Fer front a l’extrema dreta. Estratègies d’acció de la societat civil

Informe realitzat per Marcia Tiburi, David Bou i Miquel Ramos sobre l’extrema dreta i l’antifeixisme. Un treball per a l’escola Guillem Agulló d’ Òmnium Cultural. Es pot descarregar gratuïtament ACÍ

Aporta o aparta

Una gran manifestación llenó las calles de París este pasado fin de semana para protestar por la inflación y por las medidas económicas del Gobierno de Macron. Convocados por la Francia Insumisa de Melenchón y otras fuerzas de izquierda, cerca de 140.000 manifestantes reclamaron, entre otras cosas, más políticas sociales y más impuestos a quienes más tienen. Era el arranque de una serie de movilizaciones que la izquierda ha previsto para las próximas semanas, y que ayer se extendió en forma de huelga para reclamar una subida de las pensiones, subsidios y el incremento del salario mínimo a 2.000 euros brutos al mes.

Hace tiempo que algunos tratan de extender el mantra de que la izquierda ha muerto, que las calles están vacías y que la ciudadanía agacha la cabeza ante las cada vez más vueltas de tuerca neoliberales con el trasfondo de la crisis provocada por la guerra en Ucrania. Es cierto que las calles en el Estado español no gritan como hace unos años, como durante la crisis de 2008 cuando las mareas y los mineros marchaban desde diferentes puntos del Estado y las plazas se tomaban y se transformaban en ágoras de debates y propuestas. Pero no es cierto que la izquierda esté ausente, ni que nadie proteste, ni que todo esté perdido. Ni mucho menos.

Curiosamente, algunos de estos promotores de la derrota no se cansan de promocionar cada protesta que tiene lugar en otros países, a veces incluso las de la extrema derecha, mientras omiten deliberadamente las que se dan en su país. Además de ser una clásica herramienta de desmovilización, es también el relato habitual de los del ‘todo mal’, de aquellos que dicen que aquí nadie hace nada, y que los fachas sí que saben protestar. Y por supuesto, que la culpa es siempre de los demás. La pregunta es dónde están ellos, donde militan y qué protestas o acciones proponen. Porque quizás ni están ni se les espera, viven instalados en las redes, en sus capillas, o simplemente sus lemas y sus marcos no llegan a convencer a una gran masa social que sí saldría a las calles bajo otras consignas y otras actitudes y proyectos mucho más constructivos.

Este mismo fin de semana, Madrid también vivió una gran manifestación para exigir la revalorización de las pensiones respecto al incremento del IPC acumulado anual y una pensión mínima del 60% del salario medio. Los pensionistas anuncian también el inicio de una serie de movilizaciones para los próximos meses, y alertan sobre los peligros de la privatización del sistema público de pensiones y las políticas fiscales que varios gobiernos autonómicos han emprendido para bajar los impuestos a los más ricos.

Ayer, los médicos de Urgencias del Hospital Infanta Sofía de Madrid anunciaron una huelga indefinida que arrancará el próximo 28 de octubre. Piden mejoras estructurales que acaben con la saturación de la sanidad pública, que según ellos lleva ‘al límite’ a los trabajadores y precariza el servicio de un modo alarmante. Las protestas de los sanitarios son habituales cada semana, y ya hay prevista una manifestación para el próximo 22 de octubre por una sanidad pública, universal y de calidad. También los estudiantes han convocado huelga por la educación pública para el próximo 27 del mismo mes, haciendo referencia además a la salud mental.

Thank you for watching

No es el único sector en pie de guerra. Hace una semana se canceló el XIII Salón del Automóvil de Ourense por la huelga indefinida del metal que tendrá en breve réplica en varias ciudades del Estado. Ya en 2021, Cádiz vivió una serie de protestas, también del metal, que fueron reprimidas con dureza por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, cuyas actuaciones causaron una gran indignación por el uso desmesurado de la fuerza y la exhibición de tanquetas en las barriadas populares de la ciudad.

También las calles de varias ciudades rugieron a principios de 2021 con el encarcelamiento del rapero Pablo Hasel, a pesar de la contundente respuesta del Gobierno contra estas, que llevaría a numerosos jóvenes a juicio y a algunos de ellos incluso a prisión. Como también, antifascistas de varias ciudades llevan años respondiendo a las habituales provocaciones de la extrema derecha en las calles y en las universidades. Más recientemente, miles de personas tomaron las calles de Madrid convocadas por la CNT para denunciar la criminalización de la acción sindical y exigir la absolución de las seis sindicalistas condenadas a prisión en la Pastelería Suiza de Xixón.

Extender el relato de que la gente ya no protesta es faltar a la verdad. Otra cosa es que los medios no presten la atención que deberían, lo criminalicen, o que no se den, de momento, manifestaciones, huelgas y protestas que unan todas estas reivindicaciones. Motivos para la protesta nos sobran, y los movimientos sociales y todas estas reivindicaciones sirven para presionar, para exigir, para cambiar las cosas y para reencontrarse en las calles, gobierne quien gobierne.

Cada semana, los movimientos por el derecho a la vivienda convocan movilizaciones y paran desahucios. Pocas veces salen en los medios, pero quienes seguimos sus canales de difusión somos testigos de la gran labor que realizan en los barrios de todas las ciudades, uniendo a vecinos y vecinas bajo el reclamo del derecho a una vivienda digna. También las kellys y las temporeras del campo en Andalucía han dado grandes lecciones de lucha estos últimos años denunciando la precariedad y la explotación a la que son sometidas, y ganando múltiples batallas a sus patronos. Como los riders, los taxistas y muchos otros sectores que, lejos de rendirse, combaten día tras día en sus pequeñas trincheras, lejos demasiadas veces de los grandes focos mediáticos.

Nos espera un otoño caliente, y todo apunta a que los contendientes en las guerras actuales (con o sin bombas) no tienen intención de sentarse a hablar ni a arreglar nada. Esto provocará todavía más crisis, que acabarán pagando los de siempre, y que, bajo el manto del patriotismo y la excepcionalidad del momento, nos tratarán de hacer comer a cucharadas. Los motivos para salir a la calle se multiplican conforme avanza la precarización de la vida y el autoritarismo. Promover el relato de la derrota, instalarse en el sectarismo y en el ‘todo mal’, solo causa desánimo y rechazo, y es totalmente contradictorio con el objetivo que se presume querer conseguir.

Hay mil frentes de lucha, miles de pequeñas revoluciones en marcha, llenas de gente buena y de causas justas. Como dijo una vez alguien en una asamblea, “aporta o aparta. Aquí se viene a construir, a generar sinergias y proyectos, a aportar soluciones y deseando de verdad ganar”. Visibilizar que hay lucha, que hay motivos, debería ser el primer objetivo de quien pretende que cada vez más gente se sume. Promover la derrota es lo que haría quien quiere que de verdad nada cambie.

Columna de opinión en Público, 19 de octubre 2022

L’extrema dreta nostrada: radiografia de l’extrema dreta independentista

La Diada serveix d’aparador per a entitats i formacions d’extrema dreta per exhibir-se sota l’ampar de proclames independentistes.

Santi Dommel – Diari de Barcelona 30 de setembre de 2022.

Una nena petita mirava perplexa com -qui semblava ser la seva mare- cridava als quatre vents: “Catalunya Catalana!”. La quarantena de persones que acompanyaven la familia a l’ofrena floral celebrada l’11 de setembre, van entonar el Cant dels Segadors. Ja per connivència ideològica o bé per ignorància, una onada d’aplaudiments va acompanyar la consigna. Mentrestant, la nena somreia amb innocència. 

No semblava entendre gaire bé el significat de les escridassades, però el somriure de complaença que li dedicava la seva mare va semblar tranquil·litzar-la. Es tractava d’un manifestació del Moviment Identitari Català (MIC), juntament amb Renaixença Nacional Catalana, entitats considerades d’extrema dreta pels seus postulats.


El MIC és una entitat que, tot i haver negat ser d’extrema dreta, advoca per la independència d’una ‘Catalunya Catalana’ on “les ajudes socials siguin per als catalans”. Juntament amb Renaixença, exhibeix el número ‘33’ a les seves banderes per referir-se a la tercera lletra de l’abecedari, la C, que es refereix al seu lema: ‘Catalunya Catalana’. Una simbologia que també empren moviments neonazis, que utilitzen el número ‘88’, tot aprofitant la posició de la lletra h a l’abecedari per evocar el lema ‘Heil Hitler’.

La imatge va recórrer les xarxes socials i mitjans van vincular l’extrema dreta amb l’independentisme. Segons expressa al Diari de Barcelona el fotoperiodista i autor de llibres com Tots els colors del negre (Ara llibres, 2022), Jordi Borràs, que ha assistit a l’ofrena des de fa anys, “l’acte es va sobredimensionar”. Especialitzat en extrema dreta, afirma que en realitat, “l’extrema dreta independentista és molt minoritària”. Perquè sovint, explica, l’extrema dreta genera molt soroll, però poca substància política. “Si la busques, no la trobaràs, perquè fan propaganda i ja està”. 

Què va passar exactament

En relació a l’ofrena floral, Jordi Borràs és molt crític amb la repercussió mediàtica que va tenir a la Diada l’extrema dreta independentista. “L’ofrena floral a Rafael Casanova és un acte en decadència des de fa anys. El MIC surt a la cua final de l’ofrena, quan ja han sortit els partits grans, les associacions, els castellers, els geganters…”, assenyala. 
En anteriors edicions organitzacions com Arran havien fet front a l’extrema dreta independentista. “Aquest cop l’esquerra independentista no els va aturar perquè no hi eren, fa anys i anys que no hi assisteix. No és que no es volgués aturar, és que no hi eren”. “Jo diria que aquest any hi havia menys persones que l’any passat”, afirma. 
Considera que la gent que aplaudia el MIC ho feia perquè “no tenen ni idea de qui són, la majoria de vegades veuen banderes i estelades”, emfatitzant que la quarantena de persones que hi havia “eren tots els membres del MIC que hi ha”. “És una entitat marginal”, sentencia.  

La terminologia a utilitzar

En l’àmbit terminològic, el DdB va abordar recentment la problemàtica a l’hora d’utilitzar termes com “ultradreta” i “extrema dreta”. Aquest mitjà s’atendrà a les definicions que estableix el DIEC de l’ultradreta, compresa aquesta com “l’extrema dreta que contempla la violència per assolir els seus fins”. 
Aquest mitjà s’atendrà a la definició dels prefix “ultra” i “extrem” que estableix el DIEC. L’extrema dreta toleraria el joc democràtic, però, tot i presentar discrepàncies amb la democràcia liberal, participaria del joc polític. L’ultradreta, en canvi, podem considerar que, en alguns casos, podria arribar a flirtejar amb ideologies totalitàries. 
La dreta radical, per altra banda, s’atendria als paràmetres de la democràcia, però “s’oposen als elements fonamentals de la democràcia liberal”, tal com ho defineix Cas Mudde a Ultradreta (Saldonar, 2021).

Quan la ficció supera la realitat

Tot i emfatitzar què va ocórrer a l’ofrena floral, Borràs assegura que “els independentistes no estan vacunats contra l’extrema dreta”. Afirma que el passat històric de l’independentisme fa complicat que proliferin aquestes idees d’extrema dreta ja que “en general, és anar contra natura”. “Existeixen, però és important no sobredimensionar-los”, destaca.

Borràs considera que “hi ha hagut un interès en sobredimensionar l’extrema dreta independentista que “és marginal i molt minoritària, a diferència de Vox que té 11 diputats al Parlament de Catalunya”. “Ens hem de preocupar i ocupar de l’extrema independentista, però en la mesura justa”, i el sobta que, ara, “comencin a aparèixer periodistes preocupadíssims per aquest tema, no ho dic per tu, però on eren fa cinc anys?”. “Molt sovint es donen massa mesura a entitats com aquests grups”, apunta, però “estem parlant d’uns sectors marginals de l’independentisme que no són nous, hi han estat sempre”.

“Crec que es vol relacionar l’independentisme amb l’extrema dreta”, explica el fotoperiodista. “El nacionalisme espanyol s’ha manifestat molt de la mà de l’extrema dreta des de fa molts anys”. Indica que l’espanyolisme no s’entén sense l’extrema dreta i recorda que “a cada manifestació espanyolista t’hi trobes fatxes a punta pala”. “Això amb l’independentisme no passa”, conclou.

A més, l’impacte electoral dels sectors de l’extrema dreta independentista no s’ha materialitzat en un electorat contundent. “Som Catalans, per exemple, va rebre 56 vots a les eleccions de Vic de 2015”, explica Xavier Rius Sant, periodista i autor de Els ultres són aquí (Pòrtic, 2021). Entitats com aquesta, Aliança Catalana i el MIC, explica Rius, són “opcions polítiques que no van enlloc”.

Com operen 

Miquel Ramos, periodista i investigador especialitzat en extrema dreta, aprofundeix en els mecanismes que empra l’extrema dreta per fer arribar el seu missatge. Les xarxes socials “són un lloc fàcil on prospera la desinformació. Ara, l’extrema dreta té més mitjans que abans per manifestar-se”, explica Miquel Ramos. 

“Les xarxes socials no tenen filtre. Pots fer proclames i emanar la teva ideologia i teories conspiranoiques des de l’anonimat”. Aclareix que “no tot el que diuen apela a la desinformació i els sentiments”, però que les xarxes no tinguin regulador “li ve molt bé a l’extrema dreta”, apunta Ramos.

“No és bo promocionar-los, però tampoc banalitzar-los. En comparació amb l’extrema dreta espanyola, la independentista són grups molt residuals i no compten amb una cohesió concreta”. “L’extrema dreta apel·la a tota la societat, s’aprofiten del malestar de la gent”, indica. 

“Jo crec que la inestabilitat política a l’independentisme ajuda a fer que aquests grups no se’ls hi faci tant de front”, i considera que l’independentisme “ajuda a camuflar els seus discursos que, poc a poc, van inserint el seu ideari xenòfob i antimigratori en la societat”. 

Miquel Ramos va participar en la publicació de l’informe De los neocón a los neonazis (2021), on analitzava la irrupció de Vox en l’aparador electoral espanyol. Reconeix que l’únic element diferenciador de la ultradreta catalana i espanyolista, rau en el nacionalisme que defensen. “La resta son les mateixes consignes“, afirma. 

“Un cop vaig fer la prova traduint el discurs de Vox i el vaig penjar perquè la gent de l’independentisme hi reacciones. Hi havia gent que estava molt a favor del que es deia. Després quan els hi vaig dir que era de Vox doncs es tiraven enrere”, sentencia.

Xavier Rius Sant ha tractat l’extrema dreta d’aprop i explica que hi ha una línia molt permeable entre les formacions d’extrema dreta espanyolistes i independentistes. Recorda el cas d’Ester Gallego, exmembre del PxC a Vic i que actualment és la portaveu del partit Som Catalans. “Hi ha una foto que està ella amb el Ignasi ‘Nacho’ Mulleras, que és el número dos de Vox a Girona”, explica. 

Ho corrobora Jordi Borràs: “On milita aquesta gent no obeeix tant als seus sentiments nacionals sino a altres interessos com pot ser la islamofòbia”.  “Un cas evident és el de Enric Ravello que surt orgànicament de PxC, un partit d’extrema dreta i més espanyolista que ‘Manolo el del Bombo’ per fundar Som Catalans, un partit independentista”, explica. “Que siguin independentistes està per demostrar, perquè portar una estelada no et converteix en independentista de la nit al dia”. 

També ha ocorregut en el món del futbol. Rius comenta el cas de “l’última reencarnació estroncada dels Boixos Nois on hi havia gent que era d’Ultrasur”. “Com pot ser que gent d’Ultrasur, que són els hooligans del Madrid, estiguin a Boixos, que són els ultres del Barça?”. Conclou que el més important per aquests grups en concret, al final, és la “borroka”. 

“Afortunadament amb l’independentisme no han arrelat gens entitats d’extrema dreta perquè el sentiment xenòfob no és fort”, indica i afegeix que “les lluites cainites de la ultradreta espanyolista i falangista, es repeteixen en l’extrema dreta independentista”. Apunta que aquesta és la principal raó per la qual fer una enciclopèdia de l’extrema dreta és impossible. “No acabaríem mai!”.

La tensió social i política, alenta l’aparició i el triomf de formacions d’extrema dreta. “Tot depèn dels contextos”, assenyala Rius. “Els atemptats de Barcelona i els nois de Ripoll van assentar el discurs aquell de ‘els hi hem donat tot’, ‘pagàvem activitats extraescolars’… Llavors l’escenari era propici per difondre discursos d’odi i apel·lar a una unitat de l’extremisme”. “L’extrema dreta necessita d’un escenari propici per desenvolupar-se”, sentencia.

Noves realitats polítiques forjen nous enemics per a l’extrema dreta. Jordi Borràs explica que bona part de l’extrema dreta actual ja no es que sigui antisemita, sino que molta gent es declara amiga d’Israel. El context polític i social ha canviat, no és el mateix ara que fa vuitanta anys”, assenyala. Els mecanismes d’odi respecte cultures, nacions i religions són els mateixos, però els enemics uns altres. 

“L’extrema dreta és especialista en victimitzar-se i en presentar-se com si no fossin polítics. Però ho són i fan política”, interpreta Borràs. L’antipolítica i el populisme són estratègies que sovint s’entenen per ser exclusives de l’extrema dreta, però no és així. “El populisme pot ser d’esquerres, de dretes, pseudoliberal. El populisme és una estratègia política que molta gent confon i pot tenir a veure amb l’extrema dreta. Pot ser un populista d’esquerres com Pablo Iglesias”, explica. 

Els pilars ideològics de l’extrema dreta

“Hi ha factors comuns: el nativisme, l’autoritarisme i el populisme”, indica el catedràtic d’ètica de la UB, Norbert Bilbeny. “El primer rau en l’origen de les persones. El principal signe de l’extrema dreta és la islamofòbia, la por irracional a l’islam”. Tot i així, el nativisme també esdevé un tret característic de l’extrema dreta. Ho podem veure amb formacions com Vox, en l’àmbit nacional, i Aliança Catalana, en l’aparador català.

“L’autoritarisme advoca per la reivindicació del lideratge (sovint únic), tots els altres han d’obeir el líder que, en l’ultradreta i els totalitarismes, esdevé el: führer, el cabdill…”, indica. A més, l’autoritarisme també “té un enfocament punitiu de les conductes i els comportaments polítics que no s’adhereixen a la norma que estableix”. “Castigues amb contundència a qui no pensa com tu”, en definitiva. 

Per últim trobem el populisme com un dels signes principals de l’extrema dreta. “El populisme facilita de seguida la retòrica excloent”, apunta Bilbeny. “El concepte i categoria política de poble ajuda a mantenir i arreplegar. Vox parla de la ‘España Viva’”, i considera que “a Catalunya tenim qui usa el terme ‘botiflers’. El populisme entén que hi ha gent que no compren el seu poble, que no són com ells”. A partir d’aquí, afirma Bilbeny, “tota la resta es desgrana d’aquests tres aspectes”.

Jordi Borràs insisteix, però, que l’ús de la paraula botifler no implica que tothom s’identifiqui ideològicament amb l’extrema dreta, el que passa es que la beneficia. Assegura que “el concepte botifler té segles i sosté que els catalans lluiten pels interessos de catalunya”. “Però és molt polèmic, perquè és una de les benzines que fa servir l’extrema dreta arreu del món”.

Entitats d’extrema dreta independentistes

Per indexar les formacions d’extrema dreta i ultradreta independentistes ha calgut partir d’una base. La Diada permet veure quines han estat les principals formacions i entitats d’extrema dreta independentistes que s’han manifestat i exhibit. Així i tot, hem d’introduir entitats que no es presenten com a independentistes, però que defensen postures semblants a aquestes formacions. Aquí, doncs, trobareu un compendi de les principals entitats que van exhibir les seves consignes l’onze de setembre: 

  • Aliança Catalana (AC)

Liderada per l’exregidora de Ripoll del Front Nacional de Catalunya, Sílvia Orriols. Va ser legalitzada a finals de juliol del 2020, Orriols es va escindir perquè “no volia moderar-se amb el tema immigració”, explica Xavier Rius. “Això va passar arran dels nois de Ripoll, els atemptats de Barcelona, a més a més que estava en contra dels refugiats”. 

Jordi Borràs titlla l’AC de pertànyer al sector de la dreta radical. L’octubre de 2020, Orriols explicava les directrius del partit: “Hem d’intentar salvar, no només Ripoll sinó tot Catalunya, d’aquest focus d’inseguretat, d’aquest descontrol migratori i de l’islamisme radical que cada cop afecta més a la nostra vida quotidiana”. 
La incidència en la immigració és una de les senyes d’identitat d’AC. Al seu portal web, trobem consignes que diuen voler “promoure aquelles polítiques immigratòries que beneficiïn els ciutadans de Catalunya, no els estrangers”. La islamofòbia és, sense cap mena de dubte, l’eix neuràlgic del discurs de l’entitat: 

A més a més, Orriols va protagonitzar recentment la difusió d’una notícia falsa al titllar un acte feminista de ser “islamista”. Aquest carregava contra l’ús dels vels i l’organitzaven l’Associació Veïnal de Sant Antoni, Indian Culture Centre, Dones de Bangladesh, Mujeres Pa’*lante i ACESOP (Associació Cultural Educativa i Social Operativa de dones Pakistanesos). Comptaven amb el suport de l’Ajuntament de Barcelona. 

Front Nacional de Catalunya (FNC)

El Front Nacional de Catalunya (FNC) va ser una organització creada a París el 1940. “El Front Nacional de Catalunya original era un partit antifranquista i independentista que va col·laborar amb els aliats durant la segona guerra mundial”, explica Jordi Borràs. L’any 1990 es va dissoldre formalment després que els seus membres s’acabessin d’adherir a ERC. 

Aleshores, els militants de l’entitat van acordar “per respecte a la història i la militància de l’organització extinta“, no tornar a utilitzar les sigles del Front, segons explica Borràs a l’informe De los neocón a los neonazis. Però el 1999, Jordi Casacuberta, Xavier Andreu i Ventura Niubò, “a esquenes dels dels militants històrics van inscriure la formació al registre de partits de l’estat, usurpant, així, les sigles del FNC”. Jordi Casacuberta segueix sent el seu secretari general. 

La formació, en l’actualitat, s’identificaria “en l’entorn de la dreta radical populista”, segons explica Borràs al cinquè capítol de l’informe De los neonazis a los neocón. Una tendència característica “del Front Nacional de Marine Le-Pen i Vox”. Per Borràs, “l’activisme desplegat en les xarxes socials pels militants i simpatitzants del FNC ha contribuït a sobredimensionar un espai polític en procés de vertebració i amb una militància escassa”. 

Borràs explica que els “usurpadors del FNC aposten per un ferm control dels fluxos migratoris de biaix classista”, anunciant al seu decàleg que “l’immigrant ha de ser qualificat, venir amb un contracte de treball i un mínim de recursos”. “També contraposa els drets de la dona amb l’islam i tatxa al feminisme de ‘ideologia de gènere’”, explica a l’informe. 

Albert Pont, empresari i director del Cercle Català de Negocis, va encapçalar la llista del FNC a Barcelona el 2021, juntament, amb Jaume Nolla (periodista i locutor que interpreta el Senyor Marcel·lí a Rac1). Ho explicava en Roger Palà. El Diari de Barcelona ha intentat confirmar si Pont i Nolla es tornaran a presentar com a caps de llista per el FNC, però no ha rebut cap resposta.

Sílvia Orriols es va escindir al març del 2020 del FNC perquè “la cúpula del partit li va demanar que afluixes pel tema refugiats”, assenyala Rius al seu blog. “En canvi, a les llistes del Parlament del FNC a les eleccions del 14 de febrer del 2021, s’hi van presentar gent del MIC i Renaixença, entitats més radicals”, assenyala, grups “més ‘cap rapats’ i ‘descerebrats’”. 

  • Renaixença Nacional Catalana (RNC)

“Des de l’entorn del MIC, es va anunciar el gener de 2019 la creació d’una marca electoral anomenada Renaixença Nacional Catalana”, explica el fotoperiodista Jordi Borràs. Els seus creadors figuren com a “secretariat general” i són tres membres del MIC: David Lloret Mayor, Oriol Edo Cruces i Montserrat Fontanet Claramunt. “Van formar part de la candidatura del FNC pel 14 de Febrer”, explica Xavier Rius. 

Sota el lema “El partit dels patriotes”, l’entitat està conformada per “alguns grups de patriotes” que s’han anat “reunint i coneixent al llarg dels anys”, tal i com expliquen a les seves bases polítiques. Asseguren ser gent de diverses procedències socioeconòmiques: “Empresaris, autònoms, obrers, botiguers”. Figuren com a membres del secretariat al registre oficial de partits: David Lloret Mayor, Oriol Edo Cruces i Montserrat Fontanet Claramunt. 

Banderes del MIC i Renaixença – Imatge extreta del web de Renaixença – Imatge extreta del web de Renaixença Nacional Catalana

Advoquen per una “Catalunya Catalana”, emprant un discurs xenòfob que es refrenda per frases com: “El dia que toqui menjar porc setmanalment a l’escola i l’alumne, per un tema religiós, no el vulgui, s’haurà de portar de casa el seu propi menjar amb una carmanyola”. 

L’antipolítica és una de les signes d’identitat de RNC. Al seu manifest apel·len a que “vista la ineptitud, la deixadesa, la falsedat i la traïdoria dels nostres polítics ens veiem obligats a fer un pas endavant“. 

“Es mostren com els salvadors de catalunya”, explica Jordi Borràs. Un element que extrapola a la resta de formacions d’extrema dreta. “El ‘Recuperem Catalunya’ de Ignacio Garriga i tota una serie de missatges, es basen en la idealització d’un passat inexistent”.

  • Som Catalans (SOM)

Nascuda el 2014 arran d’una escissió “d’uns pocs membres de Plataforma per Catalunya que rebutjaven l’espanyolisme de l’entitat”, Som Catalans és una formació política que s’autodefineix per ser “identitària i independentista, tenint els Països Catalans com a referent geogràfic nacional”, explica Jordi Borràs. Van ser presents a l’ofrena floral a Rafael Casanova a la Diada d’enguany.

El seu fundador és Enric Ravello, exresponsable de relacions internacionals de l’extinta Plataforma per Catalunya. “Es va dissoldre el 2019 i va suggerir als seus militants que s’afiliessin a Vox”, apunta Xavier Rius. “Ravello, també era exmembre del Cercle Espanyol Amics d’Europa (CEDADE), una organització que feia difusió i propaganda neonazi i europeista”. 

Juntament amb Ester Gallego, també de PxC, van presentar-se a les eleccions municipals per Vic el 2015 on van treure 56 regidors. Rius i Borràs apunten un element rellevant d’aquesta entitat: l’ajuda exterior. Gràcies als contactes que Enric Ravello va fer a PxC, explica Jordi Borràs, “Som Catalans manté relacions fluides amb organitzacions com el VB i la Lliga de Salvini”. Filip Dewinter, el líder del Vlaams Belang i diputat flamenc, va assistir, juntament amb altres membres de partits d’extrema dreta europeus, a l’acte d’inauguració del partit, a l’abril del 2015. 

D’esquerra a dreta: Enric Ravello i Ester Gallego, ex membres de PxC i en l’actualitat dirigents de Som Catalans amb Filip Dewinter, diputat flamenc i líder del Vlans Belaang – Extreta del blog de Xavier Rius Sant

  •  Moviment Identitari Català (MIC)

“El MIC és una entitat d’extrema dreta independentista que comença la seva activitat el 2015 i es constitueix com associació sense ànim de lucre el 2017”, anuncia Jordi Borràs al cinquè capítol de l’informe De los neocón a los neonazis. “Podríem discutir si és una entitat d’extrema dreta o d’ultradreta”, però ressalta que “legalment, està constituïda com a associació cultural”. 

Ideològicament, defensen els principis d’una “Catalunya Catalana”, a més de “Catalunya catalana, ni espanyola ni musulmana”, on “totes les ajudes socials siguin pels catalans”, advocant per un control ferm de la immigració. Compta en les seves files amb Xavier Andreu, ex-membre de CEDADE. “Andreu va publicar a la revista nazi CEDADE, un article on defensava que el nacionalsocialisme era regionalisme”, diu Rius Sant. En aquest sentenciava que “amb la mort dels estats d’Europa, naixerà una Europa de nacions”. 

Article de Xavier Andreu a la revista CEDADE, n. 147. Gener de 1987 – Extret del Blog de Xavier Rius Sant

“Està basada en l’identitarisme francès, més nativista”, un moviment que defineix com “una reconversió de la nova dreta francesa, que va nèxier a finals dels anys 60”. “Fan una revisió del racisme biologista clàssic, el qual abracen, i, en general, defensen teories conspiranoiques com la de la substitució on creuen que hi ha un complot mundial per suplantar la població blanca d’Europa a Occident”

La simbologia del MIC passa per l’exhibició d’un au fènix negre amb l’escut de Sant Jordi i la senyera al darrere. Abans, però, “feia servir el mateix emblema que el moviment identitari, els renovadors de l’ultradreta europea, que és la lambda”, incideix Borràs. El MIC té tints d’ultradreta i l’ús del número 33 per referir-se al lema “Catalunya Catalana”.

Una crisi de valors democràtics?

“Hi ha símptomes d’una crisi de valors democràtics”. Són paraules de Norbert Bilbeny qui insisteix que ja va ser detectada als anys 80 per la mateixa dreta, catalana i catalanista. Explica com va apuntar que el primer cop que ho va escoltar provenia de gent de Convergència Democràtica, juntament amb parlamentaris europeus. “Van començar a apuntar el que creixia a Europa i al mateix Parlament Europeu, on s’estava posant en perill el liberalisme i pujant el populisme”. 

Bilbeny considera que la societat s’està introduïnt en els mecanismes discursius de l’extrema dreta. “Recordem l’espot electoral de CiU, on apareixia Artur Mas sota el lema: El triomf d’un poble”. “És un llenguatge que posa els pèls de punta. Remmemora el documental de Leni Riefenstahl, cineasta del règim nazi, que va publicar el 1935: El triomf de la voluntat”, recorda. El documental propagandístic emprava tècniques revolucionàries de filmació per mostrar, en definitiva, la mort de l’individu i l’empoderament de la massa. 

Cloenda

El Moviment Identitari Català, Aliança Catalana, Som Catalans, Renaixença i la formació que va usurpar les sigles del FNC, van sortir als carrers a la Diada d’enguany. Exhibint símbols i propaganda pròpia de l’extrema dreta, la participació d’aquestes formacions, va fer ressò a les xarxes socials i els mitjans d’arreu del país

L’escena dels aplaudiments al MIC i Renaixença ha fet creure que l’independentisme està normalitzant la presència d’una ideologia, sovint, entesa com a antidemocràtica. Res més lluny de la realitat, aquestes formacions representen una ínfima part del moviment sobiranista. 

Però, que la mostra d’aquestes formacions sigui petita, no indica que s’hagin de menysprear. Cal exposar-les en la seva mesura. La presència d’aquestes formacions a Catalunya no és una casualitat. Coincideix amb l’auge de l’extrema dreta a Europa. Com tot, el context ajuda a comprendre una galaxia d’entitats que tenen com a nexe comú una ideologia excloient, sovint xenòfoba i racista.

La “quarta onada”, terme que empra Cas Mudde a Ultradreta, ha prés poder, recentment, a Itàlia. Ja és a les nostres costes, però tot i lluïr la senyera, l’onatge que genera no és una amenaça per als banyistes.

Que no nos convenzan de la derrota

De nada sirven hoy los lamentos ni los reproches. No sirvieron hace cuatro años cuando la ultraderecha entró por la puerta grande de las instituciones españolas con alfombra roja y eufemismos, ni con los sucesivos sustos de Le Pen en Francia, ni con los gobiernos de Trump o Bolsonaro. No fue Meloni quien dio el susto hace dos días. El fantasma hace años que recorre Europa y medio mundo, y algunos ya nos sentimos como telepredicadores anunciando el fin del mundo cada vez que los ultraderechistas están con medio cuerpo en la ventana a punto de entrar. No funciona.

Decía la pasada semana, a pocos días de las elecciones italianas, que esta nueva ola neofascista consiste en la absoluta normalización de las ideas de la ultraderecha y la asunción de sus marcos, su agenda y sus políticas por parte del resto de partidos. Pero también, y por oposición, en una izquierda que pierde más tiempo buscando culpables o tratando de aprovechar la marea antes que de ponerse manos a la obra.

No hay que omitir a los responsables, directos e indirectos, de esta nueva victoria del fascismo. Pero ordenémoslos por responsabilidades. Cuando liberales y conservadores cada vez se parecen más a los ultraderechistas, y los socialdemócratas se muestran incapaces (o sin intención) de plantar cara o tan solo cuestionar al neoliberalismo, se deja la puerta abierta al relato de la casta y de que todos son iguales. Aquí es donde la ultraderecha pesca parte de su electorado: en el cansancio, la decepción y la antipolítica, en que nada o poco cambia para la clase trabajadora gobierne quien gobierne, aunque luego la supuesta solución mágica de la ultraderecha siga el mismo guion que los anteriores, solo que atizando un poco más a los más vulnerables. Y es que sus recetas económicas no tienen nada de antisistema, sino que son una garantía para este, y para que las élites sigan en sus tronos mientras el debate del populacho gire en torno a la migración, las feministas, el colectivo LGTBI, los moros, la familia y las banderas.

El reproche a la izquierda institucional, a la que dice serlo y gobierna, pero no ejerce como tal, es más que necesario. Hay quienes esperan más de ella, quienes la excusan con las limitaciones de la coalición o del marco institucional, y quienes directamente la señalan como insalvable y como parte del problema. Todos tienen sus motivos y su parte de razón, pero la pataleta nunca sirvió de nada. Regalar la representación de la izquierda tan solo a estos partidos (o peor, al Gobierno), es contradictorio cuando al mismo tiempo se le niega tal entidad. Hay que seguir poniendo frente al espejo a esa parte de la izquierda que está en las instituciones, señalando no solo sus contradicciones o su falta de valentía (o peor, de voluntad), sino también su falta de argumentos o la ausencia de explicaciones más allá de triunfalismos por migajas.

Lo que no aporta nada y es un buen aliado tanto de la ultraderecha como del statu quo, es el nihilismo, el derrotismo, o peor, el ver a los fascistas como un ejemplo a seguir ‘porque hablan de lo que al pueblo le interesa’. Esto, lamentablemente, es algo que hemos visto en determinados espacios de una izquierda instalada en la pataleta y en el todo mal, sobre todo en redes sociales. Eso sí, tampoco es justo regalar a esta autoerigida como verdadera izquierda la representación de la ideología, ni tan solo de los deseos y las reivindicaciones de la clase trabajadora, por mucha pomposa retórica marxista que utilice.

Hay otra izquierda proactiva y menos llorica que de verdad trabaja por revertir esta situación, aunque lo haga lejos de los grandes focos mediáticos y los debates encarnizados en las redes sociales, llenos de anónimos predicadores y ascetas. Las personas que trabajan en sus pueblos y en sus barrios contra la precariedad, codo a codo con sus vecinos y vecinas, llevan tiempo construyendo ese mundo que algunos, de derecha a izquierda, tratan de defenestrar o de negar que exista. Cuando se culpa a ‘La Izquierda’ de no estar haciendo nada, y se señala solo a los partidos, se omite deliberadamente a estos movimientos sociales que siempre estuvieron, y se le regala la representación de la izquierda a los partidos e instituciones a quienes, al mismo tiempo, se les reprocha que no lo son. Hablar de ‘La Izquierda’ y omitir esto es una buena estrategia de la derecha para negarle entidad, pero una omisión imperdonable a quien se considera de izquierdas.

La derrota se construye antes en el imaginario colectivo que en la práctica, y parece que hay determinados personajes empeñados en instalarla incluso en sus propias filas. La izquierda institucional renunció hace tiempo a plantear algo que vaya más allá de pequeñas reformas que la estructura pueda asumir, sin molestar demasiado a las élites, capaces de derribar o instalar cualquier gobierno usando toda su artillería ajena a la democracia. Y no hay que menospreciar que algunos pequeños cambios sí que ayudan a quienes peor lo están pasando, aunque haya que señalar que siempre, mientras exista precariedad y explotación, serán insuficientes. Y por eso, los movimientos sociales son los que deben permanecer advirtiendo de todo lo que queda por hacer y predicando con el ejemplo. Aunque se crea que solo por aliviar temporalmente la situación de una parte de la población ya ha valido la pena, la honestidad debería exigir que se explicase el cómo y por qué se traga con todo lo demás y hasta dónde se está dispuesto a ceder.

Aún así, la izquierda sobrevive, le pese a quien le pese, ajena a los profesionales de la política. Sobrevive en las pequeñas grandes luchas que un día consiguen parar un desahucio, que otro día ocupan un edificio para familias vulnerables, o que consiguen frenar un plan urbanístico ecocida y especulativo. En sindicatos que consiguen frenar despidos, ganar a sus explotadores en un juicio o mejorar sus condiciones laborales. Cuando se planta ante los fascistas cada vez que estos pretenden vomitar su odio en los barrios obreros, o cuando lucha cada día contra el racismo, la homofobia y el machismo en sus escenarios cotidianos. Y sí, la conciencia de clase existe también en estas pequeñas luchas que algunos tratan de relegar a ‘lo identitario’ negando lo material que subyace en todas ellas, y a pesar de los esfuerzos del neoliberalismo por desclasarlas. Por eso, no puede regalarse al sistema o a la ultraderecha la batalla en las políticas de identidad (de los derechos de determinados colectivos a la igualdad), porque esta la explota y la vacía de contenido de clase precisamente para que la abandonemos y se la regalemos para enmarcarla en su relato reaccionario.

El terreno institucional, los partidos o los grandes platós son otra liga, y sus personajes van y vienen. Quizás convendría girar el foco hacia los que permanecen cuando los otros se van. Hay proyectos, espacios y luchas para todos los gustos, no lo duden. Quien diga que no hay nada que hacer se equivoca o miente. Y solo quien se puede permitir una derrota tras otra, quien está a salvo o quien pretende que nada cambie, es el más interesado en instalar ese nihilismo y ese derrotismo en esta izquierda, en esta sociedad que se resiste a resignarse.

Columna de opinión en Público, 27 de septiembre 2022