Los ecos de Mauthausen en Buffalo

El atentado racista del pasado sábado en Buffalo (EE.UU) que acabó con la vida de diez personas e hirió a decenas, tan solo mereció una simple nota de sucesos en la mayoría medios generalistas. Llueve sobre mojado. Por una parte, se repite el mantra del ‘tiroteo’, una manera de esquivar la palabra ‘atentado’, solo reservada para terroristas, eso es, a personas musulmanas o de otro color de piel. Los blancos son simples enfermos. Los blancos de derechas, solo cuando están locos, son capaces de cometer tamañas atrocidades. Los de color oscuro o dios extraño son fanáticos por naturaleza, por su cultura, quieren decir.

Este terrible atentado tuvo lugar el mismo día que se llevó a cabo el homenaje anual a las víctimas del campo de exterminio de Mauthausen, en Austria, al que asistimos miles de personas de distintas partes del mundo tras dos años sin celebrarse por la pandemia. Ante el monumento a los republicanos españoles (cerca de 7.000 fueron deportados a los campos nazis) que se encuentra en la entrada del campo junto al resto de Estados, uno de los oradores recordó la naturaleza del nazi-fascismo que llevó al exterminio de millones de personas: los artífices del genocidio no eran ignorantes. Ni mucho menos enfermos mentales. Eran personas cultas, bien formadas, que sabían perfectamente lo que hacían y que tenían un proyecto de sociedad bien claro y perfectamente diseñado. Y para llevarlo a cabo, se tenía que estigmatizar, perseguir, capturar, esclavizar y exterminar a una parte de la población. Nada que Occidente no hubiese hecho antes en otros continentes durante la colonización, solo que esta vez, lo hizo con ciudadanos europeos. Primero hubo que deshumanizarlos. Después, la sociedad aceptaría lo que fuese. Y así fue.

Este proyecto excluyente, este discurso de odio y esta deshumanización sigue hoy vigente y de distintas formas asentado en el mismo continente donde se construyeron infinidad de campos como el de Mauthausen. También en España, donde además, no existen museos ni memoriales donde nos concentremos cada año bajo amparo institucional reivindicando el Nunca Más que rubricaron los supervivientes del nazi-fascismo. Hoy, el neofascismo sigue el mismo guion que entonces con otros colectivos, y amparado por la misma indiferencia y equidistancia que hicieron posible el Holocausto, la colonización y los genocidios. Los doce principios que Josef Goebbels, el propagandista de Hitler plasmó y llevó a cabo, se repiten hoy con otros actores y bajo la aceptación y la banalización de la mayoría: MENA, inmigrantes, feminazis, separatistas, moros, gitanos y los que toquen cada vez.

La Teoría del Gran Reemplazo, el Plan Kalergi y otras similares son conspiranoias semejantes a la de los Protocolos de los Sabios de Sion que usaron los nazis para reforzar el antisemitismo ya latente. Esta idea ha sido la que ha inspirado al terrorista norteamericano para asesinar a diez personas negras. Lo que a muchos les parece una chaladura es el mantra que desde hace años usa la extrema derecha para estigmatizar a las personas migrantes y musulmanas, y que se ve reforzado a diario por los medios de comunicación cuando estigmatizan a determinados colectivos. Este supuesto plan estaría urdido por unas élites ocultas (judías, por supuesto) para substituir a la población blanca en Europa por inmigrantes, diluyendo la raza a través del mestizaje y substituyendo la cultura cristiana por la sharía gracias a la izquierda ‘buenista’ que abre fronteras y es complaciente con el Islam. Por eso Breivik ejecutó a 69 adolescentes del partido socialista, los futuros dirigentes de la socialdemocracia noruega; por eso Tarrant entró en una mezquita y mató a 51 personas; y por eso, el asesino de Buffalo ha matado a diez negros, como ya hizo otro neonazi en Hanau, Alemania, en 2020 matando a once personas.

Cansa repetirlo cada vez que hay un atentado neonazi, pero ante la banalización reinante y la normalización de quienes difunden estas ideas, algunos nos lo tomamos como una obligación, y lo repetiremos las veces que haga falta: el terrorismo de extrema derecha es la principal amenaza violenta actual, y estos últimos años se ha incrementado de forma alarmante, superando incluso al terrorismo de corte religioso. Además, las ideas que nutren a estos fascistas son hoy aceptadas como una opción democrática más.

Que, con los cadáveres todavía recientes, esos discursos del gran reemplazo aterricen en las elecciones andaluzas demuestran lo lejos que estamos de estar vacunados contra estos fanáticos neofascistas. “cada vez más españoles y más europeos se sienten extraños en sus barrios de toda la vida, y cunde una sensación de desconcierto y de desposesión, de pérdida de control de sus propias vidas”, dijo Abascal en un acto en Almería.

Son fanáticos, no locos. Alemania no se volvió loca en los años 30. Se fanatizó. Pero sería hipócrita señalar exclusivamente a la ultraderecha como amenaza si no advertimos de la responsabilidad que le corresponde a quienes la dejan hacer, o peor, a quienes compran sus discursos y hasta se comportan como ella. Cuando Josep Borrell dijo que “la inmigración es el disolvente más grave que tiene hoy la Unión Europea”, estaba reforzando esa misma teoría y a quienes la difunden. O cuando Ursula von der Leyen denominó “Protección del Estilo de Vida Europeo” a la vicepresidencia encargada de tratar con la emigración, la seguridad, y la educación. La ultraderecha salió a aplaudirla, como era de esperar.

Y así, no solo con la retórica sino con los hechos, las políticas europeas refuerzan el encaje del neofascismo en el ‘estilo de vida europeo’. Así, la ofensiva reaccionaria está más que envalentonada, no solo contra las personas migrantes, sino contra las mujeres, el colectivo LGTBI, izquierdistas y cualquiera que se salga de su marco. El discurso mainstream dice que hay que respetar todas las opiniones, también las que pretenden acabar con los derechos humanos. Algunos nos resistimos a ello. Es algo que no dejamos de pensar mientras visitábamos las placas en recuerdo de las víctimas de Mauthausen. Esos mismos colectivos que hoy vuelven a tener la necesidad y la obligación de recordar el pasado para no volver a dejar que los herederos ideológicos de quienes fueron sus verdugos ochenta años atrás, vuelvan a repetir la historia. Y la obligación de quienes sabemos que lo que permitió también aquello, y permite hoy la normalización del odio, es la equidistancia y la indiferencia. Estas son las mejores aliadas de quienes pretenden repetir la historia.

Miquel Ramos. Público, 18 de maig 2022

Miquel Ramos: “Si l’extrema dreta no va entrar amb força a la crisi del 2008, va ser gràcies al 15M i les plataformes contra els desnonaments”

El periodista valencià publica ‘Antifascistas’, un llibre que relata la història de la lluita contra l’extrema dreta en tota la seva magnitud a l’estat espanyol des dels anys 70.

Entrevista de Sandra Vicente per a Catalunya Plural, 12/04/2022

Miquel Ramos (València, 1979) és una d’aquelles veus destacades quan es parla d’extrema dreta i d’antifeixisme. El periodista fa anys que estudia els moviments neonazis i la proliferació dels discursos d’odi, així com totes aquelles agrupacions que s’hi oposen i hi lluiten en contra. L’antifeixisme, segons recorda Ramos, té moltes cares i no només la dels joves que surten al carrer a exercir l’autodefensa o que protagonitzen imatges als telediaris sobre enfrontaments violents. Antifeixisme també són les assemblees de barri o l’educació. “Antifeixisme és un pacte de mínims”, diu el periodista, que dedica a aquest moviment de resistència el llibre Antifascistas (Capitán Swing, 2022).

La major part de la població coneix l’antifeixisme arran de les notícies a la televisió, que mostren disturbis o accions al carrer. Però l’antifeixisme va molt més enllà. Què és?

Al llibre retrate diverses formes de combatre l’extrema dreta als escenaris en què aquesta se sent forta i, per això, pense que és important entendre l’antifeixisme com un consens de mínims en matèria de drets humans i valors democràtics que estan amenaçats per l’existència de l’extrema dreta. Però, malauradament, hi ha una estigmatització i caricaturització de l’antifeixisme, com si fos una tribu urbana o cosa de quatre joves que es manifesten al carrer, que el poder i els mitjans de comunicació han reproduït de manera obscena durant molt de temps.

Per això, el llibre dóna veu a tota la gent que ha construït antifeixisme des de diferents llocs i moments dels últims trenta anys. Pense que és important veure l’antifeixisme de Violeta Friedman, supervivent de l’holocaust que es va enfrontar a criminals de guerra nazis, de Xavier Vinader des del periodisme o dels moviments socials de barri, que creen comunitat. I, també, el de la gent que està al carrer, confrontant l’extrema dreta quan ha estat violenta.

Si l’antifeixisme és un pacte de mínims, potser hi ha molta gent que el menysté, però en el fons és antifeixista

Hi ha gent que comparteix aquest pacte, però s’ha estigmatitzat molt la paraula antifa. A altres països, però, fins i tot gent conservadora, s’hi declara. A l’estat espanyol costa més, tot i que sembla que, poc a poc, amb l’arribada de l’extrema dreta a les institucions, molta gent ha començat a assumir que ser antifa no és només anar a una mani a confrontar un grup neonazi, sinó una lluita en diversos àmbits per barrar el pas a la infecció de l’odi.

Costa molt imaginar el PSOE dient-se antifa

Però Angela Merkel sí que ho fa

Quina és la diferència?

La cultura antifeixista i la idiosincràsia de l’estat espanyol. Aquí el feixisme no fou derrotat ni soterrat amb Franco. Va haver-hi una transició d’un règim a un altre, però es van conservar estructures i dinàmiques, per exemple, a les Forces i Cossos de Seguretat de l’Estat (FCSE), la judicatura, forces armades, etc. Aquesta herència la continuem veient també a les famílies que es van enriquir durant el franquisme, que són les que continuen ostentant un poder que no es presenta a les eleccions, però que segurament mana més que els polítics.

Dir que ets antifeixista a l’estat espanyol vol dir estar en contra del règim del 78?

Com a mínim hauria de suposar una revisió crítica del que fou la Transició, sobretot per part de les noves generacions, que no la van viure. Perquè la Transició pacífica i de concòrdia que ens van vendre és falsa, sobretot si veiem que el 2022 encara tenim cossos soterrats a les cunetes o que, quan per fi treuen Franco del Valle de los Caídos, se li fan honors d’estat. Ens hem de qüestionar que la Transició no va fer els deures i va obrir la porta perquè el feixisme continués viu.

Al principi, podem trobar un feixisme molt nostàlgic de Franco. Com ha anat canviant?

Quan mor el dictador, la majoria de grups d’extrema dreta que el sobreviuen són nostàlgics i alguns, inclús ben entrada la democràcia, decideixen continuar exercint la violència i el terrorisme com el Frente de la Juventud i grups armats parapolicials emparats per l’estat, perquè òbviament a les FCSE no hi va haver depuració. Aquesta rèmora del franquisme arriba a finals dels 80 amb les modes juvenils, els skinheads o el futbol, amb grups que estaven al marge del règim com CEDADE i una nova militància neofeixista que té molta presència al carrer de forma violenta.

Parlem d’una generació de joves d’extrema dreta que no s’ha criat en dictadura, que es desenvolupe en una democràcia molt nova i que és la que pose les bases de l’extrema dreta que podem conèixer avui. D’aquí surten grups molt violents i, a la vegada, els primers intents de “democratització” en forma de partit polític a imatge del Front Nacional francès. Possiblement, el que va tenir més èxit va ser Plataforma per Catalunya, que va arribar a treure 67 regidors amb un discurs islamòfob i antiimmigració, aconseguint arrossegar gent que no es considerava d’extrema dreta.

Després d’això, hi ha una transformació, sobretot arran del govern de Zapatero, amb una ofensiva brutal d’una extrema dreta que, fins llavors, estava inserida dins el PP, que havia sigut la casa comuna de totes les dretes. Aquesta escissió es dóna el 2005, quan comencen a acusar el PP de “derechita cobarde”, perquè no reverteix polítiques “progressistes” com la llei de l’avortament, el matrimoni igualitari o la memòria històrica. Això acaba cristal·litzant en la irrupció de VOX el 2013 i amb la seva entrada a les institucions el 2018.

Per què triga tant a aparèixer un partit com VOX a Espanya, quan a la resta d’Europa ja n’hi havia molts?

Perquè el PP havia sabut contenir molt bé el sector ultra i perquè les opcions que hi havia a la seva dreta eren extremadament cutres. També cal entendre que, durant la crisi del 2008, que hauria estat un terreny molt fèrtil per l’extrema dreta, hi va haver un contrapès brutal dels moviments socials de l’esquerra, amb el 15M i les primeres plataformes contra els desnonaments.

El discurs social pot fer que l’extrema dreta guanyi pes. Ho vam veure a Grècia o amb l’Hogar Social Madrid, ocupant una narrativa que semblava reservada per les esquerres, però en la qual el feixisme troba un nínxol

L’extrema dreta sempre ha copiat les esquerres, des del falangisme i el discurs obrerista,  arrabassant el roig i negre. Després del maig del 68 s’adonen que hi ha una hegemonia d’idees progressistes i comença a armar-se un sentit comú al voltant de la igualtat i els drets de determinats col·lectius. Així que l’extrema dreta reflexiona, llegint l’esquerra des de Marx a Gramsci, per entendre com han establert aquest sentit comú. Això arriba aquí a finals de la primera dècada dels 2000, amb el sorgiment de moviments socials que tracten d’arrabassar les banderes socials a l’esquerra amb discursos socials, però excloents. El xovinisme del benestar, que es diu. Estableixen el discurs de la competència pels recursos públics, que la culpa de la precarietat no és del capitalisme, sinó del fet que se subvencione el feminisme o la migració.

Que l’extrema dreta s’apropiï de reivindicacions populars duu a contradiccions com la que es va viure amb l’aturada de transportistes, que va estar gestionada per l’extrema dreta. 

L’extrema dreta aprofita totes les fallides de l’esquerra. Quan hi ha un govern que es diu progressista, però no articula polítiques per solucionar els problemes de la classe treballadora, és possible que l’extrema dreta, amb una màscara social, tracte de reapropiar-se de les reclamacions dels treballadors i instrumentalitze algunes causes que, tot i que són legítimes, no es corresponen amb el programa econòmic de l’extrema dreta, que és profundament neoliberal. Si davant fets com aquest, l’esquerra només és capaç de denunciar que al darrera hi ha un moviment ultra, els està regalant, perquè la gent pensa que defensen el seu pa i qualitat de vida. Llavors creuen que allò vol dir ser d’extrema dreta.

És cert que es desvirtua el terme i es blanqueja, però creus també que fem servir el terme “feixisme” massa a la lleugera?

L’èxit de l’extrema dreta consisteix en aconseguir copar part d’aquest sentit comú que dèiem abans i infectar-lo amb els seus valors i creences. Així, veiem que gent que no es considera d’extrema dreta, té discursos racistes i securitistes. Però és cert que també hi ha una certa tendència, molt perillosa, a posar l’etiqueta d’extrema dreta a qualsevol cosa que no ens agrada. I això acaba duent al discurs que feixisme i antifeixisme són les dues cares de la mateixa moneda. És igual d’absurd que posar al mateix nivell feminisme i masclisme, però és un discurs que funciona.

Sovint, quan es diu allò dels “extrems es toquen” és arran de moments en què s’ha fet servir la violència per combatre l’extrema dreta. És legítima aquesta violència?

El debat sobre l’ús de la violència és constant al llarg del llibre; no és just jutjar a temps passat i des d’una posició còmoda allò que van fer determinades persones, en determinat moment i per determinades raons. Si bé és cert que la violència no ha de ser la resposta a qualsevol conflicte polític, també ho és que davant la inacció i la complicitat institucional, hi va haver gent que va decidir plantar cara, malgrat haver de fer servir la violència. Les conclusions les ha de treure el lector, però hi ha una cosa innegable: en alguns moments l’autodefensa, diguem-li violència, ha estat l’única cosa que ha parat l’extrema dreta. Això no implica que a tota se l’hagi o només se la puga vèncer amb violència; per exemple, no pots acabar amb un partit amb representació a les institucions amb violència, però quan, als 90, tenies una colla de neonazis que cada cap de setmana sortia a assassinar, es van prendre decisions que segurament no es volien haver de prendre.

Apuntes que la policia és connivent amb l’extrema dreta a causa d’una depuració que no es va dur a terme. Com proposaries fer-la?

Desactivant qualsevol tipus d’exaltació o discursos d’odi. Altres països són molt contundents amb això: a Alemanya s’han desmantellat unitats militars senceres perquè s’hi ha detectat banalització del nazisme. Jo he denunciat casos de policies a l’estat espanyol reivindicant la violència i la crueltat, celebrant haver tret ulls a les manifestacions a Barcelona i no ha passat res. Qui m’ho va passar van ser altres policies, que són demòcrates, que tenen por a denunciar i, inclús, d’alertar als seus supervisors, perquè mai no se sap qui és de la corda. I això el Ministeri d’Interior ho sap.

Com creus que hauríem de tractar l’extrema dreta des dels mitjans de comunicació?

Els mitjans no han estat a l’alçada, a excepció d’algunes periodistes que sí han detectat el problema des de fa molt de temps i l’han denunciat, però molts altres s’escuden en l’equidistància, com si els periodistes fossin éssers de llum que veuen la realitat des d’un núvol i fan de notaris de la realitat. El que hem vist amb l’arribada de l’extrema dreta a les institucions és que se l’ha considerat una veu respectable més. Però és que dóna moltes visites: l’extrema dreta ho sap i juga amb això. I no només als mitjans, sinó també a les xarxes socials, on la gent que s’hi oposa, reprodueix el seu missatge per criticar-lo. Per això l’extrema dreta juga a provocar i així s’amplifica el seu missatge. Perquè l’hagen votat milions de persones no significa que el seu discurs sigui legítim. El deure del periodista és desemmascarar les mentides amb les quals l’extrema dreta difon l’odi.

Analitzar i explicar l’extrema dreta és complex. Ho hem vist amb Ucraïna i amb la influència que ha tingut el batalló Azov a l’hora de marcar el discurs sobre el conflicte.

A Ucraïna hi havia un problema amb l’extrema dreta de fa molts anys. La guerra i el relat del Kremlin, que parla de desnazificació, ha fet que molts intenten interpretar el conflicte des d’un punt de vista polític quan és una invasió per motius geopolítics. L’objectiu no és desnazificar res, però ha impregnat en bona part de la població que criticar la invasió és defensar el nazisme. Hem de ser prudents i molt justos: no s’ha de negar el paper de l’extrema dreta ucraïnesa des de Maidan, però també hem de tenir clar que Putin no és cap abanderat de l’antifeixisme.

Miquel Ramos: “La violència de l’extrema dreta ha configurat un caràcter propi a la societat valenciana”

El periodista, expert en moviments d’extrema dreta, publica el llibre ‘Antifascistas’ (Capitán Swing). Entrevista a Vilaweb Per: Josep Rexach Fumanya i Albert Salamé (fotografies) 31.03.2022

El periodista Miquel Ramos publica el llibre Antifascistas (Capitán Swing), un retrat sobre l’extrema dreta d’ençà de la dècada dels noranta, fins a l’impacte de Vox a les institucions de l’estat espanyol. Repassa els principals conflictes i assassinats que han protagonitzat els moviments ultres, elabora un mapa dels grupuscles que han tingut més influència i repassa la coordinació dels moviments antifeixistes per a plantar-los cara. Entrevistem Ramos en un hotel de Barcelona on fa promoció del nou llibre. Ens diu que s’estima més no parlar del conflicte entre Rússia i Ucraïna perquè se sent sobreexposat pel tema.

Per què el cas de Guillem Agulló us va marcar tant?
—Perquè tota la nostra generació, especialment al País Valencià, vàrem viure’l molt de prop. No només perquè en Guillem representava les inquietuds i la manera de ser de molt joves de l’època, sinó per tot allò que va envoltar el cas. Per tota la impunitat que tenia aleshores i el relat criminalitzador que es va construir per tornar-lo a assassinar, mediàticament. Gairebé el van fer responsable de la seua pròpia mort. Ha acabat tenint un carrer a València, un premi a les Corts Valencians, i les noves generacions, tot i que han passat gairebé trenta anys, continuen recordant i reivindicant Guillem.

I no va ser l’única víctima de l’extrema dreta durant aquells anys.
—Hi va haver molts casos que demostraven que això no era una lluita entre grups oposats políticament. Després de Guillem van assassinar Sònia, aquí a Barcelona, una dona transsexual; Lucrecia Pérez a Madrid; Carlos Palomino, que podria ser un cas similar al Guillem; persones sense llar. Explique al llibre que el mes següent de l’assassinat de Guillem, assassinen un sense-sostre a València. Guillem ens va apel·lar a tota una generació per unes qüestions d’afinitat política, però l’extrema dreta anava més enllà.

Dediqueu un capítol a la que anomeneu la llarga transició valenciana. Per què l’extrema dreta hi va actuar amb tanta virulència?
—Al País Valencià l’extrema dreta ha estat profundament connectada amb el relat oficial. Sobretot durant l’hegemonia del PP, amb un marcat caràcter anticatalanista, antivalencianista i en què qualsevol reivindicació de normalització de la llengua i entendre el País Valencià d’una manera diferent de la que reivindicava la dreta espanyola era perseguida, criminalitzada, estigmatitzada i constantment víctima de la violència de l’extrema dreta. I això ha configurat el caràcter de la societat valenciana.

Atacs contra comerços que retolaven en català…
—L’extrema dreta atacava tothom que ells consideraven enemics d’Espanya i de la seua concepció de ser valencià. I aquests no sols eren els hereus de la tradició fusteriana, sinó la  universitat i qualsevol expressió popular que eixís de la seua concepció de valencianitat. Per tant, les víctimes han estat tantes persones i tan diferents que tot plegat ha creat una consciència col·lectiva antifeixista molt important. De fet, l’anticatalanisme és un dels pilars fonamentals de l’extrema dreta espanyola i concretament, a València.

El blaverisme va emblanquir la ultradreta com fa ara el PP amb Vox?
—El blaverisme és una fabricació identitària que oposa la valencianitat a qualsevol mena de vinculació amb tot allò que és català, tot negant la unitat de la llengua i qualsevol projecte polític que tinga com a subjecte els Països Catalans. Però això només és l’excusa. A la pràctica, el blaverisme combat la normalització del valencià, la normalització d’una altra manera de ser valencians que no respon al clixé que va institucionalitzar la dreta amb la complicitat del PSOE. No oblidem que el PSOE va abandonar gran part d’aquesta valencianitat alternativa que proposava l’esquerra i el valencianisme.

“En democràcia hem d’assumir que hi ha determinades actuacions que, tant si ens agraden com si no, formen part d’una determinada normalitat.” Ricardo Peralta, delegat del govern del PSOE sobre els atacs de la ultradreta.
—Això va ser escandalós. Es va reduir, d’una manera molt obscena, la violència de l’extrema dreta a un mal menor de la democràcia. Es va llevar importància a una qüestió extremadament violenta, no solament contra els valencianistes. Recordem que l’ONG Comissió d’Ajuda al Refugiat, va ser objecte de deu atemptats amb explosius en pocs anys; els moviments culturals eren constantment atacats i boicotejats; i el moviment ocupa també va rebre atacs. L’extrema dreta valenciana tenia una semblança amb la resta d’extremes dretes del món, però amb la particularitat valenciana que era una determinació identitària d’enderrocar la llengua, la cultura i la normalització del valencià.

Al llibre anomeneu una quantitat de grupuscles d’extrema dreta que actuaven a tot l’estat espanyol i que per molts són desconeguts. Per què no van cristal·litzar en una formació política després de la transició?
—El període dels vuitanta i principi dels noranta es veu molt arrossegat per la transició i pel franquisme. Una volta desapareix Fuerza Nueva, moltes formacions petites lluiten pel lideratge de l’espectre polític, molt ben emmarcat dins del PP. El PP fou la casa comuna de totes les dretes quan desaparegué Fuerza Nueva. Les formacions més semblants a un estil europeu no apareixen fins a mitjan noranta.

Ho van intentar formacions com Democracia Nacional, España 2000 o MSR.
—Però sense èxit. Perquè els seus líders estaven enfrontats entre si, eren malvistos i qualsevol intent d’unió fracassava. L’única que té èxit és Plataforma per Catalunya, perquè surt del guió amb un discurs que només toca dos eixos: antiimmigració i islamofòbia. Per això la virtut d’aquest partit és haver nascut, crescut i guanyat, en un territori com la Catalunya interior. Perquè el vot no era espanyolista i va aconseguir d’exportar la fórmula de les extremes dretes europees. Aixà no va tornar a passar fins a l’arribada de Vox.

Per què a final dels vuitanta i principi dels noranta la violència de l’extrema dreta creix notablement a tot l’estat espanyol?
—Per diversos factors. El principal, que hi havia una impunitat brutal a l’extrema dreta. Se sentien encoratjats. Quan comencen a sonar les alarmes i els mitjans de comunicació i comencen a prestar atenció a mitjan anys noranta amb un seguit de casos molt bèsties, s’instal·la una preocupació  global. En aquest context apareixen productes com Diario de un Skin o American History X. Això produeix consciència a molta gent que hi ha un problema greu, però també produeix un efecte contrari, que és el de seducció. Molta gent es va sentir atreta per l’aura de maldat i rebel·lia. I l’extrema dreta no comença a minvar l’activitat violenta fins que no troba oposició al carrer; quan els grups antifeixistes passen a l’ofensiva.

Per a ser antifeixista cal ser d’esquerres?
—Qui va portar la bandera de l’antifeixisme, en soledat i malgrat els riscos individuals i col·lectius, van ser els moviments socials d’esquerres. I és un mèrit que s’ha de reconèixer. El perfil del militant antifeixista del començament era un perfil de persones actives en moltes altres lluites. Parle  de l’ocupació, però també de la insubmissió, de la memòria històrica, l’antimilitarisme o el periodisme. Hi havia moltes maneres de combatre l’extrema dreta. És una condició ser d’esquerres per a ser antifeixista? No hauria de ser-ho. L’antifeixisme hauria de ser un consens de mínims entre demòcrates. Malauradament, el relat oficial, era reduir l’antifeixisme a una tribu urbana; caricaturitzar-lo.

Això ha canviat.
—Sí, però quan hem vist les orelles al llop. Quan allò que denunciaven en soledat les persones joves i d’esquerres durant els noranta ha acabat tenint presència a les institucions. Quan la gent va dir: doncs sí, l’extrema dreta és un problema, existeix i no va morir amb Franco; tenien raó els antifeixistes. El feixisme interpel·la gran part de la societat, perquè ja és capaç de legislar i cada dia té micròfons al davant. Tot allò que deien abans els grups nazis, es diu ara cada dia a la televisió i en seu parlamentària. Per tant, la gent se sent interpel·lada i veu el perill de l’extrema dreta.

El periodisme també en té part de responsabilitat? Em refereixo a la vella premissa que cal donar veu a tothom.
—Jo pense que no totes les opinions són respectables. L’odi no pot ser mai una opció democràtica més. Hi ha unes línies vermelles i la defensa dels drets humans no es pot equiparar a qui vol abolir-los. Reivindique el dret de parlar de l’extrema dreta. De fet, jo ho faig. El tema és com se’n parla i quan. L’extrema dreta és molt hàbil amb la seua estratègia comunicativa i sap posar perfectament els marcs, els temes i ser la protagonista. La funció del periodista és no caure en aquests temes. I sobretot, no criminalitzar certs col·lectius i tenir cura en l’enfocament dels temes. No cal posar el micro a l’extrema dreta si et passes el dia criminalitzant els menors immigrants no acompanyats, les persones musulmanes, els gitanos, les feministes o els catalans. Tu pots estimular constantment els marcs de l’extrema dreta, ja vindrà després a recollir-ne els fruits.

Com ha evolucionat el perfil de l’extrema dreta? Després de la transició eren nostàlgics, però ara, per raons d’edat, no poden ser-ho.
—No hi ha un únic perfil. Sí que trobem que hi ha una normalització dels discursos i de la ideologia de l’extrema dreta. I això fa que hi haja més gent que tinga menys poder a l’hora de manifestar determinades actituds masclistes, racistes o homòfobes. I això ha fet que molta gent que no es considera d’extrema dreta adopte aquests discursos i acaben normalitzant-se. Aquest és l’èxit de l’extrema dreta. Haver conquerit el sentit comú de determinades persones. Persones que potser ni tan sols els voten, però que fan seu aquest relat, que es creuen que allò que és masclista i racista és rebel. L’extrema dreta fa més bullying que política. És a dir, els seus discursos contraris a determinats col·lectius estigmatitzadors no són mai cap amunt, mai no es dirigeixen contra el poder. Sempre van cap als col·lectius més vulnerables. Per tant, tota la pàtina de rebel·lia i irreverència és una mentida ridícula. Però, malauradament, molta gent ho assumeix.

Amb els anomenats cordons sanitaris n’hi ha prou per a frenar un partit com Vox? O hem buidat de sentit aquesta expressió?
—Si parlem de política institucional, més enllà de fer un cordó sanitari i no acceptar res que propose l’extrema dreta i aïllar-la constantment a les institucions, el cordó també implica fer polítiques valentes que desactiven els discursos de l’extrema dreta. Tu pots fer un discurs molt brillant en el pla retòric, però si les teues accions polítiques no neutralitzen la precarietat on l’extrema dreta se sent forta, no serveix de res. Ja pots dir missa. Si no dónes resposta als desnonaments, a la precarietat laboral, a la inseguretat o a la pobresa regales el terreny a l’extrema dreta perquè es presenten com a salvadors.

Els moviments antifeixistes i l’esquerra sempre s’han debatut entre l’ús o no de la violència per fer front a la ultradreta. És lícita contra l’extrema dreta?
—El debat de la violència no sols ha acompanyat l’antifeixisme, sinó qualsevol lluita política en el curs de la història. És innegable que en alguns casos, actuar davant una amenaça com la que significava l’extrema dreta en alguns moments determinats, s’ha combatut amb una violència que ha salvat vides i ha frenat l’extrema dreta. Ara, no es tracta de dir violència sí o violència no. És un debat fals que no ha d’existir perquè no és real. De fet, l’estat té l’exercici legítim de la violència i és un debat que sempre és sobre la taula. No es pot jutjar amb tanta banalitat. Òbviament, la violència per se no ha de ser un recurs per a assolir objectius polítics. Crec que estem d’acord que hi ha moltes altres vies abans que la violència per a solucionar conflictes. Ara, tu no guanyes un partit que és a les institucions a base de violència. Tu requereixes moltes complicitats i moltes estratègies, però davant d’una banda de skins que ve a cremar-te el local, com actues?

Dieu al llibre que la lluita contra l’extrema dreta ja no es pot limitar a contraprogramar els seus actes. Què ens resta?
—Crear poder popular. És una frase tòpica, però és real. Els moviments socials d’avui dia, tot i que no porten el nom antifeixista tatuat, fan un treball antifeixista imprescindible com ara aturar desnonaments, fer xarxes veïnals, lluitar contra la precarietat, independentment de si l’afectat és una família musulmana, espanyola o LGBT. El problema és que el neoliberalisme no dóna resposta als problemes de la gent, sinó que els eternitza. I d’això beu l’extrema dreta.

Entrevista Xavier Grasset amb Miquel Ramos al Més324 sobre el llibre ‘Antifascistas’

29/03/2022 TV3

Xavier Graset conversa amb Miquel Ramos, periodista especialitzat en l’estudi de l’extrema dreta i els moviments socials.

Mira l’entrevista en vídeo punxant ACÍ.

La Base #29 – Nazis en guerra

Analizamos el auge de la extrema derecha y de los grupos armados nazis, tanto en Ucrania como en Rusia, en el contexto de la invasión y la guerra. Entrevistamos a Serguei, un militante anarquista ucraniano que participa en las tareas de apoyo logístico al Batallón Antiautoritario, milicia que combate al ejército ruso, y le preguntamos por la presencia de nazis como los del Batallón Azov en las Fuerzas Armadas ucranianas. Conectamos con Jairo Vargas durante su traslado de Jarkov a Kiev después de haber cubierto los bombardeos y combates en la ciudad. Entrevistamos al periodista Miquel Ramos, especialista en la ultraderecha europea.