La historia de una traición: el hombre que fue fusilado por culpa de su hermano en Orellana

El periodista Miquel Ramos viraliza en Twitter la traición del hermano de su bisabuelo extremeño durante los primeros meses de la Guerra Civil. La familia era conocida en el municipio pacense como ‘Los Forillos’

Celia Gálvez Núñez Cáceres | 18·07·21 El Periódico de Extremadura

Corría el verano del 36. Apenas unos meses después de estallar la Guerra Civil, las tropas franquistas se cebaron con Extremadura. El 14 de agosto el General Yagüe bombardeó la capital pacense dando lugar a lo que se conoció como la ‘Matanza de Badajoz’ que dejó casi 4.000 muertos.   

Un poco más al suroeste de la capital, en el municipio Orellana la Vieja, una familia estaba a punto de romper sus lazos por culpa de las diferencias políticas. Un hombre, del bando de los falangistas, iba a permitir que mataran a su propio hermano, que no era militante pero su tendencia era claramente de izquierdas y republicana. Sin temblarle el pulso y dándole igual que corriera su misma sangre por las venas, así lo hizo y el menor de la familia, Juan Ramos Collado, fue fusilado. Tiempo atrás, un tercer hermano había salvado la vida del seguidor de Franco tras ser detenido por los republicanos. Este último, Antonio Ramos Collado, además se hizo cargo de los seis hijos del que entró en prisión. «Cuando Franco dio el golpe de Estado, los republicanos lo apresaron. Mi bisabuelo –el que sacó al falangista de la cárcel– se plantó en el cuartel y pidió que no lo tocaran, que respondía por él». Una vez en libertad y sin importarle lo que su familia había hecho por él no titubeó al delatar a Juan y lo asesinaron.

La historia de la traición familiar la cuenta sorprendido Miquel Ramos, un periodista valenciano colaborador de TVE, la Marea y Cuatro, que no conocía este hecho del pasado de su familia en Extremadura hasta hace unos meses. La descubrió por casualidad, pero está seguro de que en el mundo rural debe haber muchas similares. «Comí con mi tía –nieta de Antonio, el hombre que salvó al traidor y hermana del padre de Miquel– y me contó la historia que yo no sabía ni por mi padre ni por mi abuelo. Fue chocante. No me imaginé que en mi familia hubieran sufrido un trauma de tal calado», relata.  

En busca de sus raíces

Los Ramos Collado eran muy humildes. En el pueblo los conocían como ‘Los Forillos’. «Eran más pobres que las ratas. Tanto que tenían que robar habas y se comían hasta las vainas», relata el periodista. Antonio, su bisabuelo, murió en la posguerra y con su mujer, Teresa Fernández Collado, tuvo cuatro hijos: Víctor Ramos Fernández –abuelo del periodista–, Máxima, Juan y Antonio. Su abuelo se casó con ‘La Chata’ de la familia de ‘Los Corujos’. Vivieron en la calle Corredera del pueblo hasta finales de los años 50, cuando se vieron obligados a emigrar después de una durísima posguerra en busca de un futuro para sus hijos. Hasta entonces, convivieron en el mismo municipio con el asesino de su hermano. «Con miedo y en silencio, pero sin tener relación alguna con el delator».

Con la crisis, una parte se marchó a Mallorca, otros a Madrid y el resto a Valencia, ciudad que eligieron los abuelos de Miquel y a la que años más tarde tuvo valor de personarse el «traidor de la familia». Repudiado por el resto de miembros Ramos Collado, se presentó en casa de su sobrino –Víctor, el abuelo de Miquel–, pero jamás consiguió contactar con él. «Tenía más familia en Valencia, pero aprovechó la visita para intentar contactar con mi abuelo. Por suerte estaba trabajando en ese momento. Estaba mi abuela, que no quiso recibirle, ya que temía que mi abuelo apareciera y no respondiera de sí mismo. Mi tía, con tan solo 12 años abrió la puerta, le miró y le dijo: en esta casa no entras porque mi padre dice que aquí no vienen ni fascistas ni traidores». Estas palabras las aprendió de Víctor, que dolido por la pena que sufrió su padre durante toda una vida, se prometió repudiar cualquier acto fascista. «El bisabuelo Antonio murió muy triste por lo ocurrido con el pequeño de sus hermanos», le cuenta a Ramos su tía.

La soberbia de Aznar, Felipe González y Alfonso Guerra dando lecciones: del GAL a la Guerra de Irak

Ex presidentes como Aznar y Felipe González reaparecen para atacar al Gobierno de Pedro Sánchez, a la izquierda y al independentismo. Nunca se pronuncian sobre temas sociales. Solo aparecen para su pataleta nacionalista. Ninguna lección pueden dar quienes se vieron involucrados en terrorismo de Estado ni quien nos mintió para implicar a España en una invasión y una guerra como la de Irak, cuyas consecuencias todavía está pagando gente inocente.

Raoul Peck: “Para ver ‘Exterminad a todos los salvajes’ debes dejar a un lado todos tus prejuicios”

La última obra del director haitiano es un puñetazo al estómago eurocentrista. La serie de la HBO narra la larga historia de conquista, explotación, esclavitud y genocidio protagonizada por el hombre blanco.

Miquel Ramos y Manuel Ligero 18 mayo 2021 – La Marea

La historia es fruto del poder. Es la historia de los vencedores. “Y está claro que esto debe ser cuestionado”, advierte la voz del narrador en los primeros minutos de Exterminad a todos los salvajes (2021). Esa voz es la de su guionista y director, Raoul Peck (Puerto Príncipe, 1953), que ha volcado en esta serie documental (producida y emitida por la cadena HBO) todo su conocimiento de las dinámicas coloniales, todo su compromiso político y toda su rabia antifascista. Y también su propia biografía.

Nominado al Oscar por I am not your negro (2016), la conmovedora semblanza del escritor y activista James Baldwin con la que ganó el BAFTA en Reino Unido y el César en Francia, Peck es autor de una extensa filmografía desde los años ochenta y ha impartido clases de cine por todo el mundo: Estados Unidos, Noruega, Líbano, Togo… Pero acudir a festivales y conferencias es para él cada día más difícil. Su pasaporte haitiano, que en otro tiempo le sirvió para ir a la mayor parte de países sin necesidad de visado, se encuentra cada vez con más obstáculos. Nacido en Haití, pasó su infancia entre Nueva York y el Congo recién liberado del yugo imperialista belga; residió en Francia durante su adolescencia y estudió Ingeniería Industrial, Ciencias Económicas y Cine en Berlín. Le han ofrecido muchas veces una segunda nacionalidad para acabar con sus problemas burocráticos. Siempre se ha negado. Es su forma de permanecer fiel a sus raíces, su ideología, su color de piel. Y su obra es prueba de ello, desde sus primeros documentales sobre Haití(donde fue ministro de Cultura) hasta los biopics El joven Karl Marx (2017) y Lumumba (2000).

Su cine, siempre militante, adquiere en los cuatro episodios de Exterminad a todos los salvajes una contundencia radical. El título, una frase extraída de la novela El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, remite a la larga historia de conquista, imperialismo, explotación, esclavitud y genocidio ejercida por el hombre blanco. El relato de Peck abarca los últimos 700 años de historia de la humanidad. Señala directamente al espectador europeo, nos sacude, nos pone frente al espejo, nos hace replantearnos nuestro confort (empapado en sangre indígena), nos conmina a mirar más allá de nuestra historia oficial. Desde el exterminio de los nativos americanos hasta el Holocausto. Desde la esclavitud hasta el auge de los actuales movimientos supremacistas. La serie, verdaderamente brutal en lo emocional, ha sido saludada por algunos críticos como “una obra maestra”.

En La Marea ansiábamos hablar con Peck no sólo por su filmografía y por su última obra, sino por su manera de contar la historia, por su apuesta por disputar el relato. Y también, claro, por obtener su diagnóstico sobre la actualidad. ¿De dónde salen estas nuevas formas de fascismo? ¿Por qué sufre la izquierda esta fragmentación, esta incapacidad por pelear la batalla cultural? ¿Y por qué asume (e incluso reivindica) el relato del poder, cuando eso contribuye a su propia condena? “Europa, sencillamente, está poniéndose al día. Sigue en ello. Y eso es un síntoma de la debilidad de la izquierda. Y es débil porque, en realidad, nunca tomó el poder”, nos explica Peck.

Una cosa es ganar las elecciones y otra tomar el poder.

Exactamente. Lo máximo que ha obtenido la izquierda es un puñado de gobiernos socialdemócratas. Esa disparidad entre gobierno y poder se vivió muy claramente en Francia cuando Mitterrand ganó las elecciones. Apenas dos años después cambió de directrices porque tenía demasiadas presiones externas y la economía estaba cayendo en picado. Básicamente colapsó, cedió. A partir de entonces, la mayoría de los partidos de izquierda se debilitaron. Y hoy podemos verlo todavía más claramente: la izquierda ha explotado. Queda la izquierda ecológica, que lo tiene más o menos claro, pero eso es todo.

¿Y cada intento de emancipación ha tenido su correctivo?

La historia que vivimos hoy tiene su origen en los años setenta, cuando una subcultura económica se vincula con el poder. Y el poder, en ese momento, iba de la mano del petróleo. Aquel fue un giro muy particular. Fue la época en la que un grupo de naciones dijo: “Vamos a decirles cuál es el precio de nuestro petróleo”. Eso es algo sin precedentes en la vida del capitalismo. Tengo la edad suficiente como para haber vivido el momento en el que, repentinamente, las industrias comenzaron a despedir trabajadores. En todas partes, incluso en los círculos académicos, se hablaba de “racionalización”. Y a esa presión se sumaba la intimidación a cualquier atisbo progresista. Se trataba casi de una “limpieza étnica intelectual”, del asalto a los sindicatos, del asalto a cualquier organización que no estuviera en el lado bueno en la guerra contra el comunismo, o contra cualquier otro “ismo” que no estuviera perfectamente previsto en la agenda. Yo mismo pude ver la deconstrucción de todo el progreso que se había ganado tras la Segunda Guerra Mundial, ya desde la era Kennedy, que también fue muy ideológica. Occidente, antes y ahora, se considera una civilización increíblemente democrática, pero al mismo tiempo apoya dictaduras en todas partes.

Hay cierto movimiento dentro de la izquierda occidental que piensa que las luchas antirracistas, decoloniales, feministas, LGTBI y lo que llaman “políticas de identidad” distraen de la verdadera lucha global que acabaría con todas esas opresiones, que es la lucha de clases. Usted tiene muchas películas sobre racismo pero también sobre el mismo Karl Marx. ¿Qué opina de esto?

Ah, eso no es nada nuevo. Forma parte de lo que yo llamo “izquierda holgazana”, la izquierda que no hace los deberes. Ya estaban con ese tema en Mayo del 68. Yo era muy joven, apenas un adolescente, pero recuerdo las discusiones que tenían las mujeres cuando decían: “Queremos participar en esta lucha, pero no sólo como marionetas. Tenemos nuestras propias reivindicaciones”. Y grandes voces de la izquierda respondían: “¡No, no! ¡Primero tenemos que solucionar esta contradicción central! Vuestra lucha concreta vendrá después. Después, todo lo demás se organizará solo”. Era algo así como decir: “Cuando seamos liberados, nos aseguraremos de que tengáis vuestra parte”. No funciona así. En contraposición a todo eso, me acuerdo del movimiento zapatista: allí estaban muy orgullosos de involucrar a las mujeres, a todo el mundo al mismo nivel. Eso sí que era un progreso.

Ahora mismo en Francia hay una gran discusión porque en determinados ámbitos, en sindicatos o en gremios de estudiantes, se han tolerado reuniones “no mixtas”. Es decir, reuniones, para temas específicos, de mujeres o de personas negras que no quieren que estén presentes hombres o personas blancas. Esto se ha considerado un escándalo. Se dice que es racista o sexista. En realidad, esa actitud lo único que demuestra es una gran ignorancia sobre estos movimientos. Salvando las distancias, es algo similar a Alcohólicos Anónimos. Esa organización nos puede servir de ejemplo. Ellos, si no están juntos no pueden hablar, no hablan de la misma manera. Necesitan encontrar la confianza en un círculo en el que se sientan cómodos, para poder tener discusiones reales. Todo el mundo lo entiende y nadie se escandaliza por ello. Pero eso es exactamente lo que está sucediendo. Todo sirve para la especulación política y para armar escándalo. No hay nadie que diga: “Calma, vamos a analizar el antes, el después y el porqué de todo esto. Aquí podemos aprender algo”.

Ahora que hablamos de Francia, precisamente allí, pero también en otros países europeos, es muy popular la teoría del “Gran Reemplazo”, ese supuesto plan de los inmigrantes y los musulmanes para conquistar Europa, junto con el ataque a los valores occidentales. ¿Qué opina del auge de este discurso?

Ni siquiera entro en eso. Refleja una enorme incultura. Darle espacio a eso sería como decir: “OK, comencemos la pelea”. En realidad, es una forma de eludir el problema real. Y eso es, precisamente, lo que yo le critico a la mayor parte de la prensa. Entrar ahí, rebajar el debate al nivel del típico troll de Internet, es fabricar el problema, crearlo artificialmente.

La propia historia de Europa es producto de una mezcla increíble. Hace poco leí en el New York Times un artículo sobre esas empresas que realizan análisis de ADN. Y había tipos de extrema derecha que decían con orgullo: “¡Guau, casi el 90% de mis orígenes son blancos!”. Pero después no pueden explicar que, en el fondo, vienen de África, como todo el mundo. Es un ejemplo de estupidez… Ese es el nivel de… ¿discusión? Ni siquiera puede calificarse de discusión. Y por eso no voy a perder el tiempo con eso.

Rodaje de 'Exterminad a todos los salvajes'

Algunos críticos dicen que en Exterminad a todos los salvajes usted sólo habla del genocidio y el colonialismo llevado a cabo por Occidente. Y señalan que en todas las culturas, en todas partes, en otros países, no sólo los blancos, también se perpetraron genocidios y se esclavizaron pueblos. ¿Qué le sugieren estas objeciones?

Esas críticas vienen normalmente de unos entornos muy particulares, ya me entiende, pero, en cualquier caso, no las evado. Es complicado contar una historia que abarca 700 años, y trato de hacerlo de la forma más amplia posible, pero tengo que asegurarme de poner el foco en el centro, en el meollo. Esas supuestas ausencias, o esas contradicciones, funcionarían como distracciones en el relato. Yo tengo que permanecer enfocado. Y el problema es que hay gente que está a la defensiva desde el principio, buscando esas objeciones.

Yo ya sabía que me harían ese tipo de críticas, pero no me parecen muy inteligentes. En primer lugar porque sí hablo de otros genocidios. Aparece Camboya, aparece Uganda, hay una lista de 41 genocidios. Porque no se trata de raza, se trata de poder. Un poder desplaza a otro poder y se produce una masacre. Hay muchos ejemplos. Pero, históricamente, la mayor potencia fue Europa. Porque lograron ganar y crearon el capitalismo y, ya sabe, todavía están mandando. Así que esa es la historia. ¿Que hay otros contraejemplos? De acuerdo, pero yo no me muevo en el contraejemplo. Por eso, a los que me hacen esa crítica yo les diría: “Leed algunos libros y observad la película correctamente, porque creo que no la habéis visto”. Y cuando digo “ver” me refiero a entender al menos la mitad. La película es muy precisa en cada una de las piezas que la conforman. No hay una sola palabra que no haya calculado diez mil veces antes de incluirla. Así que es tanto una labor de construcción como de deconstrucción muy compleja. Imagino lo que la gente puede decir, imagino lo que dirán los críticos, y me aseguré de haber incluido todas las respuestas en la propia película. Se trata de que seas abierto. Y lo digo explícitamente en ella: “Tienes que dejar a un lado todos tus prejuicios”. Porque la esencia de esta película es frágil.

¿Frágil? ¿En qué sentido?

Digo que es frágil porque hay mucho ruido, hay muchas sensibilidades a flor de piel, y es muy difícil escuchar lo que estoy diciendo en la película. Y también es frágil por su propia naturaleza. Es un trabajo orgánico. No es sólo político. Es poético, es histórico, es personal, es íntimo, y mi forma de hacer esto es tratar ciertas cosas de manera especial. En algunos aspectos, tengo que provocar una conmoción. En otros, apartarme un poco.

Uno de esos temas que usted trata con más distancia es el conflicto palestino-israelí. Aunque hay alguna mención, se echa en falta más profundidad en su documental.

Me esforcé mucho en buscar la manera de que encajara en el relato, pero no quería que fuera un simple añadido. Al final me acordé de algo que había escrito hace años, sobre una joven palestina que se inmoló en una discoteca de Tel Aviv con un cinturón de explosivos. Recuerdo que cuando aquello ocurrió pensé en mi hija: “¿Y si fuera ella? ¿Qué diría?”. Porque mucha gente, y más concretamente desde la derecha israelí, afirma cosas como: “Son unos salvajes, matan gente”. Bueno, esto no explica nada, porque tú también matas gente. Y mucho antes de fomentar los asentamientos, además. El Irgún [una organización paramilitar sionista que operó durante el Mandato británico de Palestina, entre 1931 y 1948] era una organización terrorista para británicos, franceses y estadounidenses. Y ahí está la famosa explosión de aquel hotel [Peck se refiere al atentado del Irgún contra el hotel Rey David de Jerusalén, el 22 de julio de 1946, que causó 91 muertos].

En el documental recurrí a una perspectiva personal porque el tema no es simple. Si quieres resolver los problemas del mundo con soluciones pomposas, las mismas en todas partes, conmigo no cuentes. Significa que eres un ignorante y que no entiendes que el mundo es complicado. Así es cómo funcionan la historia y la política. Si sólo quieres expresar tu rabia, cuando ya hayas expresado tu enfado, ¿qué es lo siguiente? ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a matarlos a todos? ¿Otra vez? Porque eso es lo que está en juego. No hay soluciones sencillas. Mire lo que está ocurriendo en Palestina estos días y el tratamiento que se le da en la prensa. Es simplemente repugnante. “Unos colonos son asesinados y la respuesta israelí es…”. Es todo como muy orquestado, sin distancia. Y eso es lo que está sucediendo ahora mismo en todos los niveles de nuestra existencia.

Por eso esperábamos un poco más de luz sobre este tema.

La colonización de Palestina, porque se trata exactamente de eso, de colonización, no podía entrar en la película. Merece otra película aparte, porque hay mucho que decir. Yo hice tan sólo una referencia y espero que la gente la capte y la valore.

¿Qué reacción esperaba con una obra tan explícita y tan contundente como Exterminad a todos los salvajes?

La película es un proceso de argumentación. La forma en que la realicé es para que induzca al espectador a pensar. No estoy creando un producto para que lo consumas y únicamente digas: “Oh, vale, ya lo tengo”. No, es una llamada a la acción en tu cabeza. Eso es lo que pongo sobre la mesa: esto es lo que está pasando y es también tu responsabilidad.

Traducción: Mariado Hinojosa

Militares franceses piden una intervención contra “el islamismo y las hordas de los suburbios”

El manifiesto, publicado en una revista de ultraderecha, amenaza veladamente con un golpe de Estado. El número de firmantes, a pesar del anuncio de sanciones, ha crecido de forma exponencial en los últimos días.

Miquel Ramos – La Marea – 28 abril 2021

El ruido de sables no suena solo en España. Mientras aquí varios militares retirados pedían el pasado mes de diciembre fusilar a medio paísen Francia un grupo formado mayoritariamente por veteranos de las Fuerzas Armadas también ha hecho públicas sus demandas a un año de las elecciones presidenciales. En una carta publicada recientemente en una revista de extrema derecha, alertan sobre el peligro islamista y señalan a los migrantes y a los pobres como generadores de un caos y una inseguridad que, según ellos, podrían provocar una guerra civil en el país.

El pasado 21 de abril, la revista de extrema derecha Valeurs Actuelles, publicó un manifiesto firmado por casi un millar de militares franceses, que alertaban sobre el peligro de una guerra civil si no se intervenía urgentemente en los barrios periféricos para defender la civilización contra “las hordas de los suburbios”. El manifiesto, que incluye una serie de exigencias al presidente de la República, Emmanuel Macron, asegura que existe una “creciente violencia, día tras día”, relacionada con una supuesta islamización del país.

Las “hordas” a las que hace referencia el texto señalan a los habitantes de los barrios humildes franceses, conocidos como banlieues, y habitados por personas de origen migrante, constantemente señaladas y estigmatizadas por la extrema derecha.

“Se acabó el tiempo de las vacilaciones. De lo contrario, mañana la guerra civil pondrá fin a este caos creciente, y las muertes, de las que usted será responsable, se contarán por miles”, dice la carta apelando a Macron. En el texto, que describe una “Francia en peligro”, los firmantes denuncian la “desintegración” que golpea a la “patria”, a través de “un cierto antirracismo” que, según ellos, tiene un objetivo: “Crear en nuestro suelo un malestar, incluso un odio entre comunidades”. Señalando al “islamismo y a las hordas de la banlieue”, llaman a los líderes franceses a “encontrar el coraje necesario para erradicar estos peligros” aplicando “sin debilidad las leyes que ya existen”. “Como nosotros, una gran mayoría de nuestros conciudadanos están abrumados por las ambigüedades y los silencios culpables” de los dirigentes políticos, señala el manifiesto.

La reacción oficial a esta carta se produjo por medio del general François Lecointre, jefe del Estado Mayor de la Defensa. Lecointre anunció sanciones para los generales y para los soldados en activo que firmaron el manifiesto. “Estos generales pasarán por un consejo superior militar. Al término de este procedimiento, será el presidente de la República el que firme un decreto de expulsión”, precisó el jefe de los ejércitos franceses en Le Parisien.

La líder del partido ultraderechista Rassemblement National, Marine Le Pen,dijo recientemente compartir la preocupación de estos militares, y los animó a sumarse al partido para las próximas elecciones presidenciales de 2022. Al menos tres de los 20 exgenerales que firman el manifiesto, entre otros altos mandos, han sido candidatos de su partido en elecciones locales.

Otro de los firmantes, Christian Piquemal, es un fiel seguidor de la teoría conspiranoica del “Gran Reemplazo”, popularizada por el escritor Renaud Camus y seguida por numerosos grupos y simpatizantes de extrema derecha. Esta teoría sugiere que existe un complot para reemplazar a la población europea por población migrante y someterla al islam. Se trata de una actualización de las viejas teorías antisemitas de Los protocolos de los sabios de Sión, y otras menos conocidas, esta vez con los musulmanes sustituyendo a los judíos como artífices del malvado plan. Piquemal, de 80 años y excomandante de la Legión Extranjera, perdió sus privilegios como oficial retirado tras ser arrestado por participar en una manifestación contra el islam en 2016.

Simpatías ultras en el ejército y la policía

También en Francia las Fuerzas Armadas y la policía han tenido, históricamente, cierta simpatía por la extrema derecha, un aspecto sobre el que ya alertó el periódico Libération el año pasado. El diario ofrecía porcentajes que rondan el 50% de apoyo de estos funcionarios a la extrema derecha, siendo la candidatura de Le Pen la más valorada en conjunto.

Florence Parly, ministra de Defensa francesa, dijo que el manifiesto publicado en Valeurs Actuelles era una politización “irresponsable” del ejército, mientras que la ministra de Industria, Agnès Pannier-Runacher, condenó “sin reservas a este puñado de generales que piden un levantamiento”. Parly apeló en su cuenta de Twitter a la misma Marine Le Pen: “Nótese que Marine Le Pen juega con una confusión que le conviene: la columna irresponsable publicada en Valeurs Actuelles está firmada únicamente por soldados retirados, ya sin ninguna función en nuestros ejércitos y que solo se representan a sí mismos”.

Posteriormente se supo que no todos los firmantes eran militares retirados. Dieciocho de ellos (incluidos cuatro oficiales) están en activo. Todos recibirán “sanciones disciplinarias”, explicó el general Lecointre, y serán “más duras cuanto más alta sea su graduación”. A su juicio, a una responsabilidad más alta le corresponde también “una obligación de neutralidad y de ejemplaridad más fuerte”.

A pesar de las amenazas de sanción, el fenómeno está creciendo como una bola de nieve entre los militares franceses. Cada día se suman nuevas firmas al manifiesto, que empezó con unas mil y cuyo número se ha multiplicado por ocho en las últimas horas. Un antiguo eurodiputado del Frente Nacional, Florian Philippot, animaba desde su cuenta de Twitter a que otros militares firmaran la carta con el objeto de salvaguardar “la Francia eterna”.

Todo esto es preocupante porque en Francia se lleva años banalizando el discurso de la extrema derecha y dándole voz en todas las cadenas. Se está creando un clima de opinión en el que están dictando la agenda”, apunta María Santos-Sainz, doctora en Ciencias de la Información y profesora titular de Periodismo en el Institut de Journalisme Bordeaux Aquitaine (Universidad Bordeaux Montaigne).

“Con las elecciones generales tan próximas [2022], el clima de opinión está tomando un carácter muy preocupante. Hay una alta posibilidad de que Marine Le Pen pueda llegar a la presidencia. Es un caldo de cultivo preocupante, cómo personajes como Eric Zemmour y otros voceros de la extrema derecha son invitados a los platós, convirtiendo los debates en un espectáculo. Estamos creando un ambiente muy tóxico que puede dar resultados inquietantes”, añade Santos-Sainz.

Islamofobia en el debate público

Francia ha endurecido la legislación después de diversos ataques con sello islamista, el último de ellos contra el profesor Samuel Paty, que provocó una ola de indignación y motivó diversas declaraciones sobre nuevas medidas contra el llamado “separatismo islamista”. Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, entre otras, así como colectivos de personas migrantes, musulmanas, de izquierdas, e incluso varios diputados corsos, criticaron los discursos del presidente y las medidas anunciadas, advirtiendo que estas podrían ir más allá y usarse contra otros colectivos.

“Las tesis islamófobas han ganado muchísimo terreno. A pesar del problema que ha tenido Francia con el terrorismo, se ha creado un clima de opinión muy alarmante. Hasta el punto de que el gobierno de Macron ha acabado haciendo una caza de brujas que ha llegado incluso a la universidad, contra profesores acusados de ‘islamoizquierdistas’, por tener posiciones críticas con determinados discursos y alertar sobre la islamofobia”, afirma Santos-Sainz.

Los ataques de tinte islamófobo se incrementaron en un 53% el pasado año, según el Observatorio Nacional de la Islamofobia. Los franceses que profesan la religión musulmana, muchos de ellos procedentes de las antiguas colonias, representan actualmente cerca del 6% de la población francesa.

El putsch sugerido por estos militares, “recuerda al intento de golpe de Estado contra De Gaulle en 1958, protagonizado por militares reaccionarios que tuvieron un papel importante en la guerra de Argelia”, apunta la profesora. Aquella guerra por la independencia, que se desarrolló entre 1954 y 1962, costó más de millón y medio de vidas argelinas. “Volvemos a la noción de cruzada frente al islam y las hordas de la periferia”, asegura Santos-Sainz.

Actualización 11.45h (29/04/2021)