Contra el odio

Artículo de opinión en el New York Times sobre la amenaza violenta de la extrema derecha, la pasividad y banalización desde las instituciones, y la complicidad de algunos políticos y medios de comunicación.

Por Miquel Ramos – The New York Times, 28 abril 2021

Es periodista español especializado en extrema derecha. Coordinó el informe “De los neocón a los neonazis. La derecha radical en el Estado español” de la Fundación Rosa Luxemburgo.

VALENCIA, España — Faltan pocos días para las elecciones autonómicas en Madrid, y el debate político ha dado un giro inesperado. “Tu mujer, tus padres y tú estáis sentenciados a la pena capital”, advertía una carta anónima, acompañada de cuatro proyectiles de un fusil usado durante décadas por el ejército español, enviada al Ministerio del Interior a nombre de Pablo Iglesias, el candidato de Unidas Podemos a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la directora de la Guardia Civil, María Gámez, recibieron cartas amenazantes también. Tres días después, era la ministra de Industria, María Reyes Maroto, la destinataria de otra misiva, en esta ocasión acompañada de una navaja. Y al día siguiente, dos nuevos sobres con balas fueron interceptados. Uno dirigido otra vez contra Gámez, y el otro, a Isabel Díaz Ayuso, la candidata del Partido Popular y actual presidenta de la Comunidad de Madrid. Hoy se ha revelado un nuevo mensaje de amenaza, que incluía dos balas, esta vez contra el expresidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero.

El clima de crispación de estos últimos años, con la normalización de la extrema derecha en el debate público, ha llevado una peligrosa deriva de inquietantes consecuencias. Desde su entrada en las instituciones por primera vez desde los años ochenta, la extrema derecha se ha dedicado a deslegitimar al gobierno, a marcar la agenda con su discurso de odio —que las cartas parecen replicar— y a difundir constantemente noticias falsas o información engañosa. El reflejo del expresidente de Estados Unidos Donald Trump en la política española ha sido constante, y aunque el magnate haya dejado la Casa Blanca, el estilo, que le dio fuerza a la extrema derecha en su país, empieza a instaurarse con fuerza en España a través de Vox.

Sin embargo, ni con las balas y las navajas encima de la mesa, la cordura se impuso en el debate político de estos días. La condena casi unánime a las amenazas no ha estado exenta de matices. La derecha no estuvo a la altura y llegó a menospreciar estas amenazas. Menos aún la ultraderecha, al principio negándose a condenarlas, después haciéndolo tímidamente mientras sugería un posible montaje, como hizo Santiago Abascal, líder de Vox.

El envío de la navaja a Reyes Maroto fue obra de un hombre ya identificado, que padece una enfermedad mental y que se ha declarado seguidor de Vox, aunque no tiene relación con este partido. Esta persona ya había enviado mensajes a otros destinatarios, como a la agencia de verificación maldita.es, manifestando su ideología. A pesar del menosprecio de esta amenaza y del intento de algunos políticos de derechas y medios afines de despolitizarla basándose en los problemas mentales del autor de la carta, la condena debe ser un imperativo unánime y sin peros, para políticos y ciudadanos, de izquierdas y de derechas, que crean de verdad en la democracia.

Sería ingenuo pensar que la amenaza totalitaria terminó con la muerte del dictador Francisco Franco en 1975. No solo por el aceptado revisionismo histórico en torno a la dictadura o la frecuente deslegitimación de los resultados de las urnas cuando gana la izquierda, algo que ya ocurrió cuando ganó las elecciones Rodríguez Zapatero en 2004, sino por la peligrosa banalización que lo acompaña, considerando los discursos de odio opiniones respetables en democracia. Pero más inquietante resulta aún que, el mismo gobierno que ahora recibe las balas, no se haya tomado esto suficientemente en serio.

El gobierno de Pedro Sánchez podría haber mostrado más firmezacuando ha sido advertido de la infiltración ultraderechista en las Fuerzas Armadas de España. No solo ante el manifiesto firmado por casi un millar de militares exaltando a Franco y contra su exhumación del Valle de los Caídos en 2019. También contra los militares retirados que pedían en un chat un golpe de Estado y fusilar a 26 millones de españoles, o contra aquellos en activo que realizaban el saludo nazi en los cuarteles mientras cantaban himnos fascistas. O investigar a profundidad la reciente denunciapública de militares sobre la posible presencia de una célula neonazi en el ejército.

Pedro Sánchez, el presidente del gobierno de España, en abril de este año
Pedro Sánchez, el presidente del gobierno de España, en abril de este añoCredit…Chema Moya/EPA vía Shutterstock

Organismos internacionales como las Naciones Unidas y agencias de seguridad de diversos países vienen alertando sobre el terrorismo de extrema derecha a nivel internacional. La sucesión de preocupantes ataques racistas, la infiltración neonazi en ejércitos europeos así como el asalto al Capitolio de Estados Unidos tras la victoria de Joe Biden, han puesto el foco sobre esta creciente amenaza para la seguridad. También el auge de los partidos de extrema derecha en Europa desde hace unos años ha impulsado consensos entre el resto de las formaciones partidistas en países como Alemania y Francia para aislarlos y establecer lo que se conoce como cordones sanitarios, evitando así pactar con ellos o permitirles acceder a las instituciones, algo que no ha sucedido todavía en España.

La amenaza de la ultraderecha en España viene de lejos, y va más allá de los exabruptos de militares y de las cartas amenazantes. En 2015 se juzgó a un grupo neonazi entre los que había varios militares, y que poseía un gran arsenal de armas. Fueron absueltostras considerarse ilegales las escuchas que permitieron su arresto antes de que cometieran algún crimen. Tres años después, a los pocos meses del primer gobierno de Sánchez, la policía arrestó a un hombre que tenía armas de fuego y advirtió en un chat su intención de asesinar al presidente. La Audiencia Nacional rechazójuzgar ambos casos como terrorismo.

Estos y otros ejemplos han sido recogidos en un extenso informe, que tuve la oportunidad de coordinar, recién publicado por la Fundación Rosa Luxemburgo, organización a favor de la democracia. El reporte analiza el recorrido de la derecha radical en España y explica su evolución desde el despegue a principios de este siglo del ala neocón del PP, que había sido la casa común de todas las derechas, hasta la irrupción de Vox en 2018. Desde entonces, la extrema derecha no ha parado de crecer y de instaurar su agenda. Además, la batalla cultural que ha emprendido este espectro político a lo largo del planeta, cuestionando derechos humanos y tratando de romper los consensos democráticos que los protegen, está dando sus frutos; en buena medida han conseguido normalizar el discurso de odio que sirve como excusa para quienes hoy envían balas.

España afronta una encrucijada sin precedentes tras las reiteradas amenazas de muerte a varios políticos. Las elecciones de Madrid, que a menudo son un termómetro para la política nacional, permitirán diagnosticar cómo los políticos, periodistas y la sociedad civil reaccionan ante esta peligrosa deriva. Aunque han condenado las cartas, el PP y Ciudadanos no pueden seguir banalizando las amenazas ni normalizando a la extrema derecha, con la justificación de que la necesita para gobernar.

El país, que demasiadas veces se tropieza sin querer con los fantasmas de su pasado, está a tiempo de enfrentar la tentación totalitaria con madurez democrática y firmeza, demostrando que la democracia, esta vez, si que es capaz de vencer al odio.

Miquel Ramos (@Miquel_R) es periodista y colabora en el diario La Marea y en Radio Televisión Española (RTVE). Es coautor del proyecto crimenesdeodio.info y realizó la investigación “La extrema derecha española ante la crisis económica” en la Universidad de Valencia.

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El Especial Ultraderecha es un monográfico especial con una selección de 26 artículos publicados en lamarea.com entre junio y julio de 2020. Esta revista –en formato pdf- incluye reportajes, análisis y entrevistas reposadas con argumentos para desmontar el discurso de la ultraderecha.  Visiones también desde EEUU, Polonia, Grecia y Francia.

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Coordinación: Miquel Ramos

Colaboran: Noelia Adánez, Hibai Arbide, Graeme Atkinson, Aurora Ali, Pablo Bonat, Pablo Carmona Pascual, Iness Dimnich, Javier Durán, Daniel Gil-Benumeya, Sebastiaan Faber, Sara Montesinos, Álvaro Minguito, Rafal Pankowsky, María Luisa Pérez Colina, Juanjo Peris, Proyecto Una, Sergio Rodrigo, Carles X. Senso Vila, Laia Serra, Alba Sidera, Patricia Simón, Miguel Urbán y Carles Viñas.

Debate Pedro Vallín y Miquel Ramos sobre extrema derecha y antifascismo (MUSOC)

IX Muestra de cine social y derechos humanos de Asturias (MUSOC)

PRESENTA y MODERA: Diego Díaz Alonso. Historiador y activista social en el 15M y La Madreña. Forma parte del consejo de redacción de Nortes.

http://www.accionenredasturies.org/

https://www.musocasturias.org/

El peligro es haber permitido la institucionalización del odio

“Lo de EEUU es solo un aviso. Pero ni es el primero ni será el último. Quien tiene capacidad para hacer algo para evitarlo, debería hacerlo”, reflexiona Miquel Ramos.

Miquel Ramos – La Marea 8 de enero 2021

Entre risas, bromas y fotomontajes, una de las imágenes más comentadas tras el asalto al Capitolio ha sido la de un hombre disfrazado de no sabemos qué. Se trata de Jake Angeli, conocido en redes sociales como Q-Shaman, un aspirante a actor y fiel seguidor de Trump, y uno de los propagandistas de las teorías conspiranoicas ultraderechistas de QAnon. Según los seguidores de esta teoría, hay una conspiración de pedófilos y adoradores de Satán que gobiernan el mundo que tienen como objetivo evitar que Trump vuelva a gobernar. Y, para ello, habrían amañado las elecciones y dado la victoria a Joe Biden. Bajo esta imagen caricaturesca se presenta varias veces y desde hace tiempo la extrema derecha.

Esta teoría, que puede parecer una majadería, es una de tantas otras que circulan por los entornos ultraderechistas del planeta. Hace unos días, Cuarto Milenio dedicó uno de sus programas al fenómeno migratorio a raíz de la llegada de varias personas migrantes a Canarias. Con el título Las sombras de la crisis migratoria, el programa explicaba en la web de la cadena que Iker Jiménez analizaría con sus colaboradores “los intereses profundos y oscuros que hay detrás de todas las crisis migratorias: inmigración, mafias y lo que no se cuenta sobre estas situaciones como la que se está viviendo en la actualidad en Canarias”. Más allá del halo misterioso con el que envuelve este programa cualquier tema que no tenga fantasmas ni ovnis, tan solo el marco con el que fue anunciado ya indicaba por dónde iban los tiros. 

No era la primera vez que el programa explicaba otra de las teorías habituales de la extrema derecha, el Plan Kalergi. Esta idea, promocionada por el neonazi y negacionista del Holocausto Gerd Honsik, defiende que existe un plan oculto para debilitar la raza blanca a través del mestizaje que provoca la migración, y conseguir así mano de obra barata y seres humanos más débiles. El periodista Antonio Maestre ya lo advirtió el pasado abril, cuando Iker Jiménez volvió a poner esta teoría en la escaleta. Y avisaba: “Cuando el mundo de la conspiración se mete en política acaba convirtiéndose en caldo de cultivo de mensajes tóxicos y peligrosos’. Esa teoría y otras parecidas son el combustible necesario para prender una enorme hoguera de consecuencias imprevisibles. Esta vez, además del Plan Kalergi, el programa habló de la Teoría del Gran Reemplazo. Esta advierte de otro plan oculto para desplazar demográfica y culturalmente a la población europea a través de la inmigración, sobre todo la de personas musulmanas, que acabarían instalando la sharia en el viejo continente. Neonazis celebraban en varios foros que sus ideas habían llegado a ser presentadas en prime time. También lo hicieron los negacionistas de la COVID y conspiranoicos varios cuando el programa ofreció versiones alternativas sobre el origen del virus. Los principales voceros de la ultraderecha reivindicaban el programa como ariete contra la ‘corrección política’ o el ‘marxismo cultural’. 

En marzo de 2019, Brenton Tarrant empezó a emitir en directo en su cuenta de Facebook cómo sacaba de su maletero varias armas de fuego automáticas. Se dirigió hacia la mezquita de Al Noor, en Christchurch (Nueva Zelanda), y empezó a disparar a los presentes. 51 personas fueron asesinadas y 49 heridas. Publicó en sus redes la Teoría del Gran Reemplazo y reivindicó orgulloso su acción para salvar a su pueblo de la islamización. Tarrant no fue el único que esgrimió estos argumentos para cometer una masacre.

En julio de 2019, expliqué en otro articulo para La Marea cómo había evolucionado el terrorismo de extrema derecha, considerado ya por los expertos una de las principales amenazas para la seguridad y la democracia en Europa y Estados Unidos. ¿Qué ideas y teorías compartían todos los terroristas que habían cometido estas masacres? Pues el Plan Kalergi, la Teoría del Gran Reemplazo y otras variantes que hablan de poderes ocultos que promueven la inmigración, el comunismo, el globalismo y el sometimiento del hombre blanco. Luego, algunos añaden como cómplices a la izquierda, al feminismo, al colectivo LGTBI, a los colectivos antirracistas, a las ONG, a George Soros y hasta a Greta Thumberg. 

Esto no es un simple bulo que una agencia de verificación desmonta en un tuit. Estas ideas se extienden más de lo que parece disfrazadas con otra retórica menos conspiranoica, pero con el mismo combustible. Las llamadas a la defensa de la civilización occidental frente a la contaminación de culturas ajenas, o la supuesta progresiva pérdida de derechos por parte de los autóctonos a causa de la migración son algunos de los mantras de la ultraderecha. El acoso que sufre el hombre por parte del feminismo o la amenaza para la libertad de expresión que supone la dictadura progre son también habituales en varios países. El victimismo del privilegiado es el comodín habitual de la derecha. Cuando un colectivo gana derechos, los históricamente privilegiados se ven amenazados. Es el temor del rey y de sus señores feudales a sus plebeyos. Del gran capitalista a la organización de los obreros. O de los colonizadores a la rebelión de los colonizados. 

Trump no aceptó el resultado de las elecciones. Lleva días echando gasolina por todo el país denunciando que le han robado los votos. Alimentando en cada mitin todos los relatos conspiranoicos que circulan por redes sobre el complot para acabar con él y regalar el país a los comunistas. Lo del Capitolio, escuchando a Trump varios días atrás, era más que previsible. No el asalto –inexplicable la falta de seguridad–, sino la ira de sus seguidores. Y muchos de estos son miembros de grupos de odio, de milicias armadas de extrema derecha, o fanáticos capaces de cualquier cosa. Como de asaltar su propio símbolo de la democracia. Algunos eran conocidos supremacistas, a los que Trump ya había hecho más de un guiño en anteriores ocasiones; otros lucían sin vergüenza sudaderas reivindicando Auschwitz o simbología ultraderechista.  Aun así, algunos propagandistas de extrema derecha y seguidores de Trump dudaron del rédito de la acción, y trataron de acusar a los antifascistas de los hechos. Un ataque de falsa bandera, decían. Otra conspiración. Otra fake new contra Trump. Sin embargo, los canales de difusión de los principales grupos neonazis del país reivindicaban la acción y aseguraban que se trataba del “principio de la revolución blanca”. 

Aquí, esa dictadura comunista de la que habla Trump y las supuestas fake news que tratan de derrocarlo están cada día en boca de ciertos políticos y periodistas, que consideran también al gobierno de Sánchez y Podemos ilegítimo, y que son víctimas de los medios de comunicación. Señalan al Gobierno como responsable de las decenas de miles de muertes por un virus. Y, además, tienen un plan oculto para llenar la península de migrantes, a quienes ofrece todo tipo de privilegios ante los españoles de bien. Existen miles de artículos de prensa y de webs con apariencia de medio de comunicación que insisten en estos y otros mantras habituales de la ultraderecha. Y muchos otros medios convencionales que tan solo sirven de altavoz de estas teorías y discursos de odio por considerar que el click que generará la indignación ya lo merece. 

No sabemos desde cuándo hemos aprendido a convivir con el odio y la mentira. Hemos aceptado el racismo, el machismo y la homofobia como una opinión respetable más. Hemos permitido que niños que viven en nuestro país sin padres ni madres sean señalados como culpables de mil delitos por ser de otro país. O que hay personas que no merecen tener derechos. El peligro no es que un fanático se inmole un día o que una manifestación se desborde. El peligro real es que hemos permitido institucionalizar el odio y la mentira. Que vemos cada día personas muriéndose en el mar tratando de llegar a Europa mientras comemos pipas desde el sofá. Que haya militares cantando himnos nazis en los cuarteles y que sus superiores, que un día posan junto al rey, al día siguiente estén llamando a un golpe de Estado y a exterminar a 26 millones de personas. O que asistimos a la toma del Capitolio en directo mientras hacemos memes con el señor que lleva una piel de búfalo sobre su torso desnudo, como si fuese una serie más de cualquier plataforma digital a la que estamos suscritos. 

No es justo, ante todo esto, descargar toda la responsabilidad sobre la ciudadanía. El mismo Gobierno contra el que claman los ultraderechistas es incapaz de extirpar el fascismo incrustado en sus instituciones, o de controlar a unas fuerzas del orden que usan guantes de seda con la extrema derecha y balas de goma con los que piden más derechos humanos. Los medios de comunicación que se escandalizan por la toma del Capitolio y hoy hacen reportajes y artículos retratando a los trumpistas, sientan en sus platós y dan tribuna cada día a sus homólogos españoles. Y cuando no, ya se encargan ellos de difundir sus mismos temas: okupas, menas, moros, bolivarianos y sediciosos. 

Lo de EEUU es solo un aviso. Pero ni es el primero ni será el último. Quien tiene capacidad para hacer algo para evitarlo, debería hacerlo. Cuanto mayor poder se tiene, mayor es la responsabilidad. Si convocas una cabalgata en plena pandemia, no esperes que la gente no acuda y luego le eches la culpa por venir. No la convoques. Si no quieres que los fascistas se crean con el derecho a derrumbar al Gobierno de turno, que unos militares, varios políticos y algunos periodistas lo llaman ilegítimo, no los ayudes a difundir ese mantra. Y si no quieres que tus propios militares te entierren en una cuneta, a ti y a medio país, expúlsalos ya. La cobardía no es una opción para quien tiene el deber de procurar por el bienestar y la vida de todos. 

“Lo que vimos en el Capitolio es un reflejo de lo que puede pasar en Occidente en cualquier momento”

Los expertos advierten de que los valores democráticos no están asegurados por ley y conviene defenderlos explícitamente

Eva Cantón – El Periódico 3 de enero 2021

El fallido y vergonzoso asalto al Capitolio protagonizado por los seguidores de Donald Trumpdeja en el aire una pregunta: ¿existe el riesgo de que semejantes imágenes puedan verse en Europa? En un mundo globalizado que cambia a una velocidad vertiginosa, el viejo continente comparte algunos rasgos preocupantes con la política norteamericana de los últimos años, alertan algunos expertos consultados por este diario. 

“Los valores democráticos no están asegurados por ley.Es algo que hay que defender cada día y todos tenemos responsabilidad en ello”, señala Enrique Ayala, analista de la Fundación Alternativas quien cree, no obstante, que el ataque al Congreso de Estados Unidos podría servir de “vacuna” para que la gente reaccione. “Ahora que la gente le ha visto las orejas al lobo podría producirse lo que ocurrió aquí el 23-F”, abunda.

La politóloga Cristina Monge cree que lo que vimos este miércoles fue la escenificación de algo larvado desde hace años y que la pregunta que hay que hacerse es si en Europa hay ciudadanos que se sienten tan desprotegidos como quienes votaron a Trump buscando en su ‘America First’ un refugio de carácter autoritario. 

Monge sostiene que hay varios aspectos compartidos a uno y otro lado del Atlántico. “Hay una parte de la población que ya no valora la democracia como un bien a defender, que se sienten más protegidos por opciones autoritarias –el nuevo populismo de extrema derecha- y a quien los partidos democráticos no le ofrecen soluciones”.

La desafección ciudadana

El caldo de cultivo, prosigue, es la desafección ciudadana y la desconfianza en las instituciones. “¿Podemos ver las mismas imágenes en Europa? Quiero pensar que no, pero es una señal de alerta. Lo que vimos en el Capitolio es un reflejo de lo que puede pasar en Occidente en cualquier momento”, avisa.

Y en España, ¿deberíamos estar en alerta? Sin duda, responde Ayala. “Basta con entrar en las redes sociales para comprobar que una franja de la población está fuera de las mínimas normas de convivencia social y democrática. Son susceptibles de caer en teorías racistas, negacionistas, supremacistas y antiinmigración que rechazan lo que va en contra de lo que ellos piensan. Aquí tienen a un partido como Vox que les alimenta con su doctrina”. 

Lo que sucede en las redes que actúan como cajas de resonancia no sería posible sin un relato de líderes, medios e’ influencers’ dedicados a difundir discursos de odio, apostilla Miquel Ramos, periodista especializado en extrema derecha. 

“Ocurre en todos los países. Hay una verdad paralela compartida por toda la extrema derecha a nivel global que trata de deslegitimar los consensos logrados en torno a los derechos humanos y presentar al colectivo de hombres blancos heterosexuales como víctimas de una suerte de conspiración de una agenda progresista”. 

Ramos va más allá al afirmar que en España la deriva no es solo deslegitimar los derechos las mujeres o el colectivo LGTBI, sino la propia democracia. “Cuando no gobiernan ellos el Gobierno es ilegítimo o social-comunista. Si buceas por las redes sociales de la derecha y la extrema derecha, es un mantra. Es tan preocupante que incluso hoy mismo hay militares pidiendo un giro de timón. No es ninguna broma”, prosigue.

¿Y qué hacer para evitar derivas autoritarias? Articular relatos y políticas públicas que generen protección, especialmente para los más vulnerables, recomienda Monge. “Hay que cambiar los paradigmas de la política, hacer mucha pedagogía, actualizar la práctica de la democracia y emprender una batalla sin cuartel contra la post-verdad”, señala.

Enrique Ayala plantea incluso un gran pacto. “Sería importante que el Consejo Europeo hiciera una declaración institucional reafirmando los principios de la democracia, una especie de renovación del Pacto Democrático Europeo. Que aquellos que creen en la democracia se sientan confortados”, indica. 

En cualquier caso, la labor es colectiva. “No es momento de chivos expiatorios. Debemos preguntarnos cuál es nuestra cuota de responsabilidad para que las cosas hayan llegado hasta aquí. Hay comportamientos que no se deben admitir”, advierte la politóloga.