisbo progresista. Se trataba casi de una “limpieza étnica intelectual”, del asalto a los sindicatos, del asalto a cualquier organización que no estuviera en el lado bueno en la guerra contra el comunismo, o contra cualquier otro “ismo” que no estuviera perfectamente previsto en la agenda. Yo mismo pude ver la deconstrucción de todo el progreso que se había ganado tras la Segunda Guerra Mundial, ya desde la era Kennedy, que también fue muy ideológica. Occidente, antes y ahora, se considera una civilización increíblemente democrática, pero al mismo tiempo apoya dictaduras en todas partes.

Hay cierto movimiento dentro de la izquierda occidental que piensa que las luchas antirracistas, decoloniales, feministas, LGTBI y lo que llaman “políticas de identidad” distraen de la verdadera lucha global que acabaría con todas esas opresiones, que es la lucha de clases. Usted tiene muchas películas sobre racismo pero también sobre el mismo Karl Marx. ¿Qué opina de esto?

Ah, eso no es nada nuevo. Forma parte de lo que yo llamo “izquierda holgazana”, la izquierda que no hace los deberes. Ya estaban con ese tema en Mayo del 68. Yo era muy joven, apenas un adolescente, pero recuerdo las discusiones que tenían las mujeres cuando decían: “Queremos participar en esta lucha, pero no sólo como marionetas. Tenemos nuestras propias reivindicaciones”. Y grandes voces de la izquierda respondían: “¡No, no! ¡Primero tenemos que solucionar esta contradicción central! Vuestra lucha concreta vendrá después. Después, todo lo demás se organizará solo”. Era algo así como decir: “Cuando seamos liberados, nos aseguraremos de que tengáis vuestra parte”. No funciona así. En contraposición a todo eso, me acuerdo del movimiento zapatista: allí estaban muy orgullosos de involucrar a las mujeres, a todo el mundo al mismo nivel. Eso sí que era un progreso.

Ahora mismo en Francia hay una gran discusión porque en determinados ámbitos, en sindicatos o en gremios de estudiantes, se han tolerado reuniones “no mixtas”. Es decir, reuniones, para temas específicos, de mujeres o de personas negras que no quieren que estén presentes hombres o personas blancas. Esto se ha considerado un escándalo. Se dice que es racista o sexista. En realidad, esa actitud lo único que demuestra es una gran ignorancia sobre estos movimientos. Salvando las distancias, es algo similar a Alcohólicos Anónimos. Esa organización nos puede servir de ejemplo. Ellos, si no están juntos no pueden hablar, no hablan de la misma manera. Necesitan encontrar la confianza en un círculo en el que se sientan cómodos, para poder tener discusiones reales. Todo el mundo lo entiende y nadie se escandaliza por ello. Pero eso es exactamente lo que está sucediendo. Todo sirve para la especulación política y para armar escándalo. No hay nadie que diga: “Calma, vamos a analizar el antes, el después y el porqué de todo esto. Aquí podemos aprender algo”.

Ahora que hablamos de Francia, precisamente allí, pero también en otros países europeos, es muy popular la teoría del “Gran Reemplazo”, ese supuesto plan de los inmigrantes y los musulmanes para conquistar Europa, junto con el ataque a los valores occidentales. ¿Qué opina del auge de este discurso?

Ni siquiera entro en eso. Refleja una enorme incultura. Darle espacio a eso sería como decir: “OK, comencemos la pelea”. En realidad, es una forma de eludir el problema real. Y eso es, precisamente, lo que yo le critico a la mayor parte de la prensa. Entrar ahí, rebajar el debate al nivel del típico troll de Internet, es fabricar el problema, crearlo artificialmente.

La propia historia de Europa es producto de una mezcla increíble. Hace poco leí en el New York Times un artículo sobre esas empresas que realizan análisis de ADN. Y había tipos de extrema derecha que decían con orgullo: “¡Guau, casi el 90% de mis orígenes son blancos!”. Pero después no pueden explicar que, en el fondo, vienen de África, como todo el mundo. Es un ejemplo de estupidez… Ese es el nivel de… ¿discusión? Ni siquiera puede calificarse de discusión. Y por eso no voy a perder el tiempo con eso.

Rodaje de 'Exterminad a todos los salvajes'

Algunos críticos dicen que en Exterminad a todos los salvajes usted sólo habla del genocidio y el colonialismo llevado a cabo por Occidente. Y señalan que en todas las culturas, en todas partes, en otros países, no sólo los blancos, también se perpetraron genocidios y se esclavizaron pueblos. ¿Qué le sugieren estas objeciones?

Esas críticas vienen normalmente de unos entornos muy particulares, ya me entiende, pero, en cualquier caso, no las evado. Es complicado contar una historia que abarca 700 años, y trato de hacerlo de la forma más amplia posible, pero tengo que asegurarme de poner el foco en el centro, en el meollo. Esas supuestas ausencias, o esas contradicciones, funcionarían como distracciones en el relato. Yo tengo que permanecer enfocado. Y el problema es que hay gente que está a la defensiva desde el principio, buscando esas objeciones.

Yo ya sabía que me harían ese tipo de críticas, pero no me parecen muy inteligentes. En primer lugar porque sí hablo de otros genocidios. Aparece Camboya, aparece Uganda, hay una lista de 41 genocidios. Porque no se trata de raza, se trata de poder. Un poder desplaza a otro poder y se produce una masacre. Hay muchos ejemplos. Pero, históricamente, la mayor potencia fue Europa. Porque lograron ganar y crearon el capitalismo y, ya sabe, todavía están mandando. Así que esa es la historia. ¿Que hay otros contraejemplos? De acuerdo, pero yo no me muevo en el contraejemplo. Por eso, a los que me hacen esa crítica yo les diría: “Leed algunos libros y observad la película correctamente, porque creo que no la habéis visto”. Y cuando digo “ver” me refiero a entender al menos la mitad. La película es muy precisa en cada una de las piezas que la conforman. No hay una sola palabra que no haya calculado diez mil veces antes de incluirla. Así que es tanto una labor de construcción como de deconstrucción muy compleja. Imagino lo que la gente puede decir, imagino lo que dirán los críticos, y me aseguré de haber incluido todas las respuestas en la propia película. Se trata de que seas abierto. Y lo digo explícitamente en ella: “Tienes que dejar a un lado todos tus prejuicios”. Porque la esencia de esta película es frágil.

¿Frágil? ¿En qué sentido?

Digo que es frágil porque hay mucho ruido, hay muchas sensibilidades a flor de piel, y es muy difícil escuchar lo que estoy diciendo en la película. Y también es frágil por su propia naturaleza. Es un trabajo orgánico. No es sólo político. Es poético, es histórico, es personal, es íntimo, y mi forma de hacer esto es tratar ciertas cosas de manera especial. En algunos aspectos, tengo que provocar una conmoción. En otros, apartarme un poco.

Uno de esos temas que usted trata con más distancia es el conflicto palestino-israelí. Aunque hay alguna mención, se echa en falta más profundidad en su documental.

Me esforcé mucho en buscar la manera de que encajara en el relato, pero no quería que fuera un simple añadido. Al final me acordé de algo que había escrito hace años, sobre una joven palestina que se inmoló en una discoteca de Tel Aviv con un cinturón de explosivos. Recuerdo que cuando aquello ocurrió pensé en mi hija: “¿Y si fuera ella? ¿Qué diría?”. Porque mucha gente, y más concretamente desde la derecha israelí, afirma cosas como: “Son unos salvajes, matan gente”. Bueno, esto no explica nada, porque tú también matas gente. Y mucho antes de fomentar los asentamientos, además. El Irgún [una organización paramilitar sionista que operó durante el Mandato británico de Palestina, entre 1931 y 1948] era una organización terrorista para británicos, franceses y estadounidenses. Y ahí está la famosa explosión de aquel hotel [Peck se refiere al atentado del Irgún contra el hotel Rey David de Jerusalén, el 22 de julio de 1946, que causó 91 muertos].

En el documental recurrí a una perspectiva personal porque el tema no es simple. Si quieres resolver los problemas del mundo con soluciones pomposas, las mismas en todas partes, conmigo no cuentes. Significa que eres un ignorante y que no entiendes que el mundo es complicado. Así es cómo funcionan la historia y la política. Si sólo quieres expresar tu rabia, cuando ya hayas expresado tu enfado, ¿qué es lo siguiente? ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a matarlos a todos? ¿Otra vez? Porque eso es lo que está en juego. No hay soluciones sencillas. Mire lo que está ocurriendo en Palestina estos días y el tratamiento que se le da en la prensa. Es simplemente repugnante. “Unos colonos son asesinados y la respuesta israelí es…”. Es todo como muy orquestado, sin distancia. Y eso es lo que está sucediendo ahora mismo en todos los niveles de nuestra existencia.

Por eso esperábamos un poco más de luz sobre este tema.

La colonización de Palestina, porque se trata exactamente de eso, de colonización, no podía entrar en la película. Merece otra película aparte, porque hay mucho que decir. Yo hice tan sólo una referencia y espero que la gente la capte y la valore.

¿Qué reacción esperaba con una obra tan explícita y tan contundente como Exterminad a todos los salvajes?

La película es un proceso de argumentación. La forma en que la realicé es para que induzca al espectador a pensar. No estoy creando un producto para que lo consumas y únicamente digas: “Oh, vale, ya lo tengo”. No, es una llamada a la acción en tu cabeza. Eso es lo que pongo sobre la mesa: esto es lo que está pasando y es también tu responsabilidad.

Traducción: Mariado Hinojosa

L’efecte Ayuso, un triomf de la revolta ‘neocon’ espanyola que va començar el 2004?

Un estudi coordinat pel periodista especialitzat en extrema dreta Miquel Ramos descriu la gènesi de la “revolta neoconservadora”, un dels elements que hauria adobat el terreny a Ayuso

Clara Barbal i Mortés TV3 – 06/05/2021

La victòria electoral d’Isabel Díaz Ayuso a les eleccions madrilenyes fa ressonar els ecos de la dreta neoconservadora espanyola.

Alguns experts apunten que el creixement de Vox a la comunitat s’ha frenat pel discurs d’Ayuso, que recull molts elements programàtics del partit d’extrema dreta. Alhora, el discurs d’extrema dreta en surt reforçat, perquè conviu amb comoditat en l’espectre del PP que encara Díaz Ayuso.

Un exemple el trobem en les paraules d’Ayuso que va pronunciar des del balcó del carrer de Gènova, la nit de dimarts, minuts després de saber que havia doblat els seus escons:

 “Aquesta forma de governar amb opulència i hipocresia des de La Moncloa té els dies comptats.”

Una sort de discurs ‘anti-establishment’ i contra les elits polítiques, malgrat que Ayuso hagi fet carrera política durant els darrers quinze anys.

“La llibertat implica que una persona pugui començar mil i una vegades de zero.”

Ayuso s’ha caracteritzat per l’exaltació dels valors individuals i ho contraposa a les prestacions socials, que considera que creen “deutors amb l’estat”.

“Defensa de la unitat i la llibertat que necessita Espanya.”

Ayuso ha situat els seus resultats com una “moció de censura” al govern de Pedro Sánchez i la catapulta cap a una nova cursa dels populars a La Moncloa.

I els seus punts programàtics predilectes:

“Tenim dos anys de govern per abaixar els impostos, protegir l’educació pública, privada, concertada i especial.”


Tots aquests elements discursius no són nous, sinó que són una expressió del corrent neoconservador, especialment bel·ligerant amb els governs socialistes de José Luís Rodríguez Zapatero (2004-2010) i de Pedro Sánchez (2018-actualitat).

Això es desprèn de l’estudi “Dels neocons als neonazis. La dreta radical a l’estat espanyol”,promogut per la fundació Rosa Luxemburg i coordinat pel periodista especialitzat en extrema dreta Miquel Ramos.

En aquest informe, es descriu la gènesi del que anomenen “la revolta neocón”, de la qual beu Ayuso. Fins a la irrupció de Vox, “l’escissió neoconservadora del PP”, els populars havien capitalitzat tot l’espectre de la dreta espanyola.

Moltes de les cares visibles del partit d’extrema dreta han passat pel Partit Popular. Amb Ayuso, el neoconservadurisme torna a plantar batalla dins del partit.

“A Madrid, Ayuso ha sabut fer ombra a Rocío Monasterio [Vox]. Una gran part dels votants de Vox han vist encarnades les idees del seu partit en Ayuso. A més, han vist una líder forta, capaç d’articular un discurs de confrontació amb un llenguatge molt proper a l’extrema dreta. L’estancament de Vox a Madrid respon al perfil d’Ayuso”, explica Miquel Ramos

Díaz Ayuso i Aznar, a la convenció nacional del PP el 2019 (Europa Press)

Una guerra cultural

Segons l’estudi, l’onada reaccionària a Espanya comença el 2004: concretament el 14 de març, tres dies després dels atemptats d’Al-Qaeda a Madrid.

José María Aznar perd les eleccions generals, però el PP comença una ofensiva contra el nou executiu socialista de José Luís Rodríguez Zapatero. És especialment virulenta contra tres elements: el matrimoni igualitari, l’avortament i la memòria històrica.

 “No nomes en el terreny polític, sinó que planten una guerra cultural”, diu l’autor de l’informe, Miquel Ramos.

Aquesta “guerra cultural” el PP no la fa sol, sinó que es crea un ecosistema neoconservador que s’expressa a les institucions –amb el PP, UPyD, i després VOX–, els mitjans de comunicació –COPE, Intereconomía, La Gaceta–, centres d’estudi — FAES i GEES — i  societat civil organitzada –Hazte Oír, Asociació de Víctimes del Terrorisme, Foro Español de la Família–.  

“En aquesta batalla cultural és molt important el paper que han jugat fundacions com la FAES o la GEES. Articulen la reacció en contra dels consensos del que anomenen la “dictadura progre”, com si els drets humans fossin una imposició. L’extrema dreta es presenta com a rebel, inclús sovint antisistema, quan el que fan és posar en qüestió la conquesta de drets, els fonaments de qualsevol democràcia“, apunta Ramos


L’11M i la islamofòbia

Amb l’11M, els ‘neocons’ van iniciar una de les primeres batalles contra el govern socialista: encratjaven una “conspiranoia”, per la qual volen atribuir l’autoria dels atemptats a ETA.

“Hi ha unes similituds en l’estratègia actual de Vox i la que ja va articular l’extrema dreta inserida dins del PP d’Aznar. A partir de l’11M, van posar en dubte la legitimitat del govern de Rodríguez Zapatero, qüestionant fins i tot l’autoria dels atemptats, fent ús de la desinformació i les ‘fake news'”, subratlla el periodista Miquel Ramos

Alhora, els va donar munició per iniciar discursos islamòfobs, que el mateix expresident Aznar auspicia. Les idees antiimigració i contra el multiculturalisme comencen a agafar volada als mitjans de comunicació i, en boca de diversos polítics populars, com Ignacio CosidóEsperanza Aguirre o Xavier Garcia Albiol, tres altres grans exponents del neoconservadorisme al Partit Popular.

De fet, Aguirre va ser la dama de ferro ‘neocon’ durant nou anys a la comunitat de Madrid (2003-2012), i Ayuso va ser-ne una estreta col·laboradora.

A través d’Atlas Network, un paraigua de fundacions d’estudi neoconservadores, Aguirre i Aznar van apadrinar l’inici de les carreres polítiques de Santiago AbascalAlbert RiveraPablo CasadoCayetana Álvarez de Toledo i, òbviament, Isabel Díaz Ayuso.  

“Gran part dels protagonistes de l’ofensiva neocon seran claus en la creació i promoció del partit d’extrema dreta VOX i de la progressiva radicalització de la dreta espanyola”, diu l’informe.

L’expresident Jose María Aznar ha felicitat Ayuso pels seus resultats electorals: “El model de llibertat s’entén, funciona i els ciutadans li donen suport. Una gran lliçó i una gran esperança per a tots.”

Isabel Díaz Ayuso i Esperanza Aguirre, el 2 de maig passat (EFE / Ballesteros)


Drets i unitat d’Espanya

La reacció neoconservadora va presentar batalla contra algunes reformes legislatives del govern de Rodríguez Zapatero: l’avortament lliure, el matrimoni homosexual, la mort digna (que es va quedar en intent i no ha prosperat fins aquesta legislatura) i l’assignatura d’Educació per a la Ciutadania.

És quan neix i pren força el lobby ultracatòlic i d’extrema dreta Hazte Oír. Una curiositat és que aquesta organització va fer campanya contra Díaz Ayuso durant les eleccions del 2019, pel seu tímid suport a l’avortament lliure i dels drets LGBT. Una basa que ara pertany a VOX.

També va prendre protagonisme en les manifestacions contràries a l’avanç de l’Estatut de Catalunya, per “l’amenaça a la unitat d’Espanya”, i amb una suposada persecució de la llengua castellana als territoris plurilingües de l’estat, amb el destacat paper de l’Associació Nacional per la Llibertat Lingüística.
 

Hazte Oir, un col·lectiu ultracatòlic (Europa Press)


L’escola i la ideologia de gènere

L’informe recull la reacció a una suposada intromissió de la “ideologia de gènere” a les escoles, un concepte ultracatòlic que inicialment va acollir el Partit Popular i que ara ha recollit Vox. El partit d’extrema dreta ha anat més enllà, oposant-se a la llei de violència de gènere i criminalitzant les manifestacions feministes.

En termes d’ensenyament, convé destacar que Díaz Ayuso ha sigut molt bel·ligerant amb la llei ‘Celaá, que pren el nom de la ministra d’Educació Isabel Celáa i que vol enfortir l’educació pública i la immersió lingüística. Com a reacció, va promulgar una llei pròpia a la comunitat de Madrid –“llei de llibertat d’elecció educativa”– per blindar els concerts educatius.

“Una de les claus de la batalla cultural de l’extrema dreta és la ressignificació de conceptes. Apropiar-se de la paraula llibertat, o el dret a escollir. S’apropien fent ús del victimisme des del privilegi, molt habitual en l’extrema dreta: qüestionar que determinats col·lectius accedeixin a drets perquè els que ja els tenen els perdrien”, descriu Ramos

El presidt del PP, Pablo Casado, i la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en campanya contra la llei Celaá (Eduardo Parra / Europa Preess)


Aznaristes entre els fundadors de VOX

En síntesi, l’estudi “Dels neocons als neonazis” situa la reacció neoconservadora en el Partit Popular d’Aznar. Aquesta ideologia perd la seva influència amb la direcció “moderada” que pren Mariano Rajoy a partir del 2011. D’aquell substrat, neix Vox, el 2013.

“Això significava que el sector neocon i les seves propostes havien quedat marginats dins el partit, cosa que constituiria l’impuls definitiu perquè d’entre les seves files sorgissin elements descontents que fundaran un nou partit, Vox, plenament lliurat a les propostes ultradretanes i a l’ús profús de les guerres de gènere com a eina disruptiva del panorama polític institucional”, recull l’informe

En aquest sentit, cal destacar que set dels deu fundadors de Vox han militat o han tingut una estreta relació amb el Partit Popular d’Aznar: Santiago Abascal, Aleix Vidal-Quadras, José Luis González Quirós, Ignacio Camuñas, José Antonio Ortega Lara, Ana Velasco o María Jesús Prieto-Laffargue.

Ortega Lara, González Quiróis i Santiago Abascal, durant la presentació de Vox (Europa Press)